28.11.06

...


I el piano?
Un somni... oi?

...

26.11.06

Xaxiesa


Què és la xaxiesa?
-dius mentre claves
ta pupil·la en ma pupil·la blava,
què és la xaxiesa?
i tu m'ho preguntes?
xaxiesa som tu i jo...


xaxi, miss U =(

25.11.06

La formigueta

GENT.

Gent,

gent anònima,
gent anònima que no...
gent anònima que no té res,
gent anònima que si desaparegués...

deixaria un buit,
i res més.

Gent anònima
com formigues que...
( què ?),
formigues que des de la petitesa
volen menjar-se el món, tan gran, tan gran,
tan gran, que...


(Deixaría jo un buit
si marxés?)

Gent, formiguetes, i el món tan gran, tan gran
i la Lluna, tan i tan lluny, i la formigueta
pobreta, preocupadeta, preocupadeta,
perque és tan petiteta, tan petiteta,
que dins sa boqueta remenudeta
no hi cap ni un gra de blat...
formigueta, formigueta,
el món és massa gran,
potser no hi cabrás.

(Deixaria jo un buit,
si marxés...?)

23.11.06

La papallona










=)

22.11.06

La casualidad se puso el disfraz de una mariposa, que...

21.11.06

Y ella se liberó...

...porque no podía hacer otra cosa.







I.
Le enseñaron cómo pintar una flor roja con tallo verde;

le enseñaron cómo se escribía la a, la i, la u,
e incluso le enseñaron cómo se escribían las palabras;
le enseñaron a leer en voz alta y por dentro;
le enseñaron que con los lápices de colores se pintaba
y con el lápiz, a secas, se escribía; que los enunciados
iban de color negro y las respuestas, en azul;
que se corregía con el color rojo y que el verde era esperanza;
que si sacaba un diez sería mejor que un nueve.

Le enseñaron a sumar, restar, multiplicar, dividir,
y más tarde ecuaciones y luego ya no recuerda más
porque, autodidacta, aprendió a soñar.

Le enseñaron, más tarde,
a pintar el cielo en un lienzo,
a recoger un recuerdo en un pedazo de papel,
y le dijeron que las palabras a veces tenían valor.
Ella decía, sí, sí, y miraba su diez marcado en rojo,
o en verde si la profesora era Asunción.

Los niños intentaron enseñarle a jugar, pero no lo lograron,

porque ella sólo había aprendido a decir, sí, sí, y soñar.
Preguntó a un profesor por qué el enunciado en negro,
por qué la respuesta en azul y la esperanza en verde,
y él pensó.


Pasaban años y Mabel le enseñó un piano;
explicó
que las teclas negras eran sostenidos y las blancas, no;
y ella se limitó a pasear la yema de los dedos
por encima de las teclas negras, porque creía que sostendrían sus sueños.

Los niños del parque ya no jugaban, pero no importaba...


fotografió la pata de un banco, una nube enrojecida,
los restos de un cigarro, una batalla perdida,
un pez cadavérico tirado en medio de una rambla,
y un insecto viajero posado encima de una flor,
y el banco de una calle porque le pareció normal,
y una bailarina de ballet, y un zapatero trabajando,
y la luna sonriendo, y un payaso comiendo helado;

pero no pudo fotografiar nunca una carcajada,
ni el sonido de una fuente,
ni el pilar que sostiene un sueño.
Por eso, por eso…
por eso un día abandonó la cámara de fotos
en el baúl de los recuerdos, junto con
todos los álbumes de fotografías,
los lápices de colores y las faldas de volantes.

II.


Al día siguiente,
apareció.
Y con él, ella.
Él iba vestido de un blanco impoluto, y a su lado caminaba…

Ella.
Ella,
ella ostentosa, ella trajeada de negro,
ella orgullosa de ser quien era:
una estilizada y elegante dama,
ella, una pluma.

Algo más tarde el olor a café y tostadas
inundaba cada mañana la cocina;
el olor a café en la panadería;
el olor a café en cualquier bar,
fundido con el de la tinta oscura
que hacía brotar tantas cosas
que ella no hubiera podido imaginar…

Y podía usar los lápices de colores para escribir,
al lado de una taza de café;
y podía crear inhóspitos mundos imaginarios,
al lado de una taza de café;
o mirar dentro de su corazón y calcarlo,
todo al lado de una taza de café,
como le habían dicho
que hacían las grandes escritoras…
sí, sí.

Más tarde ya,
cansada de la opacidad de la taza de café,
de la arrogancia de la dama pluma,
del frío y distante papel de nieve y sus tachones;
cansada de ir de acá para allá

con los sueños a cuestas,
y cansada de aquella vida de caracol,
se acercó al piano y rozando con la yema de los dedos
una tecla negra,
suspiró.

Lanzó notas al viento
con la esperanza de que,
en alguna parte, en algún país,
en algún reino de nieve, alguien hiciera lo mismo.
Así, con las vibraciones de su voz aún tiritando en el ambiente,
y su corazón ligero de equipaje, tan liviano, transparente,
salió a la calle y respiró el ambiente a lluvia…
Y entonces, sólo entonces,
gritó.


Se fue con una sonrisa en los labios...

...(Seguramente,
tú pasaste por su lado
y tan solo viste
una mujer gritando...)

19.11.06

Música



Es la musa que te invita
a tocarla suavecita...
En mi piano -a veces, triste-
la muerte no existe si ella está aquí...

18.11.06

Improvisación: "Frío..."


-¡Confiese! ¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

-¡Juro!

-Le escucho. ¡Hable!

-A veces... a veces le echo tanto de menos...
que siento que mi juventud se ha helado por dentro...,
a veces siento frío, ¡lo admito!, pero, juro, ¡juro!,
que no es culpa mía...
sino de mi corazón que quiere latir y no puede
porque lo ha alcanzado el invierno...
¿Cuál es mi condena?
¿¡Cuál es!, por tan grande delito...?

-Esperará eternamente
hasta que llegue la primavera...

17.11.06

A la luna a merendar



Sus ojos eran entre mar e índigo. Había aprendido -a base de mucho esfuerzo- a hacerse sola las coletas; en ellas, con gomas de alegres colores, recogía sus rizos castaños. Y sus escasos cinco años no habían sido suficientes para acabar con su inocencia. Su nombre era María, la niña que fue olvidada. Y su nombre de verdad, el que a ella le gustaba, Ereandil, que le inspiraba selvas con cabañas en la copa de los árboles, y ninfas, y elfos, y cascadas, y también olor a madera de cedro y a libro antiguo, y a tostadas -como aquellas que había probado un día en casa de Antón-, pero sobre todo le olía a libertad.

Él era Pablo. Sus papás eran ricos, o eso decía; no jugaba en la arena por si se manchaba la chaqueta nueva. Iba siempre empingorotado, con mucha gomina y un aire de superioridad clavado en las entrañas, inculcado sin duda desde el momento en que fue concebido. Soltó un ostentoso sonido que quería ser carcajada e hizo una mueca que soñaba ser sonrisa cuando ella le explicó que debía llamarla Ereandil.

-Los elfos cantarines sólo existen en tu cabeza, boba. -Le espetó, cruel.

Después de aquello, la niña no había mencionado su nombre, y se contentaba con que de vez en cuando alguien la llamara "oye, tú". Con todo, en su cabecita no abandonaba a los elfos, las ninfas y las hadas de los cuentos que su abuelo le narraba. Pablo le caía bien. No importaba que la llamara boba y no tomara en serio sus fantasías, pues al menos él accedía de tanto en tanto a jugar con ella en el parque cercano, y el resto eran nimiedades que la niña podría pasar por alto con un poquito de esfuerzo. Además un buen día le había visto reír; se le iluminaron los ojitos negros con una chispa de vida inusual en él. Duró poco, pero fue suficiente.
A María, o mejor, Ereandil, le encantaba mirar la Luna. Sentía una gran fascinación por su peculiar brillo, por sus manchitas -que tan bien conocía ya-, por su aspecto sereno y tranquilo y por el halo de misterio que la envolvía.

-Oye, Pablo. ¿Se puede llegar a la Luna? -Cuestionó cierta vez la chiquilla, observando atentamente cómo el niño se entretenía tapando un hormiguero.

-Pues claro. -Respondió él, pensativo. -Claro que se puede. Con cohetes y todo eso.

Ella reflexionó durante un par de minutos que Pablo aprovechó para taponar del todo el hormiguero, no sin antes arrojar el zumo que le había sobrado de la merienda para que sus indefensas víctimas sufrieran.

-Pero... -dudaron las ensortijadas coletas- ¿si yo cogiera la escalera de Antón, llegaría a la Luna?

-¡Qué dices, boba! ¡Eso ya lo intentaron! ¿No ves que está muy lejos?

-Algún día podremos ir allí a merendar. -Afirmó, segura de sus palabras.- ¿Vendrás conmigo? -Quiso saber, y sus ojos azules estaban anegados de lágrimas por la emoción que suponía aquel viaje.

-¡Boba! ¡Más que boba! ¡Allí no se puede ir! ¡Vete, lárgate! -Estalló Pablo, harto de las niñerías de su compañera.

Afligida y enojada con su amigo, echó a correr hacia su casa. El mar lloraba. Y Pablo, aunque contrariado, siguió masacrando sus hormigas. Varios días más tarde, tras mucho buscarla por todos los rincones y recovecos del lugar, Pablo la encontró en el tejado. Llevaba los pantalones rasgados por todas partes, no quedaba rastro de la gomina ni de su antigua altivez.
A sus nueve años, Pablo había comprendido cuál era la "excursión" que tanto traía de cabeza a los mayores. La búsqueda de su amiga. Una gota de sudor le resbalaba por el rostro, ¿o quizá era una lágrima? No supo qué decir. Cómo reaccionar. Sencillamente, se arrodilló a su lado y contempló la Luna llena.
Acarició con cuidado, como si de porcelana se tratase, la rodilla de la que a él le pareciera la reina de las elfas, la más bonita a pesar de sus ropas harapientas y sus coletas mal hechas.

-Ereandil, ¿vendrás conmigo a merendar a la Luna algún día? -Murmuró, apenas sin voz.

Ella le tomó la mano, pero no dijo nada. En la lejanía, con la leve luz del crepúsculo, distinguieron las figuras de sus padres.

-Mamá, yo sólo quería una escalera para ir a la Luna a merendar... La cogí prestada al tío Antón, ¿se habrá enfadado conmigo? Quería… -Se excusó la niña ante su madre, conteniendo los sollozos.

Aquella desconocida que nunca se había preocupado por ella y que ahora, sólo ahora, lloraba de alivio al verla sana y salva, escrutó su mirada. Los ojos eran entre mar e índigo. Había aprendido -a base de mucho esfuerzo- a hacerse sola las coletas; en ellas, con gomas de alegres colores, recogía sus rizos castaños. Y sus escasos cinco años no habían sido suficientes para acabar con su inocencia...

15.11.06

Improvisación: "Oscuridad..."


Normalmente no escribo (acción de escribir) lo que escribo (acción de pensar modo literario ON)... pero de vez en cuando, sí, y entonces puede pasar de todo.


Cálida oscuridad. Sus enormes ojos color chocolate, inútilmente abiertos, buscan cerciorarse de la realidad. Conoce ese lugar como la palma de su mano, pese a no haber estado nunca allí -al menos no físicamente. Vacía la mente de cualquier pensamiento, puro o impuro, terrorífico o alentador. Le llegan imágenes, vagos recuerdos de algo que quizá nunca sucediera. El sofá que -calcula- ahora debe tener delante -y se asegura de ello, extiende la mano, sí, ahí está, se dice a si misma, es este- ardiendo. Las cortinas, más allá del sofá, prenden rápidamente. Fuera hay tormenta. Siente incluso el calor del fuego, el furioso llanto del viento contra los cristales de las ventanas -y se pregunta si esos cristales siguen allí, y se corta un pie con uno de ellos, y se da cuenta de que aquellas ventanas estallaron hace décadas-. Oscuridad, cálida oscuridad, sospechosamente cálida oscuridad... Y un grito desgarrador, atroz, tremendamente humano, retumbando en lo más profundo de su ser. Un grito de mujer, acompañado de sollozos, y más tarde el llanto de una niña. Esos recuerdos no le pertenecen, no son suyos ni lo serán nunca. El incendio de aquella casa se produjo hace más de cincuenta años, pero ella sabe que ese grito lo profirió su madre, ella lo sabe aunque su madre actual siga viva. Esos recuerdos le pertenecen más de lo que quiere admitir ante si misma. Las lágrimas le resbalan por las mejillas. Cierra sus enormes ojos color chocolate y se acurruca en el esqueleto sin vida del sofá. Nunca una noche venció a un amanecer, se dice. Intenta convencerse de ello. Sí, eso es. Llegará el día y con el sol se borrarán todas esas imágenes... y dejará de sentir que ella viviera en ese lugar hace años, y dejará de escuchar los gritos de una madre no es la suya y que murió hace décadas. Sí, eso es.

...Pero cada noche se despierta en ese lugar...

...Pero para ella nunca más amanecerá...

...Pero quizá ese sí es su hogar al fin y al cabo.

Presentación... (a la deriva)


Me presento...

Soy M. No importa ni de donde soy ni de donde vengo, quizá un poco a donde voy, pero casi nada.


Esto fue creado por casualidad, por error, por torpeza, por coincidencia... en fin, qué se yo, pero ...ya que estamos, ¿por qué no aprovecharlo?

Todavía no sé cómo funciona esto y no tengo claro si aprenderé o no, pero se intentará... Aquí queda eso.


[Voces de fondo: sosaaaaaaaaa...]
[Comentario hacia las voces: a mucha honra]