31.12.09

Propósitos de año nuevo

Viendo los del año pasado, dentro de lo que cabe, sorprendentemente los he cumplido casi todos. De hecho, todos los que no dije por compromiso. Así que ahora mismo borro los repetidos, que sé que haré cuando me dé la gana. Y algunos los dejo en cuarentena.

Como cada año, pero nunca igual.
¡Probablemente no encontremos el camino, 
pero nos sobrarán las ganas de volar!


  • Ser capaz de materializar algún proyecto (el que sea).
  • Renovar de nuevo la beca (y por última vez).
  • Continuar aprendiendo a cocinar. 
  • Independencia... emocional, económica. ¿Mucho pedir?
  • Tomar consciencia del tiempo y de cómo lo empleo. Emplearlo en cosas un poco más útiles. Pasar menos tiempo delante del ordenador.
  • Continuar investigando con la curiosidad de siempre renovada.
  • Cuidar, o continuar cuidando, a las personas más cercanas a mí.
  • Ser capaz de atreverme y probar.
  • Leer mucha más literatura y el mismo número o mayor de libros sobre educación. Leer poesía.
  • Sacar todo el partido que pueda de los 10 días de prácticas. Seguir con mis incursiones varias en las escuelas y colectivos que me interesan, a modo de trabajo de campo.
  • Seguir con la tónica que tenía hasta ahora de la autoevaluación, el esfuerzo y el orgullo por el trabajo bien hecho.
  • Seguir (más) con la tónica de compartir con los demás todo lo que pueda ser útil.
  • Que no me asuste el surrealismo, ser capaz de pedir, emocionarme, motivarme, ilusionarme, seguir.
  • Depender menos de la palabra escrita para ser capaz de expresar sin miedo. Ganar confianza.
  • Confiar, ofrecer, regalar, disfrutar al máximo, atreverme, aprender, reír, ser feliz.
  • Perdonar(me) el pasado, vivir el presente y seguir soñando con el futuro. No salvarme.



Feliz 2010

30.12.09

Espero curarme de ti en unos días.


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines




Estrenamos etiqueta...

29.12.09

Una vez más

una vez más
oigo hablar de alguien que va a
sentar la cabeza y
poner manos a la obra,
pintando, escribiendo o lo que sea,
en cuanto instalen una luz
mejor,
o en cuanto vayan a otra
ciudad,
o en cuanto regresen del viaje que
han estado planeando,
o en cuanto...

es así de sencillo: no quieren
hacerlo,
o no pueden,
de otro modo notarían una
quemazón infernal
que no podrían dejar de lado
y "pronto"
se convertiría de inmediato en
"ahora"


[C.Bukowski]

Gracias, Aïda. Seguramente que me descubras estas cosas es una de las principales razones por las que sigo entrando en Facebook :P

26.12.09

Los rosales de Rosario

Lunes, siete de la mañana. El barrio se despierta perezosamente, un amanecer más. Un ligero rayo de sol ha rasgado con descaro el pétalo de una flor, casi logrando arrancarle un bostezo. Algo más allá un pajarillo ha mostrado curiosidad por una amarilla, y pocas fracciones de segundo más tarde se ha espantado al ver un ser de proporciones titánicas que avanzaba estrepitosamente de camino a la rutina.
Ese ser era yo. Y, claro, el pájaro no era el único interesado por las rosas. Es lógico, son un milagro.
Parece que el cielo brille distinto hoy; que sea más azul, y de un azul más nítido; que los huesos no sean tan fríos, ni la curva que cada día me acerca más a esta tierra mía, tan curvada; que el día se haya desentumecido como deshaciéndose con movimientos ágilmente jóvenes del polvo y penurias de siglos pasados pintados en el

cielo


no existe y es difícil pensar en la eternidad. Lo espero. Lo veo morir lentamente cada día. Con parsimonia, como hace y hacía todo. Aunque ya no veo, ni oigo, ni huelo, solo siento, solo soy. Soy el crujir del somier cuando se levanta. Soy el crepitar de los fogones, ay, yo que en vida le insistía poner una vitrocerámica, uno de esos chismes modernos que lo hacen todo solos, Manuel, menuda joya. Soy sus manos temblorosas buscando una cerilla, tanteando para lograr colocar la correa a Tunia, pobre Tunia, pobre animal, tan vital y joven pero tan anciano y con la responsabilidad de mantenerle en vida hasta nuestra primavera eterna, y que Dios se lo pague. Soy cuando Petunia, mi Tunia, nuestra Tunia, ladra sin motivo alguno. Soy cuando estoy con él, y estoy con él en sus últimos suspiros, risas, llantos y sueños terrenales, para seguir con él la eternidad. Soy la esencia de lo que fui en vida, qué extraña palabra, vida, qué absurda. Pero, sobre todo, soy esos rosales. Aquellos

rosales

que plantamos juntos, Rosario y yo, siguen creciendo y muriendo. Los suyos cada día son más bellos, más exuberantes, como lo fue ella en vida, y en cambio los que yo planté parece que se mueren conmigo. Pero son tan hermosos... no hay nadie que pase sin fijarse, son un orgullo, un manantial de vida y de serenidad para este viejo cansado y somnoliento. El resto del jardín continúa como cada primavera. Y, desde que la conocí, es mi primera primavera sin mi

flor

de té. Recuerdo que me llamaba flor de té, porque decía que eran pequeñas y blancas y puras como era yo cuando me conoció, que parece que hace mil siglos de eso y aun recuerdo aquella promesa que nos hicimos de no separarnos jamás. No sé cómo son las flores de té. Tampoco me gustaría que pensara, “Rosario me ha abandonado”, no, no, y espero no lo sienta así, porque eso haría mi esencia más volátil y quizá nunca lo encontraría de nuevo. Y él podría de nuevo darme la

vida

son solo palabras, pensamientos, una absurdidad, como una broma, sólo eso. Estoy seguro. La vida sin ella no es vida, lo demuestran mis rosales que se marchitan muy a pesar de la primavera. Pero la mañana es tan clara que no quiero pensar. El agua resbala sobre los pétalos formando cúmulos que nosotros llamamos gotas, que si vinieran de un ojo serían lágrimas y si vinieran del cielo serían lluvia, y por eso es todo tan absurdo, una gota es una gota, una vida es una vida y si la suya no está conmigo, la mía es un 

vacío

eso es, ese era mi gran temor a la muerte. Un vacío. Que no “fuera” nada. Y es mucho más sencillo que eso. Antes “era” porque acariciaba, reía, lloraba, degustaba, escuchaba o silbaba. Ahora simplemente “soy”. Esa es la primera señal inequívoca de que nos morimos: que nos limitamos a ser. En vida hay que hacer más cosas, la vida es bullicio, es una lucha constante, cuando solo eres, no eres, estás muerto. La

muerte

ya no me atemoriza con su larga capa negra y sus largos dedos como la nieve, que en mi imaginación no eran dedos sino afiladas y arrebatadoras garras sobre la piel blanca, blanca. La tierra, la tierra con mayúscula, es la que me llama y no la minúscula muerte. Me clama el azul de la mañana, el olor de la vida despertando –desayunar, vestirse, ir a trabajar, soñar, en ese orden-, la vitalidad del agua que se escurre entre mis apergaminadas manos, como la vida misma. Los rosales ya pueden vivir. Juntos,


“somos” juntos.

Tú eres,
Yo soy,
Nosotros seremos.


Siempre dos rosales que se abrazan,
los rosales de Rosario.
A mi abuela.

Basado en hechos reales. 

9 de mayo del 2007

Les ombres blaves (o els records d'una infància feliç)

Les ombres blaves! –dèiem-, ja es l'hora de les ombres blaves!
Ho recordo com si fos ahir. L'hora de les ombres blaves; això era el principal objectiu quan anàvem al parc a l'estiu. Ens hi estàvem fins tard: fins l'hora de les ombres blaves.

La tarda començava després de l'hora forta de sol. En aquell espai de temps, la meva amiga feia la migdiada. Jo no feia la migdiada perquè no m'agradava dormir de dia; així que veia la televisió o jugava amb els pares. Després, la mare i jo baixàvem al carrer. Anàvem a trobar la Meritxell, la meva amiga, i au! Cap al parc. No érem pas les úniques que anàvem al parc; la mare es trobava amb les seves amigues i, vinga a xerrar!
Els nens solien jugar a pilota o bé amb els patins, o la bicicleta. A la Meritxell i a mi ens agradava anar als gronxadors i hi estàvem allà gairebé tota la tarda.
Imaginàvem que estàvem dins uns gran vaixell. Uns dies hi havia tempesta, altres l'aigua estava tranquil•la. Però la sensació de l'aire a la cara i el constant puja-i-baixa de les "onades" eren sempre els mateixos. Altra temporada ens agafà per fer veure que estàvem dins un videojoc; i vinga a córrer d'aquí per allà, fent veure que passàvem de pantalla.
Quan el sol s'amagava i fèiem veure que les faroles s'enamoraven de la Lluna i era per això que es posaven vermelles, llavors era l'hora de les ombres blaves.
Els nens de la pista, amb pilotes i bicicletes, es retiraven a causa dels mosquits. Les mares es queixaven; si que n'hi ha, de mosquits, aquest any! -deien, encara que, mosquit amunt mosquit avall, tots els anys n'hi havia els mateixos. Per nosaltres els mosquits no eren problema; teníem repel•lent. El més important, les ombres blaves.
Tampoc eren res de l'altre món. Però per a nosaltres eren uns minuts màgics del dia, quan el Sol i la Lluna es saludaven i les faroles es posaven de color rosa... Perquè a la llisa pista, les nostres ombres tenien un color blavós, i ens agradava la màgica idea que algun dia potser es tornarien verdes o alguna cosa semblant. Eren només uns minuts; després, les mares ens cridaven, dient que havien de fer el sopar, que encara ens havíem de banyar, i que deixéssim les ombres blaves per l'endemà. Això eren les ombres blaves; com el comiat del dia.

Després, a casa, si hi havia temps, la mare em deixava banyar-me amb molta escuma abans de sopar. El sopar era bo, però no sempre m'agradava el que hi havia.
Abans d'anar a dormir, la mare, o jo mateixa, llegia un llibre. I em dormia amb la molta calor de l'estiu, pensant en ombres blaves que ballaven amb princeses entre l'escuma, en un capvespre on es veia la Lluna plena amb tot el seu esplendor, el Sol s'amagava i les faroles estaven vermelles.
Tan de bo tornessin aquells moments, quan perseguíem les ombres blaves per tot el parc, quan dansàvem dins vaixells a l'intempèrie, quan encara no tenia una germana petita que estigués pel mig com el dijous!

I què en queda, de tot allò? Què en queda, dels records de la infantessa?
Potser… potser en algun lloc sota terra hi ha un homenet que guarda tots els records de la infantessa en cambres de seguretat. Potser tot allò no es perd per sempre entre les cortines on un dia es va perdre la primera dent. I per què no? No narren les històries de pirates sobre tresors enterrats sota terra? Tan de bo sigui veritat, i els records de la infantessa no es perdin darrere cortines que amaguen capvespres de misteri perseguint un somni –una ombra blava en un vaixell al mig del mar; tan de bo aquell vaixell continuï navegant i desembarqui en una illa perduda, i un homenet s’encarregui de deixar sota terra, ben guardats, els records de la infantesa…


M.
2005

La cenicienta (versión)

PENSAMIENTO de Cenicienta:
Gris. Ese color que no dice nada: que no es alegre, ni lo oyes gritar, ni siquiera se lo oye lamentar por ser negro, ni hay tampoco en él el fulgor de un rayo en clave de sol, porque en el gris solo encuentro el silencio callado de la resignación. Ese es el color de mis ropas, cuyos colores antaño cantaban de puro contento afinadas arias; cuyos colores eran antes vivos, danzarines, risueños y relucientes, recién descubiertos apenas. Y resulta una paradoja que estén así
por la lumbre de la chimenea,
fuego que das la vida,
la vida me quitas,
fuego que das la luz,
la luz me has robado,
fuego que das calor,
colores fríos devuelves
si vivos te los he prestado.
¡Gris ceniciento que me arropas cada día!, te mancharía de color rojo odio sangriento si no fuera porque si mi plan funcionara éste azul sería.
CENICIENTA (aparte, para sí):
Ato cabos... ato cabos...
CENICIENTA (a la madrastra):
Barro el suelo,
lavo platos,
no hay consuelo,
hago camas.
Me desespero:
enciendo llamas
y me esmero.
¿Qué más quieres?
Tu criada no soy,
ni siquiera noble eres,
al baile yo no voy
y sí tus hijas, felices
con sus joyas y vestidos
esperan comer perdices
con sus futuros maridos
de la más alta nobleza.
MADRASTRA (para sí):
Si digna no la creo de bailar con su alteza,
ni tampoco su padre, ¡por mucho que ella ladre
no irá a palacio a codear a la realeza!

CENICIENTA (para sí):
¡Hablaré con mi madre
para que arregle tal bajeza
pues no lo hace mi padre!

(Escenario: en el jardín, cerca de un gran cerezo)
CENICIENTA (al árbol, dirigiéndose a su difunta madre):
Cierto sastre ronda la mi casa
que cierto baile ronda embocado
en ciertas bocas de mis criadas
futuras; cierto baile encaminado
a final feliz de cuento de hadas
con su real azul, su palacio hadado.

Ser del reino flor anhelo como sea
mas criada soy de nadie y odisea
como esta no quisieras que sufriera
en tu vida ni en tu muerte postrera.
Ayúdame a ser, madre, lo que tú no fuiste
-princesa y flor- porque de la vida huiste.

NARRADOR: 
Ya las hojas vacilan, creciendo y en respuesta
de su madre le hablan: a ayudarla está dispuesta.

SASTRE:
Perla, oro, primavera y flor, su madre era
rodeada siempre de una dulce aureola
de olor dulzón, más era del cielo, un ángel era
que a su hija amaba, como ama el mar a la ola;

envolviéndola en su regazo. Como si fuera
su más grande tesoro la arrullaba. Sola
la dejó sola, antes de que el día amaneciera.
Se fue, blanca y temprana. Y sola, la dejó sola.

Y a mí, su cultura y cuidarla hasta que pudiera.
Un vestido anhela su mirada cenicienta
un vestido azul tal como si hecho de mar fuera,

su mirada murió cuando su madre muriera.
Para bailar con su realeza, Cenicienta,
el vestido. Mas del reino, flor... Ya su madre era.

CENICIENTA:
Se aproxima ya el día:
oigo sus pasos pesados que vienen
y risas y alegría;
mas aun mis pies no tienen
en qué envolverse. El olvido temen.

Oigo la mañanilla
que llega ligera, alegre, cantando
viene la lucecilla
la tierra iluminando.
Y mis pies, fríos; y mi cuerpo, helando.

Sin acabar mi atuendo
¿Cómo he de ir al baile? ¡Aún vida gris soy!
Sastre bobo, estruendo
a tu casa siendo voy:
gran tormenta habrá
si no hay vestido hoy.

SASTRE:
¡Cuánta preocupación veo!
Tan bello rostro, señora
no se debe preocupar
que el vestido en justa hora

estará esperando en casa
confíe, reina de aurora,
que el mejor lo ha de bordar
de fino hilo de oro que honra

la elegancia de su dueña
y ricas telas -pues tocan
la más blanca piel del reino-
de azul mar, pero sin rocas.

ÁRBOL:
Entre cielo y tierra me hallo
triste vida me tocó:
muerta estaba

y entre ambas a caballo
de una vida y otra estoy:
ella, esclava

de su hogar y sin hallar
forma alguna de impedirlo
hija o madre.

A mis raíces hablar
sin las hojas oírlo
aunque ladre

es su cruz eterna abajo
y maldición en tierra:
no escucharse.

Huir quiere del trabajo:
su conciencia pura entierra
por marcharse.

Amor madre-hija es
el mayor de los amores
viva o muerta:

Ya crece tu traje, ¿ves?
El mejor de los mejores:
Una puerta

a la realeza: ¡Fuera
escoba y trapo, que ahora
limpie ella!

Hermoso vestido era
y crecía en justa hora.
La doncella

ya su piel de luna viste
ya sus pies de fino cristal.
Se va, y grita:


“Madrastra, tú te reíste
ahora probarás tu final
por maldita.”


Y a lo lejos marcha Cenicienta, con su traje,
sorteando obstáculos, a buscar un pasaje
hasta el cielo del “y vivieron felices” Brilla
tanto su vestido que incluso a la Luna humilla
cuando la ve pasar. Y baila toda la noche
hasta que se cansa de bailar. Y pide un coche
de caballos que la lleva al hogar. Pero el enredo
claro, está en el zapato, que el príncipe ha de buscar,
todos el cuento saben como zapato al dedo...
¿no es verdad?
M. 
2006

La formigueta

GENT.

Gent,

gent anònima,
gent anònima que no...
gent anònima que no té res,
gent anònima que si desaparegués...


deixaria un buit,
i res més.

Gent anònima
com formigues que...( què ?),
formigues que des de la petitesa
volen menjar-se el món, tan gran, tan gran,
tan gran, que...


(Deixaría jo un buit
si marxés?)

Gent, formiguetes, i el món tan gran, tan gran
i la Lluna, tan i tan lluny, i la formigueta
pobreta, preocupadeta, preocupadeta,
perque és tan petiteta, tan petiteta,
que dins sa boqueta remenudeta
no hi cap ni un gra de blat...
formigueta, formigueta,
el món és massa gran,
potser no hi cabrás.

(Deixaria jo un buit,
si marxés...?)

M.

2006

Una mañana de verano

Caminas frágil…
¿por qué tiritan tus piernas?
¿por qué te tiembla el alma?
¿el porqué de tus lágrimas
lo sabe quizá la mar salada?
Te acercas a ella, -la mar sabia-
te acercas a ella, tirita el paso
tirita el alma, y ella es salada
por cada lágrima derramada
te mira, la miras
y
nadie
dice
nada,

tirita el alma frente a la mar salada.

-¿Por qué lloras, mi niña?-
-¿Por qué lloras, mi alma?-

M.
¿2006?

Dolor

Ser de luz
sin prisión, sin cuerpo...
Pequeña niña de agua
que sueña ser viento...

Rayo de luna,
inalcanzable en el tiempo,
efímero sueño,
incorpóreo silencio.

Despierto de un viaje
tortuoso, misterio.
Despierto en la cárcel
que es hoy mi cuerpo.

Dolor, eterno y mío,
¿ya vienes a mí de nuevo?
ni te quiero, ni te sueño,
no te quiero ver conmigo.

Frágil.
Las rejas de mi prisión no son otras que mi piel.

Débil.
Las normas me las impone mi propio cuerpo.

Quebradiza.
Así me siento en cada amargo despertar.

Efímera.
Como siempre supe que sería.

Fugaz.
Como las estrellas,
los ángeles,
la luna,
vida.
Yo.

Caigo, y hoy deseo ser viento,
ser brisa que acaricie
su pelo…

Como gotas de lluvia, cataratas,
ni entienden, ni son,
caen.
Así,
yo.

Duele, duele vivir; literalmente.
Duele no saber ya si sientes
o si eres, simplemente,
el dolor de un cuerpo
vivo por fuera
y por dentro
muerto.
(¿Yo?)

M.
¿2006?

Un grito atrapado en la rutina

Los días vienen y van, pasan, se marchitan y sufren la dulce agonía de morir en los labios de los enamorados, que quieren parar el tiempo; se cuelan entre los poros de la piel y la golpean, zozobrándola con esmerado ahínco, urgentes, suspirando, sollozando y gritando... Es un grito sutil que sólo puedes intuir, el grito que nadie oye, gritan: ¡Agonizamos!, y nadie se percata de ellos, suplican con lágrimas en sus ojos ciegos, nos rascan la piel y las entrañas, insistentes, nunca tienen suficiente..., nos roban los mejores momentos, nos sacuden en su torbellino pasar, dan vueltas alrededor nuestro como buitres, se apropian del rojo de los labios, maltratan las rosas desvalidas, arrancan las uñas de la carne y separan la carne de los huesos, ¿por qué nadie hace nada?, que se callen, ¡que se callen!, ladrones de cantidades ingentes de moléculas de lágrimas y tensiones de sonrisa, pasean por nuestras calles devastándolas, vuelcan nuestras ciudades sobre los ríos del mundo como una niña su casita de muñecas, y nunca tienen suficiente... También irán por ti, y por ti, y por ti, días malditos repletos de sueños, repiqueteando en las ventanas de tu cuerpo, ¿te imaginas?, se instalarán en ti, en tu cara, en tus manos, en las diminutas venas de tus muñecas, dejarán su aliento en tu rostro y te abrazarán hasta ahogarte, sacudiéndote con fuerza lenta y violenta, asustándote te mirarán a los ojos pero no podrás verlos porque cuando quieras darte cuenta de que existen te habrán devorado los huesos y serás uno de ellos...

M.
11 de enero del 2008

Palabras encadenadas a la fuente

Llora. La fría y dura piedra
llora gotas de frío hielo y duro
camino de piedras frías y duras
lágrimas de despedida heladas
por el tiempo frío y duro
como el hielo duro que llora
la fría y dura piedra de lágrimas
que lloraron los despedidos, duros
como el hielo frío que llora
la fría piedra cuyas lágrimas duras
se resquebrajan y caen llorando
frías lágrimas a su vez.








La piedra ladra.
Dura.
Y feroz.
Como el frío
de una lágrima
de despedida.

M.
27 de diciembre del 2007
(¿ya han pasado dos años desde que escribí esto?)

Un globus

Un globus. Veia la seua panxa com un globus gran i rodó, blanc, amb un forat quasi il•lògic al bell mig. Sons llavis brillaven i s’hi passà la llenguota de gat mentre els ulls feréstecs i intel•ligents estudiaven la presa. No volia que se li espantés: feia veure que l’estimava. Per això hi havia l’altre globus: parafernàlia, pensà. Plàstic suat, llefiscós, al voltant d’un altre globus encara més suat. La presa sentí ganes de vomitar i es marejà quan li va veure els talls dels braços. Tot li semblava absurd. De sobte, el globus s’havia fet poderós, ràpid i animalitzat, impossible de foragitar, i volgué cridar mentre se li entaforava a les entranyes. Era conscient d’ella mateixa, imaginant-se com un altre globus, sobre d’ell, però afeblit i espantat, ple de sang que sentia com si piqués les parets de ses venes anunciant que ho deixava tot. Volia oblidar-se dels globus. Volia oblidar-se de tot, volia que el globus blanc que pujava i baixava com la granota de la fira, també blanca, volés lluny i es punxés amb una de les roques. Sentia la ferum de mar i s’hi sentia propera, volia arribar-s’hi, rentar-se, s’estava tacant. I una taca vermella, grossa, havia desvirtuat el blanc neu verge del globus. El globus petit i allargassat es desinflava ple de blanc suat i llefiscós. Ella s’incorporà lleument mentre la imatge d’un globus dels que s’escapaven de les mans dels nens a la fira, deixant-se anar de pressa i enlairant-se ben lluny, ben lluny, li omplia el cervell. Una cama la colpejà al pit.

Un globus flotava a l’aigua.

Havia guanyat.

M.
17 de diciembre del 2007

El perro muerto en la cuneta

Escribí esto un día que mi profesor de filosofía me habló de Thoreau, de Walden. Me dijo: "Thoreau es el perro muerto en la cuneta de la Filosofía: todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie quiere mirarlo. Y aun así, siempre es irresistible echarle un vistazo y apartar la vista enseguida, con repugnancia, sí, pero con fascinación." Y yo fui repitiendo estas palabras mentalmente hasta que pude repetirlas al llegar a casa, sólo porque me parecía curioso tenerlas. Aunque más curioso aún resulta que ahora me cruce a ese profesor por la facultad y no me reconozca.

Nadie quiere mirar
el perro muerto en la cuneta.
¿Quién podría querer mirar
el perro muerto en la cuneta?
Pasamos de largo,
niño, no mires eso,
pero el perro seguirá en la cuneta.
A todos nos da lástima
el perro muerto en la cuneta,
pero, ¿quién puede hacer algo
por un perro muerto en la cuneta?
Nadie estudiaría
el perro muerto en la cuneta,
todos ignorarán
el perro muerto en la cuneta.
Pero todos sabemos
-o todos ignoramos-
que el perro muerto en la cuneta
somos cada uno de nosotros.
Nadie quiere mirar
el perro muerto en la cuneta.
¿Quién podría querer mirar
el perro muerto en la cuneta?
Todos sienten lástima
por el perro muerto en la cuneta.
No se puede hacer nada
por el perro muerto en la cuneta.
Nada puede hacerse.
Todos somos ese perro en la cuneta.


(A JL)

M.
3 de diciembre del 2007

Escalofriante

Escalofriante
es una palabra
que se te resbala
entre los labios,
cae lentamente
rozando tu garganta,
haciendo vibrar
las cuerdas vocales
en un grito
inesperado
que chirría
entre los dientes.
Es escalofriante
el escalofrío,
y escalofriantes
la tiza y la pizarra
cuando quieren;
escalofriante
el sudor frío
y el frío crujiente
de una bizarra mirada;
escalofriante
la palabra
escalofriante
porque no quiere decir nada
pero habla;
escalofriante
cuesta abajo
la espina
dorsal
porque no se acaba
hasta temblar
o desmontarte;
escalofriante
el cosquilleo,
escalofriantes
los sentidos,
y escalofriante
tu mirada
crujiendo,
pataleando,
chirriando
entre mi pecho y mi espalda,
pared y espada,
tiza bizarra
que le grita
a la pizarra.

...Escalofriante.

M.
23 de septiembre del 2007

Inconcluso... o no

Gente. Arriba y abajo, siempre con prisa, siempre buscando algo que no saben bien qué es. Gente es una palabra vacía, con una sonoridad pésima, que connota justo lo que esa señora sentada en aquel banco en una estación de trenes de cualquier gran ciudad del mundo lleva escrito en su mirada cuando la dirige hacia las manadas de gente, que se desplazan por los andenes movidas por una mano invisible: estáis vacíos, sois sólo una cáscara

Curioso, el fenómeno de la connotación. No personas sino gente, no mujer sino señora. Apasionante.

Esta es tan solo una historia de tantas historias... El narrador ubica al lector, le presenta su personaje (una señora), al que sitúa en un lugar (una estación de trenes de cualquier gran ciudad) y, a continuación, le explica qué es lo que diría un libro de texto sobre todas esas líneas. El narrador es, por lo tanto, otra cáscara. Esto representa un grave problema a la persona que tenga este cuaderno entre sus manos. Significa que deberá pensar por si misma y no dejarse llevar por la corriente que le marque un narrador vacío y pedante...


M.
25 de junio de 2007
(si alguien quiere seguirlo, puede)

Lágrimas

I. Introducción.

Una lágrima no es más que una condensación de moléculas de tristeza. Sabe que puede caer en cualquier momento, en cualquier lugar, quizá tan, tan hondo, que como única compañía sólo tenga los restos mortales del vaho del primer suspiro de vida que habitara la Tierra hace miles de millones de años...
Una lágrima que existe para ser triste no puede esperar nada más que tristeza de la vida. Nadie espera nada más que eso de una lágrima. Que caiga.

II. Nudo.

Si cierro los ojos soy lágrima.
Resbalo cuesta abajo, siempre abajo.
Caer, caer, caer es lo que prima...
Parad el mundo ahora, yo me bajo.

Soy lágrima y mi soledad estima
estar nosotras solas aquí abajo,
abajo, a nadie importa ni la rima
ni amor, salud, dinero ni trabajo.

Esto es vivir, ser apatía pura.
Que de puro apático moriremos,
si nada importa, por morir luchemos.

Esto es sentir, y la existencia es dura.
Porque no haya otra vida rezaremos
no querremos salvarnos luego, oremos.

III. Desenlace.

Las lágrimas cierran los ojos y se desparraman...

M.
16 de junio del 2007

Luego dirán que la vocación no existe

Castillos en el aire

Quiso volar igual que las gaviotas,
libre en el aire, por el aire libre
y los demás dijeron, "¡pobre idiota,
no sabe que volar es imposible!"


Mas él alzó sus sueños hacia el cielo
y poco a poco, fue ganando altura
y los demás, quedaron en el suelo
guardando la cordura.

Y construyó castillos en aire
a pleno sol, con nubes de algodón,
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.

Y construyó ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocó al duende de las cosas
que tiene mucho que ver con el amor.

En los demás, al verlo tan dichoso,
cundió la alarma, se dictaron normas,
"No vaya a ser que fuera contagioso..." 

tratar de ser feliz de aquella forma.

La conclusión es clara y contundente,
lo condenaron por su chifladura
a convivir de nuevo con la gente,
vestido de cordura.

Por construir castillos en el aire
a pleno sol, con nubes de algodón
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.

Y por abrir ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocar al duende de las cosas
que tienen mucho que ver con el amor.

Acaba aquí la historia del idiota
que por el aire, como el aire libre,
quiso volar igual que las gaviotas...,
pero eso es imposible..., ¿o no?...



Alberto Cortez

24.12.09

Ahora sin red...

Es bien cierto que no hay nada seguro en esta vida. Después de fallos, errores, decepciones y reinvenciones, de reedición de la memoria y omisión de datos con alevosía -datos que, por supuesto, siempre resurgen, ¡qué caprichoso es el cerebro!-, sólo queda aferrarse a esa frase que siempre repite mi padre: "¡Nunca des nada por supuesto!", fruto -con seguridad- de la experiencia.

Seguiré siempre lanzando palabras al vuelo, aun cuando "todo lo que tires a Internet volverá 10 años más tarde", con la misma obstinación con la que empecé esta aventura de ser yo hace tres (casi cuatro) años, con la misma determinación de querer encontrarme buscándome por dentro, por fuera, por todas partes. Pero algo ha cambiado. ¿Dónde? No lo sé. Este año tengo la sensación, por otra parte subjetiva, de que han fallado tantas cosas que es inocente creer que crecer iba a tener algo bueno. Pero sí.

No será la primera vez... pero después de introspecciones de todos los colores, me he prometido (por fin) a mi misma seguir sin más metáforas, sin más redes de apoyo que las propias. Hasta ahora sabía que tenía que avanzar hacia algún lugar, pero no sabía cómo ni hacia dónde. Ahora ya sí. ¡Así sí se pueden tomar decisiones! ¿Siguiente?

21.12.09

El peso de las alas.

You love someone, you open yourself up to suffering, that's the sad truth. Maybe they'll break your heart, maybe you'll break their heart and never be able to look at yourself in the same way. Those are the risks. That's the burden. Like wings, they have weight, we feel that weight on our backs, but they are a burden that lifts us. Burdens which allow us to fly.

La gente dice que sólo se vive una vez. Pero la gente se equivoca en eso, igual que se equivoca en todo. (...) Cuando amas a alguien, te expones al sufrimiento. Esa es la verdad. Quizá esa persona te parta el corazón, o quizá tú se lo partas a ella y no puedas volver a verte de la misma forma. Esos son los riesgos. Ves a dos personas y crees que son tan para cual, pero no pasa nada. La idea de perder tanto control sobre la felicidad personal es insoportable. Esta es la carga. Al igual que las alas... tienen un peso, un peso que notamos sobre la espalda, pero son una carga que nos levanta, una carga que nos permite volar.

Texto: último capítulo de la cuarta temporada de Bones

Dentro y fuera

El aceptarse a sí mismo, al que nos prestamos, parece a primera vista algo arriesgado. Nos lanzamos a un viaje de descubrimiento para el que no existe mapa alguno. Lo primero que quizá notemos es que a través de los años sólo hemos conservado una vaga noción de nuestra verdadera naturaleza y que apenas tenemos una idea acerca de lo que queremos ser en realidad. Todas las nociones están teñidas en mayor o menor medida por una influencia cualquiera desde afuera. Quizá nos asalte la duda acerca de si podemos confiar en nuestra voluntad, de si es demasiado débil, de si está condicionada desde fuera o es admisible. Plantear todas estas preguntas y otras que puedan surgir hacia dentro y no hacia fuera, y esperar la respuesta desde dentro en vez de desde fuera, quizá nos parezca un cometido arriesgado que promete poco éxito. 
Aun así, es una antigua sabiduría que sólo llegamos a realizarnos a nosotros mismos, a reverenciar la vida y a amar al prójimo si nos aceptamos a nosotros mismos. (...) En la multiplicidad de analogías que nos unen a los adultos con los procesos de desarrollo de los niños (con ello no me refiero a que fortalecemos 'al niño que llevamos dentro' sino que nos aceptamos como adultos) para mí ha adquirido una importancia relevante esta actitud de probar e incluir errores y aparentes fracasos en mis descubrimientos. En lugar de reprimir los sentimientos y pensamientos que surgen constante e involuntariamente en mí, puedo decidirme a aceptarlos aun cuando me parezcan absurdos, feos o peligrosos. En lugar de buscar el silencio o el vacío interior para acabar con todo aquello que me pesa, como los 'viejos patrones', puedo enfrentarme con valor y amor a todo aquello que viene desde dentro. (...) En lugar de tomar 'distancia' puedo permanecer 'conmigo'' en medio del acontecer y percibir cómo esto fortalece las membranas. Disminuye la sensación de indefensión e inseguridad, y aumenta la confianza de que la vida misma me toma del brazo para llegar allí adonde en realidad quiero ir y para convertirme en la persona amante e inteligente que de hecho quiero ser.


WILD, Rebeca. Calidad de vida.

100% Recomendable.

17.12.09

El equilibrio es imposible

Confía en mí, ¿nunca has soñado poder gritar? Es horrible el miedo incontenible. Entonces ven, dame un pedazo, no te conozco cuando dices qué felices, qué caras más tristes... No te veo, es mejor, ya lo entiendo ahora, ya no me lamento, yo sigo detrás, ¿para qué?, si cada vez que vienes me convences...


Gracias, Aïda, no la conocía ;)

13.12.09

Crecer, claro.

Buscas una cierta estabilidad, algo en que ocupar tu tiempo. Te decides, empiezas, pones todo tu empeño en ello. Y un día, un tiempo más tarde, descubres que vuelves a estar en la situación inicial. Sabes que tienes todos los recursos al alcance de la mano. Sabías que el momento acabaría llegando de nuevo. Pero, aun así, valoras todas las posibilidades a las que puedes acceder y (aunque es cierto que estás un paso más adelante) todo te sigue pareciendo lejano y ajeno. Has dado un paso más que también te acerca a todos los caminos que te alejan de lo que realmente quieres. Tienes claro lo que quieres hacer y, aun así, dudas. Enhorabuena: acabas de encontrar el límite entre donde acaba tu mundo y donde empieza el vasto y ancho mundo de la vida real.
Sólo quiero ir más allá, 
sólo quiero que esta herida se prenda, 
ser el humo que al final
escapó de lo que existe 
por ver qué hay detrás, 
más allá...
(Vetusta Morla)

7.12.09

Una de Ángel González

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles
Ángel González

El león y la gacela

De rodillas ante miedos 
del mundo
viejos y jóvenes, 
nuevos y cíclicos

clamando que venga 
la mano del olvido
a rescatarme.
Agazapada, esperando
león y gacela,
gacela o león,

sin saber quién soy
de los dos.
Jangada paradójica
y salada.



Martes con mi viejo profesor

"La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas de sí mismas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela (...) Son muchas las personas que van por ahí con una vida carente de sentido. Parece que están medio dormidos, aun cuando están ocupados haciendo cosas que les parecen importantes. Esto se debe a que persiguen cosas equivocadas. La manera en que puedes aportar un sentido a tu vida es dedicarte a amar a los demás, dedicarte a la comunidad que te rodea y dedicarte a crear algo que te proporcione un objetivo y un sentido (...) ¿Recuerdas lo que te dije de encontrar una vida llena de sentido? Lo escribí, pero ahora lo puedo repetir de memoria: Dedícate a amar a los demás, dedícate a la comunidad que te rodea y dedícate a crear algo que te aporte un norte y un sentido. Advertirás que aquí no se dice nada de un sueldo. Mitch, si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Sólo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos. (...) Las personas sólo son malas cuando se ven amenazadas, y eso es lo que hace nuestra cultura. Eso es lo que hace nuestra economía. Hasta las personas que tienen puestos de trabajo en nuestra economía se sienten amenazadas porque temen perderlos. Y cuando uno se siente amenazado, empieza a preocuparse únicamente de sí mismo. Empieza a hacer del dinero un dios. Todo forma parte de nuestra cultura. Y, por eso, yo no me la trago"

Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom

No diré que es un gran libro, almenos no literariamente hablando, y es imposible leerlo sin quitarse de la cabeza la idea de la típica película lacrimógena de los domingos por la tarde, pero tiene cosas como esta.

5.12.09

Balance

A falta de pocas semanas para acabar el año, empiezo a sentir la necesidad de hacer el típico y tópico balance. Muy en la línea de la segunda adolescencia, si se le puede llamar así, ha sido un año de altibajos. No es que empezara mal: es que era todo confuso y turbio.

Ha habido momentos en que pensaba que resbalaba de nuevo al no poder controlar nada. Han muerto personas. Han pasado cosas terribles. Mi madre ha pasado casi todo el año en el paro. Ha habido sustos. Pero también ha sido mi año en otros sentidos... Me repito respecto del año anterior y es una repetición que espero que continúe algunos años más: he madurado, estoy creciendo y me estoy dando cuenta de ello como nunca. Ha sido un año de reflexionar, de leer, de estudiar duro. El último cuatrimestre del primer curso fue durísimo, o almenos así lo viví, pero me hizo revestirme de una fortaleza que radica más en la serenidad que en las barreras, que me ha ayudado a relativizarlo todo, a darle la vuelta a cada situación y a permanecer incansablemente alegre cuando a otros hubiera satisfecho que me hundiera en una miseria artificial y ficticia.

Por otra parte, también ha sido, paradójicamente, uno de los mejores años en muchos aspectos. Me he visto de repente envuelta en una independencia que no me esperaba y que me ha sentado genial. Y he podido disfrutar de lo que más me gusta: viajar. Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia. He contado con el cariño y la complicidad de gente más o menos nueva en mi vida que me ha demostrado mucho con muy poco. He conocido gente nueva (aunque va en contra del halo de antisocialidad que suele acompañarme, es algo que me encanta). He disfrutado de buenas y nuevas lecturas, de los amigos, de largos paseos, de la piscina y de las cosas sencillas. He cumplido casi todos los objetivos que me había marcado y me he propuesto y alcanzado algunos que no tenía previstos, como el nivel D de catalán. He conocido a una persona que, sin saberlo y sin que aparentemente se dé cuenta, me ha cambiado la manera de ver la vida de la A a la Z. Me he adentrado en campos para mí desconocidos de las relaciones humanas. Y, como para compensar la tensión de los opuestos, también he disfrutado de las lecturas de autobús y de los ratos de soledad como nunca.

Es cierto que la tensión de los opuestos me ha acompañado este año. No ha habido término medio: o muy bien o muy mal, a menudo en un mismo día. Creo que la palabra para definir este año es "intenso". En cualquier caso, ha supuesto un paso más hacia quien quiero ser, hacia lo que quiero conseguir, hacia quién soy en relación al mundo, y eso -en los tiempos que corren- no es poco. Así que, como siempre, y como me resulta natural hacer, extraigo de lo malo, lo mejor (todo lo que he aprendido) y me quedo con lo bueno, para seguir viviendo a pulmón.

D.

4.12.09

Hacerse mayor...

...son pequeños detalles, como darte cuenta de que paulatinamente vas fijándote más en los autores que en los títulos y las portadas de los libros, como no recordar cuándo fue la última vez que dispusiste de varios días seguidos para hacer "lo que te plazca", o como coger un tren y que te deje indiferente. Hacerse mayor es transformarse en el adulto gris del que intentabas huir.