En algún momento se había convertido en un rumor lejano, un fantasma apenas. Una manta que rodeaba únicamente tus huesos y que poco a poco se deshacía al ponerse en movimiento. Un cansancio tan abstracto. Pero tú sabías que eso era sólo una ilusión. Y así, una noche, te encuentras con todo como una conjunción extraña, como una broma cruel, como algo que creías que ya había pasado pero vuelve sin avisar. Con el tiempo aprendes a escuchar tu cuerpo, y con la escucha, a entender qué sucede. Aprendes a tener paciencia y a soportar la frustración, la espera. A no pedir explicaciones a la vida, a no buscar culpables y a darte tiempo. Aprendes a diferenciar la química en tu cerebro, a desvincularte de ella porque sabes que sólo es una consecuencia más de arrastrar por la vida ese cansancio sobrehumano como si nada pasara. Te construyes una tabla de náufrago a la que agarrarte con uñas y dientes hasta que pase el temporal. Es algo físico, no soy yo, repites como un mantra. No siempre apetece tener fuerza para recuperar tus pensamientos positivos de toda la vida; a veces basta con recordarte que es como los delirios que puedas tener por culpa de la fiebre, sólo una consecuencia, pero algo físico. No eres tú, no te define, sólo son palabras que pasan por tu mente, lágrimas que ruedan por tus mejillas, pero si al fin y al cabo nadie en esta vida se define a sí mismo por cómo es su sangre o sus rodillas, ¿por qué ibas a hacerlo tú? Te acuerdas del cansancio de Pessoa, del poema de Girondo, de las líneas de Benedetti, de las cucharas, y no te sientes sola, sabes que en cierto modo se sintieron igual. Que ellos también sufrieron de esas palabras, y si no de estos dolores, quizá de otros. Te acuerdas del poema piramidal que escribió un día aquella niña asustada, cuando en el fondo estaba respondiendo a una pregunta retórica nunca formulada. El conocimiento es poder, la seguridad corporizada de saber en tus entrañas que todo pasará te evita el miedo; el triunfo de la mente sobre la materia, diría cierto vampiro. ¡Já!
Y así, escuchas aquella de Bongo Botrako, o esta otra de Diego Torres, o ves aquella película que te hace reír. Tus ojos se llenan de imágenes alegres. Agradeces, muy en el fondo, todas las horas que una noche de insomnio forzado te regala para descubrir una nueva lectura o una película. ¿Alguna vez habéis estado tan cansados o doloridos que no habéis sido capaces de dormir? Qué migraña. Así pasan las horas. Y sabes que es algo que tiene que venir, pasar y que en algún momento, o se irá, o tú te acostumbrarás a ello. Sientes cómo tus articulaciones van tomando protagonismo y te acuerdas de aquel artículo que leíste un día en el que explicaba que el frío acentúa el dolor, atando así una cadena invisible alrededor de medio mundo. Será un regalo que me traje de mi otra vida, piensas. Cierras fuerte los ojos. Menos mal que te robaste otros, como la bendición de un sueño tan, tan profundo que te permite dormir algo, incluso entonces. Te acuerdas de aquella frase inconexa, inconclusa, tan triste que no es triste: "Hace una noche imprescindible, yo diría que incluso" Y, al final, te duermes sobre una almohada ya húmeda.
El día de mañana será largo, exactamente de 24 horas, como todos los demás. Será un sábado. Sin embargo, esto ya no tiene nada que ver contigo años atrás, ahora no sientes vergüenza, ni miedo, ni culpa, ni prefieres estar a solas con el mundo. Te tomas tu tiempo. Respiras hondo y puede que tu voz suene temblorosa en lugar de divertida, pero explicas la situación. Y entonces sucede algo mágico, algo con lo que no contabas. Como los monstruos de debajo de la cama, al decirlo en voz alta nada suena tan grave. Las palabras transforman la realidad. Y no lo es. Claro que no. ¿Quién no ha pasado alguna vez una mala noche? ¿Vas a ser tú la única en el mundo? Se ha caído el drama para no volver. Nunca más será igual. Recuerdas aquel día en el bar de la facultad cuando decidisteis, juntas, que los problemas eran una mentira: que si algo tiene solución, no es un problema, y si no la tiene, tampoco, sólo una situación. Eso es: sólo es una situación.
Gracias, A. por tu paciencia este fin de semana, por seguir hablándome aunque tardara 4h en llegar, por proponer planes alternativos y por elogiar mi habilidad subiendo escaleras ;P
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Quisiera escribir que me veo aislada, que no es lo mismo que sola, desmontando uno por uno los esquemas de verdades-que-hasta-ahora-eran-verdades y ahora parecen más bien una presunción de inocencia caducada. Quisiera tener explicaciones para comportamientos observables (por ausencia u omisión) en personas inverosímiles, pero no las tengo, y en lugar de eso respiro lágrimas que a ratos parece que reptan hacia el cerebro intentando escapar de una realidad que entienden tan poco como yo. Quisiera gritarle a alguien que esta ciudad rebosa recuerdos en los que no creo que pueda aprender a nadar, nunca. Quisiera encontrar la manera de decir, sin herir, que estoy bien, pero que eso no es suficiente, que con estar bien no basta porque me agobian las paredes de este huevo. Quisiera dejar de replanteármelo todo en círculos una y otra vez y ser capaz de reaccionar, pero entonces llega una oleada de sucesos, o peor, de sucesos de no, lejanos y desconocidos, más dentro que fuera, que hace que vuelva todavía más atrás y haga más anchos los círculos concéntricos en los que me envuelvo por la mañana. Quisiera tener más perspectiva de las cosas, y es peor, la tengo, pero no me sirve. Y quisiera escribirlo, pero la mayor parte de las veces, ni eso.
Porque hay días que sólo la música me salva de mi melancolía,
de mis cuadrículas,
de mis agujeros,
de mí misma.
"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
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28.1.13
21.1.13
II: Y mañana
Y Mañana... Mañana es ese espacio donde todo es posible, es el armario donde guardamos los sueños, cuidadosamente doblados. ¿Qué vas a hacer mañana que te acerque un pelín más a vivir en el mañana de tus sueños? ¿Es tu día de hoy parecido al mañana que soñabas hace un tiempo? Si puedes contestar algo a estas preguntas, considérate una persona con los pulmones llenos de vida de verdad... Respira hondo, mira dentro de ti, hazte consciente del espacio dentro de tus pulmones, de tu estómago, ¿está vacío?, no... están llenos de luz, de sueños, de expectativas, de vida.
Detrás de mis párpados me veo entregando curriculums, respondiendo al teléfono, veo todas las noches de insomnio y de nervios, y sé que me sabré de memoria todas las webs de alquiler; cientos de nuevas sonrisas, cocina compartida, una casa con grandes ventanales y un trampolino en el jardín; puedo ver mi vida empezar una y otra vez, sin miedo.
Ha vuelto esa sonrisa que aparece espontáneamente en mi rostro aún (o especialmente) yendo sola por la calle en un día de lluvia, esa niña adolescente que al emocionarse ante un nuevo plan daba saltitos y palmas ante la mirada divertida de los transeuntes. Porque sí, en mi cabeza hay una pequeña ruta, un camino a seguir, y quiero que cada día que viva me acerque un poco más al siguiente paso. Y aún en el caso de que la vida tuviera que desviarme del plan establecido, quiero recuperar la fortaleza para aceptarlo, disfrutarlo y crear en mí la vívida imagen de otro mañana, uno del que pueda incluso oler sus nuevos colores.
Disfruto de grandes privilegios en mi vida: Estoy donde quiero estar. Soy feliz. Me rodeo (física y virtualmente) de personas maravillosamente auténticas, peculiares, únicas, cuya compañía me hace sentir como en casa. El mayor privilegio de todos: vivir lejos de tu zona de confort hace que te atrevas a dar saltos aún más grandes, más alto, con más energía. Y ante nosotras, tan sólo un mañana que se vislumbra prometedor, como las primeras luces del alba tras una larga noche en algún punto de Irlanda.
Tú que estás leyendo esto, recuerda... Hoy es el mañana del ayer.
Detrás de mis párpados me veo entregando curriculums, respondiendo al teléfono, veo todas las noches de insomnio y de nervios, y sé que me sabré de memoria todas las webs de alquiler; cientos de nuevas sonrisas, cocina compartida, una casa con grandes ventanales y un trampolino en el jardín; puedo ver mi vida empezar una y otra vez, sin miedo.
Ha vuelto esa sonrisa que aparece espontáneamente en mi rostro aún (o especialmente) yendo sola por la calle en un día de lluvia, esa niña adolescente que al emocionarse ante un nuevo plan daba saltitos y palmas ante la mirada divertida de los transeuntes. Porque sí, en mi cabeza hay una pequeña ruta, un camino a seguir, y quiero que cada día que viva me acerque un poco más al siguiente paso. Y aún en el caso de que la vida tuviera que desviarme del plan establecido, quiero recuperar la fortaleza para aceptarlo, disfrutarlo y crear en mí la vívida imagen de otro mañana, uno del que pueda incluso oler sus nuevos colores.
Disfruto de grandes privilegios en mi vida: Estoy donde quiero estar. Soy feliz. Me rodeo (física y virtualmente) de personas maravillosamente auténticas, peculiares, únicas, cuya compañía me hace sentir como en casa. El mayor privilegio de todos: vivir lejos de tu zona de confort hace que te atrevas a dar saltos aún más grandes, más alto, con más energía. Y ante nosotras, tan sólo un mañana que se vislumbra prometedor, como las primeras luces del alba tras una larga noche en algún punto de Irlanda.
Tú que estás leyendo esto, recuerda... Hoy es el mañana del ayer.
I: Ahora
Los días vienen y van, pasan, se marchitan y sufren la dulce agonía de
morir en los labios de los enamorados, que quieren parar el tiempo; se
cuelan entre los poros de la piel y la golpean, zozobrándola con
esmerado ahínco, urgentes, suspirando, sollozando y gritando... Es un
grito sutil que sólo puedes intuir, el grito que nadie oye, gritan:
¡Agonizamos!, y nadie se percata de ellos, suplican con lágrimas en sus
ojos ciegos, nos rascan la piel y las entrañas, insistentes, nunca
tienen suficiente..., nos roban los mejores momentos, nos sacuden en su
torbellino pasar, dan vueltas alrededor nuestro como buitres, se
apropian del rojo de los labios, maltratan las rosas desvalidas,
arrancan las uñas de la carne y separan la carne de los huesos, ¿por qué
nadie hace nada?, que se callen, ¡que se callen!, ladrones de
cantidades ingentes de moléculas de lágrimas y tensiones de sonrisa,
pasean por nuestras calles devastándolas, vuelcan nuestras ciudades
sobre los ríos del mundo como una niña su casita de muñecas, y nunca
tienen suficiente... También irán por ti, y por ti, y por ti, días
malditos repletos de sueños, repiqueteando en las ventanas de tu cuerpo,
¿te imaginas?, se instalarán en ti, en tu cara, en tus manos, en las
diminutas venas de tus muñecas, dejarán su aliento en tu rostro y te
abrazarán hasta ahogarte, sacudiéndote con fuerza lenta y violenta,
asustándote te mirarán a los ojos pero no podrás verlos porque cuando
quieras darte cuenta de que existen te habrán devorado los huesos y
serás uno de ellos...
Hace exactamente cinco años y diez días que escribí estas palabras.
Cierro los ojos y retrocedo. Todavía más allá de estas líneas, unos años antes. Me veo a mí misma con unos cuantos años menos, camino del instituto. Fuera de mí se disfruta de un día radiante, el cielo tiene un inmejorable color azul, una leve brisa se cuela entre las hojas de los árboles que observo por la ventana durante horas, y la calle todavía no es nueva. Otros pasan a mi alrededor, la mayoría por la acera de enfrente, que queda más cerca del centro; yo camino como si llevara el peso del mundo sobre las espaldas, pero sin el como. Arrastro los pies en mis viejas zapatillas de deporte. Hace poco leí Xocolata, de Olga Xirinacs, y sus líneas rebotan con estruendo en mi cabeza, en mi corazón, en mi estómago, en mis rodillas. Podría repetirlas de memoria. Sin amigos, sin dinero, sin ser capaz de ver nada delante de mí. Sobretodo, sin ser capaz de aislar los sentimientos o ponerles nombre. Como la mayoría de adolescentes: sin entender nada. Y hay más - porque conmigo siempre hay más. Empiezo a tomar consciencia de lo que está pasando y ha pasado por mi vida y es como abrir las compuertas de un embalse. Lo quiera o no, no hay vuelta atrás.
Me veo a mí misma diciéndome sin convicción que todo pasará, pero el agua siempre tiene más fuerza de la que creemos y la corriente nos arrastra a lugares donde lo más probable es que no queramos llegar. Yo no quería llegar a esa conclusión. A veces el problema es que queremos que ya haya pasado, pero no que todo pase. Me recuerdo a mí misma intentando poner en palabras el agotamiento, la soledad, el miedo, el aislamiento. La negación. Casi podría tocar la angustia de no querer tener palabras para descifrar el código de tanto sufrimiento. El silencio, sobretodo el silencio, las palabras que durante años sólo pude escribir. Me veo describiendo escuetamente -y no diré dónde- un alivio sin dirección postal, teñido de miedo y nervios. Me recuerdo aislando y recortando como de un troquelado sólo la parte física de un binomio inseparable y poniéndola en palabras que durante un tiempo sólo confié a una persona porque me asustaba haberlas escrito yo.
Parece que ha pasado un milenio desde entonces. Ahora paseo a mi lado en ese breve trayecto hasta el instituto y me cojo de la mano, cierro fuerte los ojos y me repito una y mil veces que aunque yo no quiera creerlo, de verdad todo pasará, y que no tengo que temer el camino que me queda por recorrer porque el agotamiento y la angustia de ese primer paso me llevarán a lugares que nunca soñé pisar. Tranquila, bonita, todo irá bien. Ahora sé que no estaba sola. Ahora entiendo de dónde viene esa fuerza motriz imparable y que ni siquiera el dolor más físico debería suponer ningún "aunque", ningún "pero" en mi vida. Ahora sé que al final pude, incluso aunque entonces no podía.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica:
la voluntad. (A. Einstein, dicen)
Hace exactamente cinco años y diez días que escribí estas palabras.
Cierro los ojos y retrocedo. Todavía más allá de estas líneas, unos años antes. Me veo a mí misma con unos cuantos años menos, camino del instituto. Fuera de mí se disfruta de un día radiante, el cielo tiene un inmejorable color azul, una leve brisa se cuela entre las hojas de los árboles que observo por la ventana durante horas, y la calle todavía no es nueva. Otros pasan a mi alrededor, la mayoría por la acera de enfrente, que queda más cerca del centro; yo camino como si llevara el peso del mundo sobre las espaldas, pero sin el como. Arrastro los pies en mis viejas zapatillas de deporte. Hace poco leí Xocolata, de Olga Xirinacs, y sus líneas rebotan con estruendo en mi cabeza, en mi corazón, en mi estómago, en mis rodillas. Podría repetirlas de memoria. Sin amigos, sin dinero, sin ser capaz de ver nada delante de mí. Sobretodo, sin ser capaz de aislar los sentimientos o ponerles nombre. Como la mayoría de adolescentes: sin entender nada. Y hay más - porque conmigo siempre hay más. Empiezo a tomar consciencia de lo que está pasando y ha pasado por mi vida y es como abrir las compuertas de un embalse. Lo quiera o no, no hay vuelta atrás.
Me veo a mí misma diciéndome sin convicción que todo pasará, pero el agua siempre tiene más fuerza de la que creemos y la corriente nos arrastra a lugares donde lo más probable es que no queramos llegar. Yo no quería llegar a esa conclusión. A veces el problema es que queremos que ya haya pasado, pero no que todo pase. Me recuerdo a mí misma intentando poner en palabras el agotamiento, la soledad, el miedo, el aislamiento. La negación. Casi podría tocar la angustia de no querer tener palabras para descifrar el código de tanto sufrimiento. El silencio, sobretodo el silencio, las palabras que durante años sólo pude escribir. Me veo describiendo escuetamente -y no diré dónde- un alivio sin dirección postal, teñido de miedo y nervios. Me recuerdo aislando y recortando como de un troquelado sólo la parte física de un binomio inseparable y poniéndola en palabras que durante un tiempo sólo confié a una persona porque me asustaba haberlas escrito yo.
Parece que ha pasado un milenio desde entonces. Ahora paseo a mi lado en ese breve trayecto hasta el instituto y me cojo de la mano, cierro fuerte los ojos y me repito una y mil veces que aunque yo no quiera creerlo, de verdad todo pasará, y que no tengo que temer el camino que me queda por recorrer porque el agotamiento y la angustia de ese primer paso me llevarán a lugares que nunca soñé pisar. Tranquila, bonita, todo irá bien. Ahora sé que no estaba sola. Ahora entiendo de dónde viene esa fuerza motriz imparable y que ni siquiera el dolor más físico debería suponer ningún "aunque", ningún "pero" en mi vida. Ahora sé que al final pude, incluso aunque entonces no podía.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica:
la voluntad. (A. Einstein, dicen)
14.6.11
Siempre palabras...
Lo confieso. Tengo una confianza ciega en las palabras. ¡Ya lo he dicho!
Pero no acabo de ver por qué, si en los momentos más críticos siempre me abandonan. Supongo que por eso. ¿Será que ellas también confían en mí?
Pero no acabo de ver por qué, si en los momentos más críticos siempre me abandonan. Supongo que por eso. ¿Será que ellas también confían en mí?
24.4.11
Quisiera...

Quisiera escribir que me veo aislada, que no es lo mismo que sola, desmontando uno por uno los esquemas de verdades-que-hasta-ahora-eran-verdades y ahora parecen más bien una presunción de inocencia caducada. Quisiera tener explicaciones para comportamientos observables (por ausencia u omisión) en personas inverosímiles, pero no las tengo, y en lugar de eso respiro lágrimas que a ratos parece que reptan hacia el cerebro intentando escapar de una realidad que entienden tan poco como yo. Quisiera gritarle a alguien que esta ciudad rebosa recuerdos en los que no creo que pueda aprender a nadar, nunca. Quisiera encontrar la manera de decir, sin herir, que estoy bien, pero que eso no es suficiente, que con estar bien no basta porque me agobian las paredes de este huevo. Quisiera dejar de replanteármelo todo en círculos una y otra vez y ser capaz de reaccionar, pero entonces llega una oleada de sucesos, o peor, de sucesos de no, lejanos y desconocidos, más dentro que fuera, que hace que vuelva todavía más atrás y haga más anchos los círculos concéntricos en los que me envuelvo por la mañana. Quisiera tener más perspectiva de las cosas, y es peor, la tengo, pero no me sirve. Y quisiera escribirlo, pero la mayor parte de las veces, ni eso.
14.4.11
Per lei
Porque hay días que sólo la música me salva de mi melancolía,
de mis cuadrículas,
de mis agujeros,
de mí misma.
1.1.11
Propósitos de año nuevo
Me doy cuenta de que soy una persona odiosa: suelo cumplir mis propósitos de año nuevo. ¿Quién demonios hace eso?
En fin, ahí van, que no se diga que no avisé.


Y ya está... no pido mucho.
No pido mucho
poder hablar sin cambiar la voz
caminar sin muletas
hacer el amor sin que haya que pedir permiso
escribir en un papel sin rayas.
O bien si parece demasiado
escribir sin tener que cambiar la voz
caminar sin rayas
hablar sin que haya que pedir permiso
hacer el amor sin muletas.
O bien si parece demasiado
hacer el amor sin que haya que cambiar la voz
escribir sin muletas
caminar sin que haya que pedir permiso
hablar sin rayas.
Kiko Veneno
En fin, ahí van, que no se diga que no avisé.
- Seguir estudiando piano y comprarme un teclado.
- Seguir leyendo e investigando como hasta ahora.
- Acabar la carrera como quiero.
- No tengo mucha fe en ello, pero lo voy a poner aquí por si las moscas: sacarme el carnet de conducir.
- Empezar un máster en Barcelona.
- Trabajar.
- Cuidar más y mejor las amistades, que falta me hace.
- Cuidar la salud lo que se pueda.
Y ya está... no pido mucho.
No pido mucho
poder hablar sin cambiar la voz
caminar sin muletas
hacer el amor sin que haya que pedir permiso
escribir en un papel sin rayas.
O bien si parece demasiado
escribir sin tener que cambiar la voz
caminar sin rayas
hablar sin que haya que pedir permiso
hacer el amor sin muletas.
O bien si parece demasiado
hacer el amor sin que haya que cambiar la voz
escribir sin muletas
caminar sin que haya que pedir permiso
hablar sin rayas.
Kiko Veneno
30.12.10
Los tiempos cambian, ¿para quién?
Los tiempos cambian. Decimos que los tiempos cambian. Te compraste (o te compraron, siendo justos) un teléfono móvil, luego un ordenador y como consecuencia lógica y terrible, Internet. Empezaste a chatear, después vinieron los foros... Te haces un blog, un fotolog (o dos), un Facebook, más foros, otro blog, tienes cinco cuentas de email y como no es suficiente, vas y también te creas un Twitter. Lees el periódico online y además tienes un Reader, ¿lo quieres?, lo tienes. Lo peor es que podrías seguir.
Lo más normal es que cuando sales, salgas a la calle con todo ello: móvil, Reader, y cincuenta cacharritos por el estilo, a veces hasta el portátil. Entonces, para variar, miras a tu alrededor. Bueeno... sí... la calle está reformada, hay un par de tiendas nuevas. Los niños del barrio siguen yendo en chándal con sus bicicletas y jugando a tazos o a lo que toque, con las "bambas" rotas y (¡aberración!) solos. El colegio es el mismo, el instituto es el mismo. Nunca te ha dado por intentarlo, pero sinceramente no crees que ninguna de las personas con las que te cruzas reconociera la mitad de los artilugios y servicios que has mencionado. El barrio está casi igual, como anclado en el tiempo.
Los tiempos cambian, sí, pero...¿para quién? ¿Acaso no es el cambio un privilegio? Habrá que apuntar a la lista de tareas pendientes la inmersión digital, probablemente al lado de la trillada inmersión lingüística.
Lo más normal es que cuando sales, salgas a la calle con todo ello: móvil, Reader, y cincuenta cacharritos por el estilo, a veces hasta el portátil. Entonces, para variar, miras a tu alrededor. Bueeno... sí... la calle está reformada, hay un par de tiendas nuevas. Los niños del barrio siguen yendo en chándal con sus bicicletas y jugando a tazos o a lo que toque, con las "bambas" rotas y (¡aberración!) solos. El colegio es el mismo, el instituto es el mismo. Nunca te ha dado por intentarlo, pero sinceramente no crees que ninguna de las personas con las que te cruzas reconociera la mitad de los artilugios y servicios que has mencionado. El barrio está casi igual, como anclado en el tiempo.
Los tiempos cambian, sí, pero...¿para quién? ¿Acaso no es el cambio un privilegio? Habrá que apuntar a la lista de tareas pendientes la inmersión digital, probablemente al lado de la trillada inmersión lingüística.
25.6.10
15.5.10
¿Por qué te gusta leer?
Empiezo a leer los libros atada de pies y manos, con una torpeza indescriptible, como la primera vez que se anda, o se ríe, o se besa. No son mis ojos que recorren las líneas lo que lee, sino mi voz, internamente, ligándome a la forma de las letras y los sonidos, remitiéndome únicamente a lo que hay escrito, leyendo para mí.
No obstante, pasado un rato, ya no soy consciente de que existan letras, ni sonidos; no hay ninguna voz leyendo en mi cabeza; la silla, la cama, la mesa, han desaparecido y también lo han hecho las páginas del libro; mis ojos se desplazan por las líneas como por la casa donde has vivido toda la vida: sin conciencia, sin pensamientos; empieza entonces un baile de formas, imágenes, sonidos, olores, sensaciones abstractas y reales por igual, y ya no miro hacia el libro, no soy consciente del libro: sólo miro hacia dentro, perdiendo de vista el mundo de sonidos que me envuelve y el oxígeno que respiro. Existimos la esencia del libro y yo, o acaso ambas cosas a la vez, o acaso no dos cosas, sino una. Y eso es todo.
He perdido trenes, se me ha pasado la parada un millón de veces, he colisionado contra la realidad indescriptiblemente mientras caminaba por la calle, me he sorprendido de repente (con un sobresalto que haría desternillar de risa a cualquiera) de seguir estando en un lugar, y montones de situaciones que sólo serán familiares a unos pocos.
Y por todo eso me resulta extrañamente incomprensible que alguien me pregunte por qué me gusta leer. Desde la visión de mí misma sumergida buceando en las páginas de un libro, resulta una pregunta inconcebible. Es como si me estuvieran preguntando por qué me gusta respirar o por qué tengo el mal vicio de dormir cada día... Simplemente ocurre y previsiblemente no dejará de ocurrir mientras siga aquí.
No obstante, pasado un rato, ya no soy consciente de que existan letras, ni sonidos; no hay ninguna voz leyendo en mi cabeza; la silla, la cama, la mesa, han desaparecido y también lo han hecho las páginas del libro; mis ojos se desplazan por las líneas como por la casa donde has vivido toda la vida: sin conciencia, sin pensamientos; empieza entonces un baile de formas, imágenes, sonidos, olores, sensaciones abstractas y reales por igual, y ya no miro hacia el libro, no soy consciente del libro: sólo miro hacia dentro, perdiendo de vista el mundo de sonidos que me envuelve y el oxígeno que respiro. Existimos la esencia del libro y yo, o acaso ambas cosas a la vez, o acaso no dos cosas, sino una. Y eso es todo.
He perdido trenes, se me ha pasado la parada un millón de veces, he colisionado contra la realidad indescriptiblemente mientras caminaba por la calle, me he sorprendido de repente (con un sobresalto que haría desternillar de risa a cualquiera) de seguir estando en un lugar, y montones de situaciones que sólo serán familiares a unos pocos.
Y por todo eso me resulta extrañamente incomprensible que alguien me pregunte por qué me gusta leer. Desde la visión de mí misma sumergida buceando en las páginas de un libro, resulta una pregunta inconcebible. Es como si me estuvieran preguntando por qué me gusta respirar o por qué tengo el mal vicio de dormir cada día... Simplemente ocurre y previsiblemente no dejará de ocurrir mientras siga aquí.
10.5.10
Crecer duele (II)
Cuando era pequeña y me dolían los huesos por crecimiento, me quejaba a mi madre. Y ella, invariablemente, me decía: "Eso no es nada, sólo estás creciendo. Es normal". Seguía doliéndome, pero lo soportaba mejor, con normalidad y tranquilidad, casi con una resignación alegre ante la vida. Sentía emoción y curiosidad ante ese cambio que me haría ser diferente a como era, ese cambio inevitable y letal que ya no tendría vuelta atrás ni devolución. Ahora me pasa algo parecido. Todo lo que me golpea y me duele, lo que me martillea la mente a diario, parece que se vuelve menos malo cuando por fin me doy cuenta de que son, ni más ni menos, dolores de crecimiento. De que desaparecerán un día y yo ya no seré la misma porque seré mayor, más adulta, un poquito más yo.
15.4.10
...Y la pieza de puzle perdida.
Me falta un trocito de mí. Es, exactamente, esa parte que me hacía ser tan decidida y algo más confiada e inocente, sí, esa parte que contenía la confianza en mí misma y la seguridad que tanto desconcertaban a todo el mundo, la que desconocía totalmente lo que era la vergüenza y mucho menos los nervios, la que era capaz de hacer teatro delante de quien fuera, o de bailar, o de cantar, o de leer; lo pienso y me parece mentira, existió esa época en que no me temblaban nunca las manos y simplemente no concebía la idea de sentirme inferior a nadie nunca. Me pregunto si realmente es algo que pueda irse y volver tal cual se fue. Empieza a ser una constante preocupantemente estable que siempre falte "algo" y no saber "qué"; incluso cuando parece que la normalidad (já) ha vuelto, de una manera u otra acabo volviendo atrás en el tiempo, eso cuando no descubriendo esas pequeñas cosas que echo de menos en mí y que ahora -simple y llano- no están. Estúpido tiempo circular... no es más que una rebelión que se reabsorve antes de estallar.
Y alguien te espera y tú no estás, qué cosa tan ridícula, son cuentos de leyenda y ciencia ficción y nada cambiará hasta que no ilumines la función. Sólo dime por qué sigues queriendo huir, por qué sigues buscando donde no está y piensas que nada es igual... Parece todo tan irreal, cuando las cosas suceden tú ya no estás. El equilibrio no duerme cerca, quizás ni vendrá, porque no hay nadie que merezca esa prisión. No entiendo la película, ¿cómo puedo encontrarte? No te oigo gritar que todo va a cambiar. (Maldita Nerea)
Y alguien te espera y tú no estás, qué cosa tan ridícula, son cuentos de leyenda y ciencia ficción y nada cambiará hasta que no ilumines la función. Sólo dime por qué sigues queriendo huir, por qué sigues buscando donde no está y piensas que nada es igual... Parece todo tan irreal, cuando las cosas suceden tú ya no estás. El equilibrio no duerme cerca, quizás ni vendrá, porque no hay nadie que merezca esa prisión. No entiendo la película, ¿cómo puedo encontrarte? No te oigo gritar que todo va a cambiar. (Maldita Nerea)
8.4.10
Reconciliación
Hoy, alguien ha hecho algo muy humano y muy valiente por mí. Se ha atrevido, me ha llamado, hemos tomado un café y nos hemos reído de aquel día en que nos dejamos de hablar por una tontería hace dos años. No me lo esperaba y ha sido una grata sorpresa, un pequeño oasis de reconciliación.
Me ha hecho retroceder en el tiempo por momentos. Supongo que un factor clave para no considerar "agobiante" los años de mi adolescencia ha sido el hecho de no conocer nada más. Me veo a mí misma hace tres o cuatro años y me veo ahora, y no me reconozco. ¿Me pasará lo mismo dentro de otros tres o cuatro? No lo sé. Es verdad que había muchísimas decisiones que estaban tomadas de antemano, que eran cuestión de tiempo, pero no quería acabar de verlo. Hoy lo he visto. Es verdad que me gusta este barrio, me siento tranquila en él; aun así, creo que ha sobrepasado el número de recuerdos por metro cuadrado permitidos. Mi cuerpo me pide ir más allá, desprenderme por fin de todo (y todo es todo).
Por un rato, mientras volvía a casa, comparando el camino que he recorrido y el que me queda por recorrer, no he sentido miedo. Por una vez no he sentido miedo ni ansiedad al pensar en ello, sino una inmensa curiosidad. Quizá esté "desaprendiendo" por fin.
Reconciliación con ella. También reconciliación conmigo y (por fin) con mi pasado.
Me ha hecho retroceder en el tiempo por momentos. Supongo que un factor clave para no considerar "agobiante" los años de mi adolescencia ha sido el hecho de no conocer nada más. Me veo a mí misma hace tres o cuatro años y me veo ahora, y no me reconozco. ¿Me pasará lo mismo dentro de otros tres o cuatro? No lo sé. Es verdad que había muchísimas decisiones que estaban tomadas de antemano, que eran cuestión de tiempo, pero no quería acabar de verlo. Hoy lo he visto. Es verdad que me gusta este barrio, me siento tranquila en él; aun así, creo que ha sobrepasado el número de recuerdos por metro cuadrado permitidos. Mi cuerpo me pide ir más allá, desprenderme por fin de todo (y todo es todo).
Por un rato, mientras volvía a casa, comparando el camino que he recorrido y el que me queda por recorrer, no he sentido miedo. Por una vez no he sentido miedo ni ansiedad al pensar en ello, sino una inmensa curiosidad. Quizá esté "desaprendiendo" por fin.
Reconciliación con ella. También reconciliación conmigo y (por fin) con mi pasado.
Aprendí a sufrir, aprendí a reírme de mí,
me reconstruí, tuve que decir que sí, que sí.
Gracias por caminar siempre al revés.
(Despistaos)
13.3.10
Creo
No es verdad que no crea.
Creo en lo pequeño,
en la casualidad,
en el encuentro.
Creo en la persona,
en lo imaginario,
en el universo.
Creo en la vida,
en los olores,
en los sueños.
Creo en atreverme,
en la necesidad,
en el deseo.
Creo en los himnos de Ángel, de Mario y de la alegría,
creo sólo en las líneas que no escribo
y a veces en las palabras que no pienso. Creo.
Creo en lo pequeño,
en la casualidad,
en el encuentro.
Creo en la persona,
en lo imaginario,
en el universo.
Creo en la vida,
en los olores,
en los sueños.
Creo en atreverme,
en la necesidad,
en el deseo.
Creo en los himnos de Ángel, de Mario y de la alegría,
creo sólo en las líneas que no escribo
y a veces en las palabras que no pienso. Creo.
5.3.10
Ponme voz
A partir de hoy, todo lo que escriba en el blog se puede escuchar. Gracias al blog de unos compañeros de clase, he encontrado esta web que permite, de manera fácil y rápida, añadir al blog la opción de generar un mp3 con una voz artificial que lee el texto. Esta herramienta, que a priori puede hacernos mucha gracia, resulta muy útil para las personas que tienen problemas graves de visión. No cuesta nada de añadir, y quizá a alguien le haga un favor. ¿Por qué no se usa más? ¿Será que es poco conocida?
28.1.10
Contrariada
Cuando crees que no puedes sentir ni más amplio ni más contradictorio, pasan los días y los meses (¡meses!) y te das cuenta de que tu pecho se ensancha con un paradójico suspiro de resignación para dar cabida a un agujero, uno simple (los hay complejos), de los que llegan y se instalan sin que te des apenas cuenta.
Y sí: lejos de desaparecer, lo que hay y también lo que no-hay crece y crece hasta agotar el espacio de tu pecho, inundar tu garganta y desbordarse de tus ojos por momentos.
Luego pregúntate si es cierto... solo encontrarás mejillas mojadas, un vacío -ya ves- demasiado colmado y un velo de ligera y breve ansiedad. Nada demasiado evidente.
Y sí: lejos de desaparecer, lo que hay y también lo que no-hay crece y crece hasta agotar el espacio de tu pecho, inundar tu garganta y desbordarse de tus ojos por momentos.
Luego pregúntate si es cierto... solo encontrarás mejillas mojadas, un vacío -ya ves- demasiado colmado y un velo de ligera y breve ansiedad. Nada demasiado evidente.
31.12.09
Propósitos de año nuevo
Viendo los del año pasado, dentro de lo que cabe, sorprendentemente los he cumplido casi todos. De hecho, todos los que no dije por compromiso. Así que ahora mismo borro los repetidos, que sé que haré cuando me dé la gana. Y algunos los dejo en cuarentena.
Como cada año, pero nunca igual.
¡Probablemente no encontremos el camino,
pero nos sobrarán las ganas de volar!


Como cada año, pero nunca igual.
¡Probablemente no encontremos el camino,
pero nos sobrarán las ganas de volar!
- Ser capaz de materializar algún proyecto (el que sea).
- Renovar de nuevo la beca (y por última vez).
- Continuar aprendiendo a cocinar.
- Independencia... emocional, económica. ¿Mucho pedir?
- Tomar consciencia del tiempo y de cómo lo empleo. Emplearlo en cosas un poco más útiles. Pasar menos tiempo delante del ordenador.
- Continuar investigando con la curiosidad de siempre renovada.
- Cuidar, o continuar cuidando, a las personas más cercanas a mí.
- Ser capaz de atreverme y probar.
- Leer mucha más literatura y el mismo número o mayor de libros sobre educación. Leer poesía.
- Sacar todo el partido que pueda de los 10 días de prácticas. Seguir con mis incursiones varias en las escuelas y colectivos que me interesan, a modo de trabajo de campo.
- Seguir con la tónica que tenía hasta ahora de la autoevaluación, el esfuerzo y el orgullo por el trabajo bien hecho.
- Seguir (más) con la tónica de compartir con los demás todo lo que pueda ser útil.
- Que no me asuste el surrealismo, ser capaz de pedir, emocionarme, motivarme, ilusionarme, seguir.
- Depender menos de la palabra escrita para ser capaz de expresar sin miedo. Ganar confianza.
- Confiar, ofrecer, regalar, disfrutar al máximo, atreverme, aprender, reír, ser feliz.
- Perdonar(me) el pasado, vivir el presente y seguir soñando con el futuro. No salvarme.
Feliz 2010
24.12.09
Ahora sin red...
Es bien cierto que no hay nada seguro en esta vida. Después de fallos, errores, decepciones y reinvenciones, de reedición de la memoria y omisión de datos con alevosía -datos que, por supuesto, siempre resurgen, ¡qué caprichoso es el cerebro!-, sólo queda aferrarse a esa frase que siempre repite mi padre: "¡Nunca des nada por supuesto!", fruto -con seguridad- de la experiencia.
Seguiré siempre lanzando palabras al vuelo, aun cuando "todo lo que tires a Internet volverá 10 años más tarde", con la misma obstinación con la que empecé esta aventura de ser yo hace tres (casi cuatro) años, con la misma determinación de querer encontrarme buscándome por dentro, por fuera, por todas partes. Pero algo ha cambiado. ¿Dónde? No lo sé. Este año tengo la sensación, por otra parte subjetiva, de que han fallado tantas cosas que es inocente creer que crecer iba a tener algo bueno. Pero sí.
No será la primera vez... pero después de introspecciones de todos los colores, me he prometido (por fin) a mi misma seguir sin más metáforas, sin más redes de apoyo que las propias. Hasta ahora sabía que tenía que avanzar hacia algún lugar, pero no sabía cómo ni hacia dónde. Ahora ya sí. ¡Así sí se pueden tomar decisiones! ¿Siguiente?
Seguiré siempre lanzando palabras al vuelo, aun cuando "todo lo que tires a Internet volverá 10 años más tarde", con la misma obstinación con la que empecé esta aventura de ser yo hace tres (casi cuatro) años, con la misma determinación de querer encontrarme buscándome por dentro, por fuera, por todas partes. Pero algo ha cambiado. ¿Dónde? No lo sé. Este año tengo la sensación, por otra parte subjetiva, de que han fallado tantas cosas que es inocente creer que crecer iba a tener algo bueno. Pero sí.
No será la primera vez... pero después de introspecciones de todos los colores, me he prometido (por fin) a mi misma seguir sin más metáforas, sin más redes de apoyo que las propias. Hasta ahora sabía que tenía que avanzar hacia algún lugar, pero no sabía cómo ni hacia dónde. Ahora ya sí. ¡Así sí se pueden tomar decisiones! ¿Siguiente?
5.12.09
Balance
A falta de pocas semanas para acabar el año, empiezo a sentir la necesidad de hacer el típico y tópico balance. Muy en la línea de la segunda adolescencia, si se le puede llamar así, ha sido un año de altibajos. No es que empezara mal: es que era todo confuso y turbio.
Ha habido momentos en que pensaba que resbalaba de nuevo al no poder controlar nada. Han muerto personas. Han pasado cosas terribles. Mi madre ha pasado casi todo el año en el paro. Ha habido sustos. Pero también ha sido mi año en otros sentidos... Me repito respecto del año anterior y es una repetición que espero que continúe algunos años más: he madurado, estoy creciendo y me estoy dando cuenta de ello como nunca. Ha sido un año de reflexionar, de leer, de estudiar duro. El último cuatrimestre del primer curso fue durísimo, o almenos así lo viví, pero me hizo revestirme de una fortaleza que radica más en la serenidad que en las barreras, que me ha ayudado a relativizarlo todo, a darle la vuelta a cada situación y a permanecer incansablemente alegre cuando a otros hubiera satisfecho que me hundiera en una miseria artificial y ficticia.
Por otra parte, también ha sido, paradójicamente, uno de los mejores años en muchos aspectos. Me he visto de repente envuelta en una independencia que no me esperaba y que me ha sentado genial. Y he podido disfrutar de lo que más me gusta: viajar. Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia. He contado con el cariño y la complicidad de gente más o menos nueva en mi vida que me ha demostrado mucho con muy poco. He conocido gente nueva (aunque va en contra del halo de antisocialidad que suele acompañarme, es algo que me encanta). He disfrutado de buenas y nuevas lecturas, de los amigos, de largos paseos, de la piscina y de las cosas sencillas. He cumplido casi todos los objetivos que me había marcado y me he propuesto y alcanzado algunos que no tenía previstos, como el nivel D de catalán. He conocido a una persona que, sin saberlo y sin que aparentemente se dé cuenta, me ha cambiado la manera de ver la vida de la A a la Z. Me he adentrado en campos para mí desconocidos de las relaciones humanas. Y, como para compensar la tensión de los opuestos, también he disfrutado de las lecturas de autobús y de los ratos de soledad como nunca.
Es cierto que la tensión de los opuestos me ha acompañado este año. No ha habido término medio: o muy bien o muy mal, a menudo en un mismo día. Creo que la palabra para definir este año es "intenso". En cualquier caso, ha supuesto un paso más hacia quien quiero ser, hacia lo que quiero conseguir, hacia quién soy en relación al mundo, y eso -en los tiempos que corren- no es poco. Así que, como siempre, y como me resulta natural hacer, extraigo de lo malo, lo mejor (todo lo que he aprendido) y me quedo con lo bueno, para seguir viviendo a pulmón.
D.
Ha habido momentos en que pensaba que resbalaba de nuevo al no poder controlar nada. Han muerto personas. Han pasado cosas terribles. Mi madre ha pasado casi todo el año en el paro. Ha habido sustos. Pero también ha sido mi año en otros sentidos... Me repito respecto del año anterior y es una repetición que espero que continúe algunos años más: he madurado, estoy creciendo y me estoy dando cuenta de ello como nunca. Ha sido un año de reflexionar, de leer, de estudiar duro. El último cuatrimestre del primer curso fue durísimo, o almenos así lo viví, pero me hizo revestirme de una fortaleza que radica más en la serenidad que en las barreras, que me ha ayudado a relativizarlo todo, a darle la vuelta a cada situación y a permanecer incansablemente alegre cuando a otros hubiera satisfecho que me hundiera en una miseria artificial y ficticia.
Por otra parte, también ha sido, paradójicamente, uno de los mejores años en muchos aspectos. Me he visto de repente envuelta en una independencia que no me esperaba y que me ha sentado genial. Y he podido disfrutar de lo que más me gusta: viajar. Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia. He contado con el cariño y la complicidad de gente más o menos nueva en mi vida que me ha demostrado mucho con muy poco. He conocido gente nueva (aunque va en contra del halo de antisocialidad que suele acompañarme, es algo que me encanta). He disfrutado de buenas y nuevas lecturas, de los amigos, de largos paseos, de la piscina y de las cosas sencillas. He cumplido casi todos los objetivos que me había marcado y me he propuesto y alcanzado algunos que no tenía previstos, como el nivel D de catalán. He conocido a una persona que, sin saberlo y sin que aparentemente se dé cuenta, me ha cambiado la manera de ver la vida de la A a la Z. Me he adentrado en campos para mí desconocidos de las relaciones humanas. Y, como para compensar la tensión de los opuestos, también he disfrutado de las lecturas de autobús y de los ratos de soledad como nunca.
Es cierto que la tensión de los opuestos me ha acompañado este año. No ha habido término medio: o muy bien o muy mal, a menudo en un mismo día. Creo que la palabra para definir este año es "intenso". En cualquier caso, ha supuesto un paso más hacia quien quiero ser, hacia lo que quiero conseguir, hacia quién soy en relación al mundo, y eso -en los tiempos que corren- no es poco. Así que, como siempre, y como me resulta natural hacer, extraigo de lo malo, lo mejor (todo lo que he aprendido) y me quedo con lo bueno, para seguir viviendo a pulmón.
D.
27.11.09
Decisiones por tomar
Estos días me inundan un montón de sensaciones que parece que hayan llegado sin avisar, cargadas de maletas, para quedarse. Tras días letárgicos y de inactividad aparente, días de esos grises, parece que las cosas vuelven a tomar rumbo. Quizá sea cierto que, cuando algún asunto de especial relevancia entra a en ese espacio clave y diminuto entre una ceja y otra, es inútil intentar que piense en otras cosas. O almenos no suele ser así hasta que recupero esa ilusión de control ficticio que me permite mantener abiertos tantos frentes como expectativas. Mi madre me suele decir que no necesito hacer ejercicio para quemar calorías porque las quemo pensando: empiezo a pensar que, como todas las madres del mundo, tiene razón.
Bajar al llano mundo de los mortales y llevar a cabo tareas que para otros serían quebraderos de cabeza es lo que me esperaba para el fin de semana. Pero, como siempre, no ha sido suficiente. De modo que, tomadas las decisiones y cambios de rumbo oportunos, que suele ser la parte más complicada, sólo falta sacar punta a los detalles y agradecer hasta el infinito cualquier oportunidad de cambio.
Tengo la curiosa manía de hacer las cosas a mi manera. Podría haber seguido siempre el camino marcado, que estaba tan marcado para mí como para el resto, pero mi instinto siempre me lleva a rehuirlo y buscar los propios, en casi cualquier faceta, por no decir en todas. Cuando todo el mundo parece convencido de que lo mejor para mí es X, mis pies me guían irremediablemente hacia Y. No porque no vea las bondades de X, sino porque la experiencia me hace desconfiar de esta clase de unanimidad acerca de mi destino. Así que muchas veces acabo volviendo a X después de haber dado una vuelta por Y, Z, y ahí sí que me veo capaz de ver, no sólo las bondades, también las sombras. Es la manía de hacer las cosas cuando me siento preparada, y no cuando lo estoy.
¿Qué ha sido esta vez? Supongo que es difícil de determinar. Algún detonante habrá, ya lo descubriré. Me gusta creer en la teoría de la ampliación del útero materno. El útero es un espacio cálido y recogido, pero tarde o temprano se nos queda pequeño y necesitamos salir. Pasa lo mismo con la casa, luego con el barrio, con la ciudad, hasta encontrar un nivel donde no haya necesidad de salir, salir, salir. Cada cual tiene el suyo: hay quien no sale nunca de su pueblo y puede ser feliz así. Quizá si me hubiera ido a estudiar fuera (aunque tampoco "muy" fuera) en el primer año de carrera, habría aprendido muchísimo. Quizá, no: seguro. Pero habría sido una decisión prematura, palabra para nada dejada al azar. Aún hay aspectos que deben madurar, cada uno a su tiempo, pero una vez tomada la decisión -esto siempre es invariable- no hay vuelta atrás.
Bajar al llano mundo de los mortales y llevar a cabo tareas que para otros serían quebraderos de cabeza es lo que me esperaba para el fin de semana. Pero, como siempre, no ha sido suficiente. De modo que, tomadas las decisiones y cambios de rumbo oportunos, que suele ser la parte más complicada, sólo falta sacar punta a los detalles y agradecer hasta el infinito cualquier oportunidad de cambio.
Tengo la curiosa manía de hacer las cosas a mi manera. Podría haber seguido siempre el camino marcado, que estaba tan marcado para mí como para el resto, pero mi instinto siempre me lleva a rehuirlo y buscar los propios, en casi cualquier faceta, por no decir en todas. Cuando todo el mundo parece convencido de que lo mejor para mí es X, mis pies me guían irremediablemente hacia Y. No porque no vea las bondades de X, sino porque la experiencia me hace desconfiar de esta clase de unanimidad acerca de mi destino. Así que muchas veces acabo volviendo a X después de haber dado una vuelta por Y, Z, y ahí sí que me veo capaz de ver, no sólo las bondades, también las sombras. Es la manía de hacer las cosas cuando me siento preparada, y no cuando lo estoy.
¿Qué ha sido esta vez? Supongo que es difícil de determinar. Algún detonante habrá, ya lo descubriré. Me gusta creer en la teoría de la ampliación del útero materno. El útero es un espacio cálido y recogido, pero tarde o temprano se nos queda pequeño y necesitamos salir. Pasa lo mismo con la casa, luego con el barrio, con la ciudad, hasta encontrar un nivel donde no haya necesidad de salir, salir, salir. Cada cual tiene el suyo: hay quien no sale nunca de su pueblo y puede ser feliz así. Quizá si me hubiera ido a estudiar fuera (aunque tampoco "muy" fuera) en el primer año de carrera, habría aprendido muchísimo. Quizá, no: seguro. Pero habría sido una decisión prematura, palabra para nada dejada al azar. Aún hay aspectos que deben madurar, cada uno a su tiempo, pero una vez tomada la decisión -esto siempre es invariable- no hay vuelta atrás.
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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...y lo que el tiempo trajo.
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Ando asomando la cabeza por...
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Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]

