21.11.12

108-117: Settled in

Si algo me queda claro de esta experiencia es que ya sé empezar de cero. Y es un buen aprendizaje, desde luego. Dentro de la inestabilidad en la que todos parecemos estar sumergidos últimamente, el oxígeno necesario para respirar consiste en tener muchos planes B. En decir, alto y claro: "Estoy muy perdida en la vida" y que te pueda sonar a poesía celestial cuando hace sólo dos años el terror te habría paralizado. En entender que, como cuando aprendiste a ir en bici, la única manera de conservar el equilibrio es... seguir moviéndote.
(Lo siento, no conozco la autoría de la foto)

La adaptación a una nueva vida tiene muchas fases (incluída esa en la que le pides jamón a gente que acabas de conocer). La mía ahora es esa en que empiezas a sentir un lugar como tuyo. Esa en que te conoces las calles y sabes dónde están los sitios. Sabes cosas como dónde ir a tomar un buen café, dónde reparar una bici, dónde se recogen los paquetes de correos o cómo demonios funcionan los horarios del autobús. Bueno, mentira piadosa, eso último no lo debe de saber nadie aunque todos finjamos que sí ;P

Así que un día te levantas y, hablando con tu hostfamily, te das cuenta de que probablemente has visto y conocido más cosas de Cork que ellos. O sales a la calle a 10ºC sin apenas chaqueta. Y te dicen aquello de: "See? You are settled in well now" y tú sólo piensas que quién te lo iba a decir hace unos años. Es que, amigos, la vida es muy rara y da muchas vueltas...

Como hace mucho que no os ilustro mi aventura, os dejo alguna foto de la noche del martes. ¿Que qué pasó el martes? Pues que fue mi primer "drink&draw". No pienso explicar lo que es un drink&draw porque la palabra lo define por sí sola.

El pub donde se hace el drink&draw en cuestión.
Everyone should believe in something. I believe I'll have another beer.
(Para que no digáis que no os enseño cosas Irish, Irish)

Abuelo irlandés drink&drawing

12.11.12

101-107: Paranoias de au pair

Sigo inmersa en mi dulce rutina... lo digo con la boca pequeña por si a Murphy le da por liármela en las siguientes 24h y pasa algo tan gordo que tenga que escribiros una entrada a parte.

Como gran novedad, he empezado a ir a clase de inglés por las mañanas en O'Conaills (sabes que tienes un problema cuando te despides de la gente de la cafetería diciendo "hasta mañana") y los viernes con un profesor particular. También volvimos a organizar un Spanish meeting y no deja de sorprenderme que a cada vez aparezcan entre 10 y 20 personas nuevas... algo tiene Cork que es difícil de explicar :)

Pero hoy no quiero hablar de mí ni de las fotos surrealistas que se van acumulando en mi teléfono #ifyouknowwhatImean, entre otras cosas porque la foto del cerdo con una piedra en la cabeza debería ir directa a los guionistas de Cómo conocí a vuestra madre y reportarme algún beneficio económico en lugar de malgastarla en el blog... No, no. Hoy quiero hablar de las paranoias de au pair. Las de verdad. De momento tengo 3 identificadas. ¿Se os ocurre alguna más?

Número 1. La paranoia de la cámara

Por alguna extraña razón, esto es algo que todas las au pairs hemos pensado. "¿Y si tienen cámaras en casa?" Reflexionemos sobre este punto. ¿Qué efecto tiene quedarte sola en casa como para que tengas que preocuparte de si hay cámaras? No puede ser tan grave, ¿no?
....
Pues sí, lo es. Y mucho.
Porque cuando una au pair se queda sola en casa pueden pasar muchas cosas... te pones a cantar, a bailar el vals con la escoba, investigas qué hay en los armarios y en la nevera, saltas en el trampolino o aprovechas para poner la música a todo volumen como si la vida fuera, de repente, un musical.
Sé que estáis pensando que suena a típica escena de película americana, pero os aseguro que es verdad, y si eres au pair y no has hecho ninguna de estas cosas, no sé qué clase de aventura au pair estarás viviendo, pero debe de ser una muy chunga ;P 

Número 2. La paranoia de la comida 

Lo típico es que cuando llegas como au pair a casa, te digan que puedes coger la comida que quieras del armario y la nevera.

Sin embargo, sigue sin ser tu casa, así que los primeros meses pasan cosas como:
-Coges "un poco de aquí y un poco de allá", porque "si es un poco no se nota".  Excepto que cojas muchos pocos de la misma cosa, claro.
-Hay artículos vetados. En tu casa (la de tu familia biológica, se entiende) estás deseando que compren bombones o chocolate para atracar la cocina cual barco pirata, pero cuando estás de au pair hay cosas que, nadie sabe por qué, cuesta tomarse la confianza de coger sin que te las ofrezcan. ¿Pero no habíamos quedado en que podías coger lo que quisieras? Pues sí... en teoría.
-Evitas abrir cosas nuevas. Por ejemplo, un paquete de hamburguesas, el primer yogurt del pack, etc. Sin embargo, si ya estuvieran abiertas cogerías... un poquito... ;)
-Nunca, jamás en la vida te acabas nada. Si es el último (lo que sea: el último yogurt, la última pieza de fruta o la última rebanada de pan)... simplemente, no se toca.

Número 3. La paranoia del teléfono


¿No os ha pasado alguna vez que, estando solas en casa, suena el teléfono fijo? ¿O alguien se deja su teléfono y empieza a sonar? Y tú te quedas ahí, parada en mitad de la salita, maldiciendo mentalmente al dichoso aparato, sin saber qué hacer. Y no lo coges, claro, porque no es "tu" teléfono. Pero luego te acercas sigilosamente, como mirándolo de reojo, desconfiada, y te acuerdas de que los teléfonos tienen ese maravilloso invento que es "la memoria del teléfono" donde queda indicado quién ha llamado, a ver, que alguien me explique: ¿por qué un objeto inanimado tiene que tener más memoria que tú...?  Y le envías un sms a tus hostparents diciendo: "Ha llamado no sé quién", que es algo que no tiene mucho sentido si lo piensas con calma, porque tú sabes que saben que estabas allí y no lo has cogido, pero por otra parte te sientes culpable por no pasarles el recado. Y te quedas preguntándote en qué momento tu vida cambió tanto como para tener tiempo de preocuparte por semejante tontería.


¿Alguna paranoia memorable más que compartáis con las aupairs de vuestro alrededor? :)

11.11.12

Tiempo

Hay un tiempo del alma,
dentro de un charco,
en esa hoja apartada.
Retumba en tu estómago
te atenaza
y no deja revivir
antiguas metáforas.
Es un tiempo color vino
de pasos silenciosos
entre la lluvia y la almohada.

5.11.12

93-100: Volver (II)

Volver. Volver a despedirse. Volver a mi habitación color lilac, con sus cortinas claras por donde entra una luz extrañamente dorada a primera hora de la mañana. Volver al frío y al otoño en el suelo. Volver al camino previsto y volver a ver a todas las personas que ya son parte fundamental de tu nueva vida. 100 días como au pair se dicen rápido pero dan para unas cuantas cosas.

Me vine con una maleta llena de comida que tuve que vaciar a las tantas de la mañana. La casa estaba vacía, fría y extraña. Sólo quería que llegara el día siguiente, salir al frío de la calle, repetir el camino de siempre. Intentar recuperar una normalidad que nunca he tenido. Procesar todo lo vivido y respirar hondo, reponerme. No puedo evitar que me guste callejear, supongo que lo llevo algo así como en la sangre. Callejear, como escribir, forma parte de mis necesidades inconfesables.

Volver a pasar un fin de semana en Cork fue extraño. Me debatía entre la necesidad imperiosa de estar a solas y pensar seriamente en mi vida y la sed insaciable de ver a "mis" personas. Saber que ese mismo lunes iba a pasar mi primer cumpleaños en Cork no ayudaba a definir ninguna sensación. Al contrario, me sentía perdida y rara.

Volver a ver a mi hostfamily después de una semana fue una alegría. Les dejé una nota explicándoles por qué su nevera había pasado a ser una nevera española de repente. Cuando nos vimos al día siguiente, mi hostmum me preguntó: "What is going on on the fridge?", algo que yo traduje como "¿me puedes explicar por qué te has traído huesos de España y están en mi nevera?"

Por otra parte, siempre había pensado que cumplir 22 sería una de esas crisis existenciales en las que te replanteas tu papel en la vida y todas esas cosas. Pero supongo que estaba tan ocupada viviendo que se me olvidó lo de la crisis. Recibí algunas tarjetas de cumpleaños y algunos regalos. Mi hostfamily me hizo un pastel, me llevaron a cenar fuera y soplé las 22 velas del pastel con gran valentía. No os voy a contar el secreto. Y el que pedí tampoco ;)

Abrí una postal muy especial que sólo podían abrir personas que ya hubieran cumplido los 22 y de repente todo tuvo un poco más de sentido. En la vida hay personas que son faros para nosotros. Si lo pensáis bien, seguro que sabéis quiénes son los vuestros. Yo lo sé y no lo olvido. Hay palabras que te atraviesan porque sabes que son ciertas.

La semana pasada fue de "mid term", que quiere decir que no hay colegio "porque toca" y también quiere decir que el sector au pair corkiano estaba un poco más cranky de lo habitual por trabajar más horas. No en mi caso, ya que a excepción de que tuve que aplazar hacer algunos recados, mi vida no cambió en exceso. G. sigue comportándose estupendamente, solo que un poco más "fussy" de lo habitual tras haber estado enferma la semana anterior. Y mi vida de au pair es más sencilla desde que descubrí la fórmula mágica para tener entretenida a una niña de nueve años y más que contentas a las madres: invitar a sus amigas a casa. Hicimos pizza, cookies y, por supuesto, panellets.

Para los que no sepáis lo que son los panellets, se trata de un dulce típico de Cataluña que se come cuando llega el día de todos los santos. Llevan harina de almendra, azúcar, boniato o patata y (opcional) huevo y generalmente van rebozados en piñones, almendra, coco, etc. Creo que el mayor indicativo de que les gustaron es que mi hostmum los describiera como "adictivos" y mi hostnana (la abuela, vaya) me pidiera la receta :)

En este post no me caben todas las emociones vividas en la última semana y mucho menos en los últimos 100 días. Lo reconozco, mis palabras no llegan a tanto.
Por eso voy a recopilar, en esta lista, mi particular "Manual práctico de la sonrisa en Cork". Porque, como dice la canción, me siento tan bien que pienso guardar en tarros de miel todo lo vivido...

  • Despertarme con la luz del amanecer traspasando las cortinas blancas de mi habitación. Fue una de las cosas que más me impactó en los primeros días aquí y un detalle que sigo conservando en mi retina emocional. 
  • El camino entre mi casa y el centro de Cork. Las casas pintorescas, el paisaje, pasar por el río, sonreírle al señor de la tienda de bicicletas, pedir paso en los semáforos y luego pasar sin esperar, inventar mil historias. Volver a casa protegida del frío mirando la Luna y las (pocas) estrellas, pensando en ayer y mañana o sin pensar en nada en absoluto. 
  • O Conaills. El cuadro amarillo (no es todo amarillo, pero en mi cabeza es el cuadro amarillo) que tengo que comprar antes de irme, si me voy. No tener nunca ni idea de qué pedir. Que nos atienda el chico de la sudadera roja. Mi sitio en el sofá de la planta de arriba. 
  • Las charlas a las tantas de la mañana en el Mc Donald's del centro. El café, las twisty fries (por favor, decidme que he aprendido a escribirlo bien de una vez) y el helado.
  • La puerta de St. Patricks en Penneys. Porque allí han empezado grandes amistades y ha acabado siendo el pegamento que nos une en esa tela de araña rara que es vivir fuera de tu país...
  • Los sofás en Old Oak, por la misma razón. 
  • Los encuentros internacionales en UCC, porque nunca sabes dónde puedes terminar o empezar. 
  • Saber a qué hora se sale de casa, pero no a qué hora se entra. 
  • Todos los momentos surrealistas. (Cada cual sabrá cuáles)
  • Pasar por el puente y por delante de la catedral de St. Finbarr al ir a clase.
  • Leer a Maria Montessori por las mañanas, debajo de las mantas. 
  • Que me traigan una taza de té con galletas al sofá cada noche, al calor del fuego, mientras vemos la tele.
  • Pasear por el English Market, cerrar los ojos y trasladarme a Barcelona.
  • Todos los momentazos vividos con G. (también los de las anécdotas, que para eso están... para reírte cuando lo cuentes)
  • El Ecco Coffee y los hot chocolate bizarros. 
  • Haber besado la piedra de Blarney.
  • Y que todo sea lovely.  


Me voy a despedir con este poema de Kavafis que forma parte no sólo de mi retina emocional sino de mi caminar y mi respiración emocionales (if you know what I mean), casi de la misma forma en que lo hace el poema de Benedetti que hay en la columna derecha del blog.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
Kavafis