Ya he hablado anteriormente de la niña ambiciosa y prepotente que fui. No me avergüenzo de ello porque sé que esos errores han marcado mi camino para bien.
De pequeña tenía la firme convicción de que iba a hacer grandes cosas en la vida. Me tenía por reformadora, o por filósofa, pero sobretodo por escritora. No recuerdo cuándo cambié los muñecos por las palabras, pero creo que fue bastante pronto. La palabra da independencia a los niños, y yo, le pese a quien le pese, soy muy independiente. Pero no nos desviemos. Pensaba -ingenua- que pronto escribiría una novela, que sería la escritora más joven del lugar, etcétera. Era una vía de escape rápida. Hasta aquí, todo entra en los límites de lo sano: es sano que los niños tengan grandes expectativas hacia la vida (si no ellos, ¿quién?, si no entonces, ¿cuándo?) y creo que también lo es que sean concientes de dónde están y dónde quieren estar. Como de costumbre, yo no sabía dónde quería estar, pero sí sabía dónde no quería estar. Y me puse manos a la obra, porque puede que el pensamiento fuera ingenuo (era, al fin y al cabo, una niña) pero tenía la certeza de que no era algo fácil, de que escribir llevaba tiempo y esfuerzo, y constancia. Aún años después, creo que fue un experimento. Un tanteo para ver cómo reaccionaba yo, cómo reaccionaba la gente de mi alrededor y si era, realmente, tan difícil. Porque tenía preconcepciones erróneas de lo que era ser escritor. Soñaba con una vida rolling, viajando de lugar en lugar, visitando ferias y escuelas, dando entrevistas en revistas y programas de TV, firmando ejemplares y hablando con gente muy diversa. Nada más. Qué vanidosa.
Sucedió que se armó mucho más revuelo del que esperaba y se empezaron a levantar otras voces a mi alrededor (puede parecer una tontería, pero en mi mente la mía -estaba segura- era una voz solitaria clamando en el desierto, no el inicio de ningún coreo). ¡Yo quiero ser periodista!, ¡yo quiero ser dibujante!, ¡yo quiero ser futbolista! Y poco a poco descubrí y comprendí la complejidad y la diversidad con la que había estado viviendo durante años, sin verla. Todo el mundo me animaba a escribir, claro. No sé qué veían en mí, años después sigo sin entender. Pero aquello me maravilló. En mi mente, la novela pasó a un segundo plano. No quiero con esto justificar que sea mala: lo es, sin necesidad de justificarme ni justificarla ante nadie. Lo es porque fue concebida con deseos totalmente impuros, construida con lo peor de mí. Pero el caso es que pasó a un segundo plano. Empecé a pensar mucho más en cómo ayudar a llegar a ser lo que querían ser.
Y así, llegó el momento de que alguien la leyera. Un profesor a punto de jubilarse. Uno de los mejores profesores que se han paseado por mis días. Sólo ahora entiendo, o puedo intuir, la maraña de pensamientos que debían rondarle. Encontrar, en uno de tus últimos años de docencia, a una niña que ha escrito una novela con 11 años, en un barrio como el mío, debió levantar tantas expectativas... Pero las dos situaciones personales eran muy diferentes, yo había dejado de creer que nada de lo que había allí escrito fuera un buen escrito, sólo estaba en mitad de un experimento casi antropológico. Él estaba en sus últimos años como profesor. Sí, es sustancialmente distinto. Ahora, cuando estudio para ser Maestra, me doy cuenta de tanto. El dilema. El recoger frutos. La humildad. La sensibilidad. ¿Cómo actuar?
Y veo que no fue consciente ponerlo en esa situación pero ese dilema lo llevó a actuar como haría cualquier buen maestro, al inicio o al final de su carrera. Diciendo la verdad. Con humildad. Admitiendo. Equivocándose a ratos. Animando. Ayudando a germinar la semilla de algo mucho más importante y mucho menos superficial. Guiando. No imponiendo. No juzgando. Ahora lo veo, ahora lo sé y veo qué difícil fue esa decisión.
También me veo a mí con once años entendiendo inconscientemente muchas cosas y conscientemente otras tantas. Me veo enfadada y orgullosa pero humilde y con ganas de trabajar. Me veo llena de admiración por aquellas palabras, por aquella mirada, por aquel hombre que luego siempre me buscaba con una sonrisa y no me reñía por no tratarlo de usted, como al resto. Me veo decidiendo lentamente mi futuro, sin saberlo, convenciéndome de que es mucho más importante sembrar que construir. Me veo durante las largas horas de la tarde del martes, nadando de su mano lejana entre sintaxis y autores de la literatura española, observando el cielo y soñando conmigo cuatro años más tarde, y acertando. Me veo tomando la decisión adecuada en aquel momento. Y ahora sé que, al margen de si la vocación existe o no, siempre hubo una pequeña maestra en mí, pero sobretodo hubo una alumna dispuesta a ver, a rascar, a aprender, a escuchar con atención qué tiene que decirnos la vida, dispuesta a entender las lecciones que esta ofrece.
Ahora sé que he tomado el camino correcto. Sé que aprenderé muchísimo y que, por el camino, quizá pueda ayudar también a otros a aprender. Ni siquiera sé si aspirar a trabajar como maestra, a ser maestra y tener a mi cargo el pequeño grano de arena que podría hacer germinar tantas historias, tantas vidas. No sé si los maestros nacen o se hacen. En realidad creo que los maestros no son más que alumnos de la vida. Aquella lección de humildad fue seguramente uno de los hechos más importantes de mi existencia, porque me ayudó a tomar el rumbo, a ese "darme cuenta de" que me faltaba; y aquella lección no me abandonará nunca, y en los momentos más confusos, cuando tenga que elegir de verdad entre sembrar y construir, recordaré aquellas palabras no dichas y elegiré bien.
Cuando sea mayor quiero ser maestra... para poder aprender...
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Tengo ronca el alma de quererte en esta soledad llena que me ahoga. Tengo los ojos llenos de luz de imaginarte y tengo los ojos ciegos de no verte. Tengo mi cuerpo abandonado al abandono y tengo mi cuerpo tiritando de no poder tocarte. Tengo la voz tosca de hablar con tanta gente y tengo la voz preciosa de cantarte. Tengo las manos agrietadas de la escarcha y tengo las manos suaves de en el cielo acariciarte. Tengo soledad, luz, alegría, tristeza, rebeldías, amor, sonrisas y lágrimas. ...

"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
31.5.09
27.5.09
Techo de acero y sal
Los techos de cristal
se rompen a golpes.
El mío es un techo
de acero:
Puede que parezca
que se oxidará
con el sudor y las lágrimas, lágrimas
paulatinas apenas
milésimas de arena
en un desierto de sal,
espesas, arenosas, húmedas
escurridizas.
Acero con sal incrustada
(¡menuda exquisitez!)
petróleo a penas...
Pero no lo hará.
Lo sabe el acero,
lo sabes tú
y lo sabe la sal.
se rompen a golpes.
El mío es un techo
de acero:
Puede que parezca
que se oxidará
con el sudor y las lágrimas, lágrimas
paulatinas apenas
milésimas de arena
en un desierto de sal,
espesas, arenosas, húmedas
escurridizas.
Acero con sal incrustada
(¡menuda exquisitez!)
petróleo a penas...
Pero no lo hará.
Lo sabe el acero,
lo sabes tú
y lo sabe la sal.
El lenguaje es un montón de ladrillos,
algunos se hacen con ellos una cárcel.
algunos se hacen con ellos una cárcel.
25.5.09
Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
[Benedetti]
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
[Benedetti]
Se acaba...
24.5.09
La soledad de los números primos
Los números primos sólo son exactamente divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan su sitio en la infinita serie de los numeros naturales.
Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error.
El primer curso de la Universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos ya que entre ellos siempre hay un número que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43.
Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos asilados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sencación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos...
[P. Giordano]
Será, sin duda, una de mis próximas adquisiciones...
Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error.
El primer curso de la Universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos ya que entre ellos siempre hay un número que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43.
Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos asilados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sencación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos...
[P. Giordano]
Será, sin duda, una de mis próximas adquisiciones...
21.5.09
Se acaba, es decir: empieza
Sí, esto se acaba... ya pasó el primer curso de Universidad. Echo la vista atrás y es como darme cuenta de que, en realidad, sólo he empezado. Es decir: sólo he empezado a vivir, a relacionarme, a estudiar, etcétera. He recorrido un camino largo, lleno de baches, intensísimo. Se me hace extraño llevar un registro de todas las cosas que me han sucedido el último año y darme cuenta de que casi todos los sucesos importantes se aglutinan ahí.
Tampoco puedo obviar que, cuantos más riesgos se corren, más posibilidades de equivocarse hay. Y este curso me he equivocado muchísimo. No sé hasta qué punto, no sé todavía las consecuencias, pero me he permitido el lujo de equivocarme, de darme un margen de error. No me he negado nada, ni siquiera la posibilidad de caer de bruces. ¿Resultados? Muchas pequeñas cicatrices, pero aprendizajes realmente importantes. Me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Me he tragado el orgullo con sal. He aprendido a cerrar los ojos y contar hasta 10. A relativizar, a no ser categórica, a no juzgar precipitadamente, a hablar en público (un poquito), a no pretender salvar el mundo en dos días, a no tener siempre la razón. Ya no podría renunciar al delicioso placer de equivocarme.
La convivencia ha sido dura, y eso me ha hecho ver mis peores defec...tos: decir siempre no, poner(me) siempre trabas, ir sistemáticamente contracorriente, criticismo, falta de empatía, mala leche, timidez (¡extrema!), prepotencia, cabezonería, vanidad... Y es algo que agradezco infinitamente, porque teniendo esto como base puedo dedicarme a mejorar. A intentarlo una y otra vez, a limar esas pequeñas (o no tan pequeñas) cosas que me limitan.
También ha habido cosas muy positivas.
Ansia por aprender, por saber más y más y por mejorar. Ilusión. Me ha abierto posibilidades y he descubierto intereses muy nuevos, impensables hace un tiempo. Redescubrir el placer de estar sola, de dedicarme tiempo y mimarme. Leer, leer por leer, leer por aprender, leer por pasar el rato, leer porque sí, leer por recordar, leer por sonreir, leer. Viajar por soñar. Música, en mi cabeza, a cada instante. Vida.
Investigar... Haber conocido a Gonzalo... Ballobar... El trabajo del síndrome de Williams y todas las puertas que nos abrió... Conocerlos... El viaje a Granada... Las horas en el bar... Arreglar el mundo en una tarde delante de un café de dudosa calidad... Las horas paseando a solas... Los montones de lecturas... Chindogus y locuras... Complicidades compartidas... Redes y telarañas... Las miradas críticas... El síndrome de Williams, El aula hospitalaria, Nuestra primera unidad de programación, Pruebas objetivas, El tratamiento de la discapacidad en el cine, La autoridad del docente en el aula, Evolución y tratamiento de la lectura y la comprensión lectora en un CAEP, y otros tantos que me dejaré... El viaje acaba de empezar.
Tampoco puedo obviar que, cuantos más riesgos se corren, más posibilidades de equivocarse hay. Y este curso me he equivocado muchísimo. No sé hasta qué punto, no sé todavía las consecuencias, pero me he permitido el lujo de equivocarme, de darme un margen de error. No me he negado nada, ni siquiera la posibilidad de caer de bruces. ¿Resultados? Muchas pequeñas cicatrices, pero aprendizajes realmente importantes. Me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Me he tragado el orgullo con sal. He aprendido a cerrar los ojos y contar hasta 10. A relativizar, a no ser categórica, a no juzgar precipitadamente, a hablar en público (un poquito), a no pretender salvar el mundo en dos días, a no tener siempre la razón. Ya no podría renunciar al delicioso placer de equivocarme.
La convivencia ha sido dura, y eso me ha hecho ver mis peores defec...tos: decir siempre no, poner(me) siempre trabas, ir sistemáticamente contracorriente, criticismo, falta de empatía, mala leche, timidez (¡extrema!), prepotencia, cabezonería, vanidad... Y es algo que agradezco infinitamente, porque teniendo esto como base puedo dedicarme a mejorar. A intentarlo una y otra vez, a limar esas pequeñas (o no tan pequeñas) cosas que me limitan.
También ha habido cosas muy positivas.
Ansia por aprender, por saber más y más y por mejorar. Ilusión. Me ha abierto posibilidades y he descubierto intereses muy nuevos, impensables hace un tiempo. Redescubrir el placer de estar sola, de dedicarme tiempo y mimarme. Leer, leer por leer, leer por aprender, leer por pasar el rato, leer porque sí, leer por recordar, leer por sonreir, leer. Viajar por soñar. Música, en mi cabeza, a cada instante. Vida.
Investigar... Haber conocido a Gonzalo... Ballobar... El trabajo del síndrome de Williams y todas las puertas que nos abrió... Conocerlos... El viaje a Granada... Las horas en el bar... Arreglar el mundo en una tarde delante de un café de dudosa calidad... Las horas paseando a solas... Los montones de lecturas... Chindogus y locuras... Complicidades compartidas... Redes y telarañas... Las miradas críticas... El síndrome de Williams, El aula hospitalaria, Nuestra primera unidad de programación, Pruebas objetivas, El tratamiento de la discapacidad en el cine, La autoridad del docente en el aula, Evolución y tratamiento de la lectura y la comprensión lectora en un CAEP, y otros tantos que me dejaré... El viaje acaba de empezar.
20.5.09
Nacemos filósofos
"Los hombres nacemos curiosos y filósofos. Yo, a los once años, empecé a inquietarme, a sospechar que la vida es un misterio, y eso ha marcado toda mi existencia. Cuando lo planteaba a los adultos, si no se daban cuenta de lo extraño que es que existamos, me respondían que me calmara y dejara de plantearme las cosas. Tenían miedo de que me volviera loco. Ahora creo que todos los libros que he escrito son una forma de venganza de que no me aclararan nada."
Jostein Gaarder
El país, 16/12/2004
Jostein Gaarder
El país, 16/12/2004
9.5.09
Rojitas las orejas

Tengo ronca el alma de quererte en esta soledad llena que me ahoga. Tengo los ojos llenos de luz de imaginarte y tengo los ojos ciegos de no verte. Tengo mi cuerpo abandonado al abandono y tengo mi cuerpo tiritando de no poder tocarte. Tengo la voz tosca de hablar con tanta gente y tengo la voz preciosa de cantarte. Tengo las manos agrietadas de la escarcha y tengo las manos suaves de en el cielo acariciarte. Tengo soledad, luz, alegría, tristeza, rebeldías, amor, sonrisas y lágrimas. ...
Dependencia bendita,
invisible cadena que me ata a la vida...
invisible cadena que me ata a la vida...
[rojitas las orejas]
6.5.09
Demian
-Acostumbramos a trazar límites demasiado estrechos a nuestra personalidad. Consideramos que solamente pertenece a nuestra persona lo que reconocemos como individual y diferenciador. Pero cada uno de nosotros está constituido por la totalidad del mundo; y así como llevamos en nuestro cuerpo la trayectoria de la evolución hasta el pez y aun más allá, así llevamos en el alma todo lo que desde un principio ha vivido en las almas humanas. Todos los dioses y demonios que han existido, ya sea entre los griegos, chinos o cafres, existen en nosotros como posibilidades, deseos y soluciones. Si el género humano se extinguiera con la sola excepción de un niño medianamente inteligente, sin ninguna educación, este niño volvería a descubrir el curso de todas las cosas y sabría producir de nuevo dioses, demonios, paraísos, prohibiciones, mandamientos y Viejos y Nuevos Testamentos.
-Bien -objeté yo-, ¿dónde queda entonces el valor del individuo? ¿Para qué nos esforzamos si ya llevamos todo acabado en nosotros mismos?
-¡Alto! -exclamó violentamente Pistorius-. Hay una gran diferencia entre llevar el mundo en sí mismo y saberlo. Un loco puede tener ideas que recuerden a Platón, y un pequeño y devoto colegial del Instituto de Herrnhut puede recrear las profundas conexiones mitológicas que aparecen en los gnósticos o en Zoroastro. ¡Pero él no lo sabe! Mientras no lo sepa es como un árbol o una piedra; en el mejor de los casos, como un animal. En el momento en que tenga la primera chispa de conciencia, se convertirá en un hombre. ¿No irá usted a creer que todos esos bípedos que andan por la calle son hombres sólo porque anden derechos y lleven a sus crías nueve meses dentro de sí? Muchos de ellos son peces u ovejas, gusanos o ángeles; otros son hormigas, y otros abejas. En cada uno existen las posibilidades de ser hombre; pero sólo cuando las vislumbra, cuando aprende a hacerlas conscientes, por lo menos en parte, estas posibilidades le pertenecen.
(...)
El impulso que le hace a usted volar es nuestro patrimonio humano, que todos poseemos. Es el sentimiento de unión con las raíces de toda fuerza. Pero pronto nos asalta el miedo. ¡Es tan peligroso! Por eso la mayoría renuncia gustosamente a volar y prefiere caminar de la mano de los preceptos legales o por la acera. Usted no. Usted sigue volando, como debe ser. Y entonces descubre lo maravilloso; descubre que lentamente se hace dueño de la situación, que a la gran fuerza general que le arrastra corresponde una pequeña fuerza propia, un órgano, un timón. ¡Eso es estupendo! Sin él, uno se perdería sin voluntad por los aires, como hacen por ejemplo los locos. Los locos tienen unas intuiciones más profundas que la gente de la acera, pero no tienen la clave ni el timón y se despeñan en el abismo. Usted, sin embargo, Sinclair, logra bandearse. ¿Y cómo? ¿No lo sabe acaso? Lo hace con un nuevo órgano, con un regulador de la respiración. Y ahora puede ver usted lo poco “personal” que es su alma en el fondo. ¿Por qué no se inventa ese regulador? ¡No es nuevo! Es algo prestado, existe desde hace siglos. Es el órgano del equilibrio en los peces, la vesícula natatoria. En efecto, existen todavía hoy unas pocas especies raras de peces que usan como pulmón la vesícula natatoria, que en ciertas ocasiones les sirve de verdad para respirar. ¡Justo, pues, el pulmón, que usted utilizaba en su sueño!
(...)
Con un curioso escalofrío, sentí viva en mí una función de primarias épocas evolutivas.
(...)
No puedo resumir en pocas palabras lo que el extraño músico me enseñó. Lo más importante que aprendí de él fue a dar un nuevo paso en el camino hacia mí mismo. Yo era entonces, con mis dieciocho años, un chico poco corriente, precoz en unos sectores y muy retrasado y desorientado en otros. Cuando me comparaba con los demás, me sentía unas veces orgulloso y satisfecho de mí mismo pero otras deprimido y humillado. Unas veces me consideraba un genio, otras un loco. No conseguía compartir las alegrías y la vida de mis compañeros, y me hacía reproches y cábalas como si estuviera irremediablemente separado de ellos y se me negara la vida.
Pistorius, que era un extravagante declarado, me enseñó a tener valor y respeto de mí mismo. Él me dio ejemplo encontrando siempre algo valioso en mis palabras, sueños, fantasías y pensamientos, que tomaba siempre en serio y discutía con interés.
-Me ha dicho usted que le gusta la música porque no es moral. De acuerdo. ¡Entonces, no tiene usted que empeñarse en ser moralista! No debe compararse con los demás; y si la naturaleza le ha creado como murciélago, no pretenda ser un avestruz. A veces se considera raro, se acusa de andar por otros caminos que la mayoría. Eso tiene que olvidarlo. Mire al fuego, observe las nubes; y cuando surjan los presagios y comiencen a hablar las voces de su alma, entréguese usted a ellas sin preguntarse primero si le parece bien o le gusta al señor profesor, al señor padre o a no sé qué buen Dios. Así uno se estropea, desciende a la acera y se convierte en fósil.
Demian, H. Hesse.

"El pájaro rompe el cascarón.
El cascarón es el mundo.
Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo"
El cascarón es el mundo.
Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo"
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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Lo que la lluvia inspira...
...y lo que el tiempo trajo.
Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
- BAUGMAN, Z. Tiempos líquidos
- GAARDER, J. Maya
- MAILLARD, C. Hilos
- MONTESSORI, M. Ideas generales sobre el método
- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]

