Gracias al día de la paz y a esta canción de Dàmaris Gelabert sé que, tal día como hoy, pero hace sólo tres años, estaba saboreando por primera vez lo que es pisar escuela...
Si tingués la màgia d’un mag
de les bales faria flors,
dels fusells, trombons i fagots
i dels trons, poemes d’amor.
Si tingués la màgia d’un mag
de la gana faria blat,
dels canons, prismàtics gegants
i dels tancs, camions de gelats.
Si tingués la màgia d’un mag,
dels soldats en faria clowns,
dels tinents, ocells de paper,
ballarines o castellers.
Si tingués la màgia d’un mag,
de les mines faria daus,
de les bombes, jocs malabars
i dels corbs, coloms de la pau.
Se puede escuchar aquí.
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Decir que el tema me fascina es decir poco o casi nada. Este es el último documental que he visto. Me dio mucha pena saber que se acababa ya "Psicología de la superdotación", pero, por suerte, pronto empezaremos con "Intervención educativa en alumnos superdotados", que tiene pinta de ser igual o más interesante e insuficiente (nunca hay bastante) que la anterior.
Lo más nuevo es lo más viejo
por tanto lo más joven. Porque escribimos en círculos. Una joven, apenas quince años de vida, me escribe: “Vivo entre dudas, y hay veces que no lo puedo soportar. Tengo miedo, tengo miedo de todo, de lo que hice, de lo que vi, de lo que siento, de lo que me queda, de lo que me pierdo, de la distancia, y de no sentir nunca lo que siento cuando escribo. Cuando acabo de escribir, me siento bien, liberada, como si hubiese zanjado una deuda pendiente, pero esa sensación no dura más de diez minutos, porque después tengo que volver a la asquerosa, e inevitablemente dura realidad. Por la mañana me suele costar abrir los ojos, y por la noche, por la noche... dudo, tengo miedo, sonrío, soy feliz, doy vueltas, leo, sobre todo leo, y cuando no puedo más incluso hablo con mi pared.” Lo que escribe no está en el siglo XXI, ni tampoco en el XIX: está en todos los tiempos. Dice Cormac McCarthy que si un hombre comprendiera el alma de un caballo comprendería el alma de todos los caballos que han existido. Con el ser humano no es tan simple, o al menos no es tan fácil, pero la biblioteca de la humanidad no es sino una busca de ese alma individual para entender la que todos compartimos. Y la que compartirán quienes nos sucedan.
No les digamos leed, digámosles leeros. No les digamos que leer es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar a uno mismo, y ya en uno mismo, quién sabe adónde. No les digamos que es mejor el que lee que el que no lee, porque eso no es verdad. Digámosles lo contrario: que serán más felices si no leen, ignorantemente felices. Pero que también serán más felices si no aman, que todo será entonces más simple, más desprovisto de angustia y sufrimiento, porque el amor conlleva tan seguro dolor como la vida conlleva tan segura muerte, y porque la lectura es, al fin y al cabo, como el amor: un abismamiento en el otro que, al fin, es uno mismo. No les digamos que los que escribimos tenemos las respuestas, sino más preguntas. No les digamos que los libros se acaban en sí mismos, sino que, como me dijo una niña de once años, “desembocan en la biblioteca”. No les tratemos con superioridad, sino con empatía, porque nosotros sabemos más, pero ellos sienten mucho más, ven con mayor claridad, aunque no sepan expresarlo como nosotros hemos aprendido a hacerlo.
Lo más nuevo es lo más viejo, sí: mirar dentro de la mente humana. Y ahí dentro no hay siglo, sino vida. Lo más nuevo es escribir desde hoy pero sin tratar de parecer modernos, sin impostar la voz, sin querer ganarse a los jóvenes por imitación, sin querer parecer sus colegas. Una buena lectora gallega, de catorce años, acaba de colgar en mi web este comentario: “me gustaría que alguien algún día escribiese algo de los adolescentes, o mejor dicho meterse en su mente, descubrirla, desmenuzarla y llegar a entenderla.” ¿Algo? ¿Qué son, pues, los siete mil títulos infantiles y juveniles anuales que se publican en España? Nada, a sus ojos, nada en su corazón. Nos equivocamos, sí: escribimos desde la insoportable ñoñez del adulto que trata de ganarse al niño con una gominola, nos equivocamos dándoles libros fáciles y divertidos, ayunos de cualquier huella literaria, porque no nos atrevemos a sumergirnos en su insondable complejidad, su gozo y su angustia peleando en el pozo de su alma, su devastadora capacidad crítica. Me preocupa mucho más ese grito de la niña gallega que el bostezo del chico al que nadie ha cultivado, y que por culpa de esa renuncia es incapaz de entender lo que no es obvio. A veces, porque nos creemos más sabios, nuestro comportamiento es más tonto; porque nos sentimos superiores, nos desgajamos, nos convertimos en gajo de una naranja distinta.
No, no somos superiores, sólo hemos vivido más, y debemos escribir desde esa vida ya vivida, pero sin olvidar que ellos están viviendo todo por primera vez: tienen ese privilegio. Lo que ella suplica es que entendamos eso, que no los simplifiquemos, y que tampoco pontifiquemos sobre ellos, ni siquiera para ellos. Si queremos que la literatura juvenil exista, escribamos como si no existiera, editemos como si no existiera. Ofrezcamos sin obligar, sin prescribir, sin examinar. Invitemos a leer como si la literatura juvenil no existiera. Creyendo, y demostrando que lo creemos, que la literatura es sólo literatura: lo más viejo y lo más nuevo.
* Gonzalo Moure es escritor de Literatura Infantil y Juvenil. Ha publicado numerosos títulos como Un loto en la nieve, El beso del Sáhara, Palabras de caramelo o Tuva en los que se refleja su preocupación por el pueblo saharaui, así como su atención a los problemas sociales. Entre otros galardones, ha sido incluido en dos ocasiones en la Lista de Honor del IBBY por Geranium (1991) y El alimento de los dioses, el Premio Jaén por ¡A la mierda la bicicleta! (1993) y El bostezo del puma (1999), el Premio de la Crítica de Asturias por Yo, que maté de melancolía al pirata Francis Drake (2001), el Premio Ala Delta, finalista del Premio Nacional de Literatura, por Maíto Panduro (2001), el Premio Gran Angular por El síndrome de Mozart (2003) o el II Premio de Literatura Infantil Ámbito Cultural de El Corte Inglés por El bosque de hoja caduca (2006).
Fuente: comunicacionypedagogia.com;
se lee mejor en pdf
Ya me perdonará Gonzalo que le tome prestadas las palabras para guardarlas aquí, pero las cosas buenas hay que compartirlas :)
Creo que repito, pero no dejo de ver este vídeo.
Y hoy se me ha ocurrido leer la experiencia de Bea, colgada en la web del Bubisher, que empieza así:
"Salí de Barcelona el día 26, antes de entrar en el aeropuerto, última llamada a Gonzalo, para que me confirmase y reconfirmase todo lo que habíamos hablado... El ir a un sitio nuevo y tan diferente crea cierta incertidumbre, así que me permití ser un poco pesada. Mientras esperaba para embarcar no dejaba de pensar quienes de los que esperaban allí tenían mi mismo destino, al final hable con dos chicas que también iban a los campamentos, una de ellas repetía, lo cual me tranquilizó bastante, no esperaba tener ningún problema, pero nunca viene mal que alguien te vaya indicando..."
Y más adelante:
"Al anochecer, la segunda imagen del día, el cielo tan impresionante que se ve desde el desierto. Ante tal visión no me quedó mas remedio que tumbarme en la arena y dejar pasar el tiempo mientras pensaba en lo paradójico que resulta un cielo tan precioso allí arriba y una situación tan horrible debajo de él. Al día siguiente visitamos el colegio de ciegos, el de educación especial y una guardería, para hablar con las maestras y hacernos una idea de los alumnos que había en cada uno y para poder planificar las actividades en función de sus necesidades."
Y continúa explicando toda su experiencia para acabar con unas palabras entrañables:
"¿Lo que nunca espero olvidar? El cielo estrellado del Sahara, el arte de la conversación delante de un te de los saharauis, su amabilidad y hospitalidad y la cara de un niño cuando el Bubi para delante de su colegio... "
Y me pica el gusanillo de ir, claro. De ir a leer al desierto. Veo que hay mencionados libros que he visto en escuelas muy cercanas y es como encontrar un lazo que une -y no ata-, veo que es una experiencia enorme. También sé que me falta experiencia y que, como siempre, me faltan años.
Pero, aun así: ¿quién se viene a leer al desierto?

Una vez un niño fue a la escuela y era bien pequeño. Y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vio que podía ir a su clase directamente desde la puerta de afuera, él se sintió feliz y la escuela no le parecía tan grande, así. Una mañana, cuando él hacía poco que estaba en la escuela, la maestra dijo: -"Hoy vamos a hacer un dibujo". "Bien", pensó él. Y a él le gustaba dibujar. Y podía hacer todas las cosas, leones, tigres gallinas y vacas, trenes y barcos y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: "¡Esperen! no es hora de comenzar". Y él esperó hasta que todos estuvieran prontos.
-"Ahora- dijo la maestra- vamos a dibujar flores". "Bueno". -pensó el niño, y a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a hacer bonitas flores, con lápiz rojo, naranja, azul. Pero la maestra dijo: "¡Esperen, yo les mostraré cómo se hacen!". “Así -dijo la maestra-. Y era una flor roja con tallo verde. "Ahora sí", dijo la maestra. "Ahora pueden comenzar". El niño miró la flor de la maestra y luego la suya, y a él le gustaba más su flor que la de la maestra. Y no reveló esto. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra, roja con el tallo verde.
Otro día, cuando el niño abrió la puerta de afuera, la maestra dijo: -"Hoy vamos a trabajar con plastilina". "Bien" -pensó él, y podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras, muñecos de nieve, elefantes de rabitos, autos y camiones. Comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.
Pero la maestra dijo:- "¡Esperen, no es hora de comenzar!" Y él, esperó hasta que todos estuvieran prontos. "Ahora -dijo la maestra- nosotros vamos a hacer una víbora". "Bien", pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras. Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo: "¡Esperen, yo les mostraré como hacer una víbora larga!". Ahora pueden comenzar. El niño miró la víbora de la maestra, entonces miró la suya, y a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no reveló esto. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola, e hizo una gran víbora como la de la maestra, que era una víbora larga.
Así, y luego, el niño aprendió a esperar, y a observar y a hacer las cosas como las de la maestra. Y luego él no hacía las cosas por sí mismo. Sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad, y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esa escuela era mucho más grande que la primera, tenía puerta afuera, pero para llegar a su salón, el niño tenía que subir unos escalones y seguir por un corredor largo.
Y justamente el primer día que él estaba allí, la maestra dijo:- "Hoy vamos a hacer un dibujo". Bien, pensó el niño, y esperó que la maestra le dijera qué hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el salón. Cuando se acercó al niño, ella dijo:"-¿Tú no quieres dibujar?". -"Sí" -dijo el niño- "pero ¿qué vamos a hacer?". -"Yo no sé hasta que tú no lo hagas"- dijo la maestra.-"¿Cómo lo haré?"- preguntó el niño. -"¿Por qué?"- dijo la maestra -"De la manera que quieras"-. -"¿Y de cualquier color?"- preguntó él.-"De cualquier color"- dijo la maestra; -"si todos usasen los mismos colores e hicieran los mismos dibujos, ¿cómo se podría saber quién hizo que y cual sería de quien? -"Yo no sé",- dijo el niño, y comenzó a hacer una flor roja con el tallo verde.
"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
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21.9.12
26.12.09
21.12.09
Dentro y fuera
El aceptarse a sí mismo, al que nos prestamos, parece a primera vista algo arriesgado. Nos lanzamos a un viaje de descubrimiento para el que no existe mapa alguno. Lo primero que quizá notemos es que a través de los años sólo hemos conservado una vaga noción de nuestra verdadera naturaleza y que apenas tenemos una idea acerca de lo que queremos ser en realidad. Todas las nociones están teñidas en mayor o menor medida por una influencia cualquiera desde afuera. Quizá nos asalte la duda acerca de si podemos confiar en nuestra voluntad, de si es demasiado débil, de si está condicionada desde fuera o es admisible. Plantear todas estas preguntas y otras que puedan surgir hacia dentro y no hacia fuera, y esperar la respuesta desde dentro en vez de desde fuera, quizá nos parezca un cometido arriesgado que promete poco éxito.
Aun así, es una antigua sabiduría que sólo llegamos a realizarnos a nosotros mismos, a reverenciar la vida y a amar al prójimo si nos aceptamos a nosotros mismos. (...) En la multiplicidad de analogías que nos unen a los adultos con los procesos de desarrollo de los niños (con ello no me refiero a que fortalecemos 'al niño que llevamos dentro' sino que nos aceptamos como adultos) para mí ha adquirido una importancia relevante esta actitud de probar e incluir errores y aparentes fracasos en mis descubrimientos. En lugar de reprimir los sentimientos y pensamientos que surgen constante e involuntariamente en mí, puedo decidirme a aceptarlos aun cuando me parezcan absurdos, feos o peligrosos. En lugar de buscar el silencio o el vacío interior para acabar con todo aquello que me pesa, como los 'viejos patrones', puedo enfrentarme con valor y amor a todo aquello que viene desde dentro. (...) En lugar de tomar 'distancia' puedo permanecer 'conmigo'' en medio del acontecer y percibir cómo esto fortalece las membranas. Disminuye la sensación de indefensión e inseguridad, y aumenta la confianza de que la vida misma me toma del brazo para llegar allí adonde en realidad quiero ir y para convertirme en la persona amante e inteligente que de hecho quiero ser.
WILD, Rebeca. Calidad de vida.
100% Recomendable.
Aun así, es una antigua sabiduría que sólo llegamos a realizarnos a nosotros mismos, a reverenciar la vida y a amar al prójimo si nos aceptamos a nosotros mismos. (...) En la multiplicidad de analogías que nos unen a los adultos con los procesos de desarrollo de los niños (con ello no me refiero a que fortalecemos 'al niño que llevamos dentro' sino que nos aceptamos como adultos) para mí ha adquirido una importancia relevante esta actitud de probar e incluir errores y aparentes fracasos en mis descubrimientos. En lugar de reprimir los sentimientos y pensamientos que surgen constante e involuntariamente en mí, puedo decidirme a aceptarlos aun cuando me parezcan absurdos, feos o peligrosos. En lugar de buscar el silencio o el vacío interior para acabar con todo aquello que me pesa, como los 'viejos patrones', puedo enfrentarme con valor y amor a todo aquello que viene desde dentro. (...) En lugar de tomar 'distancia' puedo permanecer 'conmigo'' en medio del acontecer y percibir cómo esto fortalece las membranas. Disminuye la sensación de indefensión e inseguridad, y aumenta la confianza de que la vida misma me toma del brazo para llegar allí adonde en realidad quiero ir y para convertirme en la persona amante e inteligente que de hecho quiero ser.
WILD, Rebeca. Calidad de vida.
100% Recomendable.
29.11.09
Superdotats
Decir que el tema me fascina es decir poco o casi nada. Este es el último documental que he visto. Me dio mucha pena saber que se acababa ya "Psicología de la superdotación", pero, por suerte, pronto empezaremos con "Intervención educativa en alumnos superdotados", que tiene pinta de ser igual o más interesante e insuficiente (nunca hay bastante) que la anterior.
13.9.09
El nuevo contrato social del siglo XXI: Sí, lo acepto
Este es un texto publicado en 2003 para conmemorar el triste aniversario de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 y que nos recuerda el Contrato Social que, hace tiempo, todos nosotros aceptamos. Este texto es un acuerdo tácito que firmamos cada mañana al despertarnos con simplemente no hacer nada. Este texto no es una crítica social, sino que sencillamente destaca los hechos resultantes de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia, la ceguera, la sumisión y la idiotez de todos nosotros.
Nuestro Nuevo Contrato Social dice:
1. Acepto la despiadada competitividad como la base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que este funcionamiento engendra dolor, frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.
2. Acepto que diariamente me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar a otro que ocupe un lugar inferior, en la pirámide social.
3. Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles, porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites y ellos deben quedar excluidos.
4. Acepto remunerar generosamente a los bancos para que ellos inviertan mi sueldo a su conveniencia y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias (ganancias que servirán para atracar a los países pobres, hecho que acepto implícitamente). Acepto también que me descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, dinero que proviene exclusivamente de los otros clientes.
5. Acepto que congelemos o tiremos diariamente toneladas de comida para que los índices bursátiles no se derrumben, en vez de ofrecer esa comida a los necesitados y de permitirle a algunos centenares de miles de personas, no morir de hambre cada año.
6. Acepto que sea ilegal poner fin a mi propia vida, rápidamente; en cambio tolero que se me mate lentamente, inhalando o ingiriendo substancias tóxicas autorizadas por los gobiernos. El Sistema dice que mi vida no es mía; dice que es de ellos y que sólo ellos deciden qué debo hacer con mi vida.
7. Acepto que se haga la guerra (por cualquier motivo y a cualquier costo) para así hacer reinar la paz, aunque veamos que la paz nunca se haya logrado.
8. Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el gasto de defensa. También acepto que los conflictos sean creados artificialmente para deshacernos del enorme stock de armas y así permitirle a la economía mundial, seguir avanzando.
9. Acepto el amplio dominio del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía muy costosa, sucia y contaminante; y estoy totalmente de acuerdo en impedir todo intento de sustituir al petróleo. Y aunque se desvelara que hemos descubierto un medio gratuito e ilimitado de producir energía, es evidente que lo gratuito sería nuestra perdición.
10. Acepto que se condene el asesinato de otro ser humano, salvo que los gobiernos decreten que ese ser humano es un enemigo y que me alienten a matarlo. Por ello, acepto gustoso la muerte de todos mis enemigos.
11. Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos, haciéndome creer de esta manera, que el sistema está mejorando y avanzando.
12. Además acepto toda clase de división posible (política e ideológica) con tal que esas divisiones me permitan focalizar mi cólera hacia los enemigos designados por los gobiernos, cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.
13. Acepto que el poder de fabricar la opinión pública, antes ostentado por las religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente, quienes con su dinero son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen uso que harán con ese poder.
14. Acepto que la idea de “la felicidad” se reduzca a la comodidad; acepto que “el amor” se reduzca al sexo; y acepto que “la libertad” se reduzca a la satisfacción de todos los deseos, porque esto es lo que me repite la publicidad cada día. Es simple: cuanto más infeliz soy, más consumo. Y así cumplo mi papel contribuyendo siempre al sano y buen funcionamiento de nuestra economía.
15. Acepto que el valor de una persona sea siempre proporcional a su cuenta bancaria; que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades; y que sea excluido del sistema si no produce lo suficiente.
16. Acepto que se recompense exageradamente a los deportistas famosos y a los actores taquilleros y se premie mucho menos a los profesores y a los médicos encargados de la educación y de la salud de nuestras futuras generaciones.
17. Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia y sabiduría podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo) no necesitamos ni de esa experiencia ni de esa sabiduría. Por ello, todos los ancianos sobran.
18. Acepto que se me muestren las noticias más negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así yo pueda apreciar hasta qué punto nuestra situación es normal y cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus es realmente beneficioso para todos nosotros.
19. Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para que, sin consultarnos, tomen decisiones que comprometen el porvenir de la vida, la salud y el bienestar del planeta y de todos nosotros.
20. Acepto consumir gustosamente la carne vacuna tratada con abundancia de hormonas sin que, explícitamente, se me avise del riesgo que corro.
21. Acepto que el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se establezca en el mundo entero, permitiendo así a las multinacionales agroalimentarias modificar genéticamente las plantas, patentar nuevos seres vivos, almacenar ganancias considerables y tener bajo su yugo a toda la agricultura mundial.
22. Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren más armas para combatir, y que así ellos elijan a los que harán la guerra y a los que no. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto para así estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible, con el fin de poder arrebatarles totalmente sus recursos si no pueden devolver los préstamos recibidos.
23. Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, pues que ya es una suerte para ellos que los hagamos trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países pobres para hacer trabajar a los niños en condiciones inhumanas, miserables y precarias. En nombre de los derechos humanos y los del ciudadano, no debemos ejercer injerencia en los asuntos privados de esos países pobres.
24. Acepto que los grandes laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan, en los países económicamente desfavorecidos, los productos experimentales, los caducados o los que contengan substancias cancerígenas prohibidas en Occidente.
25. Acepto que el resto del planeta, es decir más de siete mil millones de individuos, puedan pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar ni a compartir sus creencias en nuestra casa, y todavía menos, a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas primitivas.
26. Acepto la idea de que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o ser cazado, y si estamos dotados de una conciencia y de un lenguaje, ciertamente no es para escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo tan idiota e irracional.
27. Acepto considerar nuestro pasado como una continuación ininterrumpida de conflictos, de conspiraciones políticas, violación de derechos, injusticias, terrorismo, inseguridad y abuso de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy, en nuestro presente, todo esto ya no existe porque estamos en el summum de nuestra evolución, y porque las reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para todos los pueblos, tal como lo oímos sin cesar en la publicidad y en todos los discursos políticos.
28. Acepto, sin discutir, y considero como verdades todas las teorías científicas propuestas para la explicación de los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza dedicó millones de años para crear a un ser humano cuyo único pasatiempo histórico es la destrucción de su propia especie, en unos instantes.
29. Acepto la búsqueda desesperada del beneficio propio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como la máxima realización de toda la vida humana. De esta manera la vida es 100% plena.
30. Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces en los ríos y de la vida en nuestros océanos. Acepto la extinción de las especies animales y el aumento de la polución industrial y de la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza, como algo necesario y natural.
31. Acepto la utilización de toda clase de aditivos químicos artificiales en las máquinas, en la tierra y en mi alimentación, porque estoy convencido de que si se añaden es porque, tal como dice la publicidad, son útiles e inocuos.
32. Acepto la presente guerra económica que actúa con rigor sobre el planeta, aunque siento que nos está llevando hacia una catástrofe sin precedentes.
33. Acepto esta situación y todas las del sistema actual, porque creo y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla. El sistema está bien.
34. Acepto ser tratado, a diario, en todas mis actividades, como ganado porque todos los demás lo aceptan y porque definitivamente pienso que las mayorías deciden y lo hacen con enorme sabiduría y razón.
35. Acepto el sistema sin plantear ninguna objeción. Acepto además, cerrar los ojos ante todo esto y no formular ninguna oposición verdadera, porque estoy demasiado ocupado con mi subsistencia y con el resto de mis preocupaciones.
Incluso acepto defender a muerte este Nuevo Contrato Social si cualquier persona me lo pide o si alguien lo ataca.
36. Acepto en mi alma, en mi mente y en mi conciencia, la realidad de este Contrato que el sistema hoy coloca delante de mis ojos porque siempre he preferido ver la realidad de las cosas tal como el sistema me las presenta.
Líderes políticos del mundo: Sé que todos ustedes sólo actúan por mi bien, por el de todos, y por el del sistema. Por eso les doy las gracias.
NUESTRO SILENCIO ES NUESTRO SUICIDIO
“Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos”
MIGUEL DE UNAMUNO"
Visto aquí
Nuestro Nuevo Contrato Social dice:
1. Acepto la despiadada competitividad como la base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que este funcionamiento engendra dolor, frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.
2. Acepto que diariamente me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar a otro que ocupe un lugar inferior, en la pirámide social.
3. Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles, porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites y ellos deben quedar excluidos.
4. Acepto remunerar generosamente a los bancos para que ellos inviertan mi sueldo a su conveniencia y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias (ganancias que servirán para atracar a los países pobres, hecho que acepto implícitamente). Acepto también que me descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, dinero que proviene exclusivamente de los otros clientes.
5. Acepto que congelemos o tiremos diariamente toneladas de comida para que los índices bursátiles no se derrumben, en vez de ofrecer esa comida a los necesitados y de permitirle a algunos centenares de miles de personas, no morir de hambre cada año.
6. Acepto que sea ilegal poner fin a mi propia vida, rápidamente; en cambio tolero que se me mate lentamente, inhalando o ingiriendo substancias tóxicas autorizadas por los gobiernos. El Sistema dice que mi vida no es mía; dice que es de ellos y que sólo ellos deciden qué debo hacer con mi vida.
7. Acepto que se haga la guerra (por cualquier motivo y a cualquier costo) para así hacer reinar la paz, aunque veamos que la paz nunca se haya logrado.
8. Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el gasto de defensa. También acepto que los conflictos sean creados artificialmente para deshacernos del enorme stock de armas y así permitirle a la economía mundial, seguir avanzando.
9. Acepto el amplio dominio del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía muy costosa, sucia y contaminante; y estoy totalmente de acuerdo en impedir todo intento de sustituir al petróleo. Y aunque se desvelara que hemos descubierto un medio gratuito e ilimitado de producir energía, es evidente que lo gratuito sería nuestra perdición.
10. Acepto que se condene el asesinato de otro ser humano, salvo que los gobiernos decreten que ese ser humano es un enemigo y que me alienten a matarlo. Por ello, acepto gustoso la muerte de todos mis enemigos.
11. Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos, haciéndome creer de esta manera, que el sistema está mejorando y avanzando.
12. Además acepto toda clase de división posible (política e ideológica) con tal que esas divisiones me permitan focalizar mi cólera hacia los enemigos designados por los gobiernos, cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.
13. Acepto que el poder de fabricar la opinión pública, antes ostentado por las religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente, quienes con su dinero son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen uso que harán con ese poder.
14. Acepto que la idea de “la felicidad” se reduzca a la comodidad; acepto que “el amor” se reduzca al sexo; y acepto que “la libertad” se reduzca a la satisfacción de todos los deseos, porque esto es lo que me repite la publicidad cada día. Es simple: cuanto más infeliz soy, más consumo. Y así cumplo mi papel contribuyendo siempre al sano y buen funcionamiento de nuestra economía.
15. Acepto que el valor de una persona sea siempre proporcional a su cuenta bancaria; que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades; y que sea excluido del sistema si no produce lo suficiente.
16. Acepto que se recompense exageradamente a los deportistas famosos y a los actores taquilleros y se premie mucho menos a los profesores y a los médicos encargados de la educación y de la salud de nuestras futuras generaciones.
17. Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia y sabiduría podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo) no necesitamos ni de esa experiencia ni de esa sabiduría. Por ello, todos los ancianos sobran.
18. Acepto que se me muestren las noticias más negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así yo pueda apreciar hasta qué punto nuestra situación es normal y cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus es realmente beneficioso para todos nosotros.
19. Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para que, sin consultarnos, tomen decisiones que comprometen el porvenir de la vida, la salud y el bienestar del planeta y de todos nosotros.
20. Acepto consumir gustosamente la carne vacuna tratada con abundancia de hormonas sin que, explícitamente, se me avise del riesgo que corro.
21. Acepto que el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se establezca en el mundo entero, permitiendo así a las multinacionales agroalimentarias modificar genéticamente las plantas, patentar nuevos seres vivos, almacenar ganancias considerables y tener bajo su yugo a toda la agricultura mundial.
22. Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren más armas para combatir, y que así ellos elijan a los que harán la guerra y a los que no. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto para así estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible, con el fin de poder arrebatarles totalmente sus recursos si no pueden devolver los préstamos recibidos.
23. Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, pues que ya es una suerte para ellos que los hagamos trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países pobres para hacer trabajar a los niños en condiciones inhumanas, miserables y precarias. En nombre de los derechos humanos y los del ciudadano, no debemos ejercer injerencia en los asuntos privados de esos países pobres.
24. Acepto que los grandes laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan, en los países económicamente desfavorecidos, los productos experimentales, los caducados o los que contengan substancias cancerígenas prohibidas en Occidente.
25. Acepto que el resto del planeta, es decir más de siete mil millones de individuos, puedan pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar ni a compartir sus creencias en nuestra casa, y todavía menos, a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas primitivas.
26. Acepto la idea de que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o ser cazado, y si estamos dotados de una conciencia y de un lenguaje, ciertamente no es para escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo tan idiota e irracional.
27. Acepto considerar nuestro pasado como una continuación ininterrumpida de conflictos, de conspiraciones políticas, violación de derechos, injusticias, terrorismo, inseguridad y abuso de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy, en nuestro presente, todo esto ya no existe porque estamos en el summum de nuestra evolución, y porque las reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para todos los pueblos, tal como lo oímos sin cesar en la publicidad y en todos los discursos políticos.
28. Acepto, sin discutir, y considero como verdades todas las teorías científicas propuestas para la explicación de los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza dedicó millones de años para crear a un ser humano cuyo único pasatiempo histórico es la destrucción de su propia especie, en unos instantes.
29. Acepto la búsqueda desesperada del beneficio propio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como la máxima realización de toda la vida humana. De esta manera la vida es 100% plena.
30. Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces en los ríos y de la vida en nuestros océanos. Acepto la extinción de las especies animales y el aumento de la polución industrial y de la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza, como algo necesario y natural.
31. Acepto la utilización de toda clase de aditivos químicos artificiales en las máquinas, en la tierra y en mi alimentación, porque estoy convencido de que si se añaden es porque, tal como dice la publicidad, son útiles e inocuos.
32. Acepto la presente guerra económica que actúa con rigor sobre el planeta, aunque siento que nos está llevando hacia una catástrofe sin precedentes.
33. Acepto esta situación y todas las del sistema actual, porque creo y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla. El sistema está bien.
34. Acepto ser tratado, a diario, en todas mis actividades, como ganado porque todos los demás lo aceptan y porque definitivamente pienso que las mayorías deciden y lo hacen con enorme sabiduría y razón.
35. Acepto el sistema sin plantear ninguna objeción. Acepto además, cerrar los ojos ante todo esto y no formular ninguna oposición verdadera, porque estoy demasiado ocupado con mi subsistencia y con el resto de mis preocupaciones.
Incluso acepto defender a muerte este Nuevo Contrato Social si cualquier persona me lo pide o si alguien lo ataca.
36. Acepto en mi alma, en mi mente y en mi conciencia, la realidad de este Contrato que el sistema hoy coloca delante de mis ojos porque siempre he preferido ver la realidad de las cosas tal como el sistema me las presenta.
Líderes políticos del mundo: Sé que todos ustedes sólo actúan por mi bien, por el de todos, y por el del sistema. Por eso les doy las gracias.
NUESTRO SILENCIO ES NUESTRO SUICIDIO
“Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos”
MIGUEL DE UNAMUNO"
Visto aquí
21.7.09
Días de lluvia sin que llueva (II)
Buceadores del cielo,
de su próxima búsqueda,
tráigannos una foto
de la lluvia,
desde el primer momento
cuando arranca en su fuga.
Es que uno aquí en la escuela
por más que la dibuja
la copia en el cuaderno
y en el libro la estudia,
no sabe cómo son los moldecitos
que envarillan la lluvia.
Jesús Rosas Marcano
Fuente: bibliopoemes
de su próxima búsqueda,
tráigannos una foto
de la lluvia,
desde el primer momento
cuando arranca en su fuga.
Es que uno aquí en la escuela
por más que la dibuja
la copia en el cuaderno
y en el libro la estudia,
no sabe cómo son los moldecitos
que envarillan la lluvia.
Jesús Rosas Marcano
Fuente: bibliopoemes
12.7.09
Lo más nuevo es lo más viejo
ESPECIAL ¿NUEVAS LECTURAS,
NUEVOS LECTORES?
NUEVOS LECTORES?
Gonzalo Moure cursa la carrera de Ciencias Políticas
en la Universidad Complutense de Madrid.
Ha trabajado en una emisora de radio escribiendo
y presentando programas musicales y de crítica literaria,
dirigiendo espacios informativos y deportivos,
y una emisora de radio en Ribadeo (Lugo)
hasta que decidió dedicarse por completo a la literatura
para lo cual se retira al pueblo asturiano de Figueras.
En estas páginas nos habla sobre lectura y nuevos lectores.
en la Universidad Complutense de Madrid.
Ha trabajado en una emisora de radio escribiendo
y presentando programas musicales y de crítica literaria,
dirigiendo espacios informativos y deportivos,
y una emisora de radio en Ribadeo (Lugo)
hasta que decidió dedicarse por completo a la literatura
para lo cual se retira al pueblo asturiano de Figueras.
En estas páginas nos habla sobre lectura y nuevos lectores.
Lo más nuevo es lo más viejo
por tanto lo más joven. Porque escribimos en círculos. Una joven, apenas quince años de vida, me escribe: “Vivo entre dudas, y hay veces que no lo puedo soportar. Tengo miedo, tengo miedo de todo, de lo que hice, de lo que vi, de lo que siento, de lo que me queda, de lo que me pierdo, de la distancia, y de no sentir nunca lo que siento cuando escribo. Cuando acabo de escribir, me siento bien, liberada, como si hubiese zanjado una deuda pendiente, pero esa sensación no dura más de diez minutos, porque después tengo que volver a la asquerosa, e inevitablemente dura realidad. Por la mañana me suele costar abrir los ojos, y por la noche, por la noche... dudo, tengo miedo, sonrío, soy feliz, doy vueltas, leo, sobre todo leo, y cuando no puedo más incluso hablo con mi pared.” Lo que escribe no está en el siglo XXI, ni tampoco en el XIX: está en todos los tiempos. Dice Cormac McCarthy que si un hombre comprendiera el alma de un caballo comprendería el alma de todos los caballos que han existido. Con el ser humano no es tan simple, o al menos no es tan fácil, pero la biblioteca de la humanidad no es sino una busca de ese alma individual para entender la que todos compartimos. Y la que compartirán quienes nos sucedan.
No les digamos leed, digámosles leeros. No les digamos que leer es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar a uno mismo, y ya en uno mismo, quién sabe adónde. No les digamos que es mejor el que lee que el que no lee, porque eso no es verdad. Digámosles lo contrario: que serán más felices si no leen, ignorantemente felices. Pero que también serán más felices si no aman, que todo será entonces más simple, más desprovisto de angustia y sufrimiento, porque el amor conlleva tan seguro dolor como la vida conlleva tan segura muerte, y porque la lectura es, al fin y al cabo, como el amor: un abismamiento en el otro que, al fin, es uno mismo. No les digamos que los que escribimos tenemos las respuestas, sino más preguntas. No les digamos que los libros se acaban en sí mismos, sino que, como me dijo una niña de once años, “desembocan en la biblioteca”. No les tratemos con superioridad, sino con empatía, porque nosotros sabemos más, pero ellos sienten mucho más, ven con mayor claridad, aunque no sepan expresarlo como nosotros hemos aprendido a hacerlo.
Lo más nuevo es lo más viejo, sí: mirar dentro de la mente humana. Y ahí dentro no hay siglo, sino vida. Lo más nuevo es escribir desde hoy pero sin tratar de parecer modernos, sin impostar la voz, sin querer ganarse a los jóvenes por imitación, sin querer parecer sus colegas. Una buena lectora gallega, de catorce años, acaba de colgar en mi web este comentario: “me gustaría que alguien algún día escribiese algo de los adolescentes, o mejor dicho meterse en su mente, descubrirla, desmenuzarla y llegar a entenderla.” ¿Algo? ¿Qué son, pues, los siete mil títulos infantiles y juveniles anuales que se publican en España? Nada, a sus ojos, nada en su corazón. Nos equivocamos, sí: escribimos desde la insoportable ñoñez del adulto que trata de ganarse al niño con una gominola, nos equivocamos dándoles libros fáciles y divertidos, ayunos de cualquier huella literaria, porque no nos atrevemos a sumergirnos en su insondable complejidad, su gozo y su angustia peleando en el pozo de su alma, su devastadora capacidad crítica. Me preocupa mucho más ese grito de la niña gallega que el bostezo del chico al que nadie ha cultivado, y que por culpa de esa renuncia es incapaz de entender lo que no es obvio. A veces, porque nos creemos más sabios, nuestro comportamiento es más tonto; porque nos sentimos superiores, nos desgajamos, nos convertimos en gajo de una naranja distinta.
No, no somos superiores, sólo hemos vivido más, y debemos escribir desde esa vida ya vivida, pero sin olvidar que ellos están viviendo todo por primera vez: tienen ese privilegio. Lo que ella suplica es que entendamos eso, que no los simplifiquemos, y que tampoco pontifiquemos sobre ellos, ni siquiera para ellos. Si queremos que la literatura juvenil exista, escribamos como si no existiera, editemos como si no existiera. Ofrezcamos sin obligar, sin prescribir, sin examinar. Invitemos a leer como si la literatura juvenil no existiera. Creyendo, y demostrando que lo creemos, que la literatura es sólo literatura: lo más viejo y lo más nuevo.
* Gonzalo Moure es escritor de Literatura Infantil y Juvenil. Ha publicado numerosos títulos como Un loto en la nieve, El beso del Sáhara, Palabras de caramelo o Tuva en los que se refleja su preocupación por el pueblo saharaui, así como su atención a los problemas sociales. Entre otros galardones, ha sido incluido en dos ocasiones en la Lista de Honor del IBBY por Geranium (1991) y El alimento de los dioses, el Premio Jaén por ¡A la mierda la bicicleta! (1993) y El bostezo del puma (1999), el Premio de la Crítica de Asturias por Yo, que maté de melancolía al pirata Francis Drake (2001), el Premio Ala Delta, finalista del Premio Nacional de Literatura, por Maíto Panduro (2001), el Premio Gran Angular por El síndrome de Mozart (2003) o el II Premio de Literatura Infantil Ámbito Cultural de El Corte Inglés por El bosque de hoja caduca (2006).
Fuente: comunicacionypedagogia.com;
se lee mejor en pdf
Ya me perdonará Gonzalo que le tome prestadas las palabras para guardarlas aquí, pero las cosas buenas hay que compartirlas :)
7.6.09
El pájaro que trae la buena suerte
Creo que repito, pero no dejo de ver este vídeo.
Y hoy se me ha ocurrido leer la experiencia de Bea, colgada en la web del Bubisher, que empieza así:
"Salí de Barcelona el día 26, antes de entrar en el aeropuerto, última llamada a Gonzalo, para que me confirmase y reconfirmase todo lo que habíamos hablado... El ir a un sitio nuevo y tan diferente crea cierta incertidumbre, así que me permití ser un poco pesada. Mientras esperaba para embarcar no dejaba de pensar quienes de los que esperaban allí tenían mi mismo destino, al final hable con dos chicas que también iban a los campamentos, una de ellas repetía, lo cual me tranquilizó bastante, no esperaba tener ningún problema, pero nunca viene mal que alguien te vaya indicando..."
Y más adelante:
"Al anochecer, la segunda imagen del día, el cielo tan impresionante que se ve desde el desierto. Ante tal visión no me quedó mas remedio que tumbarme en la arena y dejar pasar el tiempo mientras pensaba en lo paradójico que resulta un cielo tan precioso allí arriba y una situación tan horrible debajo de él. Al día siguiente visitamos el colegio de ciegos, el de educación especial y una guardería, para hablar con las maestras y hacernos una idea de los alumnos que había en cada uno y para poder planificar las actividades en función de sus necesidades."
Y continúa explicando toda su experiencia para acabar con unas palabras entrañables:
"¿Lo que nunca espero olvidar? El cielo estrellado del Sahara, el arte de la conversación delante de un te de los saharauis, su amabilidad y hospitalidad y la cara de un niño cuando el Bubi para delante de su colegio... "
Y me pica el gusanillo de ir, claro. De ir a leer al desierto. Veo que hay mencionados libros que he visto en escuelas muy cercanas y es como encontrar un lazo que une -y no ata-, veo que es una experiencia enorme. También sé que me falta experiencia y que, como siempre, me faltan años.
Pero, aun así: ¿quién se viene a leer al desierto?
Una flor roja con el tallo verde

Una vez un niño fue a la escuela y era bien pequeño. Y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vio que podía ir a su clase directamente desde la puerta de afuera, él se sintió feliz y la escuela no le parecía tan grande, así. Una mañana, cuando él hacía poco que estaba en la escuela, la maestra dijo: -"Hoy vamos a hacer un dibujo". "Bien", pensó él. Y a él le gustaba dibujar. Y podía hacer todas las cosas, leones, tigres gallinas y vacas, trenes y barcos y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: "¡Esperen! no es hora de comenzar". Y él esperó hasta que todos estuvieran prontos.
-"Ahora- dijo la maestra- vamos a dibujar flores". "Bueno". -pensó el niño, y a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a hacer bonitas flores, con lápiz rojo, naranja, azul. Pero la maestra dijo: "¡Esperen, yo les mostraré cómo se hacen!". “Así -dijo la maestra-. Y era una flor roja con tallo verde. "Ahora sí", dijo la maestra. "Ahora pueden comenzar". El niño miró la flor de la maestra y luego la suya, y a él le gustaba más su flor que la de la maestra. Y no reveló esto. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra, roja con el tallo verde.
Otro día, cuando el niño abrió la puerta de afuera, la maestra dijo: -"Hoy vamos a trabajar con plastilina". "Bien" -pensó él, y podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras, muñecos de nieve, elefantes de rabitos, autos y camiones. Comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.
Pero la maestra dijo:- "¡Esperen, no es hora de comenzar!" Y él, esperó hasta que todos estuvieran prontos. "Ahora -dijo la maestra- nosotros vamos a hacer una víbora". "Bien", pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras. Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo: "¡Esperen, yo les mostraré como hacer una víbora larga!". Ahora pueden comenzar. El niño miró la víbora de la maestra, entonces miró la suya, y a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no reveló esto. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola, e hizo una gran víbora como la de la maestra, que era una víbora larga.
Así, y luego, el niño aprendió a esperar, y a observar y a hacer las cosas como las de la maestra. Y luego él no hacía las cosas por sí mismo. Sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad, y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esa escuela era mucho más grande que la primera, tenía puerta afuera, pero para llegar a su salón, el niño tenía que subir unos escalones y seguir por un corredor largo.
Y justamente el primer día que él estaba allí, la maestra dijo:- "Hoy vamos a hacer un dibujo". Bien, pensó el niño, y esperó que la maestra le dijera qué hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el salón. Cuando se acercó al niño, ella dijo:"-¿Tú no quieres dibujar?". -"Sí" -dijo el niño- "pero ¿qué vamos a hacer?". -"Yo no sé hasta que tú no lo hagas"- dijo la maestra.-"¿Cómo lo haré?"- preguntó el niño. -"¿Por qué?"- dijo la maestra -"De la manera que quieras"-. -"¿Y de cualquier color?"- preguntó él.-"De cualquier color"- dijo la maestra; -"si todos usasen los mismos colores e hicieran los mismos dibujos, ¿cómo se podría saber quién hizo que y cual sería de quien? -"Yo no sé",- dijo el niño, y comenzó a hacer una flor roja con el tallo verde.
6.6.09
5.6.09
Recuerda, maestra...
Recuerda, maestra,
... que la frágil memoria de las mentes de tus alumnos
olvida fácilmente lo aprendido.
Pero la firme memoria de sus corazones
retiene de por vida lo sentido y lo vivido.
Si quieres educar
no pongas el acento en cargar
sus mentes de conocimiento.
Llena más bien los corazones con valores y vivencias.
Recuerda que
produces más calor encendiendo una cerilla
que hablando sobre el fuego.
Que iluminas más encendiendo una vela
que describiendo el sol.
Si quieres educar
no impongas caminos obligando,
muestra tus ideales caminando.
No ahogues con el peso de normas y preceptos.
Recuerda que los docentes no educan sin amar.
Por tanto, ama a tus alumnos como son.
Y no olvides...
Si amas y vives en la autenticidad
educas sin proponértelo.
Si no amas y no vives de verdad
no educas aunque te lo propongas.
... que la frágil memoria de las mentes de tus alumnos
olvida fácilmente lo aprendido.
Pero la firme memoria de sus corazones
retiene de por vida lo sentido y lo vivido.
Si quieres educar
no pongas el acento en cargar
sus mentes de conocimiento.
Llena más bien los corazones con valores y vivencias.
Recuerda que
produces más calor encendiendo una cerilla
que hablando sobre el fuego.
Que iluminas más encendiendo una vela
que describiendo el sol.
Si quieres educar
no impongas caminos obligando,
muestra tus ideales caminando.
No ahogues con el peso de normas y preceptos.
Recuerda que los docentes no educan sin amar.
Por tanto, ama a tus alumnos como son.
Y no olvides...
Si amas y vives en la autenticidad
educas sin proponértelo.
Si no amas y no vives de verdad
no educas aunque te lo propongas.
31.5.09
Cuando sea mayor...
Ya he hablado anteriormente de la niña ambiciosa y prepotente que fui. No me avergüenzo de ello porque sé que esos errores han marcado mi camino para bien.
De pequeña tenía la firme convicción de que iba a hacer grandes cosas en la vida. Me tenía por reformadora, o por filósofa, pero sobretodo por escritora. No recuerdo cuándo cambié los muñecos por las palabras, pero creo que fue bastante pronto. La palabra da independencia a los niños, y yo, le pese a quien le pese, soy muy independiente. Pero no nos desviemos. Pensaba -ingenua- que pronto escribiría una novela, que sería la escritora más joven del lugar, etcétera. Era una vía de escape rápida. Hasta aquí, todo entra en los límites de lo sano: es sano que los niños tengan grandes expectativas hacia la vida (si no ellos, ¿quién?, si no entonces, ¿cuándo?) y creo que también lo es que sean concientes de dónde están y dónde quieren estar. Como de costumbre, yo no sabía dónde quería estar, pero sí sabía dónde no quería estar. Y me puse manos a la obra, porque puede que el pensamiento fuera ingenuo (era, al fin y al cabo, una niña) pero tenía la certeza de que no era algo fácil, de que escribir llevaba tiempo y esfuerzo, y constancia. Aún años después, creo que fue un experimento. Un tanteo para ver cómo reaccionaba yo, cómo reaccionaba la gente de mi alrededor y si era, realmente, tan difícil. Porque tenía preconcepciones erróneas de lo que era ser escritor. Soñaba con una vida rolling, viajando de lugar en lugar, visitando ferias y escuelas, dando entrevistas en revistas y programas de TV, firmando ejemplares y hablando con gente muy diversa. Nada más. Qué vanidosa.
Sucedió que se armó mucho más revuelo del que esperaba y se empezaron a levantar otras voces a mi alrededor (puede parecer una tontería, pero en mi mente la mía -estaba segura- era una voz solitaria clamando en el desierto, no el inicio de ningún coreo). ¡Yo quiero ser periodista!, ¡yo quiero ser dibujante!, ¡yo quiero ser futbolista! Y poco a poco descubrí y comprendí la complejidad y la diversidad con la que había estado viviendo durante años, sin verla. Todo el mundo me animaba a escribir, claro. No sé qué veían en mí, años después sigo sin entender. Pero aquello me maravilló. En mi mente, la novela pasó a un segundo plano. No quiero con esto justificar que sea mala: lo es, sin necesidad de justificarme ni justificarla ante nadie. Lo es porque fue concebida con deseos totalmente impuros, construida con lo peor de mí. Pero el caso es que pasó a un segundo plano. Empecé a pensar mucho más en cómo ayudar a llegar a ser lo que querían ser.
Y así, llegó el momento de que alguien la leyera. Un profesor a punto de jubilarse. Uno de los mejores profesores que se han paseado por mis días. Sólo ahora entiendo, o puedo intuir, la maraña de pensamientos que debían rondarle. Encontrar, en uno de tus últimos años de docencia, a una niña que ha escrito una novela con 11 años, en un barrio como el mío, debió levantar tantas expectativas... Pero las dos situaciones personales eran muy diferentes, yo había dejado de creer que nada de lo que había allí escrito fuera un buen escrito, sólo estaba en mitad de un experimento casi antropológico. Él estaba en sus últimos años como profesor. Sí, es sustancialmente distinto. Ahora, cuando estudio para ser Maestra, me doy cuenta de tanto. El dilema. El recoger frutos. La humildad. La sensibilidad. ¿Cómo actuar?
Y veo que no fue consciente ponerlo en esa situación pero ese dilema lo llevó a actuar como haría cualquier buen maestro, al inicio o al final de su carrera. Diciendo la verdad. Con humildad. Admitiendo. Equivocándose a ratos. Animando. Ayudando a germinar la semilla de algo mucho más importante y mucho menos superficial. Guiando. No imponiendo. No juzgando. Ahora lo veo, ahora lo sé y veo qué difícil fue esa decisión.
También me veo a mí con once años entendiendo inconscientemente muchas cosas y conscientemente otras tantas. Me veo enfadada y orgullosa pero humilde y con ganas de trabajar. Me veo llena de admiración por aquellas palabras, por aquella mirada, por aquel hombre que luego siempre me buscaba con una sonrisa y no me reñía por no tratarlo de usted, como al resto. Me veo decidiendo lentamente mi futuro, sin saberlo, convenciéndome de que es mucho más importante sembrar que construir. Me veo durante las largas horas de la tarde del martes, nadando de su mano lejana entre sintaxis y autores de la literatura española, observando el cielo y soñando conmigo cuatro años más tarde, y acertando. Me veo tomando la decisión adecuada en aquel momento. Y ahora sé que, al margen de si la vocación existe o no, siempre hubo una pequeña maestra en mí, pero sobretodo hubo una alumna dispuesta a ver, a rascar, a aprender, a escuchar con atención qué tiene que decirnos la vida, dispuesta a entender las lecciones que esta ofrece.
Ahora sé que he tomado el camino correcto. Sé que aprenderé muchísimo y que, por el camino, quizá pueda ayudar también a otros a aprender. Ni siquiera sé si aspirar a trabajar como maestra, a ser maestra y tener a mi cargo el pequeño grano de arena que podría hacer germinar tantas historias, tantas vidas. No sé si los maestros nacen o se hacen. En realidad creo que los maestros no son más que alumnos de la vida. Aquella lección de humildad fue seguramente uno de los hechos más importantes de mi existencia, porque me ayudó a tomar el rumbo, a ese "darme cuenta de" que me faltaba; y aquella lección no me abandonará nunca, y en los momentos más confusos, cuando tenga que elegir de verdad entre sembrar y construir, recordaré aquellas palabras no dichas y elegiré bien.
Cuando sea mayor quiero ser maestra... para poder aprender...
De pequeña tenía la firme convicción de que iba a hacer grandes cosas en la vida. Me tenía por reformadora, o por filósofa, pero sobretodo por escritora. No recuerdo cuándo cambié los muñecos por las palabras, pero creo que fue bastante pronto. La palabra da independencia a los niños, y yo, le pese a quien le pese, soy muy independiente. Pero no nos desviemos. Pensaba -ingenua- que pronto escribiría una novela, que sería la escritora más joven del lugar, etcétera. Era una vía de escape rápida. Hasta aquí, todo entra en los límites de lo sano: es sano que los niños tengan grandes expectativas hacia la vida (si no ellos, ¿quién?, si no entonces, ¿cuándo?) y creo que también lo es que sean concientes de dónde están y dónde quieren estar. Como de costumbre, yo no sabía dónde quería estar, pero sí sabía dónde no quería estar. Y me puse manos a la obra, porque puede que el pensamiento fuera ingenuo (era, al fin y al cabo, una niña) pero tenía la certeza de que no era algo fácil, de que escribir llevaba tiempo y esfuerzo, y constancia. Aún años después, creo que fue un experimento. Un tanteo para ver cómo reaccionaba yo, cómo reaccionaba la gente de mi alrededor y si era, realmente, tan difícil. Porque tenía preconcepciones erróneas de lo que era ser escritor. Soñaba con una vida rolling, viajando de lugar en lugar, visitando ferias y escuelas, dando entrevistas en revistas y programas de TV, firmando ejemplares y hablando con gente muy diversa. Nada más. Qué vanidosa.
Sucedió que se armó mucho más revuelo del que esperaba y se empezaron a levantar otras voces a mi alrededor (puede parecer una tontería, pero en mi mente la mía -estaba segura- era una voz solitaria clamando en el desierto, no el inicio de ningún coreo). ¡Yo quiero ser periodista!, ¡yo quiero ser dibujante!, ¡yo quiero ser futbolista! Y poco a poco descubrí y comprendí la complejidad y la diversidad con la que había estado viviendo durante años, sin verla. Todo el mundo me animaba a escribir, claro. No sé qué veían en mí, años después sigo sin entender. Pero aquello me maravilló. En mi mente, la novela pasó a un segundo plano. No quiero con esto justificar que sea mala: lo es, sin necesidad de justificarme ni justificarla ante nadie. Lo es porque fue concebida con deseos totalmente impuros, construida con lo peor de mí. Pero el caso es que pasó a un segundo plano. Empecé a pensar mucho más en cómo ayudar a llegar a ser lo que querían ser.
Y así, llegó el momento de que alguien la leyera. Un profesor a punto de jubilarse. Uno de los mejores profesores que se han paseado por mis días. Sólo ahora entiendo, o puedo intuir, la maraña de pensamientos que debían rondarle. Encontrar, en uno de tus últimos años de docencia, a una niña que ha escrito una novela con 11 años, en un barrio como el mío, debió levantar tantas expectativas... Pero las dos situaciones personales eran muy diferentes, yo había dejado de creer que nada de lo que había allí escrito fuera un buen escrito, sólo estaba en mitad de un experimento casi antropológico. Él estaba en sus últimos años como profesor. Sí, es sustancialmente distinto. Ahora, cuando estudio para ser Maestra, me doy cuenta de tanto. El dilema. El recoger frutos. La humildad. La sensibilidad. ¿Cómo actuar?
Y veo que no fue consciente ponerlo en esa situación pero ese dilema lo llevó a actuar como haría cualquier buen maestro, al inicio o al final de su carrera. Diciendo la verdad. Con humildad. Admitiendo. Equivocándose a ratos. Animando. Ayudando a germinar la semilla de algo mucho más importante y mucho menos superficial. Guiando. No imponiendo. No juzgando. Ahora lo veo, ahora lo sé y veo qué difícil fue esa decisión.
También me veo a mí con once años entendiendo inconscientemente muchas cosas y conscientemente otras tantas. Me veo enfadada y orgullosa pero humilde y con ganas de trabajar. Me veo llena de admiración por aquellas palabras, por aquella mirada, por aquel hombre que luego siempre me buscaba con una sonrisa y no me reñía por no tratarlo de usted, como al resto. Me veo decidiendo lentamente mi futuro, sin saberlo, convenciéndome de que es mucho más importante sembrar que construir. Me veo durante las largas horas de la tarde del martes, nadando de su mano lejana entre sintaxis y autores de la literatura española, observando el cielo y soñando conmigo cuatro años más tarde, y acertando. Me veo tomando la decisión adecuada en aquel momento. Y ahora sé que, al margen de si la vocación existe o no, siempre hubo una pequeña maestra en mí, pero sobretodo hubo una alumna dispuesta a ver, a rascar, a aprender, a escuchar con atención qué tiene que decirnos la vida, dispuesta a entender las lecciones que esta ofrece.
Ahora sé que he tomado el camino correcto. Sé que aprenderé muchísimo y que, por el camino, quizá pueda ayudar también a otros a aprender. Ni siquiera sé si aspirar a trabajar como maestra, a ser maestra y tener a mi cargo el pequeño grano de arena que podría hacer germinar tantas historias, tantas vidas. No sé si los maestros nacen o se hacen. En realidad creo que los maestros no son más que alumnos de la vida. Aquella lección de humildad fue seguramente uno de los hechos más importantes de mi existencia, porque me ayudó a tomar el rumbo, a ese "darme cuenta de" que me faltaba; y aquella lección no me abandonará nunca, y en los momentos más confusos, cuando tenga que elegir de verdad entre sembrar y construir, recordaré aquellas palabras no dichas y elegiré bien.
Cuando sea mayor quiero ser maestra... para poder aprender...
21.5.09
Se acaba, es decir: empieza
Sí, esto se acaba... ya pasó el primer curso de Universidad. Echo la vista atrás y es como darme cuenta de que, en realidad, sólo he empezado. Es decir: sólo he empezado a vivir, a relacionarme, a estudiar, etcétera. He recorrido un camino largo, lleno de baches, intensísimo. Se me hace extraño llevar un registro de todas las cosas que me han sucedido el último año y darme cuenta de que casi todos los sucesos importantes se aglutinan ahí.
Tampoco puedo obviar que, cuantos más riesgos se corren, más posibilidades de equivocarse hay. Y este curso me he equivocado muchísimo. No sé hasta qué punto, no sé todavía las consecuencias, pero me he permitido el lujo de equivocarme, de darme un margen de error. No me he negado nada, ni siquiera la posibilidad de caer de bruces. ¿Resultados? Muchas pequeñas cicatrices, pero aprendizajes realmente importantes. Me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Me he tragado el orgullo con sal. He aprendido a cerrar los ojos y contar hasta 10. A relativizar, a no ser categórica, a no juzgar precipitadamente, a hablar en público (un poquito), a no pretender salvar el mundo en dos días, a no tener siempre la razón. Ya no podría renunciar al delicioso placer de equivocarme.
La convivencia ha sido dura, y eso me ha hecho ver mis peores defec...tos: decir siempre no, poner(me) siempre trabas, ir sistemáticamente contracorriente, criticismo, falta de empatía, mala leche, timidez (¡extrema!), prepotencia, cabezonería, vanidad... Y es algo que agradezco infinitamente, porque teniendo esto como base puedo dedicarme a mejorar. A intentarlo una y otra vez, a limar esas pequeñas (o no tan pequeñas) cosas que me limitan.
También ha habido cosas muy positivas.
Ansia por aprender, por saber más y más y por mejorar. Ilusión. Me ha abierto posibilidades y he descubierto intereses muy nuevos, impensables hace un tiempo. Redescubrir el placer de estar sola, de dedicarme tiempo y mimarme. Leer, leer por leer, leer por aprender, leer por pasar el rato, leer porque sí, leer por recordar, leer por sonreir, leer. Viajar por soñar. Música, en mi cabeza, a cada instante. Vida.
Investigar... Haber conocido a Gonzalo... Ballobar... El trabajo del síndrome de Williams y todas las puertas que nos abrió... Conocerlos... El viaje a Granada... Las horas en el bar... Arreglar el mundo en una tarde delante de un café de dudosa calidad... Las horas paseando a solas... Los montones de lecturas... Chindogus y locuras... Complicidades compartidas... Redes y telarañas... Las miradas críticas... El síndrome de Williams, El aula hospitalaria, Nuestra primera unidad de programación, Pruebas objetivas, El tratamiento de la discapacidad en el cine, La autoridad del docente en el aula, Evolución y tratamiento de la lectura y la comprensión lectora en un CAEP, y otros tantos que me dejaré... El viaje acaba de empezar.
Tampoco puedo obviar que, cuantos más riesgos se corren, más posibilidades de equivocarse hay. Y este curso me he equivocado muchísimo. No sé hasta qué punto, no sé todavía las consecuencias, pero me he permitido el lujo de equivocarme, de darme un margen de error. No me he negado nada, ni siquiera la posibilidad de caer de bruces. ¿Resultados? Muchas pequeñas cicatrices, pero aprendizajes realmente importantes. Me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Me he tragado el orgullo con sal. He aprendido a cerrar los ojos y contar hasta 10. A relativizar, a no ser categórica, a no juzgar precipitadamente, a hablar en público (un poquito), a no pretender salvar el mundo en dos días, a no tener siempre la razón. Ya no podría renunciar al delicioso placer de equivocarme.
La convivencia ha sido dura, y eso me ha hecho ver mis peores defec...tos: decir siempre no, poner(me) siempre trabas, ir sistemáticamente contracorriente, criticismo, falta de empatía, mala leche, timidez (¡extrema!), prepotencia, cabezonería, vanidad... Y es algo que agradezco infinitamente, porque teniendo esto como base puedo dedicarme a mejorar. A intentarlo una y otra vez, a limar esas pequeñas (o no tan pequeñas) cosas que me limitan.
También ha habido cosas muy positivas.
Ansia por aprender, por saber más y más y por mejorar. Ilusión. Me ha abierto posibilidades y he descubierto intereses muy nuevos, impensables hace un tiempo. Redescubrir el placer de estar sola, de dedicarme tiempo y mimarme. Leer, leer por leer, leer por aprender, leer por pasar el rato, leer porque sí, leer por recordar, leer por sonreir, leer. Viajar por soñar. Música, en mi cabeza, a cada instante. Vida.
Investigar... Haber conocido a Gonzalo... Ballobar... El trabajo del síndrome de Williams y todas las puertas que nos abrió... Conocerlos... El viaje a Granada... Las horas en el bar... Arreglar el mundo en una tarde delante de un café de dudosa calidad... Las horas paseando a solas... Los montones de lecturas... Chindogus y locuras... Complicidades compartidas... Redes y telarañas... Las miradas críticas... El síndrome de Williams, El aula hospitalaria, Nuestra primera unidad de programación, Pruebas objetivas, El tratamiento de la discapacidad en el cine, La autoridad del docente en el aula, Evolución y tratamiento de la lectura y la comprensión lectora en un CAEP, y otros tantos que me dejaré... El viaje acaba de empezar.
15.1.09
El pájaro de la buena suerte
¡Por fin! Vídeo (precioso) del Bubisher alzando el vuelo: http://vimeo.com/2831004
http://www.bubisher.com/
Sólo hay palabras de agradecimiento y admiración.
Gracias.
http://www.bubisher.com/
Sólo hay palabras de agradecimiento y admiración.
Gracias.
12.1.09
La belleza de Holanda
Me piden a menudo que describa la experiencia de criar y educar a un niño con una deficiencia. Para ayudar a la gente que no ha tenido esta experiencia tan especial a comprenderlo y a imaginarse como es, es algo así….Cuando estás esperando un niño, es como planificar un maravilloso viaje de vacaciones a Italia.
Te compras un montón de guías de viaje y haces planes maravillosos: el Coliseo, el David de Miguel Angel, las góndolas de Venecia… Incluso aprendes algunas frases útiles en italiano. Todo es muy emocionante.
Después de meses esperando con ilusión, llega por fin el día. Haces tus maletas y sales de viaje. Algunas horas más tarde, el avión aterriza. La azafata viene y te dice "Bienvenido a Holanda" ¿Holanda? dices. ¿Qué quiere Vd. decir con Holanda? ¡Yo contraté un viaje a Italia! ¡Tendría que estar en Italia! ¡Toda mi vida he soñado con ir a Italia!
Pero ha habido un cambio en el plan de viaje. Han aterrizado en Holanda y tienes que quedarte allí. Lo más importante es que no te han llevado a un sitio horrible, asqueroso, llenos de malos olores, hambre y enfermedades. Simplemente, es un sitio diferente.
Por lo tanto, tienes que salir y comprarte nuevas guías de viaje. Y debes aprender un idioma completamente nuevo. Y conocerás a gente totalmente nueva, que no hubieras conocido nunca. Es simplemente un lugar distinto. Es más tranquilo que Italia, menos excitante que Italia. Pero después de haber pasado un cierto tiempo allí y de recobrar tu aliento, miras a tu alrededor y empiezas a darte cuenta de que Holanda tiene molinos de viento, Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Al mismo tiempo, toda la gente que conoces a tu alrededor está muy ocupada yendo y viniendo de Italia, y están todos presumiendo de lo bien que se lo han pasado allí. Y durante el resto de tu vida, te dirás a ti mismo: "Sí, allí es donde yo debería haber ido. Eso es lo que había planeado" Y el dolor nunca, nunca desaparecerá del todo, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy significativa.
Pero si te pasas la vida lamentándote por el hecho de no haber podido visitar Italia, es posible que nunca te sientas lo suficientemente libre como para disfrutar de las cosas tan especiales y tan encantadoras que tiene Holanda.
Ya llevo más de una década en Holanda. Se ha convertido en mi hogar. He tenido tiempo para recobrar el aliento, para establecerme y acomodarme, y para aceptar algo diferente a lo que había planificado.Mirando atrás, reflexiono sobre los años cuando recién arribé a Holanda. Recuerdo con claridad el golpe emocional, mi temor, mi ira - el dolor y la incertidumbre. Durante esos primeros años, traté de regresar a Italia, tal como lo había planeado, pero fue en Holanda que debí permanecer. Hoy en día, puedo decir lo mucho que he andado en este viaje inesperado. He aprendido tanto.
Pero, este recorrido ha tomado su tiempo.Trabajé duro. Compré nuevas guías de viaje. Aprendí un nuevo idioma y lentamente hallé mi camino en esta nueva tierra. Conocí a otras personas cuyos planes cambiaron, al igual que los míos, y que podían compartir mi experiencia. Nos apoyamos mutuamente y algunos se han convertido en amigos muy especiales.
Algunos de estos compañeros de viaje llevaban más tiempo que yo en Holanda y resultaron ser guías veteranos, ayudándome a lo largo del camino. Muchos me han alentado. Muchos me han enseñado a abrir mis ojos a las maravillas que pueden contemplarse en esta nueva tierra. He descubierto una comunidad que se preocupa. Holanda no era tan mala. Creo que Holanda está acostumbrada a viajeros extraviados, como yo, y se ha tornado en una tierra hospitalaria, que extiende la mano para dar la bienvenida, ayudar y apoyar a recién llegados como yo.
A lo largo de los años, me he preguntado cómo hubiera sido mi vida si hubiera aterrizado en Italia, como lo planifiqué. ¿Hubiera sido más fácil? ¿Hubiera sido tan enriquecedora? ¿Hubiera aprendido yo algunas de las lecciones tan importantes que he llegado a asimilar? Cierto, este viaje ha sido más retador y a veces yo he pataleado y he exclamado en protesta y por frustración (y aún lo hago).
Y efectivamente, Holanda va a paso más lento que Italia y es menos llamativa que Italia. Pero también esto se ha convertido en una ventaja inesperada. De cierta forma, he aprendido a aminorar la marcha y a mirar más de cerca las cosas, ganando una nueva apreciación de las bellezas notables de Holanda, con sus tulipanes, molinos de viento y obras de Rembrandt.He llego a querer a Holanda y a llamarla mi Hogar.
Me he convertido en un viajero del mundo y he descubierto que no importa donde se aterrice. Lo que es más importante es lo que se logre hacer del viaje y que se vean y disfruten de las cosas especiales, las cosas hermosas, las cosas que Holanda, o cualquier paraje, tiene que ofrecer.
Cierto, hace más de una década que llegué a un lugar que no había planificado. Sin embargo, estoy agradecida, porque este destino ha sido más enriquecedor de lo que hubiese podido imaginar.
Emily Pears Kingsley
(escritora del programa de TV "Barrio Sésamo", tiene un niño con síndrome de Down)
Te compras un montón de guías de viaje y haces planes maravillosos: el Coliseo, el David de Miguel Angel, las góndolas de Venecia… Incluso aprendes algunas frases útiles en italiano. Todo es muy emocionante.
Después de meses esperando con ilusión, llega por fin el día. Haces tus maletas y sales de viaje. Algunas horas más tarde, el avión aterriza. La azafata viene y te dice "Bienvenido a Holanda" ¿Holanda? dices. ¿Qué quiere Vd. decir con Holanda? ¡Yo contraté un viaje a Italia! ¡Tendría que estar en Italia! ¡Toda mi vida he soñado con ir a Italia!
Pero ha habido un cambio en el plan de viaje. Han aterrizado en Holanda y tienes que quedarte allí. Lo más importante es que no te han llevado a un sitio horrible, asqueroso, llenos de malos olores, hambre y enfermedades. Simplemente, es un sitio diferente.
Por lo tanto, tienes que salir y comprarte nuevas guías de viaje. Y debes aprender un idioma completamente nuevo. Y conocerás a gente totalmente nueva, que no hubieras conocido nunca. Es simplemente un lugar distinto. Es más tranquilo que Italia, menos excitante que Italia. Pero después de haber pasado un cierto tiempo allí y de recobrar tu aliento, miras a tu alrededor y empiezas a darte cuenta de que Holanda tiene molinos de viento, Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Al mismo tiempo, toda la gente que conoces a tu alrededor está muy ocupada yendo y viniendo de Italia, y están todos presumiendo de lo bien que se lo han pasado allí. Y durante el resto de tu vida, te dirás a ti mismo: "Sí, allí es donde yo debería haber ido. Eso es lo que había planeado" Y el dolor nunca, nunca desaparecerá del todo, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy significativa.
Pero si te pasas la vida lamentándote por el hecho de no haber podido visitar Italia, es posible que nunca te sientas lo suficientemente libre como para disfrutar de las cosas tan especiales y tan encantadoras que tiene Holanda.
Ya llevo más de una década en Holanda. Se ha convertido en mi hogar. He tenido tiempo para recobrar el aliento, para establecerme y acomodarme, y para aceptar algo diferente a lo que había planificado.Mirando atrás, reflexiono sobre los años cuando recién arribé a Holanda. Recuerdo con claridad el golpe emocional, mi temor, mi ira - el dolor y la incertidumbre. Durante esos primeros años, traté de regresar a Italia, tal como lo había planeado, pero fue en Holanda que debí permanecer. Hoy en día, puedo decir lo mucho que he andado en este viaje inesperado. He aprendido tanto.
Pero, este recorrido ha tomado su tiempo.Trabajé duro. Compré nuevas guías de viaje. Aprendí un nuevo idioma y lentamente hallé mi camino en esta nueva tierra. Conocí a otras personas cuyos planes cambiaron, al igual que los míos, y que podían compartir mi experiencia. Nos apoyamos mutuamente y algunos se han convertido en amigos muy especiales.
Algunos de estos compañeros de viaje llevaban más tiempo que yo en Holanda y resultaron ser guías veteranos, ayudándome a lo largo del camino. Muchos me han alentado. Muchos me han enseñado a abrir mis ojos a las maravillas que pueden contemplarse en esta nueva tierra. He descubierto una comunidad que se preocupa. Holanda no era tan mala. Creo que Holanda está acostumbrada a viajeros extraviados, como yo, y se ha tornado en una tierra hospitalaria, que extiende la mano para dar la bienvenida, ayudar y apoyar a recién llegados como yo.
A lo largo de los años, me he preguntado cómo hubiera sido mi vida si hubiera aterrizado en Italia, como lo planifiqué. ¿Hubiera sido más fácil? ¿Hubiera sido tan enriquecedora? ¿Hubiera aprendido yo algunas de las lecciones tan importantes que he llegado a asimilar? Cierto, este viaje ha sido más retador y a veces yo he pataleado y he exclamado en protesta y por frustración (y aún lo hago).
Y efectivamente, Holanda va a paso más lento que Italia y es menos llamativa que Italia. Pero también esto se ha convertido en una ventaja inesperada. De cierta forma, he aprendido a aminorar la marcha y a mirar más de cerca las cosas, ganando una nueva apreciación de las bellezas notables de Holanda, con sus tulipanes, molinos de viento y obras de Rembrandt.He llego a querer a Holanda y a llamarla mi Hogar.
Me he convertido en un viajero del mundo y he descubierto que no importa donde se aterrice. Lo que es más importante es lo que se logre hacer del viaje y que se vean y disfruten de las cosas especiales, las cosas hermosas, las cosas que Holanda, o cualquier paraje, tiene que ofrecer.
Cierto, hace más de una década que llegué a un lugar que no había planificado. Sin embargo, estoy agradecida, porque este destino ha sido más enriquecedor de lo que hubiese podido imaginar.
Emily Pears Kingsley
(escritora del programa de TV "Barrio Sésamo", tiene un niño con síndrome de Down)
20.12.08
Tu hijo... es una buena persona.
Dejo aquí este texto del Dr. Carlos González que en su momento me impactó tanto y que hoy he redescubierto de casualidad...

Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable... En cambio, si una madre exclama "mi hijo es muy bueno", casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que "no hace más que comer y dormir" (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: "¡Qué monos son... cuando duermen!" Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las ondas de la radio, se llenan de "problemas de la infancia": problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos... Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema. Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos "problemas", precisamente, a sus virtudes.
TU HIJO ES GENEROSO.
TU HIJO ES DESINTERESADO.
TU HIJO ES VALIENTE.
TU HIJO SABE PERDONAR.
TU HIJO SABE CEDER.
TU HIJO ES SINCERO.
TU HIJO ES BUEN HERMANO.
TU HIJO NO TIENE PREJUICIOS.
LA SEMILLA DEL BIEN.
Tu hijo... es una buena persona.
Dr. Carlos González, pediatra.

Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable... En cambio, si una madre exclama "mi hijo es muy bueno", casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que "no hace más que comer y dormir" (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: "¡Qué monos son... cuando duermen!" Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las ondas de la radio, se llenan de "problemas de la infancia": problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos... Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema. Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos "problemas", precisamente, a sus virtudes.
TU HIJO ES GENEROSO.
Marta juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Marta decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Marta le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido! Tal vez la mamá de Marta piense que su hija "no sabe compartir". Pero recuerde que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Marta, digamos como para usted el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagine ahora que baja usted de su coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardaría usted en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos, no le quepa duda, son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras.
TU HIJO ES DESINTERESADO.
Sergio acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada... pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere? La quiere a usted. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por el agua. La quiere por sí misma, como persona. ¿Preferiría acaso que su hijo la llamase sólo cuando necesitase algo, y luego "si te he visto no me acuerdo"? ¿Preferiría que su hijo la llamase sólo por interés? El amor de un niño hacia sus padres es gratuito, incondicional, inquebrantable. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. No hay amor más puro. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres. Un amor tan grande a veces nos asusta. Tememos involucrarnos. Nadie duda en acudir de inmediato cuando su hijo dice "hambre", "agua", "susto", "pupa"; pero a veces nos creemos en el derecho, incluso en la obligación, de hacer oídos sordos cuando sólo dice "mamá". Así, muchos niños se ven obligados a pedir cosas que no necesitan: infinitos vasos de agua, abrir la puerta, cerrar la puerta, bajar la persiana, subir la persiana, encender la luz, mirar debajo de la cama para comprobar que no hay ningún monstruo... Se ven obligados porque, si se limitan a decir la pura verdad: "papá, mamá, venid, os necesito", no vamos. ¿Quién le toma el pelo a quién?
TU HIJO ES VALIENTE.
Está usted haciendo unas gestiones en el banco y entra un individuo con un pasamontañas y una pistola. "¡Silencio! ¡Al suelo! ¡Las manos en la nuca!" Y usted, sin rechistar, se tira al suelo y se pone las manos en la nuca. ¿Cree que un niño de tres años lo haría? Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte. Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. "Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar" es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención. Lo que hace que algunos padres se enfaden más todavía. Si que huyen los niños, en cambio, de un desconocido que les amenaza. Los animales no se enfadan con sus hijos, ni les riñen. Todos los motivos para gritarles: sacar malas notas, no recoger la habitación, ensuciar las paredes, romper un cristal, decir mentiras... son exclusivos de nuestra especie, de nuestra civilización. Hace sólo 10.000 años había muy pocas posibilidades de reñir a los hijos. Por eso, en la naturaleza, los padres sólo gritan a sus hijos para advertirles de que hay un peligro. Y por eso la conducta instintiva e inmediata de los niños es correr hacia el padre o la madre que gritan, buscar refugio en sus brazos, con tanta mayor intensidad cuanto más enfadados están los progenitores.
TU HIJO SABE PERDONAR.
Silvia ha tenido una rabieta impresionante. No se quería bañar. Luchaba, se revolvía, era imposible sacarle el jersey por la cabeza (¿por qué harán esos cuellos tan estrechos?). Finalmente, su madre la deja por imposible. Ya la bañaremos mañana, que mi marido vuelve antes a casa; a ver si entre los dos... Tan pronto como desaparece la amenaza del baño, tras sorber los últimos mocos y dar unos hipidos en brazos de mamá, Silvia está como nueva. Salta, corre, ríe, parece incluso que se esfuerce por caer simpática. El cambio es tan brusco que coge por sorpresa a su madre, que todavía estará enfadada durante unas horas. "¿Será posible?" "Mírala, no le pasa nada, era todo cuento". No, no era cuento. Silvia estaba mucho más enfadada que su madre; pero también sabe perdonar más rápidamente. Silvia no es rencorosa. Cuando Papá llegue a casa, ¿cuál de las dos se chivará? ("Mamá se ha estado portando mal..."). El perdón de los niños es amplio, profundo, inmediato, leal.
TU HIJO SABE CEDER.
Jordi duerme en la habitación que sus padres le han asignado, en la cama que sus padres le han comprado, con el pijama y las sábanas que sus padres han elegido. Se levanta cuando le llaman, se pone la ropa que le indican, desayuna lo que le dan (o no desayuna), se pone el abrigo, se deja abrochar y subir la capucha porque su madre tiene frío y se va al cole que sus padres han escogido, para llegar a la hora fijada por la dirección del centro. Una vez allí, escucha cuando le hablan, habla cuando le preguntan, sale al patio cuando le indican, dibuja cuando se lo ordenan, canta cuando hay que cantar. Cuando sea la hora (es decir, cuando la maestra le diga que ya es la hora) vendrán a recogerle, para comer algo que otros han comprado y cocinado, sentado en una silla que ya estaba allí antes de que él naciera. Por el camino, al pasar ante el quiosco, pide un "Tontanchante", "la tontería que se engancha y es un poco repugnante", y que todos los de su clase tienen ya. "Vamos, Jordi, que tenemos prisa. ¿No ves que eso es una birria?" "¡Yo quiero un Totanchante, yo quiero, yo quiero...!" Ya tenemos crisis. Mamá está confusa. Lo de menos son los 20 duros que cuesta la porquería ésta. Pero ya ha dicho que no. ¿No será malo dar marcha atrás? ¿Puede permitir que Jordi se salga con la suya? ¿No dicen todos los libros, todos los expertos, que es necesario mantener la disciplina, que los niños han de aprender a tolerar las frustraciones, que tenemos que ponerles límites para que no se sientan perdidos e infelices? Claro, claro, que no se salga siempre con la suya. Si le compra ese Tontachante, señora, su hijo comenzará una carrera criminal que le llevará al reformatorio, a la droga y al suicidio. Seamos serios, por favor. Los niños viven en un mundo hecho por los adultos a la medida de los adultos. Pasamos el día y parte de la noche tomando decisiones por ellos, moldeando sus vidas, imponiéndoles nuestros criterios. Y a casi todo obedecen sin rechistar, con una sonrisa en los labios, sin ni siquiera plantearse si existen alternativas. Somos nosotros los que nos "salimos con la nuestra" cien veces al día, son ellos los que ceden. Tan acostumbrados estamos a su sumisión que nos sorprende, y a veces nos asusta, el más mínimo gesto de independencia. Salirse de vez en cuando con la suya no sólo no les va hacer ningún daño, sino que probablemente es una experiencia imprescindible para su desarrollo.
TU HIJO ES SINCERO.
¡Cómo nos gustaría tener un hijo mentiroso! Que nunca dijera en público "¿Por qué esa señora es calva?" o ¿Por qué ese señor es negro?" Que contestase "Sí" cuando le preguntamos si quiere irse a la cama, en vez de contestar "Sí" a nuestra retórica pregunta "¿Pero tú crees que se pueden dejar todos los juguetes tirados de esta manera?" Pero no lo tenemos. A los niños pequeños les gusta decir la verdad. Cuesta años quitarles ese "feo vicio". Y, entre tanto, en este mundo de engaño y disimulo, es fácil confundir su sinceridad con desafío o tozudez.
TU HIJO ES BUEN HERMANO.
Imagínese que su esposa llega un día a casa con un guapo mozo, más joven que usted, y le dice: "Mira, Manolo, este es Luis, mi segundo marido. A partir de ahora viviremos los tres juntos, y seremos muy felices. Espero que sabrás compartir con él tu ordenador y tu máquina de afeitar. Como en la cama de matrimonio no cabemos los tres, tú, que eres el mayor, tendrás ahora una habitación para ti sólito. Pero te seguiré queriendo igual". ¿No le parece que estaría "un poquito" celoso? Pues un niño depende de sus padres mucho más que un marido de su esposa, y por tanto la llegada de un competidor representa una amenaza mucho más grande. Amenaza que, aunque a veces abrazan tan fuerte a su hermanito que le dejan sin aire, hay que admitir que los niños se toman con notable ecuanimidad.
TU HIJO NO TIENE PREJUICIOS.
Observe a su hijo en el parque. ¿Alguna vez se ha negado a jugar con otro niño porque es negro, o chino, o gitano, o porque su ropa no es de marca o tiene un cochecito viejo y gastado? ¿Alguna vez le oyó decir "vienen en pateras y nos quitan los columpios a los españoles"? Tardaremos aún muchos años en enseñarles esas y otras lindezas.
TU HIJO ES COMPRENSIVO.
TU HIJO ES COMPRENSIVO.
Conozco a una familia con varios hijos. El mayor sufre un retraso mental grave. No habla, no se mueve de su silla. Durante años, tuvo la desagradable costumbre de agarrar del pelo a todo aquél, niño o adulto, que se pusiera a su alcance, y estirar con fuerza. Era conmovedor ver a sus hermanitos, con apenas dos o tres años, quedar atrapados por el pelo, y sin gritar siquiera, con apenas un leve quejido, esperar pacientemente a que un adulto viniera a liberarlos. Una paciencia que no mostraban, ciertamente, con otros niños. Eran claramente capaces de entender que su hermano no era responsable de sus actos. Si se fija, observará estas y muchas otras cualidades en sus hijos. Esfuércese en descubrirlas, anótelas si es preciso, coméntelas con otros familiares, recuérdeselas a su hijo dentro de unos años ("De pequeño eras tan madrugador, siempre te despertabas antes de las seis...") La educación no consiste en corregir vicios, sino en desarrollar virtudes. En potenciarlas con nuestro reconocimiento y con nuestro ejemplo.
LA SEMILLA DEL BIEN.
Observando el comportamiento de niños de uno a tres años en una guardería, unos psicólogos pudieron comprobar que, cuando uno lloraba, los otros espontáneamente acudían a consolarle. Pero aquellos niños que habían sufrido palizas y malos tratos hacían todo lo contrario: reñían y golpeaban al que lloraba. A tan temprana edad, los niños maltratados se peleaban el doble que los otros, y agredían a otros niños sin motivo ni provocación aparente, una violencia gratuita que nunca se observaba en niños criados con cariño. Oirá decir que la delincuencia juvenil o la violencia en las escuelas nacen de la "falta de disciplina", que se hubieran evitado con "una bofetada a tiempo". Eso son tonterías. El problema no es falta de disciplina, sino de cariño y atención, y no hay ningún tiempo "adecuado" para una bofetada. Ofrézcale a su hijo un abrazo a tiempo. Miles de ellos. Es lo que de verdad necesita.
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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Lo que la lluvia inspira...
...y lo que el tiempo trajo.
Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
- BAUGMAN, Z. Tiempos líquidos
- GAARDER, J. Maya
- MAILLARD, C. Hilos
- MONTESSORI, M. Ideas generales sobre el método
- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]

