28.9.12

59-64: Me sobran los motivos

Esta va a ser una entrada rolloqueridodiario. Estáis avisados.

Ayer hizo dos meses que aterricé en Irlanda. Dos meses que empezó una aventura que, hasta ahora, sólo me ha traído cosas buenas.
Me sobran los motivos para ser feliz aquí:

Por las quedadas improvisadas que se convierten en eventos dignos de haber reservado un bar para nosotros...

Por la cena que mi hostfamily me guarda e incluso me calienta en el micro al llegar...

Por G., que me trae cupcakes y me prepara el té... (¿esto no debería ser al revés?)

Porque no sé si el English estará mejorando o no (quiero pensar que sí), pero desde luego está bien descubrir que hay vida más allá de la Universidad.

Por esos momentos en que, de repente, te trasladas a Spain al pedir un café con leche en perfecto y claro castellano...

Por toda la gente fantástica que voy conociendo aquí y allá.

Por todas las historias surrealistas y por todas las que quedan por venir.

Por todas las oportunidades y todas las puertas que se van abriendo cada día.


Como le digo cada vez más a menudo a mi hostdad "I know I am very lucky!" :)

El fin de semana pasado empezó bien y acabó mejor, conocí a un puñado más de gente (llega un punto en que todo el mundo conoce a todo el mundo y todas las historias se van entremezclando... #yesomola), tuvimos una frightening charla en la estación de autobús sobre las mil y una cosas que te pueden pasar yendo sola por la calle de noche (y luego me fui andando sola, de noche, para darle más realismo al tema), y al día siguiente nos fuimos a Kinsale. En realidad nada estaba planeado, pero acabé pasándolo genial.

Al llegar a Kinsale, lovely town que os recomiendo visitar, resultó que el lugar elegido para desayunar (en el que, por cierto, ya había estado) lo lleva un valenciano que nos aconsejó qué lugares visitar. Siguiendo su consejo, nos dimos un paseo hasta Charles Fort, al ladito del mar (¡cómo me gusta ver el mar!), descubriendo casas curiosas al más puro estilo "¿Quién vive ahí?" y hablando de mil y un temas. Visitamos el fuerte intentando captar lo que la guía nos estaba contando (no, no guardaban los explosivos en una revista aunque también se llame magazine, en aquellos tiempos Argos todavía no existía), estas cosas deberían contar como clases de inglés, ¿no? Al fin y al cabo era mucho más complicado que cualquier listening... Comimos fish&chips (¡mi primera vez aquí!) y a la vuelta, en Cork, nos tomamos un hot chocolate con nubes mientras hacíamos planes para el fin de semana y nos poníamos al día de todo.

La semana se ha desarrollado con una tranquilidad y una parsimonia pasmosas. Es como vivir eternamente de vacaciones. G. ya está adaptada a la rutina escolar y se ha convertido en una niña muy, muy fácil: me cuenta cosas que le han pasado en la escuela, cosas sobre sus amigas, me pide permiso para salir a la calle, cuenta conmigo y es muy obediente... Así que tras la grata sorpresa sólo queda disfrutar de ella, de sus bromas, de sus trucos de magia y de sus detalles.

Las mañanas se han llenado de cafés, hot chocolates, vueltas y más vueltas por la ciudad, muchas caras conocidas y muchas risas, planes para el futuro, toma de decisiones, historias extravagantes y momentos compartidos...

Ahora que ya tengo bici, sólo me falta comprar un buen candado (al fin y al cabo no es mía, hay que cuidarla) y empezar a pensar rutas que hacer. Además, los deberes de las clases de guitarra se presentan interesantes, especialmente si sigo sin recordar ni medio acorde (¡ni mucho menos la canción!) y sigue sonando taaaaaaaan bien (/ironía off). Por otra parte, es agradable volver a tener deberes, aunque sea por recordar cuánto los odiamos y cómo nos gusta eso de procrastinar.

Por último, un apunte sobre St. Arthur's day.

La moraleja que saco del día de ayer es que nadie sabe qué narices se celebra por St. Arthur's day, ni siquiera por qué la gente dice St. Arthur's. Tenemos claro que se bebe en honor a Arthur Guiness (creador de la famosa cerveza, como su mismo nombre indica) y que hay que pintar la ciudad de negro, tal como llevan bombardeándonos desde hace un mes en la tele y la radio. Más allá de eso, sabemos que hay gente supuestamente famosa o conocida que aparece en distintos bares y en distintas actividades a lo largo del día, así, por sorpresa, y que se retransmite por la tele. 

Lo siguiente que sé es que ayer me tocaba babysitting y, curiosamente, mis hostdads decidieron que no les apetecía salir. Ahí estaba yo, a las seis de la tarde, con mi ropa de ir a clase y mis apuntes, pasando directamente del plan A (ir a clase, tomar algo rápido y volver a casa, cenar lo que me hubieran dejado si me habían dejado algo e irme a dormir tras ver algún capítulo de alguna serie) al plan B (ir a clase, aparecer en el Electric a las ocho y luego Dios dirá).

Un poco por dar en las narices, en lugar de Guiness bebimos sidra. Mis apuntes desaparecieron en la mochila de M. (gracias) y hay que decir que había bastante buen ambiente por Cork. Entre historias surrealistas y la búsqueda de una alemana, sin recordar cómo se llaman "los de Estonia" (buff...) y entre caras conocidas, fueron pasando las horas, y sin darnos cuenta había que ir a buscar el autobús. Como el autobús llegaba tarde, nos acercamos a Mc Donald's a por algo de comida, ya que en principio había que haber cenado. El conductor hizo como que no me veía comer aunque nos había dicho muy clara y lentamente que no se podía comer ni beber en el autobús (esto es un dato para algo que voy a contar luego) y llegados a un cierto punto a mí empezó a no sonarme nada. Tres paradas más tarde seguía sin sonarme nada y decidimos bajar del autobús. Imaginad el percal: de noche, lloviendo, comiendo una hamburguesa del Mc Donald's mientras nos dábamos cuenta de que no estábamos precisamente cerca del único punto de referencia que tenía para llegar a mi casa. En algún momento reconocí la escuelita Montessori que un día vi paseando al perro con mi hostdad (almenos mi primer punto de referencia fue un colegio¬¬') y después de eso fui capaz de reconocer el pub, con lo cual ya estaba más o menos orientada. Y con esto, amigos, os doy un dato: sabes que te has adaptado a Irlanda cuando tu principal punto de referencia son los pubs.

No quiero saber qué pinta tenía esta mañana. Invariablemente he abierto los ojos a las siete y media, pero con varios kilos de sueño acumulado y unas ojeras hasta los pies para aguantarlos. G. opinaba que lo justo era que yo fuera a trabajar en lugar de sus padres (menos mal que son gente sensata, habría arruinado el negocio en menos de 24horas), mi hostdad no me echó la bronca por no haber bebido lo suficiente (lo cual me da qué pensar) y mi hostmom me ha dicho que, a cambio de la noche de ayer, debería pasarme toda la tarde viendo golf... Ella sí que sabe castigar. Pobre G.

En lugar de eso, me he dado una ducha y me he ido a dar una vuelta. Al coger el autobús para volver, como siempre, he subido y he pedido con una sonrisa "an adult ticket, please". El mismo conductor de ayer me ha preguntado, primero, si estaba segura de que quería un ticket para coger el autobús (no, mira, mejor me pones una pizza con doble de queso, ¿vale?...), segundo, si estaba segura de que estaba en el autobús correcto (bueno, una después de la aventura de ayer ya no está segura de nada) y, tercero, si había entendido que ese autobús iba dirección Douglas y que podía sentarme en alguno de los sitios libres. Igual temía que me sentara en el pasillo a comer patatas imaginarias. Claramente se había quedado con mi cara después del viajecito que le dimos ayer por la noche ;P

Y mañana más, pero no mejor.

26.9.12

58: Hoy cocinas tú

El viernes fue uno de esos días apoteósicos. A primera hora de la mañana nos fuimos al banco con todo el papeleo que nos habían pedido, sólo para descubrir que no servía y que en el banco de al lado, a los 5 minutos, ya tenía la cuenta abierta. Como hay que activar el internet banking, la mujer que me atendió muy amablemente me marcó el número de teléfono en el teléfono de cortesía para que lo activara desde allí. Supongo que me debió ver la cara de "uy, sí, que llevo toda la vida haciendo gestiones en los bancos y además en inglés" y se apiadó de mí. Por suerte, la persona al otro lado hablaba muy pausadamente (me imagino que cualquier irlandés se habría dormido al teléfono) y sólo tuve que pedirle que repitiera una vez, lo cual es un récord para mí hasta si hubiera estado hablando en Spanish...

Después de eso me tomé un café con mi hostmom (quien dice café dice hot chocolate y un bombón) y cada una siguió su camino. Fui a comprar algunas cosas que me faltaban: jamón, pan, aceitunas, ... ¿quién me iba a decir a mí que me alegraría de comprar aceitunas...? y volví a casa.

Ahí empezó el desbarajuste. ¿Habéis hecho alguna vez tocino de cielo? Para hacer tocino de cielo necesitas saber hacer almíbar y caramelo. ¿Sabía yo alguna de esas dos cosas? Pues no, pero como una es así de chula, pensé que tampoco se iba a notar tanto. JÁ.

El caramelo quedó perfecto excepto por el pequeño e insignificante detalle de que estaba duro como una piedra. Y se suponía que tenía que ser líquido.
El almíbar iba bien hasta que dejó de ir bien y empezó a quemarse. Como no es la primera vez que se me quema un cazo, una olla o una sartén en esta casa (como mínimo sé que no soy la única que tiene ese problema con la cocina, a mis hostdads también les pasa, qué dura es la vida del cazo), me dispuse a retirarlo cuanto antes posible. Con tanto ímpetu y energía que saltó por los aires: almíbar en el suelo, almíbar en la silla, almíbar en la vitrocerámica, almíbar en mi pelo y lo más importante, una gota de almíbar en mi mano. Los que alguna vez os hayáis quemado con almíbar me entenderéis y para los que no, os diré que es una quemadura muy dolorosa.

En fin. Dicen que cuando te quemas tienes que mantener la zona de la quemadura debajo del agua fría unos minutos y, si puedes y lo tienes a mano, echarte clara de huevo. En eso fui afortunada: para hacer tocino de cielo se necesitan 7 claras de huevo que estaban ahí dispuestas a ofrecerse como medida de emergencia. Era casi la una del mediodía.

Por suerte a veces esta cabeza pensante, pues eso: piensa, y se me ocurrió que si el azúcar se derrite con el calor, la mejor manera de limpiar los cazos era esa. Sólo quedaba cruzar los dedos por si a alguien se le ocurría pasar por allí, ¿qué haces? no, nada, hirviendo azúcar por diversión.

Cuando la cocina pasó de ser un campo de batalla a estar medianamente presentable fue cuando me di cuenta de dos cosas: la quemadura tenía forma de flecha  (qué pasa, tenía que compartirlo con todos) y tenía el pelo lleno de almíbar. Así que una ducha y mucha paciencia más tarde, me fui al supermercado más cercano (a 20 minutos andando) a por algo más socorrido, rápido y seguro que el tocino de cielo: los polvos para hacer natillas de toda la vida. Podía haber ido en bicicleta y habría tardado menos, pero decidí que ya había tentado suficientemente a la suerte para dos semanas.

Las dos pasadas de la tarde y nada sin hacer. Y yo que pensaba que iba a ser un día de lo más tranquilo y relajado. Me dispuse a cortar la carne para los canelones (dos horas), buscar la receta de las natillas (qué haría en esta vida sin webosfritos.es), doblar una lavadora de ropa... Por suerte el viernes sólo tenía que trabajar media hora, que consistía básicamente en ir a por G. al colegio y acompañarla a la calle de al lado donde tenía que venir a recogerla la madre de una amiga suya para ir a su casa a pasar la tarde. De lo contrario, ese mismo día habría cogido el billete de avión para volverme.

A eso de las seis menos cuarto llegaron mis hostdads, y yo en modo au pair perfecta y como si nada hubiera pasado: la cocina tenía mucho mejor aspecto, estaba en proceso de rellenar los canelones, todo estaba limpio y ordenado y mientras los canelones estaban en el horno, ante una expectación importante (no los eché de la cocina porque es suya, pero a la próxima me lo pienso...), hice las natillas y un poco de tapeo: las olivas, más croquetas (ver la entrada anterior), pa amb tomàquet con jamón serrano, queso en dados...

Tengo que admitir que todo estaba tan rico que no me dio tiempo de hacer ni una foto :) y también que, después de probar el jamón serrano que venden en los supermercados de aquí, cuando vaya de visita pienso volver con una maleta llena de... comida.

Al final de la tarde mi hostmom me dijo que deberíamos instaurar el viernes como "el día de la cocina española" y yo no sé si alegrarme por aquello de poder cocinar lo que quiera... o empezar a pensar en comprar un extintor... 

21.9.12

Dia de la pau

Gracias al día de la paz y a esta canción de Dàmaris Gelabert sé que, tal día como hoy, pero hace sólo tres años, estaba saboreando por primera vez lo que es pisar escuela...

Si tingués la màgia d’un mag
de les bales faria flors,
dels fusells, trombons i fagots
i dels trons, poemes d’amor.
Si tingués la màgia d’un mag
de la gana faria blat,
dels canons, prismàtics gegants
i dels tancs, camions de gelats.
Si tingués la màgia d’un mag,
dels soldats en faria clowns,
dels tinents, ocells de paper,
ballarines o castellers.
Si tingués la màgia d’un mag,
de les mines faria daus,

de les bombes, jocs malabars


i dels corbs, coloms de la pau.

Se puede escuchar aquí.

20.9.12

55-57: Croquetas en Irlanda

Y en el vaivén de planes sin marcar cae sobre ti la bomba universal...
(Vetusta Morla)


Hay días y días. A veces sucede. Te despiertas con la luz de un sol que ya es de invierno, en una cama que ya es la tuya, te desperezas, lees un rato, bajas a desayunar. Todo tiene esa luz tan dorada y ese verde tan verde, y de repente te das cuenta. No importa qué va a ser de ti, importa lo que eres: eres feliz. 

Entonces llega tu hostmom y te suelta el bombazo: oye, que el miércoles cocinas tú. Y ahí se acaban todas las reflexiones filosóficas del mundo mundial, entras en pánico, le mandas ochenta y tres whatsapps a tu madre, te bebes ocho webs de cocina y en cero coma te inunda una felicidad extrema al darte cuenta de que vas a volver a catar la comida "de tu casa". 

A todo esto, señores, el martes sobró un plato de pollo y muy a pesar del perro, hice croquetas. La primera batalla fue encontrar pan rallado... ¿cómo en un país en que se comen tantos fritos (o eso dice la gente, no es el caso de mi hostfamily) se desconoce lo que es el pan rallado? Sin mucha confianza y después de muchos whatsapps y unas risas en Facebook (cocina 2.0 le llaman... o frikismo, según), puse un par de tostadas en el cacharro correspondiente y, para mi sorpresa, se convirtieron en algo bastante parecido al pan rallado de toda la vida. Así que respiré tranquila y me puse a hacer mis croquetas. Al principio todo iba bien. Fyi, el principio es poner la sartén en el fuego, un par de cucharadas de aceite (en la sartén, no en el fuego, kamikazes) y un poco de harina. Nivel de primero de primaria. Todo correcto. Entonces añadí la leche y todo debería haber seguido correctamente, pero aquello empezó a cobrar vida propia, a crecer y crecer sin control, fractalmente, y ante la perspectiva de ser atacada por una masa bechamel mutante, apagué el fuego e hice lo que debería haber hecho de buen principio (no, no salí corriendo): leer las etiquetas. Niños, no uséis self raising flour para hacer bechamel. En fin, que fui a comprar harina corriente y moliente, y seguí a lo mío. Por la tarde, G. tenía tantos deberes que ni siquiera le dio tiempo de preguntar si podía ir a la calle a jugar un rato, porque ya era la hora de cenar, y yo me fui a clase de inglés. Esperaba que a la vuelta me darían el informe de notas sobre las croquetas en cuestión, ya que almenos en esta casa son toda una novedad y después de explicar lo que eran seguían mirándome con cara de "¿qué dice esta tía?"... Pero no, al volver ni siquiera las habían tocado: ¡no se habían atrevido a freírlas! Con la ilusión que me hace a mí freir croquetas y lo fantásticamente bien que se me da (es ironía, lo de los fritos está al mismo nivel de odio que la plancha y el fan oven. Cosas que pasan en Irlanda, te entiendes con el abuelo en inglés,  pero no con el horno).

Al día siguiente, esto es, ayer, pactamos que cocinaría el viernes por darme un respiro después de la costosísima elaboración de las croquetas (es que aquí se cocina a otro ritmo, diría yo)... me fui a dar vueltas por el mercado, después de tener una interesante conversación con mi hostmom sobre las diferentes variedades de piñón que existen. (¿Hablar sobre variedades de piñones es prueba de haber mejorado en English o solo de que debería buscarme algo que hacer por las mañanas?) Aluciné aquí y allá por las cosas que venden y que no venden, más con lo segundo que con lo primero, al tiempo que comentaba la jugada - cuánto bien hace Whatsapp a la socialización. El comentario más repetido fue "¿qué come esta gente?" y mi madre me juró y perjuró que cuando vaya de visita en octubre volveré con la maleta bien llena de... comida. De esta me requisan los tuppers en el aeropuerto, ya veréis.


En fin, por la tarde me dispuse a freír las croquetas entre explicaciones y definiciones sobre lo que es y no es una tapa. Menos mal que había probado un par para comer (sólo por ver si estaban ricas - está fatal que lo diga yo, pero estaban buenísimas). Las dejé 5 o 10 minutos en la cocina, un plato enterito, y al volver no quedaba ni una. Mis hostdads me miraban con esa cara que ponen los niños chicos cuando saben que la han liado parda. Es que no hay nada como un buen plato de croquetas. Afortunadamente, todavía quedan unas cuantas por freír en la nevera, y como ellos siguen sin atreverse, por el momento tengo el monopolio "croquetil" de la casa :)
Como muestra, un botón
Listas para freír...

Por la noche descubrimos que cada vez que quedamos aparecen más españoles, lo cual tiene su parte buena y su parte no tan buena... ¡Estoy conociendo más gente española aquí que allí! Esta clase de encuentros tienen un aire a quedada que me recuerda a mi mejor época adolescente, aquellas macroquedadas en plaza Cataluña... Paro, que me pongo nostálgica. Esta vez el motivo era asistir a un encuentro internacional. Ciertamente están bien organizados, en cada mesa se puede practicar un idioma distinto, aunque por supuesto el que más triunfa es el inglés y, evidentemente, había un montón de españoles. Si estáis por Cork os recomiendo que os acerquéis :) Curiosamente, acabé conociendo a los únicos 4 fineses del encuentro, muy salaos para el frío que hace por esos lares ;P y como la cabra tira al monte, hablamos del sistema educativo y de cómo está cambiando la situación en Finlandia. 

Rico, rico...
Por último, hoy ha sido uno de esos días perfectos y solitarios que se dan de vez en cuando. He salido temprano para comprar todo lo que necesitaba, he preparado el relleno de unos canelones de los que mi abuela estaría muy orgullosa, he hecho cuatro cosas por casa (¡cómo cambian las rutinas en poco tiempo!)... Al rato, G. ha llegado con dos cupcakes que había comprado, me ha preparado una taza de té y me ha regalado uno. No había muchos deberes que hacer, así que todo el mundo contento. Después de una clase de inglés bastante divertida, mi hostmom me ha pedido que me probara el jersey de lana que me está tejiendo para el invierno, mi hostdad me ha calentado la cena y me ha traído un té con galletas al sofá, y yom al calor de la chimenea mientras me tomaba una taza de té calentita, no podía más que pensar que tengo la mejor hostfamily del mundo mundial y que, sin duda, la decisión de venir a Irlanda como au pair ha sido una de las mejores que he tomado nunca. 


Merienda por cortesía de G.

Mi nuevo jersey, casi terminado
Y como decía mi profesor: "Mañana más, pero no mejor" :)

Enjoy your weekend! 


Hoy es un día perfecto, lo ha dicho en la tele el hombre del tiempo...

17.9.12

45-54: La vida es muy rara

Mi punto fuerte no es la constancia. Yo ya lo sabía y vosotros lo estáis comprobando por la frecuencia variable de publicaciones en el blog. No, en estos días no me han raptado ni me he perdido por la Irlanda profunda, gracias por preguntar ;P

Después de mi anterior publicación llegó el fin de semana, como agua de mayo... Y es que, por muy bien que nos llevemos con nuestras familias, el fin de semana sigue siendo lo mejor de ser au pair, ya sabéis: ver Irlanda, conocer gente de otros países, hablar inglés por los codos.

Tengo que reconocer que mejorar el nivel de inglés es muy necesario, pero emocionalmente sienta mejor contar lo cabreado/emocionado/triste/feliz que estás en tu lengua materna, aunque sea por un rato. Dudo que cambie ese aspecto de mí, ya que tras tantos años sigo sin ser capaz de cabrearme en catalán ;)

El sábado pasado, después de conocer al que quizá algún día sera mi profe de inglés, empezó la primera quedada de españoles en Cork. Algunos ya nos conocíamos, otros no, con otros hubo tiempo de hablar más, descubrimos nuevos tipos de sidra y pasamos un muy buen rato. El domingo fue un lazy day, es decir, uno de esos días en que no te apetece hacer nada. En esa clase de días mi mente empieza a echarse la bronca mentalmente porque estando en otro país se supone que hay que aprovechar al máximo, etcétera, etcétera, pero no creo que haya cerebro sano que soporte un año "de vacaciones" (aunque "trabaje")...

La semana ha sido una de las más tranquilas desde que estoy aquí, supongo que por eso no había publicado hasta ahora. Tras lo apoteósico de la entrada anterior, máscara de au pair perfecta y aquí no ha pasado nada, si hay que poner límites se ponen, si hay que hacer los deberes se hacen, y todos tan contentos. (Bueno, no exactamente contentos, pero almenos no cranky y sin mucho problema).

Conocí a L., que también fue au pair en su día y me dio algunos consejos que me van a venir bien (ahora entiendo la necesidad del fin de semana que me contaba - fíjate, vengo a entenderlo un lunes). Fui de nuevo a clase de inglés y descubrí otro lugar donde tomarse un buen chocolate (gracias por invitarme a ese rato improvisado, chicas). Descubrí tiendas y rincones nuevos. Memoricé cómo se llega hasta el cole donde, a partir del lunes que viene, empezaré a aprender guitarra...  El viernes G. estaba invitada a una fiesta de disfraces, así que tuvimos que improvisar un disfraz de hippie que, la verdad, daba bastante bien el pego para ser hecho a base de "esas cosas que encuentras por casa".

Futuro cole
Futura guitarra
Y llegó de nuevo el fin de semana, por fin libre como un pájaro.
No es precisamente muy congruente, dado que odio ir de compras, pero lo primero que hice fue irme a Penneys y volver con una bolsa bien llena. Luego dimos por empezada la quedada yendo a comer en un lugar barato (Speedo, para los que vivís en Cork) y bebiendo. O acompañando a beber, mejor dicho, porque hay principios que no cambian. Aun así, en esos momentos mi vocecilla interior se pregunta una y otra vez cómo ha llegado a tal situación y si me reconocería a mí misma mi yo de hace, por ejemplo, 5 años. La respuesta siempre es no, y como me decía L., "la vida es muy rara"...
A eso de las seis ya estábamos en Old Oak y, en algún momento de la noche, un amigo de C. decidió que nos invitaba a todos a una cerveza, que al final fueron cuatro o cinco para cada uno. Como a la menda no le gusta la cerveza, la principal diversión de la noche fue aguantar a  todo aquel que quisiera contárnoslo dónde veraneaba en España a cambio de que se quedara con mi cerveza. Surtió efecto y que no se diga que no practicamos inglés. También descubrí que se pueden tener conversaciones filosóficas en un McDonald's a horas insospechadas y que, al final, lo que cuenta son las personas...
La mesa casi al principio

No tan al principio :)

Así llegamos al día de ayer. Sin saber muy bien cuántos éramos ni dónde íbamos, nos juntamos 5 y acabamos en Lismore (bueno, eso formaba parte del plan).

En Lismore, además del pueblo y puestos de comida los domingos, tienen un castillo precioso que, por si fuera poco, se puede alquilar. Insisto en que deberíamos alquilarlo para fin de año. En fin: Aparcamos el coche lejos del castillo porque allí era gratis y no pasaba nada por andar un poco, y la madre Naturaleza castigó nuestra pereza con un buen rato de lluvia. Así, empapados, vimos lo que pudimos del castillo y de Lismore y nos encaminamos hacia Cobh.



A veces ocurre que lo mejor de un viaje no son los sitios que visitas, sino las personas con las que vas. Si esas personas son tus amigos de toda la vida ya sabes de antemano que será así, claro, pero aquí y ahora que hace poco que nos conocemos, en circunstancias extrañas, permanentemente de paso, se agradece encontrar esa calidez humana y pasar un día haciendo turismo, sí, pero también riendo y compartiendo mil anécdotas. Gracias a l@s cuatro :) 




Como la vida es muy rara pero esta entrada es una de las más llanas, normales y de redacción de cole que he publicado hasta la fecha, os dejo una anécdota divertida:

Resulta que en Irlanda lo de las carreteras es muy relativo. Las vacas, cabras y ovejas son sus dueñas y señoras, los niños pueden jugar libremente en ellas, y si es domingo, todo el pueblo puede salir y jugar a quién sabe qué en la carretera principal sin miedo a ser molestados (de verdad, insisto, ¿qué mejor sitio que la carretera?).

Al principio pensaba que estaban de obras, pero luego la cosa empezó a desvariar y llegados a cierto punto nos dimos cuenta de que probablemente toda la gente del pueblo estaba en la carretera en ese momento, sin que se tratara de ningún desfile o fiesta, mirándonos fijamente e incluso señalándonos.

Si os digo la verdad, tanta gente apartándose del coche y mirándonos extraño nos recordó a esto:



Quizá aparezcamos como extras en la nueva temporada y no nos hayamos enterado de ello... Si en algún episodio veis a unos españoles confundidos dentro de un coche, con cara de estar alucinando y saludando desde los asientos de atrás, somos nosotros.

Por último, los retos de esta semana:
-Empezar con la guitarra. Pero no a tocarla, sino a traducir vocabulario (porque si en Spanish ya no me entero de nada, en inglés nos vamos a echar unas risas...)
-Cocinar algo español para la cena el miércoles.
-Y de los creadores de "a ver si cocinas el miércoles", ir a comprar los ingredientes pertinentes. Esta es la parte divertida.
-Descubrir cuál es el precio medio por una clase particular de español en Cork. (Venga, me diréis que no parece un enunciado de matemáticas).

Ahí queda eso...


Voy a ver si me encuentro dentro de mi piel
y comprendo por qué nada puedo entender.
Me resulta tan raro todo lo normal
me tropiezo, me caigo y vuelvo a tropezar...
Creí que me había equivocado... 
Luego pensé:
que estoy bien aquí, en mi nube azul,
todo es como yo lo he inventado.
Y la realidad, trozos de cristal
que, al final, hay que pasar descalzo...

14.9.12

Septiembres

Acordes de guitarra desde el salón. Me transporto a aquellos días cuando a menos de un metro me despertaban el olor del café recién hecho, las carcajadas de un niño y los acordes de una guitarra. Felicidad en estado puro. Una taza de té y un libro. Me olvido de todos mis mantras, de los impulsos, de hacer números. Todo es verde a mi alrededor y sé que por lo menos hoy no me salvo. Ni ahora ni nunca.
Todo puede ser tan extraño como darte cuenta de que, tal día como hoy, hace unos cuantos años, te perdías en las calles de un videoclip de Gossos (el tiempo sigue inamovible aunque el reloj avance) y tan simple como una hippy hablando inglés en tu salón de no. Te pierdes entre las casas recordando aquel septiembre, y aquel otro, y aquel otro... Todo empieza y acaba en los septiembres.

9.9.12

Un día, Maya

Andas por esos mundos como yo;
no me digas que no existes, existes,
nos hemos de encontrar;
no nos conoceremos, disfrazados y torpes
por los caminos echaremos a andar.
No nos conoceremos, distantes uno de otro
sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.
¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?
Diremos, el camino volviendo a desandar.
Quizá nos encontremos frente a frente algún día,
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre,
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

Alfonsina Storni 

Llegaba tarde a un compromiso y en los últimos días no había tenido tiempo de digerir aquella cantidad de sucesos importantes en el curso de mi vida. No había tenido tiempo de dormir, ni de reírlo todo, ni tampoco de llorarlo. Se me dan mal las despedidas. Las evito, las aplazo, las miro con desconfianza. Y, desde luego, prefiero llorar en solitario, incluso cuando llorar en solitario implica hacerlo rodeada de personas que no me conocen, sentada en el suelo de un tren de camino a ninguna parte.
Pisé el andén de la estación con la esperanza oculta de que el tren anterior se retrasara y tuviera tiempo de cogerlo, deberían incorporar el adjetivo "peludo" a la definición de tren, pensaba mientras me preguntaba a mí misma cómo alguien le explicaría a un niño ciego de tres años lo que es un tren. Desde luego a él no le diría la palabra peludo.
Estaba tan exhausta, tan remotamente distante, que me senté sin pensarlo, junto a un suspiro, apoyada en la pared, y daba lo mismo estar allí que en cualquier lugar del Universo. Estaba dentro de mí misma, encerrada a cal y canto en un caparazón amplio, hueco y vacío. En un momento de lucidez extrema me acordé de que mis pantalones eran de color claro y se iban a manchar, como si no vinieran ya manchados de arena, restos de comida y quién sabe qué otras cosas, y al caer en esto último solté una carcajada privada y silenciosa. Pensaba dejar que el piloto automático hiciera su trabajo hasta que las inevitables lágrimas de tantas despedidas acumuladas aquel final de curso inundaran por completo el caparazón e hicieran salir a flote todos los sentimientos, todas las imágenes felices ahora bajo un tinte de nostalgia. Era incapaz de seguir el hilo de mis husos, todavía enmarañados y agitados por la caminata y el esfuerzo de llegar hasta la estación.
Al levantarme con resignación, una voz muy poco familiar y sin asomo alguno de amenaza: perdona, saps si aquest tren va cap a Salou? Tentada a contestar con un lacónico sí, me recordé a mí misma lo mucho que había necesitado indicaciones los primeros días en Barcelona, y con el premio a la sonrisa más poco creíble del mundo, le dije que lo confirmaríamos y esperé hasta que asomó la primera S tras la parada de Port Aventura, aun a sabiendas de que mi repentina amabilidad suponía, en primer lugar, perder cualquier posibilidad de sentarme y, en segundo lugar, perder cualquier posibilidad de sentarme y únicamente llenarme los ojos de mi querido Mediterráneo para después llorarlo a mares en relativa intimidad. Y es que en aquel momento me habría dado igual incluso que Serrat subiera al tren a cantarme el Mediterráneo en cuestión.
Sin molestarme a buscar sitio, subí -de las últimas- al vagón y, tan pronto puse un pie en él, dejé caer la mochila y me senté de nuevo. La voz en cuestión se sentó delante de mí, también en el suelo. Peor para él, pensé yo. El caparazón se había esfumado y estaba atronadoramente sola en mi desierto.
Desprotegida ante recuerdos demasiado valiosos, no me molesté en intentar evitar que las lágrimas fueran resbalando por mis mejillas, labios, barbilla, cuello y aterrizaran en la camiseta o en el suelo. Y lloré como si en lugar de entrar en el vagón, hubiera entrado en el poema de Girondo. Sabía que era inevitable, arrasador, fisiológico y, desde luego, necesario para procesar todo lo vivido y preparar un lugar fértil para todo lo que quedaba por delante. Porque esto era sólo el principio.
A mi alrededor la gente hablaba por teléfono, reía, leía, miraba el estupendo paisaje veraniego, se quejaba del calor. Yo estaba muy lejos, detrás de mis gafas y de mi pasión de maestra, recordando los últimos días en la escuela y todos los momentos felices que todavía me hacen saltar las lágrimas de agradecimiento amarillo.
De repente, la voz estaba como a un palmo de mí, igual de educado y de correcto, con el mismo tono nervioso que precisamente él, con la misma valentía con la que cae la lluvia, con la precisión milimétrica para pararme el corazón en dos segundos, perdona, potser em fico on no em demanen, però estàs bé? Mi cabeza-manojo de nervios empezó a procesar en qué berenjenal acababa de meterse, vamos a ver, ¿a quién se le ocurre tanta intensidad en un vagón de tren, que molestas a la gente que está de vacaciones?, y comprobé con horror que no era demasiado factible intentar usar mi voz en ese momento.
Me sequé las lágrimas sin mucha prisa, ante una mirada expectante que acompañaba a la voz nerviosa, comprendiendo de repente el lado cómico de la situación, intentando entender sin entrar en pánico los parecidos irracionales de quien estaba ante mí y maldiciendo mentalmente al Kharma. Esto a Anna le va a encantar, recuerdo haber pensado. Tranquil, és per una cosa bona. Como mínimo, ahora mi voz estaba de vuelta, tranquilizadora, amable. Sonó su teléfono, es curioso que una maestra sea salvada por la campana en un viaje en tren bordeando la costa en algún punto del Mediterráneo. Decidí casi al instante que no me apetecía añadir nada más e inicié una discreta retirada consistente en mirar hacia otro lugar mientras él hablaba por teléfono.
Consciente ahora de mi público, dejar de llorar no fue exactamente una decisión meditada. De vez en cuando, claro, una lágrima escurridiza, extraviada, iba a parar a algún lugar indefinido de mi ropa. Nada alarmante. Nada emocionalmente inestable. Delante de mí, de pie en el vagón y rodeados de maletas, viajaban un chico y una chica. Músicos -no era una gran deducción dados los estuche de violín y de guitarra que llevaban consigo-, lo cual todavía me hacía focalizar más en los paseos y los hoteles y la música de ascensor que parecían haber vuelto en forma de la voz de un desconocido. ¿Estaba pasando aquello de verdad o era un efecto secundario de la falta de sueño...? Me trasladé a la última noche en Barcelona, perdida desde el primer segundo hasta el último, sin tener ni querer remedio. Y desafiando el oleaje, sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje... luciendo los tatuajes de un pasado bucanero... Nunca un viaje se había hecho tan corto y tan largo como una patada en el estómago, como una espiral taladrando tu universo, entre miradas furtivas y sonrisas que no podían empezar nada. ¿Y qué si era de locos pensarlo? ¿Y qué si esas cosas no te pasan a ti? El músico se arrodillaba ante la música para pedirle perdón por haber perdido un vuelo, rodeados de instrumentos y pasajeros. Alguien intentaba ayudar. Ajena a todo, me dedicaba a robar imágenes de aquel trayecto que podía acabar en nada.
Y entonces, lo vi. Allí, sobre la maleta, una portada que al principio no reconocí, pero un nombre indudablemente familiar. Maya, de Jostein Gaarder. ¿Era una broma pesada del destino que aquel extraño de voz cálida y mirada amable, que llevaba consigo la lluvia y la música y tres extraños tatuajes recién hechos, estuviera leyendo precisamente ese libro? Ese libro que había acompañado tantos momentos de incertidumbre, tantas madrugadas en la ciudad con un único pasador como defensa ante el mundo, tantas horas en el autobús, conteniendo la respiración ante la próxima genialidad.

A mi alrededor todo seguía como en una película muda. Como Momo tras los hombres grises, el tiempo se había detenido... los músicos intentaban arreglar el desaguisado buscando alguna alternativa para llegar a tiempo a su vuelo, alguien hablaba con ellos. La persona que súbitamente había acaparado toda mi atención también intentaba ayudar, espiando de vez en cuando sin intentar esconderse demasiado.
Internamente deseé que aquel caos fuera el comienzo de algo, todo era demasiado perfecto, la cuadratura de un círculo despiadado. Me aferré a cada sonrisa y a cada mirada, intenté memorizar los tatuajes, borrar los míos, olvidar que en unas semanas cogería un vuelo a otro lugar y buscar en mi interior el valor que nunca había tenido para saber más. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes... Llegaba la hora de bajar del tren y el show debía continuar, lo sentía en cada poro de mi piel, pero era incapaz de seguirle al universo aquella broma macabra.


Y me bajé del tren.
Me bajé recogiendo las migajas de tantas sonrisas intercambiadas, idioma sin palabras, rebobinando las miradas furtivas e intentando reconstruir lo que había pasado, corporizando que ni siquiera mi caparazón iba a poder salvarme de mi cobardía. Como para redondear esa jugarreta del destino, en el reproductor de la mujer que bajó a mi lado sonaba Valiente, de Vetusta Morla. Porque ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

Sabía que lo olvidaría, que sólo era un extraño en un tren. Hasta que meses más tarde, curioseando en una librería de segunda mano en la otra punta del mundo, inesperadamente, algo me golpeó la memoria... y me dolió como si me hubieran lanzado el libro a 50km/h con la precisión del mejor lanzador.

Era Maya (siempre es Maya), Maya con la misma portada que había visto aquel día sobre la maleta negra en el vagón del tren y que no había reconocido de otras ediciones...

7.9.12

43-44: "It's not that bad"

Desde 2006 escribiendo en el blog y resulta que las visitas se han triplicado desde que cuento la experiencia en Irlanda, además de haber alcanzado los 101 (comentarios, no dálmatas)... Cosas de las que se da cuenta una en las largas noches de babysitting.

No suelo escribir sólo para dos días, pero necesito una dosis de Aplicatelcuentolín (¿Que no lo conocéis? Es casi más efectivo que el Keledene), así que al lío.

Ayer mi hostmom me dio un ascensor hasta Carrigaline (¿qué?, estoy tan integrada que hasta me calco las frases hechas) y por fin volví a ver a R. para hacer un poco de terapia cafeteril conjunta, que últimamente falta nos hace. Carrigaline es un sitio bonito para pasar el día, no es que tenga grandes cosas (o como mínimo eso me pareció), pero sólo por la absolutely lovely bakery que descubrimos allí y el paseo hasta Crosshaven ya vale la pena ir. Se agradece disfrutar de mañanas así de vez en cuando.
Lovely cookies from Hassel's bakery in Carrigaline

Después, al llegar a casa, me encontré con la puerta abierta y el padre de una compañera de clase de G. dentro. Tras un #holaquétal interno recordé que hacía dos semanas le habían pedido si podía venir a casa a arreglar algunas cosas. Así que le ofrecí si quería que le preparara algo para comer y, como me dijo que no, decidí romper todas las normas del mundo y comer en mi habitación para que, así, él trabajara tranquilo y yo no respirara aire lleno de polvo y madera.

Al cabo de un rato llegó G. del cole, le dije que prefiero que se cambiara de ropa primero y después comiera algo delante de la tele (15 minutos) porque si lo hacemos al revés, se apalanca y tardamos mucho. Quería comer salchichas y palomitas, así que pese a varios avisos, al final tardó mucho más en ver la tele y a las cuatro todavía había que empezar los deberes. Ahí la cosa empezó a torcerse, porque está claro que hacer los deberes mientras el resto juega fuera... no mola (y menos con los ventanales que tienen en estas casas, que sólo hacen que agravar el asunto, jeje). La llamaron mil veces para salir a jugar y todas tuvimos que decir que no, intentó simplemente hacer planes por su cuenta ("en media hora salgo", ¿¿¿cómorl???), intentó negociar conmigo, intentó negociar con su madre, ... ¿pero quién te manda pasarte la tarde viendo la tele?, pensaba yo. Estaba claro que la cosa no podía acabar bien.

Para más inri, yo tenía orden expresa de su madre de que cenara pasta a las 5.30, así que tras todas las protestas del mundo diciendo que no tenía hambre, le di un bol minúsculo de pasta a las 5.45. Antes de eso, le dije que corrigiera dos cosas de la redacción, de las que parece ser que finalmente sólo corrigió una y perdonándome la vida. Entonces llegó su padre y decidió que si estaba llena, qué le íbamos a hacer, y que ya cenaría al volver, así que allá que se fue con el estómago vacío y cara de manzanas agrias (guiño para los catalanes) a la clase de danza. Por mi parte, empezaba las clases de inglés en media hora, así que respiré hondo, cogí aire, me bebí las tostadas y me comí la taza de té a la velocidad de la luz, y me dispuse a hacer en 25 minutos un trayecto de 40 sin querer pensar mucho en... bueno, en nada.

Ese fue el momento en que dije en Facebook: "Haced un favor a vuestros hijos y enseñadles lo que es la frustración", porque visto objetivamente, que un día a la semana no puedas salir antes de cenar a la calle porque tienes que hacer los deberes, que podrían estar acabados pero no lo están porque has decidido pasar más rato viendo la tele, y para hacer una actividad que te gusta y has elegido tú, tampoco era como si se estuviera acabando el mundo... También fue el momento en que me transformé momentáneamente en mi madre diciendo "¡¡¡Y el que no esté contento, que se ponga!!!", la lástima es que no sabía cómo traducir eso al inglés y al final repetí por enésima vez mi frase favorita: C'mon, it's not that bad!!! Sólo me faltó que por la noche la niña me recriminara que no le había hecho corregir el segundo error de la redacción... Ahí fue el momento Keledene, qué bien sienta esto de automedicarse ;P

Por suerte mis hostdads son muy, muy comprensivos y no toman en cuenta estos detalles. Además, me prepararon un té con tostadas antes de irme y la cena cuando volví (y otro té con galletas por la noche), así que eso borra gran parte del estrés emocional que me generan estas situaciones, porque las comparaciones son odiosas, y es que cuando lo tienes todo no valoras lo que tienes...

Ayer por la noche, como he avanzado al inicio de la entrada, tocaba babysitting, así que me regalaron una excusa para quedarme leyendo hasta tarde.

Esta mañana otra R. y yo nos hemos acercado al castillo de Blackrock. Resulta que por dentro no es un castillo, sino que sólo hay la exposición, pero ya que estábamos allí, hemos pensado "¡Algo aprenderemos!" y nos la hemos visto. (Y algo habremos aprendido, supongo... ;P) Efectivamente el paseo en Blackrock es bastante bonito, una delicia -desde luego- para acercarse con la bici. Después hemos decidido tomarnos un café en Cork, por supuesto en O'Conaill (definitivamente, si pudiera llevarme algo de Cork,sería ese café), quien dice café dice un chocolate y una scone... Y para casa.


El castillo de Blackrock

El castillo por dentro

El castillo por dentro

El paseo  by the sea

El paseo by the sea y, al fondo, el castillo de Blackrock

Al volver, el mismo señor de ayer seguía aquí y ha estado aquí todo el rato hasta las cuatro y media, pero yo no era consciente de ello, lo cual añade un punto de "alegría" a lo que paso a contar ahora. Recordad que vosotros sabéis que el señor estaba aquí, pero yo no lo sabía.

G. ha llegado del cole a su hora, ha encontrado algo de comer y en menos de 20 minutos, se lo ha comido, mientras yo tendía la ropa. Hasta aquí todo es maravilloso. En ese momento, ha venido el vecino a ver si salía a jugar y, como no tenía deberes, le he dicho que podía salir 15 minutos. A los 10 minutos le ha empezado a sonar el teléfono, así que he salido a la puerta a llamarla para que lo cogiera. Tras dos minutos llamándola a voz en grito (y os aseguro que la calle no es tan grande como para que no me oyera), el perro ha decidido que ese era su momento de gloria y se ha escapado por debajo de la puerta.

Por suerte para todos vivimos en un cul de sac, así que muy lejos no iba a ir, pero imaginaos 8 niños corriendo detrás del perro por la carretera sin prestar la más mínima atención a los coches. La peor pesadilla de cualquier aupair y de la gente que está haciendo las prácticas del carnet de conducir. Como la vecina tiene niños pequeños, en menos de 15 segundos estaba fuera para ver qué pasaba, así que los niños estaban atendidos y yo me he dirigido a la velocidad de la luz a por la cadena del perro. En realidad lo que ha sucedido ha sido que los niños han perseguido al perro por todas partes mientras la vecina en cuestión ponía cara de incredulidad en mitad de la calle, como valorando la posibilidad de echar a correr también detrás del perro y de los niños, o quedarse simplemente en mitad de la carretera. Ha optado por venir a casa a pedirme la correa del perro, pero no contaban con mi astucia y antes de que se moviera de la carretera, yo ya estaba de vuelta.

Cuando he llegado donde estaban los niños, G. ya lo tenía entre sus brazos y la acompañaban las dos amigas que ayer la vinieron a buscar para jugar (las mismas niñas de la entrada anterior). Como si nada de eso fuera con ella, se han pasado al otro lado de la calle mientras yo, preguntándome dónde quedó mi miedo a los perros en un día como hoy, devolvía al perro sano y salvo al jardín. Después de contar hasta 10 dos veces y respirar profundamente, la he encontrado quedando con sus amigas para dentro de 5 minutos, cuando se hubiera cambiado de ropa. Le he dicho que se cambiara y bajara a hablar conmigo.

Con cara de incomprensión total y absoluta, G. ha subido a cambiarse y las amigas la esperaban en la puerta. Les he pedido que esperaran en la calle, si querían esperar. Ellas seguían hablando por la ventana como si nada (¿alguien las ha reñido alguna vez? ¿sabrán lo que es?, me pregunto yo en esos momentos de confusión). Cuando ha bajado le he dicho todo lo amablemente que he podido que es una niña y no puede hacer lo que le dé la gana, que si la llamo desde casa tiene que venir a la primera y no después de dos minutos gritando en la calle (ahí os prometo que estaba empezando a transformarme en mi madre, con el mismo discurso y todo) y que lo tenga en cuenta para la próxima vez. Ella me ha dicho que no me había oído, yo no me lo he creido (porque no es verosímil, si hasta me ha oído la vecina en la otra punta de la calle), pero no tenía sentido discutirlo.

Después le he dicho que íbamos a hacer las cosas "properly", recoger el salón, ponerse los zapatos, beberse el vaso de agua que yo pensaba que se había bebido y no, dar un rato de Spanish (que no habíamos dado desde el lunes) y después, y sólo después de todo eso, podía salir a jugar con sus amigas. Tras oír alucinar a la amiga en cuestión "¿¿¿estás castigada????", G. convertida en crankyniña y yo nos hemos dirigido a la cocina. Evidentemente no se puede dar clase de nada en esas condiciones, pero por coherencia (y por narices) había que hacerlo. Ya estaba un poco más tranquila tras el susto inicial y, la verdad, no se nos ha dado tan mal. Desde luego no estaba en posición de rechistar por nada.

Tras eso, se ha ido al parque y yo me he quedado aquí reflexionando sobre el sentido de la vida. Otra vez ha llegado 10 minutos tarde y me ha mirado como si estuviera como una cabra por recordárselo. En momentos así una sólo es capaz de pensar: "¡Feliz adolescencia!"

Y aquí viene la parte del Aplicatelcuentolín...

Os voy a contar algunas de las reglas de oro. O sea, que primero os cuento la parte del cuento, y luego la de aplicárselo. Son muy fáciles de cumplir en la teoría y cuando las cosas van bien, y muy difíciles de cumplir el resto del tiempo, pero precisamente por eso son reglas de oro, principios básicos inquebrantables.

- Evitar los círculos de pensamiento negativo.
¿No os ha pasado que alguien hace algo que no os gusta y de repente os estáis machacando a vosotros mismos recordando todas y cada una de las cosas que hace, hacía o alguna vez os ha hecho (o creíais que os había hecho) esa persona y que no os han gustado? ¿No os ha pasado que a veces esa persona sois vosotr@s mism@s?
Convives con alguien y hay algún pequeño detalle que no te agrada... de repente te has pasado media hora recordando todos y cada uno de los pequeños detalles que tanta rabia te dan. ¿Para qué?
Haces algo mal, tú sabes que te has equivocado, y sin darte cuenta llevas un buen rato pensando en todas las veces que has hecho algo mal en el último mes y por qué eres tonta por no haberlas evitado. ¿Para qué?
Además de gastar energía para nada y deteriorar relaciones sin motivo, ¿qué buen propósito puede tener hacer eso? ¿Nos puede traer algo positivo?

- Cuando pienses algo negativo de alguien, párate ahí y añade como mínimo tres cosas positivas.
Siempre y cuando no sea una persona a la que quieres mandar a tomar viento para siempre, claro. En ese caso, te lo puedes ahorrar.
Para romper el círculo, que lo único que hace es malgastar energía y alimentar rencores, lo mejor es entrar en el círculo contrario. ¿Qué hace esa persona que sí te gusta? ¿Qué hace bien? ¿Qué cualidades tiene?
¿Y tú? ¡Algo habrás hecho bien!

- Actúa con la paciencia y amabilidad que te gustaría que tuvieran contigo.
Todos nos equivocamos. Mil veces. Mil quinientas. Es humano, es inevitable. La mayor parte del tiempo no lo hacemos adrede (¿cuántas veces recordáis que hayáis hecho algo mal, o hayáis hecho daño a alguien, aposta?). Entonces, ¿por qué reaccionamos tan negativamente ante el error del otro?, ¿por qué presuponemos y juzgamos directamente en lugar de acoger y preguntar? ¿Qué pasa: que yo tengo derecho a equivocarme, pero el otro no?
Ya sabéis eso de: "Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite..."

- Sé coherente contigo mism@ y con los otros. 
No vale donde dije digo, digo diego. No vale eso de consejos vendo, y para mí no tengo. No vale el haz lo que digo, no lo que hago. Simplemente no vale, podemos intentar que valga, podemos hacer como que no nos damos cuenta, podemos no pensar en el tema, pero la verdad es que el movimiento se demuestra andando y la única manera de ser coherente es siéndolo en todo momento y no sólo cuando nos conviene. Cuesta, duele, jode, pero ayuda a dormir muy tranquilamente por las noches.

- Todos somos tontos de remate almenos 5 minutos al día. 
Esta va dedicada a los autoexigentes, autocríticos y perfeccionistas como yo. A pesar de que te esfuerces las 24h del día, todos tenemos nuestros (mínimo) 5 minutos. Perdónatelos. (Y si son 10, casi que también)

Para que veais que no os estoy vendiendo ningún libro de autoayuda, ahora viene la parte de aplicarse el cuento. La parte chunga, vaya.
Voy a ser coherente con todas esas cosas que digo, y así, por ejemplo, aceptar que no todos los días pueden ser buenos, o como poco no "el mejor"; aceptar que los niños van a probar nuestros límites porque son eso, niños; voy a ser coherente con mi decisión de escoger una familia con una hija única y aceptar las consecuencias que ello conlleva; y voy a pensar en todas las cosas positivas que me aporta vivir con esta familia, que sin duda son muchas. Cortar la rueda de los pensamientos negativos, que total ¿para qué la quiero?, y pensar en la globalidad del mes que llevo aquí y cuántas oportunidades he tenido, cuántas cosas he aprendido, cuántos sitios he visitado. Pensar que ser adulto es esto, que hace dos años no habría reaccionado ni la cuarta parte de bien que lo he hecho hoy (aunque no haya sido perfecto ni idílico), que no habría encontrado la calma necesaria para sentarme y decir las cosas tranquilamente y, en cambio, hoy sí lo he hecho, así que algo habré aprendido.Y sobretodo, voy a aplicarme el cuento que le cuento a G. cuando le digo "It's not that bad!", porque seamos serios, realmente... no ha sido para tanto ;)

Para que os riáis un rato, si no lo habéis hecho ya imaginando la escenita, os contaré que a mitad de la entrada, en mitad del sermón, se han roto dos ruedas de mi silla y he acabado en el suelo. Creo que está arreglada, pero seguiremos informando.







He perdido sin quererlo los papeles que me diste antesdeayer 
donde estaban los consejos que apuntamos pa' que todo fuera bien... 
(Maldita Nerea)

5.9.12

Releyendo a Juan Gelmán

Costumbres

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir tenemos sed y
paciencias de animal


El juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.


Gotán

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Poco se sabe

Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos


Presencia del otoño

Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma.

Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire.

Vete por él, amada.
No soy yo él que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.


Fuente

Como a los amigos o a la familia, también se echa de menos a los poetas, los escritores o las hojas de un libro... y a veces ese verso, ese que sólo tú sabes cuál, se te clava como una de esas espinas que se clavan en el dedo y son pequeñas e insignificantes, pero necesitas arrancarlas... y los versos se arrancan del alma compartiéndolos. Aunque, si os digo un secreto, no siempre funciona.

39-42: "Dime, niño, ¿de quién eres?"

Pues nada, aquí estoy, con el corazón en un puño. Pero eso os lo cuento luego.

Tengo una buena y una mala noticia sobre el tiempo en Irlanda. La buena es que parece que por fin ha llegado el verano y llevamos más de una semana de sol... Qué sensación tan placentera despertarse a primera hora de la mañana con los rayos del sol a través de las persianas claras... (bueno, eso si no os habéis ido a dormir tarde, en ese caso la sensación pasa a no llevarse bien con una misma por no ser capaz de dormir de día). La mala es que en pleno verano tardío irlandés sigo yendo en bata, lo que hace que mi alegría por el hecho de que mi hostmom me esté tejiendo un jersey de lana para el invierno no tenga mesura.

Venga, que ya hemos hablado del tiempo, ahora al lío:

Si los que estáis en Cork todavía no habéis pisado O'Conaill, ya estáis tardando; sí, es otro sitio donde tomarse un buen chocolate... tienen una carta de chocolates que, la verdad, cuesta decidirse, además es un lugar muy agradable donde pasar la tarde, lástima que en este país cierre todo tan tempranito. Esto viene a que el sábado, improvisadamente, nos juntamos unas cuantas y gracias a M. (sí, otra "otra" M., no sé si numerarnos o empezar a poner nombres) descubrimos el lugar. Por fin conocí a R., que tras tanta conversación vía Facebook ya iba siendo hora, y por supuesto a otras chicas, más majas que las pesetas. Por lo visto solo hay que estar dispuesto a ocupar un bar para trasladarse de repente a España como si nada pasara... porque Cork está plagado de españoles. Todavía estoy decidiendo si eso es bueno o malo ;)

Al día siguiente repetimos, descubrimos el Crane Lane, y sin comerlo ni beberlo, entre Cork y Kinsale, éramos 16... Así fue cómo recibí mi primera bronca por parte de mi hostdad por el gran delito de NO beber, ¿me habré venido a vivir al mundo al revés?

Mi hostfamily me invitó a ir con ellos a ver el Camdem Fort (cerca de Crosshaven). Cuando pueda os pongo fotos. Bueno, en realidad eso fue por la mañana, antes de lo que os acabo de contar, pero tampoco he firmado en ningún sitio que tuviera que seguir el hilo al escribir las entradas, ¿no?

Estos primeros días de cole, estoy comprobando las similitudes y diferencias del sistema educativo. Muchos de los deberes consisten en repetir en voz alta, deletrear, recitar o leer, con lo cual la implicación de los padres se hace bastante necesaria. No tienen deberes los viernes y no debería llevarles más de 20 o 30 minutos hacer todo lo que les han mandado.

Las clases de 10 minutos de castellano van tirando, en 10 minutos y cuando realmente no interesa, no se pueden hacer milagros, pero como mínimo vamos teniendo un poco de conversación y vocabulario... De aquí a final de año, quién sabe.

Las mañanas y las tardes-noches son bastante imprevisibles y difíciles de planificar con antelación por el momento. Según avancen las semanas, esto irá cambiando, ya que la menda empieza clases de, básicamente, todo. Nada nuevo bajo el sol para los que ya me conocíais (y para los que no, pues mira, ya con eso nos vamos conociendo...).

Ayer recibí mi primer paquete desde casa y me sentía como un niño la mañana del seis de enero, ¿qué me habrán mandado?, alguna sorpresita, una pulsera que llega en el momento justo para recordarme que lo de aprender a "knitting" va a ser más complicado de lo que yo me pienso si tomamos en cuenta que mi paciencia está reservada para otras cosas...

También ayer descubrí qué ha hecho Facebook con nosotros: entrar en un lugar y que alguien que no conoces te reconozca es, cuando menos, raro ;P más allá de la anécdota, conocer gente de la manera convencional también estuvo bien ("Oye, ¿tú eres española?" y ya está... mañana resuelta). Nos pateamos media ciudad en busca de clases de inglés gratuitas y así fue mi primera visita a la UCC. ¡Desde luego el campus no se parece demasiado al nuestro en Tarragona!

Por otra parte, ya tengo PPS Number (¡desde esta mañana!), tras el test de nivel de inglés me han dicho que estoy en un B2 (sin comerlo ni beberlo también...), y parece que sigue adelante lo de las clases de guitarra y danza... Así que me esperan semanas de dulce ajetreo y rutina, bendita rutina...

¿Alguien aún preguntándose por qué el corazón en un puño o el título de la entrada?

No hay nada mejor que irte lejos para saber cosas de ti, de quién eres y de dónde vienes. Eso no es ninguna sorpresa y en el plano teórico todo el mundo se lo sabe. La sorpresa, para mí, es haber tenido que venir hasta aquí para descubrir en profundidad las implicaciones que esta afirmación tiene. Ya lo decía Marco en el curso de Montessori, el conocimiento tiene que ser una experiencia corporizada, si no, no vale...

Son pequeñas cosas, como entender que aquí sí se puede jugar en la carretera o que los niños pueden ir solos a un parque que a ti te parece que está en la quinta puñeta a la derecha, pequeños detalles que te hacen pensar... ¿por qué no? ¿por qué te parece que es inadecuado? ¿qué te ha hecho llegar hasta aquí? De repente te pareces a tu abuela (¡niña, ponte calcetines! ;P) y nunca lo habías pasado peor que en esos 7 minutos que van desde que G. te dijo que volvería a las 5.30 hasta las 5.37 cuando entra por la puerta... (Y eso que no es hija mía, que se preparen mis futuros hijos :S)

Y te descubres escribiendo esta entrada con el corazón en un puño, preocupada sin mucha razón en un país extraño por una niña que no es tuya, mirando fijamente la flauta que tu madre te ha mandado inesperadamente (aunque reconozco que ha dado en el clavo), y acordándote de aquel villancico que un día te aprendiste a tocar en tu instituto de barrio con esa misma flauta y que empezaba así: "Dime, niño, ¿de quién eres...?".