Los tiempos cambian. Decimos que los tiempos cambian. Te compraste (o te compraron, siendo justos) un teléfono móvil, luego un ordenador y como consecuencia lógica y terrible, Internet. Empezaste a chatear, después vinieron los foros... Te haces un blog, un fotolog (o dos), un Facebook, más foros, otro blog, tienes cinco cuentas de email y como no es suficiente, vas y también te creas un Twitter. Lees el periódico online y además tienes un Reader, ¿lo quieres?, lo tienes. Lo peor es que podrías seguir.
Lo más normal es que cuando sales, salgas a la calle con todo ello: móvil, Reader, y cincuenta cacharritos por el estilo, a veces hasta el portátil. Entonces, para variar, miras a tu alrededor. Bueeno... sí... la calle está reformada, hay un par de tiendas nuevas. Los niños del barrio siguen yendo en chándal con sus bicicletas y jugando a tazos o a lo que toque, con las "bambas" rotas y (¡aberración!) solos. El colegio es el mismo, el instituto es el mismo. Nunca te ha dado por intentarlo, pero sinceramente no crees que ninguna de las personas con las que te cruzas reconociera la mitad de los artilugios y servicios que has mencionado. El barrio está casi igual, como anclado en el tiempo.
Los tiempos cambian, sí, pero...¿para quién? ¿Acaso no es el cambio un privilegio? Habrá que apuntar a la lista de tareas pendientes la inmersión digital, probablemente al lado de la trillada inmersión lingüística.
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Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río...
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil,
ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma
una cuchillada del amor.
Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio;
y te daré todo y me darás algo
algo que me alivie un poco más...
Cuando no haya nadie, cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar esta nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
When your mind's made up
there's no point try to change it.
When your mind's made up
there's no point even talking.
So if you ever want something...
Volvemos a las andadas... Hay pocos temas que me fascinen más.
En el vídeo: Gloria Lenhoff, afectada por el síndrome de Williams (o síndrome de Williams-Beuren, o síndrome de Mozart, o síndrome Mozart, o...), tocando algunas de sus canciones preferidas.
"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
30.12.10
28.12.10
El niño está hecho de cien
El niño
está hecho de cien.
El niño tiene
cien lenguajes
cien manos
cien pensamientos
cien modos de pensar
de jugar, de hablar.
Cien, siempre cien
modos de escuchar
de maravillarse, de amar
cien alegrías
para cantar y entender
cien modos
de descubrir
de inventar
cien modos
de soñar.
El niño tiene
cien lenguajes
y cientos más
pero le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura
separan la cabeza del cuerpo.
Le dicen al niño:
que piense sin manos
que trabaje sin cabeza
que escuche y no hable
que entienda sin alegría
que ame y se asombre
sólo en Pascua y Navidad.
Le dicen al niño:
que descubra un mundo que ya existe
y de cien
le quitan noventa y nueve.
Le dicen al niño:
que el trabajo y el juego
la realidad y la fantasía
la ciencia y la imaginación
el cielo y la tierra
la razón y los sueños
son cosas
que no están unidas.
Le dicen, en resumen,
que el cien no existe.
Pero el niño exclama:
¡Qué va, el cien existe!
Loris Malaguzzi (fundador de Reggio Emilia)
está hecho de cien.
El niño tiene
cien lenguajes
cien manos
cien pensamientos
cien modos de pensar
de jugar, de hablar.
Cien, siempre cien
modos de escuchar
de maravillarse, de amar
cien alegrías
para cantar y entender
cien modos
de descubrir
de inventar
cien modos
de soñar.
El niño tiene
cien lenguajes
y cientos más
pero le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura
separan la cabeza del cuerpo.
Le dicen al niño:
que piense sin manos
que trabaje sin cabeza
que escuche y no hable
que entienda sin alegría
que ame y se asombre
sólo en Pascua y Navidad.
Le dicen al niño:
que descubra un mundo que ya existe
y de cien
le quitan noventa y nueve.
Le dicen al niño:
que el trabajo y el juego
la realidad y la fantasía
la ciencia y la imaginación
el cielo y la tierra
la razón y los sueños
son cosas
que no están unidas.
Le dicen, en resumen,
que el cien no existe.
Pero el niño exclama:
¡Qué va, el cien existe!
Loris Malaguzzi (fundador de Reggio Emilia)
14.11.10
Me queda la palabra
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero
1.11.10
Escribivir
"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo Cervantes..."
Watanabe
29.10.10
Ara que tinc vint anys
Ara que tinc vint anys,
ara que encara tinc força,
que no tinc l'ànima morta
i em sento bullir la sang.
Ara que em sento capaç
de cantar si un altre canta.
Avui que encara tinc veu
i encara puc creure en déus...
Vull cantar a les pedres,
la terra, l'aigua, al blat
i al camí que vaig trepitjant.
A la nit, al cel, a aquest mar tan nostre,
i al vent que al matí ve a besar-me el rostre.
Vull alçar la veu per una tempesta,
per un raig de sol
o pel rossinyol que ha de cantar al vespre.
Ara que tinc vint anys,
ara que encara tinc força,
que no tinc l'ànima morta
i em sento bullir la sang.
Ara que tinc vint anys,
avui que el cor se m'embala
per un moment d'estimar
o en veure un infant plorar...
Vull cantar a l'amor.
Al primer. Al darrer.
Al que et fa patir.
Al que vius un dia.
Vull plorar amb aquells
que es troben tots sols,
sense cap amor van passant pel món.
Vull alçar la veu
per cantar als homes
que han nascut dempeus,
que viuen dempeus
i que dempeus moren.
Vull i vull i vull cantar...
Avui que encara tinc veu.
Qui sap si podré demà.
Però avui només tinc vint anys.
Avui encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang...
24.10.10
Para endulzar el domingo
Y para reírse son los comentarios al vídeo (¡alerta de spoiler!)
"so...if the buildings are made of vegetables, and the people are vegetables, then the buildings are made out of corpses?"
"Did I seriously just watch a cupcake and a squash fuck?"
"wait a moment, did he just naked hug a bunch of other people? I like this island!"
10.10.10
Inmóvil al borde del camino
Es este inmovilismo el que me ahoga, y no el miedo. Todo cambia y llega el invierno de nuevo. Yo, no. Nada cambia. Todo es diferente. Antes nada cambiaba y todo era igual. Ahora nada cambia y todo es otro mundo. Ni siquiera las palabras...
17.9.10
Mi cuento preferido cuando era pequeña
No tengo claro hasta qué punto lo entendía, aunque eso sí, mi adaptación no tenía el matiz religioso. Pero, en fin, el caso es que hoy me he encontrado de casualidad con este cuento de Oscar Wilde y lo he reconocido en todas las noches de mi infancia en que le pedía a mi madre "el cuento del gigante", incluido en unos libros de cuentos adaptados que me había regalado mi abuela.
Todas las tardes al volver del colegio tenían los niños la costumbre de ir a jugar al jardín del gigante.
Era un gran jardín solitario, con un suave y verde césped. Brillaban aquí y allí lindas flores sobre el suelo, y había doce melocotoneros que en primavera se cubrían con una delicada floración blanquirrosada y que, en otoño, daban hermosos frutos.
Los pájaros, posados sobre las ramas, cantaban tan deliciosamente, que los niños interrumpían habitualmente sus juegos para escucharlos.
-¡Qué dichosos somos aquí! -se decían unos a otros.
Un día volvió el gigante. Había ido a visitar a su amigo el ogro de Cornualles, residiendo siete años en su casa. Al cabo de los siete años dijo todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió regresar a su castillo.
Al llegar, vio a los niños que jugaban en su jardín.
-¿Qué hacéis ahí? -les gritó con voz agria.
Y los niños huyeron.
-Mi jardín es para mí solo -prosiguió el gigante-. Todos deben entenderlo así, y no permitiré que nadie que no sea yo se solace en él.
Entonces lo cercó con un alto muro y puso el siguiente cartelón:
Era un gigante egoísta.
Los pobres niños no tenían ya sitio de recreo.
Intentaron jugar en la carretera; pero la carretera estaba muy polvorienta, toda llena de agudas piedras, y no les gustaba.
Tomaron la costumbre de pasearse, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.
Entonces llegó la primavera y en todo el país hubo pájaros y florecillas.
Sólo en el jardín del gigante egoísta continuaba siendo invierno.
Los pájaros, desde que no había niños, no tenían interés en cantar y los árboles olvidábanse de florecer.
En cierta ocasión una bonita flor levantó su cabeza sobre el césped; pero al ver el cartelón se entristeció tanto pensando en los niños, que se dejó caer a tierra, volviéndose a dormir.
Los únicos que se alegraron fueron el hielo y la nieve.
-La primavera se ha olvidado de este jardín -exclamaban- Gracias a esto vamos a vivir en él todo el año.
La nieve extendió su gran manto blanco sobre el césped y el hielo revistió de plata todos los árboles.
Entonces invitaron al viento del Norte a que viniese a pasar una temporada con ellos.
El viento del Norte aceptó y vino. Estaba envuelto en pieles. Bramaba durante todo el día por el jardín, derribando a cada momento chimeneas.
-Éste es un sitio delicioso -decía- Invitemos también al granizo.
Y llegó asimismo el granizo.
Todos los días, durante tres horas, tocaba el tambor sobre la techumbre del castillo, hasta que rompió muchas pizarras. Entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín, lo más de prisa que pudo. Iba vestido de gris y su aliento era de hielo.
-No comprendo por qué la primavera tarda tanto en llegar -decía el gigante egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín blanco y frío-. ¡Ojalá cambie el tiempo!
Pero la primavera no llegaba ni el verano tampoco.
El otoño trajo frutos de oro a todos los jardines, pero no dio ninguno al del gigante.
-Es demasiado egoísta -dijo.
Y era siempre invierno en casa del gigante, y el viento del Norte, el granizo, el hielo y la nieve danzaban en medio de los árboles.
Una mañana el gigante, acostado en su lecho, pero despierto ya, oyó una música deliciosa. Sonó tan dulcemente en sus oídos, que hizo imaginarse que los músicos del rey pasaban por allí.
En realidad, era un pardillo que cantaba ante su ventana; pero como no había oído a un pájaro en su jardín hacía mucho tiempo, le pareció la música más bella del mundo.
Entonces el granizo dejó de bailar sobre su cabeza y el viento del Norte de rugir. Un perfume delicioso llegó hasta él por la ventana abierta.
-Creo que ha llegado al fin la primavera -dijo el gigante.
Y saltando del lecho se asomó a la ventana y miró. ¿Qué fue lo que vió?
Pues vio un espectáculo extraordinario.
Por una brecha abierto en el muro, los niños habíanse deslizado en el jardín encaramándose a las ramas. Sobre todos los árboles que alcanzaba él a ver había un niño, y los árboles sentíanse tan dichosos de sostener nuevamente a los niños, que se habían cubierto de flores y agitaban graciosamente sus brazos sobre las cabezas infantiles.
Los pájaros revoloteaban de unos para otros cantando con delicia, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped.
Era un bonito cuadro.
Sólo en un rincón, en el rincón más apartado del jardín, seguía siendo invierno.
Allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, que no había podido llegar a las ramas del árbol y se paseaba a su alrededor llorando amargamente.
El pobre árbol estaba aún cubierto de hielo y de nieve, y el viento del Norte soplaba y rugía por encima de él.
-Sube ya, muchacho -decía el árbol.
Y le alargaba sus ramas, inclinándose todo lo que podía, pero el niño era demasiado pequeño.
El corazón del gigante se enterneció al mirar hacia afuera.
«¡Qué egoísta he sido! -pensó-. Ya sé por qué la primavera no ha querido venir aquí. Voy a colocar a ese pobre pequeñuelo sobre la cima del árbol, luego tiraré el muro, y mi jardín será ya siempre el sitio de recreo de los niños.»
Estaba verdaderamente arrepentido de lo que había hecho.
Entonces bajó las escaleras, abrió nuevamente la puerta y entró en el jardín.
Pero cuando los niños le vieron, se quedaron tan aterrorizados que huyeron y el jardín se quedó otra vez invernal.
Únicamente el niño pequeñito no había huído porque sus ojos estaban tan llenos de lágrimas que no le vio venir.
Y el gigante se deslizó hasta él, le cogió cariñosamente con sus manos y lo depositó sobre el árbol.
Y el árbol inmediatamente floreció, los pájaros vinieron a posarse y a cantar sobre él y el niñito extendió sus brazos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.
Y los otros niños, viendo que ya no era malo el gigante, se acercaron y la primavera los acompañó.
-Desde ahora éste es vuestro jardín, pequeñuelos -dijo el gigante.
Y cogiendo un martillo muy grande, echó abajo el muro.
Y cuando los campesinos fueron a mediodía al mercado, vieron al gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que pueda imaginarse.
Estuvieron jugando durante todo el día, y por la noche fueron a decir adiós al gigante.
-Pero ¿dónde está vuestro compañerito? -les preguntó-. ¿Aquel muchacho que subí al árbol?
A él era a quien quería más el gigante, porque le había abrazado y besado.
-No sabemos -respondieron los niños-; se ha ido.
-Decidle que venga mañana sin falta -repuso el gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y hasta entonces no le habían visto nunca.
Y el gigante se quedó muy triste. Todas las tardes a la salida del colegio venían los niños a jugar con el gigante, pero éste ya no volvió a ver el pequeñuelo a quien quería tanto. Era muy bondadoso con todos los niños, pero echaba de menos a su primer amiguito y hablaba de él con frecuencia.
-¡Cómo me gustaría verle! -solía decir.
Pasaron los años y el gigante envejeció y fue debilitándose. Ya no podía tomar parte en los juegos; permanecía sentado en un gran sillón viendo jugar a los niños.
-Tengo muchas flores bellas -decía-; pero los niños son las flores más bellas.
Una mañana de invierno, mientras se vestía, miró por la ventana.
Ya no detestaba el invierno; sabia que no es sino el sueño de la primavera y el reposo de las flores.
De pronto se frotó los ojos, atónito, y miró con atención.
Realmente era una visión maravillosa. En un extremo del jardín había un árbol casi cubierto de flores blancas. Sus ramas eran todas de oro y colgaban de ellas frutos de plata; bajo el árbol aquél estaba el pequeñuelo a quien quería tanto.
El gigante se precipitó por las escaleras lleno de alegría y entró en el jardín. Corrió por el césped y se acercó al niño. Y cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
En las palmas de la mano del niño y en sus piececitos veíanse las señales sangrientas de dos clavos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte? -gritó el gigante- Dímelo. Iré a coger mi espada y le mataré.
-No -respondió el niño-, éstas son las heridas del Amor.
-¿Y quién es ése? -dijo el gigante.
Un temor respetuoso le invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeñuelo.
Y el niño sonrió al gigante y le dijo:
-Me dejaste jugar una vez en tu jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella tarde encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de flores blancas.
¿Cuál era vuestro cuento preferido?
El gigante egoísta
Oscar Wilde
Todas las tardes al volver del colegio tenían los niños la costumbre de ir a jugar al jardín del gigante.
Era un gran jardín solitario, con un suave y verde césped. Brillaban aquí y allí lindas flores sobre el suelo, y había doce melocotoneros que en primavera se cubrían con una delicada floración blanquirrosada y que, en otoño, daban hermosos frutos.
Los pájaros, posados sobre las ramas, cantaban tan deliciosamente, que los niños interrumpían habitualmente sus juegos para escucharlos.
-¡Qué dichosos somos aquí! -se decían unos a otros.
Un día volvió el gigante. Había ido a visitar a su amigo el ogro de Cornualles, residiendo siete años en su casa. Al cabo de los siete años dijo todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió regresar a su castillo.
Al llegar, vio a los niños que jugaban en su jardín.
-¿Qué hacéis ahí? -les gritó con voz agria.
Y los niños huyeron.
-Mi jardín es para mí solo -prosiguió el gigante-. Todos deben entenderlo así, y no permitiré que nadie que no sea yo se solace en él.
Entonces lo cercó con un alto muro y puso el siguiente cartelón:
QUEDA PROHIBIDA LA ENTRADA
BAJO LAS PENAS LEGALES
CORRESPONDIENTES
Era un gigante egoísta.
Los pobres niños no tenían ya sitio de recreo.
Intentaron jugar en la carretera; pero la carretera estaba muy polvorienta, toda llena de agudas piedras, y no les gustaba.
Tomaron la costumbre de pasearse, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.
Entonces llegó la primavera y en todo el país hubo pájaros y florecillas.
Sólo en el jardín del gigante egoísta continuaba siendo invierno.
Los pájaros, desde que no había niños, no tenían interés en cantar y los árboles olvidábanse de florecer.
En cierta ocasión una bonita flor levantó su cabeza sobre el césped; pero al ver el cartelón se entristeció tanto pensando en los niños, que se dejó caer a tierra, volviéndose a dormir.
Los únicos que se alegraron fueron el hielo y la nieve.
-La primavera se ha olvidado de este jardín -exclamaban- Gracias a esto vamos a vivir en él todo el año.
La nieve extendió su gran manto blanco sobre el césped y el hielo revistió de plata todos los árboles.
Entonces invitaron al viento del Norte a que viniese a pasar una temporada con ellos.
El viento del Norte aceptó y vino. Estaba envuelto en pieles. Bramaba durante todo el día por el jardín, derribando a cada momento chimeneas.
-Éste es un sitio delicioso -decía- Invitemos también al granizo.
Y llegó asimismo el granizo.
Todos los días, durante tres horas, tocaba el tambor sobre la techumbre del castillo, hasta que rompió muchas pizarras. Entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín, lo más de prisa que pudo. Iba vestido de gris y su aliento era de hielo.
-No comprendo por qué la primavera tarda tanto en llegar -decía el gigante egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín blanco y frío-. ¡Ojalá cambie el tiempo!
Pero la primavera no llegaba ni el verano tampoco.
El otoño trajo frutos de oro a todos los jardines, pero no dio ninguno al del gigante.
-Es demasiado egoísta -dijo.
Y era siempre invierno en casa del gigante, y el viento del Norte, el granizo, el hielo y la nieve danzaban en medio de los árboles.
Una mañana el gigante, acostado en su lecho, pero despierto ya, oyó una música deliciosa. Sonó tan dulcemente en sus oídos, que hizo imaginarse que los músicos del rey pasaban por allí.
En realidad, era un pardillo que cantaba ante su ventana; pero como no había oído a un pájaro en su jardín hacía mucho tiempo, le pareció la música más bella del mundo.
Entonces el granizo dejó de bailar sobre su cabeza y el viento del Norte de rugir. Un perfume delicioso llegó hasta él por la ventana abierta.
-Creo que ha llegado al fin la primavera -dijo el gigante.
Y saltando del lecho se asomó a la ventana y miró. ¿Qué fue lo que vió?
Pues vio un espectáculo extraordinario.
Por una brecha abierto en el muro, los niños habíanse deslizado en el jardín encaramándose a las ramas. Sobre todos los árboles que alcanzaba él a ver había un niño, y los árboles sentíanse tan dichosos de sostener nuevamente a los niños, que se habían cubierto de flores y agitaban graciosamente sus brazos sobre las cabezas infantiles.
Los pájaros revoloteaban de unos para otros cantando con delicia, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped.
Era un bonito cuadro.
Sólo en un rincón, en el rincón más apartado del jardín, seguía siendo invierno.
Allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, que no había podido llegar a las ramas del árbol y se paseaba a su alrededor llorando amargamente.
El pobre árbol estaba aún cubierto de hielo y de nieve, y el viento del Norte soplaba y rugía por encima de él.
-Sube ya, muchacho -decía el árbol.
Y le alargaba sus ramas, inclinándose todo lo que podía, pero el niño era demasiado pequeño.
El corazón del gigante se enterneció al mirar hacia afuera.
«¡Qué egoísta he sido! -pensó-. Ya sé por qué la primavera no ha querido venir aquí. Voy a colocar a ese pobre pequeñuelo sobre la cima del árbol, luego tiraré el muro, y mi jardín será ya siempre el sitio de recreo de los niños.»
Estaba verdaderamente arrepentido de lo que había hecho.
Entonces bajó las escaleras, abrió nuevamente la puerta y entró en el jardín.
Pero cuando los niños le vieron, se quedaron tan aterrorizados que huyeron y el jardín se quedó otra vez invernal.
Únicamente el niño pequeñito no había huído porque sus ojos estaban tan llenos de lágrimas que no le vio venir.
Y el gigante se deslizó hasta él, le cogió cariñosamente con sus manos y lo depositó sobre el árbol.
Y el árbol inmediatamente floreció, los pájaros vinieron a posarse y a cantar sobre él y el niñito extendió sus brazos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.
Y los otros niños, viendo que ya no era malo el gigante, se acercaron y la primavera los acompañó.
-Desde ahora éste es vuestro jardín, pequeñuelos -dijo el gigante.
Y cogiendo un martillo muy grande, echó abajo el muro.
Y cuando los campesinos fueron a mediodía al mercado, vieron al gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que pueda imaginarse.
Estuvieron jugando durante todo el día, y por la noche fueron a decir adiós al gigante.
-Pero ¿dónde está vuestro compañerito? -les preguntó-. ¿Aquel muchacho que subí al árbol?
A él era a quien quería más el gigante, porque le había abrazado y besado.
-No sabemos -respondieron los niños-; se ha ido.
-Decidle que venga mañana sin falta -repuso el gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y hasta entonces no le habían visto nunca.
Y el gigante se quedó muy triste. Todas las tardes a la salida del colegio venían los niños a jugar con el gigante, pero éste ya no volvió a ver el pequeñuelo a quien quería tanto. Era muy bondadoso con todos los niños, pero echaba de menos a su primer amiguito y hablaba de él con frecuencia.
-¡Cómo me gustaría verle! -solía decir.
Pasaron los años y el gigante envejeció y fue debilitándose. Ya no podía tomar parte en los juegos; permanecía sentado en un gran sillón viendo jugar a los niños.
-Tengo muchas flores bellas -decía-; pero los niños son las flores más bellas.
Una mañana de invierno, mientras se vestía, miró por la ventana.
Ya no detestaba el invierno; sabia que no es sino el sueño de la primavera y el reposo de las flores.
De pronto se frotó los ojos, atónito, y miró con atención.
Realmente era una visión maravillosa. En un extremo del jardín había un árbol casi cubierto de flores blancas. Sus ramas eran todas de oro y colgaban de ellas frutos de plata; bajo el árbol aquél estaba el pequeñuelo a quien quería tanto.
El gigante se precipitó por las escaleras lleno de alegría y entró en el jardín. Corrió por el césped y se acercó al niño. Y cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
En las palmas de la mano del niño y en sus piececitos veíanse las señales sangrientas de dos clavos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte? -gritó el gigante- Dímelo. Iré a coger mi espada y le mataré.
-No -respondió el niño-, éstas son las heridas del Amor.
-¿Y quién es ése? -dijo el gigante.
Un temor respetuoso le invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeñuelo.
Y el niño sonrió al gigante y le dijo:
-Me dejaste jugar una vez en tu jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella tarde encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de flores blancas.
8.9.10
Viaje en astrobús
Ayer, después de un paréntesis excesivamente largo, volvimos a clase. Una vuelta momentánea, porque sólo serán tres horas los martes, pero que me supo a gloria. Renegaré una y mil veces del sistema, pero lo cierto es que nada me fascina más que asistir a una clase a la que tenía ganas de ir, de esas que no se llaman magistrales por rutina, sino porque la realidad hay que definirla y clases mequitoelsombrero quedaba demasiado largo.
El caso es que, en un intento más de volver a la rutina, fui en autobús. Allí, en el asiento de siempre, con la lluvia resbalando por los cristales, con la sensación típicamente acuosa de tener cuerpo de lluvia y recordando estos últimos años, me di cuenta, como me doy cuenta cada día desde la primera semana de universidad, de que soy inmensamente feliz. Me encanta ir en autobús. Es una mezcla explosiva entre el anonimato más gris desvaído y el conocimiento más extraño de las personas; nunca sabes a quién te vas a encontrar yendo en autobús por la ciudad. Delegas la responsabilidad de todo y te das cuenta de que tienes 20 minutos que son solo tuyos, para estar simplemente sentada mirando cómo pasan las calles y la gente (inconscientes de su brevedad, diría Benedetti), para pensar en lo que te apetezca o en nada en absoluto.
Tenía un compañero de clase que se pasó buena parte de la primaria llamando "astrobús" al autobús. Ahora más que nunca me parece una denominación fabulosa. Después de un rato de reflexiones en flujo, durante el que probablemente me olvide de que estoy allí o de que hay alguien a mi alrededor, poner los pies en la tierra es más o menos aterrizar, bajar de un cohete lejano para seguir con una rutina que ya no es rutina o con una vida cada vez más cambiada.
El caso es que, en un intento más de volver a la rutina, fui en autobús. Allí, en el asiento de siempre, con la lluvia resbalando por los cristales, con la sensación típicamente acuosa de tener cuerpo de lluvia y recordando estos últimos años, me di cuenta, como me doy cuenta cada día desde la primera semana de universidad, de que soy inmensamente feliz. Me encanta ir en autobús. Es una mezcla explosiva entre el anonimato más gris desvaído y el conocimiento más extraño de las personas; nunca sabes a quién te vas a encontrar yendo en autobús por la ciudad. Delegas la responsabilidad de todo y te das cuenta de que tienes 20 minutos que son solo tuyos, para estar simplemente sentada mirando cómo pasan las calles y la gente (inconscientes de su brevedad, diría Benedetti), para pensar en lo que te apetezca o en nada en absoluto.
Tenía un compañero de clase que se pasó buena parte de la primaria llamando "astrobús" al autobús. Ahora más que nunca me parece una denominación fabulosa. Después de un rato de reflexiones en flujo, durante el que probablemente me olvide de que estoy allí o de que hay alguien a mi alrededor, poner los pies en la tierra es más o menos aterrizar, bajar de un cohete lejano para seguir con una rutina que ya no es rutina o con una vida cada vez más cambiada.
4.9.10
"Vuelvo
quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo"
(M.Benedetti)
quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo"
(M.Benedetti)
30.8.10
A veces robo poesía de madrugada...
A veces robo poesía de madrugada. Se agarra a la piel, pero la rasgo un poco, con cuidado. Entonces doy un tirón seco y de repente es mía. Me quedo con ella sin saber muy bien qué hacer, los ojos abiertos, sin sueño. Quizá me la beba sólo un poco. Sólo uno. Me sorprendo, me sorprenden. Sólo tú sabes cómo sigue lo que sigue. O no lo sabes; o no sabes que eres tú; o se te ha olvidado ya mi letra. En fin, que sólo tú lo sabes. Luego parpadeo y amanece en una ciudad que no es mía. Amanezco o me amaneces, o quizá me amanecen o amanezcan; sólo un parpadeo, y enseguida me doy cuenta de que me han robado la poesía, de las manos, ante mis ojos cerrados. (Sólo tú sabes cómo sigue lo que sigue). Sólo un parpadeo, y ya no sé quién eres, porque, por supuesto, te has llevado la poesía contigo y sólo tú sabías cómo seguía lo que seguía. Sería otra historia. A veces robo poesía de madrugada.
29.8.10
28.8.10
La temperatura del café
Normalmente, al despertar, una de las primeras cosas que hago (y que hago conscientemente "mal" y porque sí) es encender el ordenador. Tiene un encender un poco como mi despertar, infernalmente lento para los de fuera. Lo enciendo, cierro la puerta y me voy a hacer lo mismo con la cafetera. Al poco vuelvo, cierro unas cuantas cosas ("mañana lo quito de la barra de inicio..."), pido que me recuerden mañana otras tantas y abro en orden algunas páginas destinadas a entretenerme el café. Que sí: que está fatal, que la deshumanización, que desayunar con la familia (tendría que desayunar tres veces), que bla. Manías, cada cual, las suyas.
Esas páginas, sustitutas del periódico de la mañana (el correo, Facebook, un par de periódicos en su edición digital) tienen la función básica de la primera toma de contacto con la realidad. Ya lo he dicho, tengo un despertar infernalmente lento. Además, los que me conocen saben a la perfección que el café me gusta a la temperatura exacta, ni más ni menos, de modo que entre que llega a mi mesa y lo saboreo deben pasar unos 15 minutos. Así que también tienen la función de enfriarme el café (¿debería informar de esto a los creadores de Facebook?, bueno, que me lo recuerden mañana). A veces lo enfrían demasiado y suele ser buena señal.
Pero a veces, como hoy, un pensamiento lleva a otro, una página a otra más, descubres un par de blogs, una noticia que te gustaría seguir, has cometido el error de entrar también en algún foro y algo te ha llamado la atención pero el debate tiene más de tres páginas, ese documental dura ¡más de una hora!, ¿y ese email por contestar?, ... Me veo obligada, de repente, a dejarlo todo -pensamientos, ordenador y café- en "standby", buscar en el deliberadamente desordenado cajón de la ropa algo que disimule al mundo la clara desnudez y dirigirme a la ducha con un suspiro de resignación. El café helado no me gusta.
Esas páginas, sustitutas del periódico de la mañana (el correo, Facebook, un par de periódicos en su edición digital) tienen la función básica de la primera toma de contacto con la realidad. Ya lo he dicho, tengo un despertar infernalmente lento. Además, los que me conocen saben a la perfección que el café me gusta a la temperatura exacta, ni más ni menos, de modo que entre que llega a mi mesa y lo saboreo deben pasar unos 15 minutos. Así que también tienen la función de enfriarme el café (¿debería informar de esto a los creadores de Facebook?, bueno, que me lo recuerden mañana). A veces lo enfrían demasiado y suele ser buena señal.
Pero a veces, como hoy, un pensamiento lleva a otro, una página a otra más, descubres un par de blogs, una noticia que te gustaría seguir, has cometido el error de entrar también en algún foro y algo te ha llamado la atención pero el debate tiene más de tres páginas, ese documental dura ¡más de una hora!, ¿y ese email por contestar?, ... Me veo obligada, de repente, a dejarlo todo -pensamientos, ordenador y café- en "standby", buscar en el deliberadamente desordenado cajón de la ropa algo que disimule al mundo la clara desnudez y dirigirme a la ducha con un suspiro de resignación. El café helado no me gusta.
27.8.10
Bienvenida
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más docil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.
Del maestro Benedetti, cómo no.
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más docil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.
Del maestro Benedetti, cómo no.
16.8.10
Correr por tu vida
Cada mañana en África, una gacela se despierta y sabe que debe correr frente al león, o perderá la vida.
Cada mañana en África, un león se despierta y sabe que deber correr detrás de la gacela, o morirá de hambre.
Cuando el sol se levante, no importa donde estés o si eres León o Gacela. Será mejor que empieces a correr por tu vida...
Cada mañana en África, un león se despierta y sabe que deber correr detrás de la gacela, o morirá de hambre.
Cuando el sol se levante, no importa donde estés o si eres León o Gacela. Será mejor que empieces a correr por tu vida...
Visto no recuerdo dónde
14.8.10
Otherness
Siempre me aconsejaron que escribiera distinto
que no sintiera emoción sino pathos
que mi cristal no fuera transparente
sino prolijamente esmerilado
y sobre todo que si hablaba del mar
no nombrara la sal
Siempre me aconsejaron que fuera otro
y hasta me sugirieron que tenía
notorias cualidades para serlo
por eso mi futuro estaba en la otredad
El único problema ha sido siempre
mi tozudez congénita
neciamente no quería ser otro
por lo tanto continúe siendo el mismo
Otro si digo / me enseñaron
Después que la verdad
Era más bien tediosa
El amor / cursi y combustible
La decencia / bastara y obsoleta
Siempre me instaron a que fuera otro
Pero mi terquedad es infinita
Creo además que si algún día
me propusiera ser asiduamente otro
Se notaría tanto la impostura
que podría morir de falso crup
o falsa alarma u otras falacias
Es posible asimismo que esos buenos propósitos
sean sólo larvadas formas de desamor
ya que exigir a otro que sea otro
en verdad es negarle su otredad más genuina
como es la ilusión de sentirse uno mismo
Siempre me aconsejaron que escribiera distinto
pero he decidido desalentar / humilde
y cautelosamente a mis mentores
En consecuencia seguiré escribiendo
igual a mi o sea
de un modo obvio irónico terrestre
rutinario tristón desangelado
(por otros adjetivos se ruega consultar
criticas de los últimos treinta años)
y eso tal vez ocurra por que no sé ser otro
que ese otro que soy para los otros.
que no sintiera emoción sino pathos
que mi cristal no fuera transparente
sino prolijamente esmerilado
y sobre todo que si hablaba del mar
no nombrara la sal
Siempre me aconsejaron que fuera otro
y hasta me sugirieron que tenía
notorias cualidades para serlo
por eso mi futuro estaba en la otredad
El único problema ha sido siempre
mi tozudez congénita
neciamente no quería ser otro
por lo tanto continúe siendo el mismo
Otro si digo / me enseñaron
Después que la verdad
Era más bien tediosa
El amor / cursi y combustible
La decencia / bastara y obsoleta
Siempre me instaron a que fuera otro
Pero mi terquedad es infinita
Creo además que si algún día
me propusiera ser asiduamente otro
Se notaría tanto la impostura
que podría morir de falso crup
o falsa alarma u otras falacias
Es posible asimismo que esos buenos propósitos
sean sólo larvadas formas de desamor
ya que exigir a otro que sea otro
en verdad es negarle su otredad más genuina
como es la ilusión de sentirse uno mismo
Siempre me aconsejaron que escribiera distinto
pero he decidido desalentar / humilde
y cautelosamente a mis mentores
En consecuencia seguiré escribiendo
igual a mi o sea
de un modo obvio irónico terrestre
rutinario tristón desangelado
(por otros adjetivos se ruega consultar
criticas de los últimos treinta años)
y eso tal vez ocurra por que no sé ser otro
que ese otro que soy para los otros.
Otherness, Mario Benedetti
No sé. A veces en los calendarios una descubre cosas como esta.
No sé. A veces en los calendarios una descubre cosas como esta.
15.7.10
Poema de Khalil Gibran
"Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad"
Siempre me había llamado la atención la frase "Nuestros hijos no son nuestros, son de la vida..." y hoy he descubierto de dónde viene :) "No te acostarás sin saber una cosa más"
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad"
Siempre me había llamado la atención la frase "Nuestros hijos no son nuestros, son de la vida..." y hoy he descubierto de dónde viene :) "No te acostarás sin saber una cosa más"
4.7.10
El circo de la mariposa
Cortometraje ganador del concurso anual de cortos que organiza www.thedoorpost.com con un mensaje de esperanza, de motivacion, de reto.
Director: Joshua Weigel
Executive Producer: Nathan Elliott
Executive Producer: Jon and Esther Phelps
Executive Producer: Bob Yerkes
Associate Producer: Natalie Burkholder
Director: Joshua Weigel
Executive Producer: Nathan Elliott
Executive Producer: Jon and Esther Phelps
Executive Producer: Bob Yerkes
Associate Producer: Natalie Burkholder
Parte 1
Parte 2
25.6.10
30.5.10
27.5.10
Por eso
POR ESO
porque yo me desierto y tú me lluvias
porque me océano y me balsas
porque me otoño y tú me hojas
porque me sótano y me alas
por eso yo te músico y me músicas
por eso yo te potro y tú me frutas
y yo te marinero y me tabernas
y yo te remolino y me lagunas
por eso yo te circo y tú me infancias
por eso te amarillo y me amarillas
y te barco y me arenas
y te astro y me noches
y te buzo y me perlas
y te campo y me flores
por eso yo te viento y tú me crines
por eso te crepúsculo y me auroras
por eso yo te cielo y tú me golondrinas
Pedro Mairal
porque yo me desierto y tú me lluvias
porque me océano y me balsas
porque me otoño y tú me hojas
porque me sótano y me alas
por eso yo te músico y me músicas
por eso yo te potro y tú me frutas
y yo te marinero y me tabernas
y yo te remolino y me lagunas
por eso yo te circo y tú me infancias
por eso te amarillo y me amarillas
y te barco y me arenas
y te astro y me noches
y te buzo y me perlas
y te campo y me flores
por eso yo te viento y tú me crines
por eso te crepúsculo y me auroras
por eso yo te cielo y tú me golondrinas
Pedro Mairal
El blog va sin rumbo, últimamente... un poco como yo.
24.5.10
¿Y si te quiero imposible?
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.
Otra de Chantal Maillard.
De "Semillas para un cuerpo"
1988
Aquí
Dime lo que he de hacer. Las palabras
se agolpan. Dime algo, dices, dice
él. A mí, me parece que no dejo de hablar. No obstante,
cuando lo intento -dime, dice-, oigo
como un gemido, tan sólo un gemido
que arrastra el llanto.
Dime lo que he de hacer. Llévame a
donde me digan lo que he de
hacer. Sus ojos.
Tus ojos -¿tus?- sí,
calidos ojos-lago, ojos-aquí.
Aquí, como los niños
y los idiotas. Por eso tus ojos,
para quedarme, para
seguir aquí. Para aguardar
aquí. ¿Aguardar qué? No importa.
Para aguardar.
Ni dentro ni en superficie.
Aquí donde los niños
y los pobres de mente. Un aquí
que se prolonga en tus ojos sus ojos,
para poder quedarme.
Dime lo que he de hacer.
Escribo
porque tal vez no hablo. No
me sueltes.
se agolpan. Dime algo, dices, dice
él. A mí, me parece que no dejo de hablar. No obstante,
cuando lo intento -dime, dice-, oigo
como un gemido, tan sólo un gemido
que arrastra el llanto.
Dime lo que he de hacer. Llévame a
donde me digan lo que he de
hacer. Sus ojos.
Tus ojos -¿tus?- sí,
calidos ojos-lago, ojos-aquí.
Aquí, como los niños
y los idiotas. Por eso tus ojos,
para quedarme, para
seguir aquí. Para aguardar
aquí. ¿Aguardar qué? No importa.
Para aguardar.
Ni dentro ni en superficie.
Aquí donde los niños
y los pobres de mente. Un aquí
que se prolonga en tus ojos sus ojos,
para poder quedarme.
Dime lo que he de hacer.
Escribo
porque tal vez no hablo. No
me sueltes.
Chantal Maillard
Yo vengo a ofrecer mi corazón
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río...
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil,
ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma
una cuchillada del amor.
Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio;
y te daré todo y me darás algo
algo que me alivie un poco más...
Cuando no haya nadie, cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar esta nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
15.5.10
¿Por qué te gusta leer?
Empiezo a leer los libros atada de pies y manos, con una torpeza indescriptible, como la primera vez que se anda, o se ríe, o se besa. No son mis ojos que recorren las líneas lo que lee, sino mi voz, internamente, ligándome a la forma de las letras y los sonidos, remitiéndome únicamente a lo que hay escrito, leyendo para mí.
No obstante, pasado un rato, ya no soy consciente de que existan letras, ni sonidos; no hay ninguna voz leyendo en mi cabeza; la silla, la cama, la mesa, han desaparecido y también lo han hecho las páginas del libro; mis ojos se desplazan por las líneas como por la casa donde has vivido toda la vida: sin conciencia, sin pensamientos; empieza entonces un baile de formas, imágenes, sonidos, olores, sensaciones abstractas y reales por igual, y ya no miro hacia el libro, no soy consciente del libro: sólo miro hacia dentro, perdiendo de vista el mundo de sonidos que me envuelve y el oxígeno que respiro. Existimos la esencia del libro y yo, o acaso ambas cosas a la vez, o acaso no dos cosas, sino una. Y eso es todo.
He perdido trenes, se me ha pasado la parada un millón de veces, he colisionado contra la realidad indescriptiblemente mientras caminaba por la calle, me he sorprendido de repente (con un sobresalto que haría desternillar de risa a cualquiera) de seguir estando en un lugar, y montones de situaciones que sólo serán familiares a unos pocos.
Y por todo eso me resulta extrañamente incomprensible que alguien me pregunte por qué me gusta leer. Desde la visión de mí misma sumergida buceando en las páginas de un libro, resulta una pregunta inconcebible. Es como si me estuvieran preguntando por qué me gusta respirar o por qué tengo el mal vicio de dormir cada día... Simplemente ocurre y previsiblemente no dejará de ocurrir mientras siga aquí.
No obstante, pasado un rato, ya no soy consciente de que existan letras, ni sonidos; no hay ninguna voz leyendo en mi cabeza; la silla, la cama, la mesa, han desaparecido y también lo han hecho las páginas del libro; mis ojos se desplazan por las líneas como por la casa donde has vivido toda la vida: sin conciencia, sin pensamientos; empieza entonces un baile de formas, imágenes, sonidos, olores, sensaciones abstractas y reales por igual, y ya no miro hacia el libro, no soy consciente del libro: sólo miro hacia dentro, perdiendo de vista el mundo de sonidos que me envuelve y el oxígeno que respiro. Existimos la esencia del libro y yo, o acaso ambas cosas a la vez, o acaso no dos cosas, sino una. Y eso es todo.
He perdido trenes, se me ha pasado la parada un millón de veces, he colisionado contra la realidad indescriptiblemente mientras caminaba por la calle, me he sorprendido de repente (con un sobresalto que haría desternillar de risa a cualquiera) de seguir estando en un lugar, y montones de situaciones que sólo serán familiares a unos pocos.
Y por todo eso me resulta extrañamente incomprensible que alguien me pregunte por qué me gusta leer. Desde la visión de mí misma sumergida buceando en las páginas de un libro, resulta una pregunta inconcebible. Es como si me estuvieran preguntando por qué me gusta respirar o por qué tengo el mal vicio de dormir cada día... Simplemente ocurre y previsiblemente no dejará de ocurrir mientras siga aquí.
10.5.10
Crecer duele (II)
Cuando era pequeña y me dolían los huesos por crecimiento, me quejaba a mi madre. Y ella, invariablemente, me decía: "Eso no es nada, sólo estás creciendo. Es normal". Seguía doliéndome, pero lo soportaba mejor, con normalidad y tranquilidad, casi con una resignación alegre ante la vida. Sentía emoción y curiosidad ante ese cambio que me haría ser diferente a como era, ese cambio inevitable y letal que ya no tendría vuelta atrás ni devolución. Ahora me pasa algo parecido. Todo lo que me golpea y me duele, lo que me martillea la mente a diario, parece que se vuelve menos malo cuando por fin me doy cuenta de que son, ni más ni menos, dolores de crecimiento. De que desaparecerán un día y yo ya no seré la misma porque seré mayor, más adulta, un poquito más yo.
29.4.10
Mi vida
Quizá no se trate de nada más que ese miedo irracional a la vida
y de esa tendencia irracional hacia las cosas que me dan miedo.
y de esa tendencia irracional hacia las cosas que me dan miedo.
25.4.10
Las aristas del miedo
Limar las aristas del miedo,
redondearlas, pulirlas, alisarlas,
convertirlo en una esfera perfecta,
en esa pelota en el estómago,
en esa esfera de allí al fondo.
Para, así, de este modo,
cuando sea conveniente,
poder aparcarlo a un rincón
de un traspié; para crear
un desfile de bolas redondas,
sin aristas y sin excusas,
rodando lisamente
quien sabe porqué.
Para echarlo, oprimirlo,
abuchearlo y golpearlo,
para tropezar con él
perder el equilibrio
y dejarlo ir.
redondearlas, pulirlas, alisarlas,
convertirlo en una esfera perfecta,
en esa pelota en el estómago,
en esa esfera de allí al fondo.
Para, así, de este modo,
cuando sea conveniente,
poder aparcarlo a un rincón
de un traspié; para crear
un desfile de bolas redondas,
sin aristas y sin excusas,
rodando lisamente
quien sabe porqué.
Para echarlo, oprimirlo,
abuchearlo y golpearlo,
para tropezar con él
perder el equilibrio
y dejarlo ir.
Aunque a veces me duelan las aristas del miedo que me aleja de ti.
(Dr. Deseo)
Naturalmente
Un árbol sobresale en ser un árbol,
y nadie sabe verdaderamente cómo lo hace.
No hay manera de imitar a un árbol.
La única forma es ser uno de ellos.
Igualmente, cuando un ser humano da muestras
de una extraordinaria habilidad para algo,
sobresale en ello de manera natural.
Alan Watts.
Visto en el blog de Legrancoach (clic para abrir en una ventana nueva)
y nadie sabe verdaderamente cómo lo hace.
No hay manera de imitar a un árbol.
La única forma es ser uno de ellos.
Igualmente, cuando un ser humano da muestras
de una extraordinaria habilidad para algo,
sobresale en ello de manera natural.
Alan Watts.
Visto en el blog de Legrancoach (clic para abrir en una ventana nueva)
21.4.10
Nature
Un vell indi estava parlant amb el seu nét, i li deia:
"Em sento com si tingués
dos llops lluitant
dins el meu cor.
L'un és un llop irat,
violent i venjatiu.
L'altre és ple d'amor
i compassió"
El nét demanà:
"I digues, avi, quin dels dos
guanyarà la lluita en el teu cor?"
L'avi respongué:
"Aquell que jo alimenti"
"Em sento com si tingués
dos llops lluitant
dins el meu cor.
L'un és un llop irat,
violent i venjatiu.
L'altre és ple d'amor
i compassió"
El nét demanà:
"I digues, avi, quin dels dos
guanyarà la lluita en el teu cor?"
L'avi respongué:
"Aquell que jo alimenti"
De una bolsa en una terraza cualquiera un 21 de abril.
18.4.10
Runaway
When your mind's made up
there's no point try to change it.
When your mind's made up
there's no point even talking.
So if you ever want something...
Once
15.4.10
...Y la pieza de puzle perdida.
Me falta un trocito de mí. Es, exactamente, esa parte que me hacía ser tan decidida y algo más confiada e inocente, sí, esa parte que contenía la confianza en mí misma y la seguridad que tanto desconcertaban a todo el mundo, la que desconocía totalmente lo que era la vergüenza y mucho menos los nervios, la que era capaz de hacer teatro delante de quien fuera, o de bailar, o de cantar, o de leer; lo pienso y me parece mentira, existió esa época en que no me temblaban nunca las manos y simplemente no concebía la idea de sentirme inferior a nadie nunca. Me pregunto si realmente es algo que pueda irse y volver tal cual se fue. Empieza a ser una constante preocupantemente estable que siempre falte "algo" y no saber "qué"; incluso cuando parece que la normalidad (já) ha vuelto, de una manera u otra acabo volviendo atrás en el tiempo, eso cuando no descubriendo esas pequeñas cosas que echo de menos en mí y que ahora -simple y llano- no están. Estúpido tiempo circular... no es más que una rebelión que se reabsorve antes de estallar.
Y alguien te espera y tú no estás, qué cosa tan ridícula, son cuentos de leyenda y ciencia ficción y nada cambiará hasta que no ilumines la función. Sólo dime por qué sigues queriendo huir, por qué sigues buscando donde no está y piensas que nada es igual... Parece todo tan irreal, cuando las cosas suceden tú ya no estás. El equilibrio no duerme cerca, quizás ni vendrá, porque no hay nadie que merezca esa prisión. No entiendo la película, ¿cómo puedo encontrarte? No te oigo gritar que todo va a cambiar. (Maldita Nerea)
Y alguien te espera y tú no estás, qué cosa tan ridícula, son cuentos de leyenda y ciencia ficción y nada cambiará hasta que no ilumines la función. Sólo dime por qué sigues queriendo huir, por qué sigues buscando donde no está y piensas que nada es igual... Parece todo tan irreal, cuando las cosas suceden tú ya no estás. El equilibrio no duerme cerca, quizás ni vendrá, porque no hay nadie que merezca esa prisión. No entiendo la película, ¿cómo puedo encontrarte? No te oigo gritar que todo va a cambiar. (Maldita Nerea)
12.4.10
Una vez más quisiera, en pleno secreto a viva voz,
guarecerme, refugio de calma, en tu cuerpo siempre cambiante
aun así el mismo por redescubrir de nuevo y tan distante.
Tus labios no son nunca tus labios, o no son sólo tus labios,
no lo sé: quizá porque tus manos son mil manos y cuatro notas
y aunque no pueda hablarte de eso me gusta despertar y mirarte
-incluso cuando no es este el cuerpo, ni estos los labios, ni las manos-,
y somos tan imposibles, quizá por eso me miras a los ojos
con tus ojos imaginados, relucientes, entreabiertos, nunca míos,
desde tu cuerpo distante y distinto, tus labios nunca tuyos,
tus manos siempre para mí, y lees en ellos, con toda soltura,
la partitura de una música que no existe y que nunca acaba de acabarse.
guarecerme, refugio de calma, en tu cuerpo siempre cambiante
aun así el mismo por redescubrir de nuevo y tan distante.
Tus labios no son nunca tus labios, o no son sólo tus labios,
no lo sé: quizá porque tus manos son mil manos y cuatro notas
y aunque no pueda hablarte de eso me gusta despertar y mirarte
-incluso cuando no es este el cuerpo, ni estos los labios, ni las manos-,
y somos tan imposibles, quizá por eso me miras a los ojos
con tus ojos imaginados, relucientes, entreabiertos, nunca míos,
desde tu cuerpo distante y distinto, tus labios nunca tuyos,
tus manos siempre para mí, y lees en ellos, con toda soltura,
la partitura de una música que no existe y que nunca acaba de acabarse.
10.4.10
Porqués y cómos
Cuando se acepta a la persona como un ser irrepetible, insustituible, entonces surge en toda su trascendencia la responsabilidad que el hombre asume ante el sentido de su existencia. Un hombre consciente de su responsabilidad ante otro ser humano que lo aguarda con todo su corazón, o ante una obra inconclusa, jamás podrá tirar su vida por la borda. Conoce el porqué de su existencia y será capaz de soportar casi cualquier cómo.
De El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl
De El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl
8.4.10
Reconciliación
Hoy, alguien ha hecho algo muy humano y muy valiente por mí. Se ha atrevido, me ha llamado, hemos tomado un café y nos hemos reído de aquel día en que nos dejamos de hablar por una tontería hace dos años. No me lo esperaba y ha sido una grata sorpresa, un pequeño oasis de reconciliación.
Me ha hecho retroceder en el tiempo por momentos. Supongo que un factor clave para no considerar "agobiante" los años de mi adolescencia ha sido el hecho de no conocer nada más. Me veo a mí misma hace tres o cuatro años y me veo ahora, y no me reconozco. ¿Me pasará lo mismo dentro de otros tres o cuatro? No lo sé. Es verdad que había muchísimas decisiones que estaban tomadas de antemano, que eran cuestión de tiempo, pero no quería acabar de verlo. Hoy lo he visto. Es verdad que me gusta este barrio, me siento tranquila en él; aun así, creo que ha sobrepasado el número de recuerdos por metro cuadrado permitidos. Mi cuerpo me pide ir más allá, desprenderme por fin de todo (y todo es todo).
Por un rato, mientras volvía a casa, comparando el camino que he recorrido y el que me queda por recorrer, no he sentido miedo. Por una vez no he sentido miedo ni ansiedad al pensar en ello, sino una inmensa curiosidad. Quizá esté "desaprendiendo" por fin.
Reconciliación con ella. También reconciliación conmigo y (por fin) con mi pasado.
Me ha hecho retroceder en el tiempo por momentos. Supongo que un factor clave para no considerar "agobiante" los años de mi adolescencia ha sido el hecho de no conocer nada más. Me veo a mí misma hace tres o cuatro años y me veo ahora, y no me reconozco. ¿Me pasará lo mismo dentro de otros tres o cuatro? No lo sé. Es verdad que había muchísimas decisiones que estaban tomadas de antemano, que eran cuestión de tiempo, pero no quería acabar de verlo. Hoy lo he visto. Es verdad que me gusta este barrio, me siento tranquila en él; aun así, creo que ha sobrepasado el número de recuerdos por metro cuadrado permitidos. Mi cuerpo me pide ir más allá, desprenderme por fin de todo (y todo es todo).
Por un rato, mientras volvía a casa, comparando el camino que he recorrido y el que me queda por recorrer, no he sentido miedo. Por una vez no he sentido miedo ni ansiedad al pensar en ello, sino una inmensa curiosidad. Quizá esté "desaprendiendo" por fin.
Reconciliación con ella. También reconciliación conmigo y (por fin) con mi pasado.
Aprendí a sufrir, aprendí a reírme de mí,
me reconstruí, tuve que decir que sí, que sí.
Gracias por caminar siempre al revés.
(Despistaos)
3.4.10
The frozen world, Emilie Simon
Won’t you open for me
the door to your ice world
to your white desert?
I just want to stare
out over these snowfields
until we are one again.
We belong to the frozen world
When the ice begins to thaw
becomes the sea
Oh, you will see
how beautiful we can be.
Everything is calm
at the end of the planet
in our white desert.
The sun kissed the ice
it glistens for me
and we are one again
We belong to the frozen world
When the ice begins to thaw
becomes the sea
oh, you will see
how beautiful we can be
When the ice begins to thaw
becomes the sea
(Se puede escuchar aquí)
Y la encontré en este blog que recopila canciones de letras bellas.
the door to your ice world
to your white desert?
I just want to stare
out over these snowfields
until we are one again.
We belong to the frozen world
When the ice begins to thaw
becomes the sea
Oh, you will see
how beautiful we can be.
Everything is calm
at the end of the planet
in our white desert.
The sun kissed the ice
it glistens for me
and we are one again
We belong to the frozen world
When the ice begins to thaw
becomes the sea
oh, you will see
how beautiful we can be
When the ice begins to thaw
becomes the sea
(Se puede escuchar aquí)
Y la encontré en este blog que recopila canciones de letras bellas.
A saber para cuándo la jornada de puertas abiertas en el mundo congelado.
Abril
Ganas de que me moje la lluvia de abril,
la de verdad, fría, inconsistente y real,
de que en la paradoja que me acompaña
el abril raro deje paso al sol de mayo.
De no vivir en estado de espera.
la de verdad, fría, inconsistente y real,
de que en la paradoja que me acompaña
el abril raro deje paso al sol de mayo.
De no vivir en estado de espera.
2.4.10
Preguntas
¡Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo la misma?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo buena?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado
B.B
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo la misma?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo buena?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado
B.B
30.3.10
26 :)
Ja se sap que no sóc gaire partidària de celebrar i felicitar els aniversaris des de la visió clàssica que determina que aquell és el dia que aquella persona s'ha de sentir especial o com a simple excusa per fer festa. Però sí des de la versió que ens recorda el temps que portem aquí i el que ens queda encara per gaudir i per viure. Sí, ja ho sé, ho sabem molt bé, créixer no és veure passar aniversaris i pastissos amb espelmes per davant, això només és un símbol. Tampoc no cal que et faci pensar la incapacitat per entendre del tot aquesta mena de convencions socials i menys encara com, sovint, les paraules em defugen en les situacions importants... però vés, també espero que passin molts més anys sense saber què dir tal dia com avui!
Continua tant temps com tinguis... vivint a la teva manera, gaudint de les coses com tu saps, regalant la teva valuosa companyia a les persones del teu voltant, creixent -perquè encara ens queda molt per créixer!- i sobretot sent feliç!
Espero que aconsegueixis tot el que et proposis (que coneixent-te una mica, segur que serà així) i que l'any que estrenes avui et porti moltes més raons per somriure!!!
Espero que aconsegueixis tot el que et proposis (que coneixent-te una mica, segur que serà així) i que l'any que estrenes avui et porti moltes més raons per somriure!!!
FELICITATS ALBERT! :)
13.3.10
Creo
No es verdad que no crea.
Creo en lo pequeño,
en la casualidad,
en el encuentro.
Creo en la persona,
en lo imaginario,
en el universo.
Creo en la vida,
en los olores,
en los sueños.
Creo en atreverme,
en la necesidad,
en el deseo.
Creo en los himnos de Ángel, de Mario y de la alegría,
creo sólo en las líneas que no escribo
y a veces en las palabras que no pienso. Creo.
Creo en lo pequeño,
en la casualidad,
en el encuentro.
Creo en la persona,
en lo imaginario,
en el universo.
Creo en la vida,
en los olores,
en los sueños.
Creo en atreverme,
en la necesidad,
en el deseo.
Creo en los himnos de Ángel, de Mario y de la alegría,
creo sólo en las líneas que no escribo
y a veces en las palabras que no pienso. Creo.
10.3.10
Fascinación. Re-fascinación.
Volvemos a las andadas... Hay pocos temas que me fascinen más.
En el vídeo: Gloria Lenhoff, afectada por el síndrome de Williams (o síndrome de Williams-Beuren, o síndrome de Mozart, o síndrome Mozart, o...), tocando algunas de sus canciones preferidas.
5.3.10
Ponme voz
A partir de hoy, todo lo que escriba en el blog se puede escuchar. Gracias al blog de unos compañeros de clase, he encontrado esta web que permite, de manera fácil y rápida, añadir al blog la opción de generar un mp3 con una voz artificial que lee el texto. Esta herramienta, que a priori puede hacernos mucha gracia, resulta muy útil para las personas que tienen problemas graves de visión. No cuesta nada de añadir, y quizá a alguien le haga un favor. ¿Por qué no se usa más? ¿Será que es poco conocida?
27.2.10
Infidelidad
La poesía me escuece en las manos
como un relámpago fiel y cariñoso.
Me pisa los pies bailando,
me arrastra al final del pozo.
Mis palabras no son mías,
ni siquiera palabras.
-Más que todas las noches:
todas las mañanas.-
Mi aliento, mi sueño, mi vida
y mis escarpias,
me escuecen en las manos
como si ya no fueran mías
mis palabras.
como un relámpago fiel y cariñoso.
Me pisa los pies bailando,
me arrastra al final del pozo.
Mis palabras no son mías,
ni siquiera palabras.
-Más que todas las noches:
todas las mañanas.-
Mi aliento, mi sueño, mi vida
y mis escarpias,
me escuecen en las manos
como si ya no fueran mías
mis palabras.
6.2.10
Espero
Espero.
Y espero
callada,
musical,
porque confío.
Confío,
con los ojos cerrados
y con el abismo
y con el tiempo,
sibilinando,
en la palabra
tuya, tú, palabra
dicha en todas las bocas.
Confiar
es te acompaño y tengo fe
a pesar de todas las bocas
y a pesar de todas las guerras
y a pesar de toda ironía
en la persona.
Esperarte:
creer que me acompañas
y tienes fe en mí,
a pesar de todo,
a lo lejos.
Tener fe: no tener nada
y sin necesitar tampoco nada,
confiar en que se tendrá todo.
Acompañarte sin que estés:
escucharte en cada música
y pensarte, lejos del mundo,
en silencio, lejos y aquí.
Decía, pues, que espero.
O al menos, que quizá
esperando en cualquier estación
el chaparrón que me devuelva
al mundo, a vivir, a ti,
espere.
Y espero
callada,
musical,
porque confío.
Confío,
con los ojos cerrados
y con el abismo
y con el tiempo,
sibilinando,
en la palabra
tuya, tú, palabra
dicha en todas las bocas.
Confiar
es te acompaño y tengo fe
a pesar de todas las bocas
y a pesar de todas las guerras
y a pesar de toda ironía
en la persona.
Esperarte:
creer que me acompañas
y tienes fe en mí,
a pesar de todo,
a lo lejos.
Tener fe: no tener nada
y sin necesitar tampoco nada,
confiar en que se tendrá todo.
Acompañarte sin que estés:
escucharte en cada música
y pensarte, lejos del mundo,
en silencio, lejos y aquí.
Decía, pues, que espero.
O al menos, que quizá
esperando en cualquier estación
el chaparrón que me devuelva
al mundo, a vivir, a ti,
espere.
M.
28.1.10
Contrariada
Cuando crees que no puedes sentir ni más amplio ni más contradictorio, pasan los días y los meses (¡meses!) y te das cuenta de que tu pecho se ensancha con un paradójico suspiro de resignación para dar cabida a un agujero, uno simple (los hay complejos), de los que llegan y se instalan sin que te des apenas cuenta.
Y sí: lejos de desaparecer, lo que hay y también lo que no-hay crece y crece hasta agotar el espacio de tu pecho, inundar tu garganta y desbordarse de tus ojos por momentos.
Luego pregúntate si es cierto... solo encontrarás mejillas mojadas, un vacío -ya ves- demasiado colmado y un velo de ligera y breve ansiedad. Nada demasiado evidente.
Y sí: lejos de desaparecer, lo que hay y también lo que no-hay crece y crece hasta agotar el espacio de tu pecho, inundar tu garganta y desbordarse de tus ojos por momentos.
Luego pregúntate si es cierto... solo encontrarás mejillas mojadas, un vacío -ya ves- demasiado colmado y un velo de ligera y breve ansiedad. Nada demasiado evidente.
Jueves 28
Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah, pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
(...)Los datos objetivos son como sigue:
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
M. Benedetti
El fragmento que hay marcado está en mi calendario de Benedetti. Me ha recordado tantísimas cosas de golpe que no podía dejar de reflejarlo aquí.
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah, pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
(...)Los datos objetivos son como sigue:
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
M. Benedetti
El fragmento que hay marcado está en mi calendario de Benedetti. Me ha recordado tantísimas cosas de golpe que no podía dejar de reflejarlo aquí.
19.1.10
16.1.10
Chantal Maillard (selección)
Iniciación
Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.
***************************************************
Dime qué tengo que hacer. Las palabras se agolpan. Dime algo, dices, dice él, dices. A mí, me parece que no dejo de hablar. Sin embargo, cuando lo intento, sólo oigo un gemido largo, el que arrastra el llanto. hacia dentro o hacia fuera, la palabra sigue el mismo camino.
Dime lo que tengo que hacer. Llévame a donde me digan lo que tengo que hacer. Sus ojos. Tus ojos - ¿tus? - ¿ojos? - Ojo-lago, cálidos, ojos-aquí. Aquí, como los niños y los idiotas (pobres de mente, que no de espíritu). Aquí. Por eso tus ojos, para quedarme aquí, para seguir aquí, para aguardar. ¿Qué? No importa. Para aguardar.
Un lugar que no es el dentro ni la superficie. Un lugar donde están los niños y los pobres de mente. Un aquí que se prolonga. Me agarro a tus ojos, sus ojos, para poder quedarme. Dime lo que tengo que hacer.
Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes.
Husos
***************************************************
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias
de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: "sensación",
la nombramos,
la describimos... la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.
De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo.
Lógica borrosa
***************************************************
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.
Semillas para un cuerpo
***************************************************
Yo no soy inocente. ¿Lo es usted?
La realidad está aquí,
desplegada. Lo real acontece
en lo abierto. Infinito. Incomparable.
Pero el ansia de repetirnos
instaura las verdades.
Toda verdad repite lo inefable,
toda idea desmiente lo-que-ocurre.
Pero las construimos
por miedo a contemplar la enorme trama
de aquello que acontece en cada instante:
todo lo que acontece se desborda
y no estamos seguros del refugio.
Bien pensado, es posible que Platón
no sea responsable de la historia:
delegamos con gusto, por miedo o por pereza,
lo que más nos importa.
Más y mejor sobre el día que conocí a Chantal Maillard adentrándose aquí
Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.
***************************************************
Dime qué tengo que hacer. Las palabras se agolpan. Dime algo, dices, dice él, dices. A mí, me parece que no dejo de hablar. Sin embargo, cuando lo intento, sólo oigo un gemido largo, el que arrastra el llanto. hacia dentro o hacia fuera, la palabra sigue el mismo camino.
Dime lo que tengo que hacer. Llévame a donde me digan lo que tengo que hacer. Sus ojos. Tus ojos - ¿tus? - ¿ojos? - Ojo-lago, cálidos, ojos-aquí. Aquí, como los niños y los idiotas (pobres de mente, que no de espíritu). Aquí. Por eso tus ojos, para quedarme aquí, para seguir aquí, para aguardar. ¿Qué? No importa. Para aguardar.
Un lugar que no es el dentro ni la superficie. Un lugar donde están los niños y los pobres de mente. Un aquí que se prolonga. Me agarro a tus ojos, sus ojos, para poder quedarme. Dime lo que tengo que hacer.
Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes.
Husos
***************************************************
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias
de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: "sensación",
la nombramos,
la describimos... la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.
De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo.
Lógica borrosa
***************************************************
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.
Semillas para un cuerpo
***************************************************
Yo no soy inocente. ¿Lo es usted?
La realidad está aquí,
desplegada. Lo real acontece
en lo abierto. Infinito. Incomparable.
Pero el ansia de repetirnos
instaura las verdades.
Toda verdad repite lo inefable,
toda idea desmiente lo-que-ocurre.
Pero las construimos
por miedo a contemplar la enorme trama
de aquello que acontece en cada instante:
todo lo que acontece se desborda
y no estamos seguros del refugio.
Bien pensado, es posible que Platón
no sea responsable de la historia:
delegamos con gusto, por miedo o por pereza,
lo que más nos importa.
Más y mejor sobre el día que conocí a Chantal Maillard adentrándose aquí
8.1.10
Cruces de caminos
"Hay momentos en la vida en los que llegamos a un cruce de caminos, temerosos, confusos, sin un mapa de carreteras. Las decisiones que tomamos en esos momentos pueden decidir el resto de nuestros días. Aunque cuando nos enfrentamos a lo desconocido, la mayoría preferimos dar la vuelta y regresar. Pero a veces, la gente sigue hacia algo mejor, algo que se encuentra más allá del dolor de caminar solo y más allá del valor que se necesita para aceptar a alguien, o para dar a alguien una segunda oportunidad. Algo que está más allá de la callada persistencia de un sueño. Porque sólo cuando te ponen a prueba, descubres quien eres de verdad. Y sólo cuando te ponen a prueba, descubres quien puedes llegar a ser. La persona que quieres ser existe en algún lugar, más allá del trabajo duro, de la fe y de la convicción. Más allá de la angustia y del temor ante lo que nos aguarda."
1.1.10
La gente dice...
La gente dice que me he vuelto loco
Porque no uso corbata
Ni sombrero. O porque me enamoro
Siempre cuando llueve
O hace frío. La gente se ríe
De mi corazón cuando estornudo
Cuando lloro o cuando respiro
Pero la verdad es que la gente
Detesta mi cara de payaso
Asustado. Y sobre todo mi bolsillo
Siempre vacío y la oscuridad
En que me muevo entre destello
Y destello
Jorge Eduardo Eielson
Porque no uso corbata
Ni sombrero. O porque me enamoro
Siempre cuando llueve
O hace frío. La gente se ríe
De mi corazón cuando estornudo
Cuando lloro o cuando respiro
Pero la verdad es que la gente
Detesta mi cara de payaso
Asustado. Y sobre todo mi bolsillo
Siempre vacío y la oscuridad
En que me muevo entre destello
Y destello
Jorge Eduardo Eielson
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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Lo que la lluvia inspira...
...y lo que el tiempo trajo.
Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
- BAUGMAN, Z. Tiempos líquidos
- GAARDER, J. Maya
- MAILLARD, C. Hilos
- MONTESSORI, M. Ideas generales sobre el método
- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]





