When you are around it feels like home. It is hard to explain even in my own language, it is not rational, not love, it is just what it is. I feel warm and safe and happy, like anyone feels when you get home after a very long day and you know there will be a nice fireplace inside and someone smiling to you. I know it shouldn't and I know it is completely wrong, I know there is not even a word to describe it properly, I know you won't feel the same way. I know that it is something that would scare anyone if I said all of this out loud, because no one is used to say how we truly feel anymore. We ran out of bravery for this kind of things because someone told us that we are grown up now, but life used to be a lot easier when you were fifteen and a kiss was just a kiss, wasn't it?
I know I don't know you at all - and I wish I could. And I wish it could just not matter for good. And I wish we had all the time in this world. Because you are not going to be back here once you are back at home, and for sure I won't move from where I am. We only have the time we have, and not a second more than this.
I used to be a fool a long time ago, and as the very fool I was I believed in causality and serendipity and I thought that the world needed to be a tiny bit crazier to work it out, even if it wasn't named with the-four-letters-word, and I can tell you I know I wouldn't have had a doubt of taking the first step even if I knew -as I do- there was no possible path. I just didn't care at all if there was a path or not, because I just had to try and see.
Things are quite different now that I know the consequences, once I know how deeply it can hurt. And I would still prefer to try, to risk, to take all the consequences better than live with the terrible doubt of what could have had happened.
But then you come and confuse me with acts and words that won't match, with things I have no clue to translate. And I find myself wondering if I should just let it go and forget about all the great small details or if I should just publish this, hope you read it and eventually talk about how we feel in this mad mad life. Or don't talk at all.
"What you never said" was a place online where anyone could go and say that kind of things that you know you can't say out loud but you need to say them in order to throw them out of yourself.
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"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
28.12.12
27.12.12
New Year's resolutions
That's the first post that I am writing in English. And it is also the first time that I write New Year's resolutions and I have no clue of how even start to think about them.
I have no way to know where I will be by the end of 2013, who will be with me at that point and who won't, how it will be like to be me by then, and I am ok with that. Indeed I have no way to know where, how or who I will be with by the end of 2012 either and I am ok with that as well.
All that I want for 2013 is both very simple and very complicated.
I don't believe or trust in good luck for life. You need to create your own good luck. I know there is a long way to go and I have no idea of which one is the right track, I just want to take one baby step at a time and see where it ends, if it is ever going to end somewhere.
I have no way to know where I will be by the end of 2013, who will be with me at that point and who won't, how it will be like to be me by then, and I am ok with that. Indeed I have no way to know where, how or who I will be with by the end of 2012 either and I am ok with that as well.
All that I want for 2013 is both very simple and very complicated.
- I want to be in Ireland.
- I want to improve my English.
- I want to have a job.
- I want to be economically independent.
- I want to be happy and healthy.
I don't believe or trust in good luck for life. You need to create your own good luck. I know there is a long way to go and I have no idea of which one is the right track, I just want to take one baby step at a time and see where it ends, if it is ever going to end somewhere.
So I will hold back tears, move in the right direction,
I have faced my fears,
now I can move in the right direction...
I am doing fine, one step closer every day at the time,
I won't lose my mind.
143-146: Días bizarros
A veces las cosas suceden así. Improvisadas. Sin que te lo esperes. A veces es un cambio en tu conducta externa lo que te advierte de que algo que no acabas de saber lo que es está pasando en tu interior. Y a veces, sólo a veces, de las ausencias y los vacíos del resto pueden surgir nuevas aventuras para los que se quedan.
Temía este fin de semana porque era un fin de semana - simulacro. Y los simulacros dan mal rollo porque podrían ser verdad. Una vez todas nuestras Spaniards se habían ido a España para celebrar la Navidad, quedábamos muy pocas personas en Cork. Digo que es un simulacro porque, si se nos pasa por la cabeza la loca idea de quedarnos una temporada más, nuestra vida en Cork no será igual que hasta ahora. Empezando por el detalle de que todas las personas que conocemos se volverán.
Así que ahí estábamos A. y yo, sin saber muy bien qué habíamos hecho con nuestras vidas hasta ahora, qué íbamos a hacer con nuestras vidas en el día de hoy, qué iba a ser de nuestras vidas en los próximos meses. Esto es, muy muy perdidas en la vida.
Y descubrimos el sitio de las hamburguesas y que la teoría de las cucharas (otro día os hablo de ella) se puede aplicar a lo que te pasa cuando te gustaría pedir la cuenta pero reminiscencias de tu fobia social te impiden poner en marcha los mecanismos necesarios para hacerlo. Y descubrimos el Baileys y volvimos a Thomond.
De repente, estábamos rodeadas de gente disfrazada de elfo y de pitufo, de gente que entraba en el pub como quien entra a una pasarela, en un lugar donde sólo era necesario sentarse y observar a la gente para pasárselo bien, porque a veces no entender a las personas tiene su parte divertida.
Al día siguiente, nos dimos cuenta de que pasar un domingo cosiendo y cocinando tampoco está del todo mal si es en buena compañía, aunque sea el colmo de la vida de la au pair.
Y empezamos a hacernos a la idea de lo que sería pasar la Navidad fuera de casa. Y de lo que será Cork cuando nuestro Cork sea solamente ... Cork.
Temía este fin de semana porque era un fin de semana - simulacro. Y los simulacros dan mal rollo porque podrían ser verdad. Una vez todas nuestras Spaniards se habían ido a España para celebrar la Navidad, quedábamos muy pocas personas en Cork. Digo que es un simulacro porque, si se nos pasa por la cabeza la loca idea de quedarnos una temporada más, nuestra vida en Cork no será igual que hasta ahora. Empezando por el detalle de que todas las personas que conocemos se volverán.
Así que ahí estábamos A. y yo, sin saber muy bien qué habíamos hecho con nuestras vidas hasta ahora, qué íbamos a hacer con nuestras vidas en el día de hoy, qué iba a ser de nuestras vidas en los próximos meses. Esto es, muy muy perdidas en la vida.
Y descubrimos el sitio de las hamburguesas y que la teoría de las cucharas (otro día os hablo de ella) se puede aplicar a lo que te pasa cuando te gustaría pedir la cuenta pero reminiscencias de tu fobia social te impiden poner en marcha los mecanismos necesarios para hacerlo. Y descubrimos el Baileys y volvimos a Thomond.
De repente, estábamos rodeadas de gente disfrazada de elfo y de pitufo, de gente que entraba en el pub como quien entra a una pasarela, en un lugar donde sólo era necesario sentarse y observar a la gente para pasárselo bien, porque a veces no entender a las personas tiene su parte divertida.
Al día siguiente, nos dimos cuenta de que pasar un domingo cosiendo y cocinando tampoco está del todo mal si es en buena compañía, aunque sea el colmo de la vida de la au pair.
Y empezamos a hacernos a la idea de lo que sería pasar la Navidad fuera de casa. Y de lo que será Cork cuando nuestro Cork sea solamente ... Cork.
Y aquí tú y yo, sólo quedamos los buenos, nadie nos enseña dónde parar...
20.12.12
2012
Se acaba el año y dicen que hasta el mundo... Parece que "toca afinar, definir el trazo, sintonizar, reagrupar pedazos", que dirían mis Vetusta Morla. Inocente de mí, de verdad que cuando era pequeña pensaba que eso de crecer se acababa cuando los huesos dejaban de estirarse y tenía pavor a pensar que el crecimiento un día se iba a terminar y me iba a quedar en un estado de estabilidad casi permanente hasta que de repente notaría que empezaba a envejecer, y así hasta el final y el final es morirse. ¡Já! Y luego resulta que no, que de eso nada, amigos; seguimos creciendo, lo que pasa es que crecemos así como "para adentro", como un árbol que echa raíces que son alas...
Ha sido un año objetivamente un poco duro y subjetivamente muy feliz. Por cierto, tengo que dejar de medir mi vida en cursos escolares, porque luego los balances siempre quedan a mitad... Empecé el año a mitad del máster. Y empecé el año diciendo "incertidumbre, ya no me asustas".
Recuerdo la mezcla de pereza y ganas al volver a Barcelona tras las vacaciones de Navidad y cómo me gustó volver. Volver a subirme en ese tren, bajarme en esa estación, caminar hasta casa cargada de maletas, helada, feliz, con un libro debajo del brazo, como siempre.
Los nervios al empezar las prácticas (hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian), el orgullo que se siente al darse cuenta de que se avanza en una dirección clara.
El curso de Montessori y cómo me desmontaba los esquemas, cómo cambiaba mi actitud hacia la vida el día que sabía que había curso y todo lo que compartimos en aquellas sesiones.
Comprar la comida a las tantas de la noche en tiendas dudosas, acostumbrarse a vivir fuera de la falda de mamá, a pelearse con las cucarachas y tragarse el miedo que me daba tender desde el último piso. Asomarse a ver la Sagrada Familia y jugar con L. en el descanso de estudiar o contarles a mis compañeros de piso la última aventura burocrática.
La alegría indescriptible de volver a levantarme por la mañana para pisar una escuela, aunque fuera de prácticas... La pereza de ir a las clases del máster que se acababa en un instante al llegar a clase y ver a mis compañeras. Compartir brownies, blondies e historias.
Beberme el timeline de Twitter en el metro, por la calle, en cualquier lugar, aprendiendo y absorviendo como una esponja. Hacer fotos de todo. Los cafés los miércoles por la mañana y los rincones en Barcelona. Salir a pasear, cineforums para maestros, jornadas en las que seguir aprendiendo...
En algún momento del año una idea nueva empezó a formarse en mi cabeza. No podía deshacerme de ella y tampoco podía contársela a nadie hasta que estuviera decidida. Me acordaba constantemente de aquella frase que dice que dentro de 20 años te arrepentirás más de lo que no has hecho que de lo que sí hiciste.
Y entonces me puse en marcha, hablé con quien tenía que hablar, me hice un perfil en Aupair World y aquí estoy, en Cork, de aupair. Si me lo hubieran dicho cuando hacía el balance del 2011, me habría echado a reír a carcajada limpia. Vino dejar Barcelona, el concierto de Vetusta Morla en el Poble Espanyol con la Luna, esta misma Luna, brillando allá arriba en mi última noche en "mi" ciudad. Vino un mes en Tarragona increíblemente corto y largo al mismo tiempo.
Así que vinieron muchas despedidas, y no voy a hablar de las despedidas más que para decir que es un honor ser importante para gente tan grande.
Venir a Cork de aupair ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, en parte porque me ha devuelto mi fe en que las personas son buenas por naturaleza. Y sí, digo fe, porque es lo que es, una fe ciega en algo que tampoco se puede demostrar.
Pese a la lucha interna de clases que se libraba en mi interior los primeros meses (porque no nos engañemos, mucho mayor que el cambio cultural o de idiomas ha sido el cambio social), Irlanda tiene algo que hace que valga la pena estar aquí.
Me guardo de la segunda mitad del 2012 los viajes más o menos improvisados durante el verano, tener la sensación de estar aprovechando el tiempo y el dinero, la visita de M. gracias a la beca de maestros que lo puso todo en marcha. Todos los cafés, los chocolates y las cervezas que son mucho más que café, chocolate y cerveza por lo que sucede a su alrededor.
Guardo y atesoro todos los comentarios en Facebook y Twitter, los emails, las cartas, los paquetes, los regalos, la visita a España y la vuelta aquí.
Guardo la generosidad, amabilidad, buen humor y grandeza de espíritu de mi hostfamily, que me ha ayudado a derribar bastantes barreras mentales y estereotipos que no sabía que tenía.
Guardo todos los planes de futuro compartido, los que se realizarán y los que no. Todos los proyectos.
Y guardo, por supuesto, todas las personas que he conocido aquí, ya sea las que conoces estando de paso y sabes que probablemente no volverás a ver, como las que ves prácticamente cada día, las que están ahí para el fin de semana, las que vinieron y tuvieron que irse, las que te regalan una sonrisa nada más verte, porque todas ellas son especiales. Guardo tod@s l@s que hacéis posible que una Navidad lejos de casa no sea algo apocalípticamente triste, sino sólo diferente.
No voy a decir nombres, pero gracias a vosotr@s recupero cada día la esperanza, la ilusión y la fe en la humanidad. Vosotr@s sois mi lugar preferido en Cork.
Si robaran el mapa del país de los sueños, siempre queda el camino que nos late por dentro. Si te caes, te levantas, si te arrimas, te espero... Llegaremos a tiempo. Mejor lento que parado, desabrocha el corazón, no permitas que te anuden la imaginación... No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón.
Ha sido un año objetivamente un poco duro y subjetivamente muy feliz. Por cierto, tengo que dejar de medir mi vida en cursos escolares, porque luego los balances siempre quedan a mitad... Empecé el año a mitad del máster. Y empecé el año diciendo "incertidumbre, ya no me asustas".
Recuerdo la mezcla de pereza y ganas al volver a Barcelona tras las vacaciones de Navidad y cómo me gustó volver. Volver a subirme en ese tren, bajarme en esa estación, caminar hasta casa cargada de maletas, helada, feliz, con un libro debajo del brazo, como siempre.
Los nervios al empezar las prácticas (hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian), el orgullo que se siente al darse cuenta de que se avanza en una dirección clara.
El curso de Montessori y cómo me desmontaba los esquemas, cómo cambiaba mi actitud hacia la vida el día que sabía que había curso y todo lo que compartimos en aquellas sesiones.
Comprar la comida a las tantas de la noche en tiendas dudosas, acostumbrarse a vivir fuera de la falda de mamá, a pelearse con las cucarachas y tragarse el miedo que me daba tender desde el último piso. Asomarse a ver la Sagrada Familia y jugar con L. en el descanso de estudiar o contarles a mis compañeros de piso la última aventura burocrática.
La alegría indescriptible de volver a levantarme por la mañana para pisar una escuela, aunque fuera de prácticas... La pereza de ir a las clases del máster que se acababa en un instante al llegar a clase y ver a mis compañeras. Compartir brownies, blondies e historias.
Beberme el timeline de Twitter en el metro, por la calle, en cualquier lugar, aprendiendo y absorviendo como una esponja. Hacer fotos de todo. Los cafés los miércoles por la mañana y los rincones en Barcelona. Salir a pasear, cineforums para maestros, jornadas en las que seguir aprendiendo...
En algún momento del año una idea nueva empezó a formarse en mi cabeza. No podía deshacerme de ella y tampoco podía contársela a nadie hasta que estuviera decidida. Me acordaba constantemente de aquella frase que dice que dentro de 20 años te arrepentirás más de lo que no has hecho que de lo que sí hiciste.
Y entonces me puse en marcha, hablé con quien tenía que hablar, me hice un perfil en Aupair World y aquí estoy, en Cork, de aupair. Si me lo hubieran dicho cuando hacía el balance del 2011, me habría echado a reír a carcajada limpia. Vino dejar Barcelona, el concierto de Vetusta Morla en el Poble Espanyol con la Luna, esta misma Luna, brillando allá arriba en mi última noche en "mi" ciudad. Vino un mes en Tarragona increíblemente corto y largo al mismo tiempo.
Así que vinieron muchas despedidas, y no voy a hablar de las despedidas más que para decir que es un honor ser importante para gente tan grande.
Venir a Cork de aupair ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, en parte porque me ha devuelto mi fe en que las personas son buenas por naturaleza. Y sí, digo fe, porque es lo que es, una fe ciega en algo que tampoco se puede demostrar.
Pese a la lucha interna de clases que se libraba en mi interior los primeros meses (porque no nos engañemos, mucho mayor que el cambio cultural o de idiomas ha sido el cambio social), Irlanda tiene algo que hace que valga la pena estar aquí.
Me guardo de la segunda mitad del 2012 los viajes más o menos improvisados durante el verano, tener la sensación de estar aprovechando el tiempo y el dinero, la visita de M. gracias a la beca de maestros que lo puso todo en marcha. Todos los cafés, los chocolates y las cervezas que son mucho más que café, chocolate y cerveza por lo que sucede a su alrededor.
Guardo y atesoro todos los comentarios en Facebook y Twitter, los emails, las cartas, los paquetes, los regalos, la visita a España y la vuelta aquí.
Guardo la generosidad, amabilidad, buen humor y grandeza de espíritu de mi hostfamily, que me ha ayudado a derribar bastantes barreras mentales y estereotipos que no sabía que tenía.
Guardo todos los planes de futuro compartido, los que se realizarán y los que no. Todos los proyectos.
Y guardo, por supuesto, todas las personas que he conocido aquí, ya sea las que conoces estando de paso y sabes que probablemente no volverás a ver, como las que ves prácticamente cada día, las que están ahí para el fin de semana, las que vinieron y tuvieron que irse, las que te regalan una sonrisa nada más verte, porque todas ellas son especiales. Guardo tod@s l@s que hacéis posible que una Navidad lejos de casa no sea algo apocalípticamente triste, sino sólo diferente.
No voy a decir nombres, pero gracias a vosotr@s recupero cada día la esperanza, la ilusión y la fe en la humanidad. Vosotr@s sois mi lugar preferido en Cork.
Si robaran el mapa del país de los sueños, siempre queda el camino que nos late por dentro. Si te caes, te levantas, si te arrimas, te espero... Llegaremos a tiempo. Mejor lento que parado, desabrocha el corazón, no permitas que te anuden la imaginación... No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón.
17.12.12
137-142: Tiempo prestado
En esta vida hay información que tenemos a nivel racional pero no somos conscientes de ella hasta que se convierte en una experiencia corporizada. Hasta que pasas de saberlo en tu cabeza a saberlo en el pecho y en el estómago.
Hay varios posicionamentos ante el hecho de venirse de au pair. Están quienes lo ven de manera pesimista y piensan: la situación está tan mal en mi país que me he visto obligada a tomar una decisión como esta y venir de au pair a la otra punta del mundo, sin posibilidad de ahorrar, lejos de mi familia, etcétera. Están quienes intentan ver la parte positiva a la situación, como la oportunidad de aprender inglés y conocer gente nueva. Están las que hubieran venido de todas maneras porque ya formaba parte de sus objetivos, de las cosas que quería hacer en la vida. Las que lo ven como una oportunidad para buscar trabajo desde otro país mientras aprenden el idioma. Las que están aquí como podrían estar en cualquier otra parte. Y un largo etcétera.
Y sea cual sea nuestra postura al respecto, todas las au pairs tenemos algo en común... venir de au pair es algo temporal. Dejamos atrás una vida más o menos segura, porque incluso aunque no sea segura en absoluto, sabemos qué hay que esperar de ella, para llegar a un país, costumbres, cultura, idioma y todo lo que eso implica, todo totalmente distinto. Sin familia, sin amigos. Un día saltamos sin red y nos arriesgamos, y probablemente nos pasemos lo que dura el viaje de avión pensando "madre mía, ¿dónde me he metido?", porque un día estás en tu zona de confort y al día siguiente te despiertas en una vida que no es la tuya. Y ha sido una decisión más irracional que otra cosa... Como dice J., "es que realmente no puedes pensar en ello, porque si te lo piensas mucho, no vienes".
Entonces sucede que empiezas a pensar que Irlanda tiene un no-sé-qué que qué-sé-yo; que empiezas a crear vínculos con personas a las que quizá nunca habrías conocido y que pasan a formar parte de tu día a día con tal impacto que no te imaginas tu rutina sin ellas; que creas tus recuerdos y una nueva vida en otro lugar; que empiezas otra vez, como una segunda oportunidad (o tercera, o cuarta), en una vida que podría ser tu vida. Tienes tu vida en otro sitio. Y te sientes segura, feliz, quisieras que no acabara, y no tendría por qué...
Y de repente, sin saber muy bien de dónde, llega el sablazo: porque no es un tiempo nuestro, es un tiempo que la vida nos ha regalado con un límite de días, horas y segundos, es un tiempo prestado del que tenemos que hacer el mejor uso posible, pero que un día se acabará.
Y antes de eso tendremos que vivirlo a través de otras personas: otros adioses, todos distintos y todos iguales, otras que se vuelven a su tierra, a la vida que dejaron atrás y de la que apenas sabemos. Entonces lo veremos venir y es en ese preciso instante cuando saber que un día nos iremos pasará como un rayo de la cabeza al estómago. "Un día seré yo", pensaremos, "un día me tendré que ir".
Un día volveremos a una vida que tampoco será del todo nuestra vida, porque nadie es imprescindible y la rueda sigue girando. Nos encontraremos de vuelta en el aeropuerto de donde salimos, en nuestra ciudad, en nuestra calle que ya no serán nuestras del mismo modo, preguntándonos qué narices ha pasado, si no habrá sido un sueño extraño y nada más.
Pero no lo habrá sido. Nos quedarán tantas pruebas que lo atestigüen que necesitaremos mil maletas y dos corazones para resguardarlas todas del tiempo inexorable.
Como apunte, añado que para escribir la entrada me he inspirado en esta otra, mucho mejor y de lectura muy recomendable, del blog "Apaga y vámonos".
Hay varios posicionamentos ante el hecho de venirse de au pair. Están quienes lo ven de manera pesimista y piensan: la situación está tan mal en mi país que me he visto obligada a tomar una decisión como esta y venir de au pair a la otra punta del mundo, sin posibilidad de ahorrar, lejos de mi familia, etcétera. Están quienes intentan ver la parte positiva a la situación, como la oportunidad de aprender inglés y conocer gente nueva. Están las que hubieran venido de todas maneras porque ya formaba parte de sus objetivos, de las cosas que quería hacer en la vida. Las que lo ven como una oportunidad para buscar trabajo desde otro país mientras aprenden el idioma. Las que están aquí como podrían estar en cualquier otra parte. Y un largo etcétera.
Y sea cual sea nuestra postura al respecto, todas las au pairs tenemos algo en común... venir de au pair es algo temporal. Dejamos atrás una vida más o menos segura, porque incluso aunque no sea segura en absoluto, sabemos qué hay que esperar de ella, para llegar a un país, costumbres, cultura, idioma y todo lo que eso implica, todo totalmente distinto. Sin familia, sin amigos. Un día saltamos sin red y nos arriesgamos, y probablemente nos pasemos lo que dura el viaje de avión pensando "madre mía, ¿dónde me he metido?", porque un día estás en tu zona de confort y al día siguiente te despiertas en una vida que no es la tuya. Y ha sido una decisión más irracional que otra cosa... Como dice J., "es que realmente no puedes pensar en ello, porque si te lo piensas mucho, no vienes".
Entonces sucede que empiezas a pensar que Irlanda tiene un no-sé-qué que qué-sé-yo; que empiezas a crear vínculos con personas a las que quizá nunca habrías conocido y que pasan a formar parte de tu día a día con tal impacto que no te imaginas tu rutina sin ellas; que creas tus recuerdos y una nueva vida en otro lugar; que empiezas otra vez, como una segunda oportunidad (o tercera, o cuarta), en una vida que podría ser tu vida. Tienes tu vida en otro sitio. Y te sientes segura, feliz, quisieras que no acabara, y no tendría por qué...
Y de repente, sin saber muy bien de dónde, llega el sablazo: porque no es un tiempo nuestro, es un tiempo que la vida nos ha regalado con un límite de días, horas y segundos, es un tiempo prestado del que tenemos que hacer el mejor uso posible, pero que un día se acabará.
Y antes de eso tendremos que vivirlo a través de otras personas: otros adioses, todos distintos y todos iguales, otras que se vuelven a su tierra, a la vida que dejaron atrás y de la que apenas sabemos. Entonces lo veremos venir y es en ese preciso instante cuando saber que un día nos iremos pasará como un rayo de la cabeza al estómago. "Un día seré yo", pensaremos, "un día me tendré que ir".
Un día volveremos a una vida que tampoco será del todo nuestra vida, porque nadie es imprescindible y la rueda sigue girando. Nos encontraremos de vuelta en el aeropuerto de donde salimos, en nuestra ciudad, en nuestra calle que ya no serán nuestras del mismo modo, preguntándonos qué narices ha pasado, si no habrá sido un sueño extraño y nada más.
Pero no lo habrá sido. Nos quedarán tantas pruebas que lo atestigüen que necesitaremos mil maletas y dos corazones para resguardarlas todas del tiempo inexorable.
Como apunte, añado que para escribir la entrada me he inspirado en esta otra, mucho mejor y de lectura muy recomendable, del blog "Apaga y vámonos".
13.12.12
Estatua de sal
Música que te retumba en el pecho,
te atraviesa y te hiela,
efecto invernadero en las entrañas,
sal en heridas que no están.
Gotas que se deslizan
en el cristal de los ojos,
ojos que están lejos, dentro.
Fuera. Música. Gotas.
Como siempre. Como nunca.
Nada volverá a herir así,
le dijo al barquero.
De pronto un ruido
deshace el hechizo.
Y sólo queda empezar
a tejer de nuevo un retal.
te atraviesa y te hiela,
efecto invernadero en las entrañas,
sal en heridas que no están.
Gotas que se deslizan
en el cristal de los ojos,
ojos que están lejos, dentro.
Fuera. Música. Gotas.
Como siempre. Como nunca.
Nada volverá a herir así,
le dijo al barquero.
De pronto un ruido
deshace el hechizo.
Y sólo queda empezar
a tejer de nuevo un retal.
Hoy no te puedo esperar,
pequeño desastre animal...
10.12.12
129-136: Vivir de paso
Se acerca peligrosamente la Navidad, hace semanas que ha empezado a hacer frío, los fines de semana se repiten en un bucle sin fin y un día te levantas extrañada preguntándote qué haces aquí o dónde estarás en un año. Para otras personas es distinto: han venido a vivir a Cork, trabajan aquí, podrías decir que están "de otra manera", de un modo más indefinido. Compartes reflexiones con otras au pairs mientras paseas por las calles de Cork (que, gracias a las compras navideñas, empiezan a parecer Barcelona) y te das cuenta de que no eres la única.
Pensadlo fríamente por un momento: ¿Qué os asusta más: la estabilidad o la inestabilidad?
Hace un par de años me aterraba acabar la carrera y cambiar de vida: empezar a trabajar, independizarme, tener que decidir dónde vivir. Volver a empezar. Me asustaba el cambio. Sin embargo, algo ha pasado en esta cabecita mía para que, tras los dos últimos años, todo sea al revés. No me imagino a mí misma levantándome un día con la seguridad de que en dos años puede que mi vida siga siendo, básicamente, en esencia, la misma. Y en Cork he descubierto que no soy la única.
Así que este es el plan: nos educaron con el sueño de que tendríamos mejores estudios, mejor trabajo y una vida estable rodeados de un cierto confort (si no de algunos lujos). Y resulta que a nosotros, a los que nos llaman "la generación perdida", nos da igual ese supuesto paradigma de felicidad. Preferimos crearnos uno así, sobre la marcha.
Por supuesto hay unas cuantas cosas que encajar en ese guión improvisado, pero seguro que no es casualidad que la frase que más veces ha salido por mi boca estas semanas sea "no me da la vida para todo".
La expresión más exacta que puedo encontrar para describiros las últimas semanas en Cork es "standby". Son esos momentos en que parece que no estás haciendo nada, pero es porque tu mente está empezando a encarrilar y acomodar planes a largo plazo y necesita momentáneamente el sosiego de una vida previsible y rutinaria, como si viviera en piloto automático, para tomar decisiones. Porque cualquier camino empieza por un primer paso.
Y ahora voy a dejar la filosofía a un lado y os voy a poner unas cuantas fotos de la decoración navideña, que ya toca.
La lista de propósitos para año nuevo, la dejamos para otro post...
Pensadlo fríamente por un momento: ¿Qué os asusta más: la estabilidad o la inestabilidad?
Hace un par de años me aterraba acabar la carrera y cambiar de vida: empezar a trabajar, independizarme, tener que decidir dónde vivir. Volver a empezar. Me asustaba el cambio. Sin embargo, algo ha pasado en esta cabecita mía para que, tras los dos últimos años, todo sea al revés. No me imagino a mí misma levantándome un día con la seguridad de que en dos años puede que mi vida siga siendo, básicamente, en esencia, la misma. Y en Cork he descubierto que no soy la única.
Así que este es el plan: nos educaron con el sueño de que tendríamos mejores estudios, mejor trabajo y una vida estable rodeados de un cierto confort (si no de algunos lujos). Y resulta que a nosotros, a los que nos llaman "la generación perdida", nos da igual ese supuesto paradigma de felicidad. Preferimos crearnos uno así, sobre la marcha.
Por supuesto hay unas cuantas cosas que encajar en ese guión improvisado, pero seguro que no es casualidad que la frase que más veces ha salido por mi boca estas semanas sea "no me da la vida para todo".
La expresión más exacta que puedo encontrar para describiros las últimas semanas en Cork es "standby". Son esos momentos en que parece que no estás haciendo nada, pero es porque tu mente está empezando a encarrilar y acomodar planes a largo plazo y necesita momentáneamente el sosiego de una vida previsible y rutinaria, como si viviera en piloto automático, para tomar decisiones. Porque cualquier camino empieza por un primer paso.
Y ahora voy a dejar la filosofía a un lado y os voy a poner unas cuantas fotos de la decoración navideña, que ya toca.
La lista de propósitos para año nuevo, la dejamos para otro post...
3.12.12
Si...
Si dos personas no se hubieran conocido en París hace 20 años en esta misma situación. Si no se hubieran dado una oportunidad.
Si hubiera decidido pasarme a Grado y seguir mi vida por otro camino en lugar de acabar mi Diplomatura e irme a Barcelona a estudiar.
Si no hubiera elegido el piso que elegí en Barcelona, al lado del parque para perros, y superado mi miedo.
Si hubiera trabajo como maestra en España al acabar la carrera. Si no hubiera decidido pedir una beca para mejorar el inglés, para poder entrar en otra lista y tener mejores oportunidades.
Si me hubieran dado esa beca. Si no hubiera persistido en la idea de mejorar el inglés.
Si alguien no me hubiera recomendado hace casi 10 años un programa de radio.
Si la gente de ese programa de radio no hubiera tenido la idea de crear un foro.
Si R. no hubiera decidido entrar en ese foro, si R.y yo no siguiéramos en contacto después de tanto tiempo. Si R. no tuviera espíritu aventurero y se hubiera ido de au pair y me lo hubiera contado.
Si nunca hubiera conocido a A. durante la carrera.
Si ella nunca hubiera metido todos los nombres de la lista de destinaciones en un sombrero y hubieran salido sitios en Irlanda. Si N. no me hubiera hablado tan bien de Cork.
Si no hubiera encontrado una familia para irme de aupair a las dos semanas de empezar a buscar. Si no hubiera superado mi pánico a los perros y me hubiera echado atrás que la familia tuviera un perro.
Si cuatro amigos en un lugar remoto del mundo no hubieran decidido irse a estudiar a otro país una temporada.
Si no hubieran acabado viviendo con precisamente esos compañeros de piso.
Si R. no hubiera abierto el grupo de españoles en Cork y si no hubiera conocido a tanta gente española aquí.
Si un día el encargado de la música en un local no hubiera puesto esas canciones y yo no me hubiera ido del local antes que el resto.
Si...
Si hubiera decidido pasarme a Grado y seguir mi vida por otro camino en lugar de acabar mi Diplomatura e irme a Barcelona a estudiar.
Si no hubiera elegido el piso que elegí en Barcelona, al lado del parque para perros, y superado mi miedo.
Si hubiera trabajo como maestra en España al acabar la carrera. Si no hubiera decidido pedir una beca para mejorar el inglés, para poder entrar en otra lista y tener mejores oportunidades.
Si me hubieran dado esa beca. Si no hubiera persistido en la idea de mejorar el inglés.
Si alguien no me hubiera recomendado hace casi 10 años un programa de radio.
Si la gente de ese programa de radio no hubiera tenido la idea de crear un foro.
Si R. no hubiera decidido entrar en ese foro, si R.y yo no siguiéramos en contacto después de tanto tiempo. Si R. no tuviera espíritu aventurero y se hubiera ido de au pair y me lo hubiera contado.
Si nunca hubiera conocido a A. durante la carrera.
Si ella nunca hubiera metido todos los nombres de la lista de destinaciones en un sombrero y hubieran salido sitios en Irlanda. Si N. no me hubiera hablado tan bien de Cork.
Si no hubiera encontrado una familia para irme de aupair a las dos semanas de empezar a buscar. Si no hubiera superado mi pánico a los perros y me hubiera echado atrás que la familia tuviera un perro.
Si cuatro amigos en un lugar remoto del mundo no hubieran decidido irse a estudiar a otro país una temporada.
Si no hubieran acabado viviendo con precisamente esos compañeros de piso.
Si R. no hubiera abierto el grupo de españoles en Cork y si no hubiera conocido a tanta gente española aquí.
Si un día el encargado de la música en un local no hubiera puesto esas canciones y yo no me hubiera ido del local antes que el resto.
Si...
2.12.12
118-128: Sonrisas
Al principio sonríes mucho. Sonríes porque ni entiendes ni te haces entender, por cortesía, por compromiso, por diversión, porque todo es nuevo para ti, porque acabas de conocer a toda la gente que te rodea, porque necesitas desprender esa alegría y esa energía que te has traído contigo en esta nueva aventura. Te pasas el día sonriendo.
Luego todo se estabiliza, empiezas a tener una rutina, vuelves a ser un poco tú, cambias radicalmente aspectos de tu vida - o no lo haces en absoluto, pero el caso es que puedes decir alto y claro que das tu vida aquí por empezada. Que todo "va".
Y entonces vienen las sonrisas de verdad.
La sonrisa que se te pone cuando G., por fin, juega contigo o te hace caso no sólo mientras estáis a solas, sino también mientras estáis todos en casa. Como en familia.
La sonrisa que te pegan tus amigas nada más verte después de toda la semana.
La sonrisa que aparece en tu cara cuando te dicen que tienes un rato libre que no te esperabas.
La sonrisa esa cuando sales entre semana, sin prisa, al atardecer de Cork, con las luces de Navidad ya encendidas, sin más plan que pasar un buen rato improvisado.
La sonrisa que se te escapa al acordarte de las anécdotas del fin de semana cuando vas por la calle un lunes.
La sonrisa que le regalas a tu hostfamily por las mañanas.
La sonrisa que te roban cuando ellos tienen un detalle bonito contigo.
La sonrisa pícara cuando eres plenamente consciente de que la has liado con algo, pero sabes que serás perdonada.
La sonrisa de cuando, al final del fin de semana, te preguntan qué has estado haciendo y tú prefieres que lo adivinen.
La sonrisa de los jueves por la noche, cuando puedes pasar un rato simplemente sentada en el suelo mirando la chimenea con la televisión apagada.
La sonrisa de cuando suena el teléfono en esos "momentos centralita", o cuando suena y es esa persona especial (o esas personas especiales) y recuperas aquellos momentos cuando todavía mandabas sms.
La sonrisa de esos momentos en que te haces consciente de que todavía te quedan varios meses por disfrutar aquí y que, al final, habrá valido la pena.
Y te acuerdas del manual práctico de la sonrisa y de todo lo que ha llovido desde entonces, y das gracias a la vida porque lo que más vale en el mundo no se compra con dinero...
Luego todo se estabiliza, empiezas a tener una rutina, vuelves a ser un poco tú, cambias radicalmente aspectos de tu vida - o no lo haces en absoluto, pero el caso es que puedes decir alto y claro que das tu vida aquí por empezada. Que todo "va".
Y entonces vienen las sonrisas de verdad.
La sonrisa que se te pone cuando G., por fin, juega contigo o te hace caso no sólo mientras estáis a solas, sino también mientras estáis todos en casa. Como en familia.
La sonrisa que te pegan tus amigas nada más verte después de toda la semana.
La sonrisa que aparece en tu cara cuando te dicen que tienes un rato libre que no te esperabas.
La sonrisa esa cuando sales entre semana, sin prisa, al atardecer de Cork, con las luces de Navidad ya encendidas, sin más plan que pasar un buen rato improvisado.
La sonrisa que se te escapa al acordarte de las anécdotas del fin de semana cuando vas por la calle un lunes.
La sonrisa que le regalas a tu hostfamily por las mañanas.
La sonrisa que te roban cuando ellos tienen un detalle bonito contigo.
La sonrisa pícara cuando eres plenamente consciente de que la has liado con algo, pero sabes que serás perdonada.
La sonrisa de cuando, al final del fin de semana, te preguntan qué has estado haciendo y tú prefieres que lo adivinen.
La sonrisa de los jueves por la noche, cuando puedes pasar un rato simplemente sentada en el suelo mirando la chimenea con la televisión apagada.
La sonrisa de cuando suena el teléfono en esos "momentos centralita", o cuando suena y es esa persona especial (o esas personas especiales) y recuperas aquellos momentos cuando todavía mandabas sms.
La sonrisa de esos momentos en que te haces consciente de que todavía te quedan varios meses por disfrutar aquí y que, al final, habrá valido la pena.
Y te acuerdas del manual práctico de la sonrisa y de todo lo que ha llovido desde entonces, y das gracias a la vida porque lo que más vale en el mundo no se compra con dinero...
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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...y lo que el tiempo trajo.
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Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
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- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]








