27.4.13

268-274: Aunque tú no lo sepas

La semana empezó con un frenesí de actividad bastante cercano a lo que yo consideraría "vida normal" y el resto del planeta simple estrés. Como siempre, demasiadas ideas, demasiados proyectos en mente... como si el resto de meses de mi estancia en Irlanda hubiera estado semi dormida y ahora empezara a despertarme al calor de la primavera.

Y de repente llegó el sablazo. Como algo que te atraviesa. El péndulo cayendo sobre tu cabeza. Un rayo atravesándote de repente. Las palabras, dichas casi entredientes, casi como la confesión de un pecado de difícil perdón, se te graban en el cerebro. Otra aupair. Alemana. Casi 19 años. Y tu cerebro irracional empieza a pensar: ¿Cómo alguien tan joven? ¿Pero no se dan cuenta de que no es adecuada? Cuando en realidad todo lo que quiere decir es: "¿Pero no se dan cuenta de que no soy yo?"

Porque claro, ¿quién va a hacer tu trabajo mejor que... tú? ¿Quién va a dormir en tu cama, vivir en tu habitación, disfrutar de TU vida? ¿Quién va a vivir con tu familia y cuidar de tu niña? ¡Una completa desconocida! Te dan ganas de escribirle un macro email diciéndole cosas como "A G. le gusta el té no muy fuerte, con bastante leche y con miel", "si te pide salchichas, tienes que pasarlas por la sartén hasta que parezca que están casi quemadas, totalmente marrones"  o "acuérdate de revisar que lo lleve todo al llegar a casa porque la escuela cierra a las 3.30 y si tiene que ir a buscar algo más tarde, no le dará tiempo"

Y entonces racionalizas. Si esa es tu reacción, ¿cuál será la de sus padres? Ellos también confiaron en ti cuando llegaste a su casa, tan sólo una niña asustada a las tantas de la madrugada después de haber pasado todo el día en su beloved Barcelona. Confiaron en tus manos lo más querido de su vida (quien, por cierto, está tranquilamente a mi lado viendo Eclipse mientras escribo estas palabras). Y lo hiciste bien. Aprendiste. Ella también aprenderá. Seguro que ellos han escogido bien. Si te escogieron a ti, pueden escoger bien de nuevo. Alguien que les convenga. Da igual que tenga sólo 19 años... tú también fuiste así de joven una vez y te exacerbaba que no te dieran oportunidades en la vida por ser más joven. Incluso ahora lo hace. Calm down, child, sure it'll be grand like, te dices.


Lo cierto es que me ha costado unos días tomar perspectiva sobre el asunto. Porque mi final no es exactamente un final, no me voy del país, ni siquiera cambio de ciudad... estaré viviendo a media hora andando de distancia. El resto de aupairs siempre tuvieron la experiencia en consideración como algo que empieza y acaba, con una vida a la que volver, un punto de retorno claro en su mapa mental. Y luego estamos las raras, las que nos enamoramos del país y nos vemos incapaces de situar un pie delante del otro arrastrando la maleta llena de recuerdos para subirnos al avión que nos ha de llevar de vuelta al punto de inicio. Las que tampoco sabemos qué contestar cuando nos preguntan: "¿pero qué es lo que te puede gustar tanto de Cork para preferirlo a tu sunny Spain?"

Será duro, como cualquier cambio de etapa. Pero también necesario... para crecer, cambiar, evolucionar. Y es tranquilizador saber que aunque viva "by myself" en un país que no es el mío, mi familia irlandesa siempre estará aquí, en el número ... de ... Park, ... Road, Cork, en la que un día también fue mi casa, en este lugar al que siempre podré entrar por la puerta de atrás, sabiendo que estará abierta y sin que el perro me ladre porque también pertenezco un poquito a aquí.

Y pensándolo bien, otras personas tienen derecho a vivir esta experiencia. A vivir con la mejor familia de Cork y aprender de todo lo que tienen que ofrecer. S., no sé quién eres y apenas hemos hablado, pero aunque tú no lo sepas, el día que firmes el contrato de aupair te habrá tocado la lotería.

26.4.13

264-267: Si no lo veo no lo creo

Hace tiempo tomé la decisión de no contar mis fines de semana en este blog, pero el fin de semana pasado sería cruel no compartirlo, porque a veces la realidad supera la ficción. No voy a contarlo todo porque se me hace innecesario, sólo la historia con moraleja. Y ya la moraleja la sacáis vosotros.

En fin, todo parecía normal: Como cada fin de semana desde que tenemos la llave de nuestro apartamento, me dispuse a hacer la maleta para irme. Vivir en custodia compartida no es nada fácil... Me pregunto si estaré condenada a estar eternamente entre dos lugares.

Mi madre irlandesa me convenció de que me llevara un saco de dormir y mantas, la batidora, y si me descuido hasta me descuelga las cortinas y me las da. Nunca dejará de sorprenderme cómo cuidan de mí y su eterna amabilidad. Así que allá me fui, media hora andando cargando con todas las bolsas del mundo (gracias a Dios no llovía, la última vez que se dio esta situación parecía que el cielo se iba a derrumbar sobre nuestras cabezas y, gracias Murphy, mi bolsa era de papel).

En principio iba, como siempre, a dormir en el salón, pero esta vez en compañía de E., una de las chicas a las que conocemos en Cork, que iba a estar acampando allí desde el viernes. En comunión y armonía hicimos la comida y decidimos instaurar una nueva costumbre: tomar el café en el jardín. La verdad es que es un auténtico lujo vivir en un apartamento por el que pagas algo totalmente dentro de la media y tener un jardín (aunque sea comunitario) desde donde se puede ver una preciosa vista de Cork. Además, descubrimos para nuestra sorpresa que el jardín no sólo está lleno de flores sino que también tenemos fresas silvestres (y mucho que limpiar... glups). Y allí estábamos, el sol brillando en lo alto detrás de las nubes, las flores bailando al ritmo de la música "buenrollera" del portátil, mientras yo pensaba que al final mi vida siempre acaba transcurriendo sentada en las típicas escaleras de metal que hay a la puerta de los institutos, incluso cuando no están en un instituto. ¿Quién podía prever lo que sucedería en las siguientes horas?

E. se fue porque tenía una cita y nosotras nos disponíamos a irnos a comprar lo que necesitaríamos para hacer un pastel para el cumple de M. Ya estaba poniéndome la chaqueta de señora y cogiendo el bolso de... bueno, del Penneys, cuando sonó el teléfono de A. "¡Ay, que están en la puerta!", me dijo con cara de incredulidad. Yo en ese momento me acordé de todas las tácticas de in-hospitalidad sutil que he aprendido de mis hostparents, porque los irlandeses nunca te dirán a la cara "oye, mira, vete" pero creo que cuando les dan las llaves de su casa les deben de inscribir en un cursillo introductorio sobre cómo reconocer y reproducir señales sutiles de evacuación del lugar.

Así que se sentaron en nuestro sofá, al principio cada uno en una punta, recatadamente, y acercándose paulatinamente según pasaba el tiempo. No les ofrecimos café, ni té, ni nada de nada. Contestamos cuando nos hablaban. No nos molestamos en barrer las bolas del desierto que pasaban periódicamente por allí. Y aun así...

...entonces llegó K., que no sabía nada y no estaba el día del cursillo, y les ofreció café. Y comprendimos en el fondo de nuestro ser que se quedarían a cenar. Así que decidimos no cortarnos más, coger la chaqueta y el bolso y disponernos a irnos. Nos siguieron. Compramos lo que necesitábamos y la cena. Visto lo visto, compramos cena para todos. Nadie dijo nada. Nadie, excepto nosotras, pagó nada. Entraron a comprar bebida en un off license. Su bebida, por supuesto, no nos preguntaron si teníamos intención de beber o comprar algo para nosotras. Volvimos al apartamento y el chico (¡un completo desconocido!) se dispuso a calentar algo que había comprado por el camino en nuestro microondas. Sin más. Como si fuera nuestro compañero de piso de toda la vida. Hicimos la cena mientras la parejita hacía ... vida de parejita en nuestro salón. Ahí empieza ese tipo de momento bizarro en el que entras en TU salón y las personas allí sentadas se callan, esperando a que te vayas de TU salón para seguir en su burbuja para dos.

Cenamos todos juntos, obviando el hecho de que llegábamos tarde por su culpa, y nos fuimos al karaoke. Porque esto es algo que pasa cuando llegas a Cork, que conoces facetas tuyas que nadie se podía imaginar, y una de ellas es organizar fiestas españolas, karaokes y quedadas gastronómicas. ¿Qué hace una maestra en semejante sarao? ¿Cómo va a encajar una persona como yo en un ambiente como ese? Pues no lo sé. No pienso darle más vueltas al tema.

En mitad del estrés de organizar todo el karaoke, E. y su "amigo" se acercaron a nosotras. Sigilosamente. Como quien no quiere la cosa. Cuando A. me llamó con cara de circunstancias supe que se había cumplido el peor de los presagios, ese que hablábamos de camino: "¿No se quedarán también a dormir, verdad?" "Pues al paso que vamos..."

Ni siquiera me acuerdo de la excusa que nos pusieron. Me acuerdo perfectamente de volver de camino a casa prácticamente siguiéndolos por las calles de Cork, la parejita feliz mientras nosotras, detrás, éramos al parecer las invitadas en nuestro propio apartamento... Como si el mundo fuera suyo y las calles se cortaran para ellos. Nos esperaron en la puerta dándose el lote de manera totalmente casual, como si no existiéramos. Por el camino habíamos decidido recluirnos a comer Cheerios y reírnos de nuestra propia ingenuidad, trasladando la acampada Cork del salón a la habitación de A. Y así lo hicimos.

Como invitadas en nuestra propia casa, sin decir siquiera buenas noches, cerraron la puerta del salón y nos dejaron (¡gracias!) únicamente la cocina libre. En aquellos momentos la incredulidad rozaba el límite de lo absurdo. Allí, sentadas las tres en la moqueta, cada una con su bol de cereales y su tostada, a las dos de la mañana de un sábado, se me ocurrió lo más absurdo de todo, la guinda del pastel: ¿Se acordarán de cerrar la cortina o nos denunciarán los vecinos a la Garda cuando se levanten por la mañana y se encuentren con semejante panorama a la vista de todo Cork? ¿Y si el tipo es un psicópata que se levanta de madrugada (bueno, más de madrugada) y nos mata a todas? ¿Y si se lleva todo lo que hay en la casa? Bueno, venga, si se lleva los cuadros nos hará un favor a tod@s. Y con ese feliz pensamiento me dormí. (Gracias A. por acogerme en tu cama, ¡si me llega a tocar dormir con la parejita en el salón me vuelvo a mi otra casa!)

Al día siguiente, no pudimos disponer de nuestro salón hasta las once y media bien largas, cuando abrieron definitivamente la puerta. Sólo salieron para hacerse su propio desayuno y volver a entrar a su nidito de amor. No dábamos crédito a lo que veíamos. Desayunamos en el jardín, pero esta vez sin flores bailando ni música buenrollera, sino con una crispación interior oculta solamente por las risas y el buen humor que solo nosotras podríamos conservar en una situación como esa.

El salón estuvo ocupado a efectos prácticos hasta mediodía, cuando decidieron que podían ir a comer a algún otro sitio. Entremedias, nosotras habíamos hecho una tarta, ido a comprar, vuelto, etc. sin ningún ofrecimiento de ayuda ni amago de dejarnos nuestro espacio en nuestra propia casa. Nos cuidamos bastante de repetir el número adecuado de veces que habíamos quedado para comer porque era el cumpleaños de una amiga.

Pensaba que la situación no iría a peor, pero la guinda del pastel fue que abrieran la nevera antes de irse para llevarse la última de las cervezas que habían comprado y se dirigieran a nosotras por primera vez desde el día anterior para decirnos (muy amablemente) que podíamos quedarnos con el resto de su ensalada de atún (precio total 3 euros) que había sobrado del día anterior. Gracias por salvarnos la vida, chicos. No sé qué habríamos hecho sin vuestro atún que, por cierto, una semana más tarde sigue en la nevera.

La parte buena de todo esto es que nos dio una buena historia que contar durante la comida de grupo.
"¿Pero esto me lo estás diciendo en serio?" era la reacción más repetida. Desde luego, a nuestr@s amig@s y conocid@s les debió de quedar clara nuestra posición al respecto, porque cuando fuimos a casa a tomar café (13 personas de nada... espero no haber firmado nada al respecto de tener visitas en casa en el contrato de alquiler ;P) nos trajeron provisiones de galletas y café como para dos semanas.

Así que, chic@s, aunque yo pensaba que era una perogrullada, lo voy a decir así en público:

Seréis muy bienvenid@s en nuestro apartamento, siempre y cuando:
-Nos aviséis antes (o como mínimo no os autoinvitéis ni mucho menos invitéis a pasar la noche a gente que no conocemos).
-No os comáis nuestra comida sin pagar nada. No nos sobra el dinero.
-Respetéis el espacio común y lo compartáis.

El personaje peor parado de esta historia fue, sin duda, el saco de dormir rosa que me había dejado mi hostmum. Cuentan las malas lenguas que está tan traumatizado que sigue escondido debajo de uno de los sillones de nuestro salón.

17.4.13

257-263: ¿Por qué es todo tan difícil en este país?

A. es una persona con mucha paciencia. Se levanta a por leche por la mañana cuando ya no queda, se cree mi historia con la ducha (os prometo que la ducha eléctrica me tiene manía), no se enfada (o almenos no mucho) cuando la situación me/nos supera, cocina cosas ricas, me deja tener la ropa interior en la estantería del salón (y esto, amigos, es una larga historia que mejor que no sea contada aquí), pero sobretodo lo que hace que su paciencia gane mi admiración es que aguanta todas mis preguntas sobre la vida, el universo y todo lo demás.

Será el instinto de madre que florece en todas nosotras cuando somos aupair o será que es una de esas personas que probablemente tenga respuesta para la mayoría de preguntas... A saber: ¿Se podrá ser feliz trabajando como [insertar aquí trabajos raros, trabajos insípidos, trabajos que dan mucho dinero pero nadie entiende por qué]? ¿Por qué es tan caro el pescado en este país, si es una isla? ¿Qué hace la gente con tanto tiempo libre? ¿Por qué alguien querría trabajar en un pub? ¿Por qué la gente se corta las uñas en su cuarto en un cuarto con moqueta? ¿Por qué la gente emplea tanto tiempo y esfuerzo intentando ser nice todo el día? ¿Por qué en mi casa no se enfada nunca nadie? Bueno, y así toooodo el día. Es como vivir con una niña de cuatro años. Tranquilos, no espero respuesta alguna, solo son preguntas que me hago en voz alta. Pero hay una pregunta que ni A. ni nadie sabrá contestarme... ¿Por qué es todo tan difícil en este país?

Por supuesto, todos los países tienen su burocracia, sus normas, su picaresca... y sus ciudadanos conocen la manera de lidiar con todo ello. Tú, que vienes de fuera, por supuesto, no. La parte positiva de que todo esto te suceda en Irlanda es que como mínimo, la gente que suele atenderte lo hace con una sonrisa y una paciencia que a mí, personalmente, me dan bastante repelús, pero a la gente le suele gustar.

Conseguir el famoso PPS number, abrirse una cuenta en el banco, conseguir un contrato de alquiler, pagar las facturas a fin de mes... parecen cosas relativamente normales que no deberían conllevar demasiado esfuerzo (a parte del esfuerzo económico, claro). Pero, por supuesto, cuando eres aupair todo es más complicado. Y luego llegan las normas estúpidas: cartas de referencia para todo, contratos de alquiler que no sirven como prueba de residencia (¿qué mejor prueba de que vives aquí que un alquiler a tu nombre?, pues nada), bancos que están de acuerdo en que abres tu cuenta únicamente para pagar las facturas y no has tenido nunca facturas en Irlanda, pero aun así te piden una factura a tu nombre para abrir la susodicha cuenta (y si no la tienes, ... la consigues), en fin, podríamos escribir un libro. La experiencia como aupair no da mucho dinero en el momento, pero el día que publique mis memorias, me forraré con todo el material "bestselleriano" obtenido a lo largo de estos meses.

Dos semanas después de tener por primera vez las llaves de nuestro piso en la mano, parece que todo va volviendo lentamente a su lugar. Ya podemos pagar nuestras propias facturas, lo cual es tranquilizador y una experiencia nueva para nuestras personas; dentro de poco incluso tendremos Internet; puede que hasta nos quede dinero para comer. ¿Qué más se puede pedir? (¿Un trabajo? Venga, no seamos ilusos)


¡Acampada Cork cada fin de semana en nuestro salón!
(sí, eso que veis ahí es el sofá desmontado)

10.4.13

251-256: Our home by the Lee

Llegó el día. Nos levantamos después de haber descansado como angelitos toda la noche y nos dirigimos a nuestro futuro piso. Ni siquiera estábamos seguras de cuál de las puertas era "nuestra" puerta. Mientras espiábamos cómo un señor cortaba el césped de nuestro futuro jardín, llamamos a D., de la agencia, para que saliera a abrirnos. El señor que cortaba el césped era P., nuestro landlord. Entramos a nuestra cocina mientras D. bromeaba con que era la primera vez que había entrado con alguien desde la puerta trasera de ese piso. Es que a nosotras nos gusta hacer las cosas a nuestra manera. Y entramos con la misma familiaridad con la que lo haríamos dentro de cinco años al entrar a nuestra casa, como si lleváramos viviendo allí toda la vida y ellos fueran simples invitados.

Nos habíamos vestido de señoras, de personas adultas y responsables, del tipo de gente que sabe lo que hace y pide firmar en bolígrafo azul. Nos bebimos el contrato mientras D. y P. comprobaban de nuevo que todo en el piso estuviera en orden. Mantuvimos una charla adulta con ellos. Elogiaron nuestro inglés (otra vez). Intercambiamos números de teléfono con P. Nos informaron de todo lo que nos tenían que informar. Y cuando al fin aquellas dos personas que habrán vivido como medio siglo más que nosotras se dirigieron hacia las escaleras (porque nuestra casa es tan original que para salir hay que subir escaleras), cuando ya nos habíamos despedido con nuestras mejores lovely smiles, nos miramos y suspiramos aliviadas por no tener que parecer adultas de nuevo y poder dedicarnos, simplemente, a investigar cada minúsculo detalle de nuestro nuevo hogar.

¿Ves este tenedor? Este tenedor es nuestro durante un mes. A ver... ¿Dónde vamos a poner los farolillos? ¿Y los banderines? ¿Que las tazas sean lilas y verdes... será una señal? ¿Qué vamos a hacer con el patio interior? Me sorprende que tardáramos más de 30 segundos en hacer esto:



Salimos de casa poco menos que dando saltos de alegría. El sol brillaba en lo alto, todo lo que el sol puede brillar en lo alto en un sitio como Cork, claro; como para darnos la bienvenida a nuestra nueva vida. Sólo por un día, nos daba igual el dinero, el trabajo, la situación de la economía mundial: Queríamos conocer nuestra nueva calle, saber qué comercios teníamos cerca y descubrir en qué rincones podíamos escribir. Averiguamos para nuestro deleite que en nuestra mismísima calle hay un bed&breakfast (para las visitas), una cafetería, un sitio de takeaway donde preparan sushi y varios carteles buen rolleros. Let the sun shine in! Decidimos que la ocasión merecía una cierta celebración, porque no todos los días una estrena el primer lugar al que puede llamar "su" casa, y nos fuimos a comer por ahí. A esas alturas del día teníamos el cupo de responsabilidad cubierto como para pensar en nada más que no fuera la mítica hamburguesa de Uncle Pete's.

La primera parada adulta y responsable fue comprar mantas, almohadas y sábanas. Lo que no fue tan adulto y responsable fue cargar con todo aquello por el centro de Cork, claro. Y la segunda, no tan adulta ni responsable pero igualmente necesaria, fue adquirir a Pepa-Bella, nuestra nueva cafetera de color verde, así como café de la más exquisita calidad, porque un día es un día. Y volvimos a casa a tomarnos nuestro primer café en nuestro primer salón.

La primera compra fue un asunto un poco más escabroso dado que (claro) no había ninguna de las cosas básicas que cualquiera necesitaría en una casa, y semejante compra hace que la "pequeña cuesta" que hay hasta casa se convierta en el Everest. Seguro que todos hemos vivido esta situación alguna vez. Nada nuevo bajo el sol. Bueno, para seros sincera, sí que había algo nuevo bajo el sol: un carro que cogimos prestado del supermercado y dejamos atrancado entre la puerta y las escaleras para devolverlo al día siguiente. Definitivamente somos unas vándalas. Seguía haciendo sol.

Lo mejor de tener un piso propio es poder invitar a gente a casa, sin prisa, sin relojes, y que dé igual si somos 3 o 15, si atardece, si anochece o se acaba el mundo ahí fuera. Y podría decirse que a eso y a limpiar nos dedicamos durante todo el fin de semana.

No puedo describir en palabras la sensación de despertarte por primera vez en "tu" cama, en "tu" casa sabiendo que dos días más tarde volverás a tu vida anterior. Porque, aunque no lo haya mencionado hasta ahora en el blog, "el plan", si semejante artefacto imaginario existiera, es quedarme en mi hostfamily hasta junio, así que aún me esperan otros casi tres meses de vivir en su casa, pese a que "mi" apartamento exista físicamente en otro punto de Cork. Nothing is ever easy!

El apartado "Limpieza" merecería un post aparte, pero os lo voy a contar en este porque prefiero no recrearme en los detalles.
Empezamos por la parte fácil: ¿cómo puede salir tanto polvo de la barandilla de las escaleras o de debajo de la calefacción?, ¿por qué alguien querría vivir con telarañas en su sofá?, ¿qué empuja a la gente a no limpiar (y cuando digo limpiar me refiero a no tener acumulado el polvo de tres años) el armario donde dejará su ropa recién lavada?
Después pasamos al nivel experto: ¡el aspirador! No es sólo que en las casas irlandesas debajo de la moqueta haya... más moqueta. No. Es que una se motiva al aspirar y le da por apartar los muebles. Craso error, os prometo que no volverá a ocurrir. Y entonces le grita a A. de punta a punta de la casa uno de los comentarios más insensibles que han salido por esta boca en 22 años: "¡Esto no es Mordor... es Auschwitz!" al encontrar, debajo de ambas mesillas de noche, una colección de uñas humanas de diferentes tamaños y colores, con el plus de un paquete usado de compresas debajo de la cama doble. ¿Será verdad la teoría de J. por la cual las aupairs nunca vuelven a sus países porque son tragadas por la moqueta para que se integren con el estampado?
Prometo que me esperaba encontrar las cuatro arañas por cada habitación que pasaron a mejor vida al ser aspiradas, ¿pero uñas? ¿En una habitación con moqueta? Llamadme señorita, pero al salir de allí quería quemar mis ropas y bañarme en lejía.

En fin... Una vez movidos y reubicados la mitad de los muebles, desinfectado y aspirado todo, y ya desde un lugar con un nivel de habitabilidad aceptable según nuestros estándares, aunque no el deseable hasta que podamos pagar facturas y tener Internet, puedo volver a cantar con renovada alegría aquello de:

Beautiful city, charming and pretty
beautiful city, OUR home by the Lee!

O almenos podía hasta que llegó el lunes. Y volví a casa de mi hostfamily. Que es casi peor que tener que volver a casa de tus padres (biológicos). Allí me estaban esperando todos: las migas del desayuno, los platos por recoger, el fuego por encender, la nevera con las cosas de siempre, la radio encendida permanentemente en la misma emisora. No faltaba nada. Mi vida anterior a aquel fin de semana de frenética actividad para acondicionar un lugar donde entonces corporizaba que aún no voy a vivir.

Menos mal que existe A. para dejarme post-it en la puerta diciendo: "Probablemente seas la única aupair en Cork con dos casas. I can't wait a que vuelvas a tener solo una" :)

249-250: Sitios mordorosos del copón infecto (II) ¡El desenlace!

"Beautiful city, charming and pretty, beautiful city, my home by the Lee..." es el himno de Cork, que una se sabe porque G. se lo tuvo que aprender de memoria y que es exquisitamente pegadizo. También es lo que íbamos cantando A. y yo por la calle cuando íbamos a visitar pisos. Porque nosotras somos así, el tipo de gente que va cantando por la calle.
Muy poco tiempo después de haber publicado la primera parte de esta entrada, en una tarde cualquiera de esas en las que G. se va a jugar al parque con sus amigas, en un grupo cualquiera de Facebook alguien escribió una breve nota en la que se preguntaba si a alguien le interesaría un piso cerca del centro. No habían pasado ni 15 segundos después de publicarlo cuando yo contesté pidiendo más información, y probablemente no más de dos minutos cuando ella me envió un privado con algunas especificaciones. 2 habitaciones, céntrico. Me pondría en contacto con su amiga para que fuéramos a visitarlo. No tenía esperanza ninguna en algo así, sin apenas datos, sin conocer a aquella persona, sin haber visto una triste foto y especialmente después de nuestras anteriores visitas a otros apartamentos.
Por supuesto, había habido algunas visitas más, además de las que relaté en su día, siempre aderezadas con llamadas la una a la otra, del estilo: "Deberíamos quedarnos con este. ¡¡¡Tiene una estantería en el salón!!! ¡Y un espejo! Es más... ¡hasta se entra por una puerta!" Pero nada terminaba de convencernos lo suficiente como para dar un SÍ.
Acordamos la primera visita para el día nacional de la resaca, esto es, el día después de St. Patrick's. La calle era la misma que el apartamento mordoroso infecto por excelencia, lo cual no nos daba demasiada confianza, y el hecho de que nos perdiéramos por el camino tampoco ayudó. Y es que, señores, S. terrace no está indicado por la sencilla razón de que los apartamentos son suficientemente grandes como para tener dos puertas y un jardín trasero, con lo cual las indicaciones sólo están en la calle principal, y nosotras estábamos accediendo por la puerta trasera... ¿pero cómo íbamos a saber todo aquello por aquel entonces? ¿Cómo podíamos sospechar que aquellos caserones envueltos en primavera podían ser el apartamento que íbamos a visitar?
S., muy amablemente, nos salió a recoger a la calle y nos explicó el malentendido. Tengo que admitir que estaba muy impresionada por el jardín... parecía la entrada a la guarida del hobbit, como si en cualquier momento nos podía asaltar un leprechaun, como si entráramos en un mundo distinto, mágico.
La puerta trasera da a la cocina. Ese es un pequeño detalle que me enamoró el alma, pero lo mejor fue la primera sensación al entrar al salón. Un enorme ventanal con espacio suficiente para sentarse a leer con Cork a nuestros pies, butacas, sofá, estanterías por doquier, mesa para cuatro, ¡incluso espacio para moverse! Hicimos una breve visita por las habitaciones, el baño, el patio interior. Apenas tuve que mirar a A. para confirmar que teníamos la misma impresión cuando dije "Nos lo quedamos"
S. no era la propietaria del piso, lo cual nos ha venido muy bien porque nos lo ha ido explicando todo "desde dentro", desde el punto de vista del tenant.
A partir de ahí empezó una odisea de llamadas cuya cobertura era pésima, encuentros al borde del ataque nervioso, mentiras piadosas, mentiras blancas, mentirijillas y medias verdades que no vale la pena contar aquí. Hasta que, tras haber comprobado nuestras referencias y haber caído en gracia a la persona de la agencia (probablemente lo único enteramente verdad que teníamos que aportar a todo este asunto hasta que tengamos un "proper job"), nos dieron el SÍ. Y acordamos una fecha.
Y esa fecha fue este sábado. Y desde entonces no importó que A. no tuviera casa durante una semana, ni importaron las vacaciones de Semana Santa, ni importarán cualquiera de las pequeñas minucias del día a día, porque sabíamos que al llegar esa fecha límite, pasara lo que pasara... tendríamos un hogar al que acudir.

4.4.13

241-248: Cuando tienes visitas

Irte a vivir fuera implica dejar de compartir todos los detalles de tu vida con tus seres queridos. Las personas que ahora poblan tu rutina son para ellos únicamente un nombre anónimo, desvinculado de sus caras, su manera de hablar o de cómo son sus mejores ataques de risa. Aunque conozcan los nombres de las calles principales de tu ciudad, nunca podrán imaginarse virtualmente caminando por ellas como tú lo haces. Aunque se estudien las guías turísticas, no han pisado el barro irlandés con las wellies ni probado una scone recién hecha ni salido a la calle sin darse ni cuenta de que estaba lloviendo.

De la misma manera, tú te pierdes detalles de la vida que dejas atrás: sabes que alguien tendrá un bebé o que no-sé-quién ha abierto una tienda no-sé-dónde, pero incluso aunque ese alguien y ese no-sé-quién no sean cualquiera, no eres consciente del progreso de ese embarazo ni de los nuevos colores que aporta la tienda a la ciudad cuando pasas por esa calle. Todo se convierte en vagos trazos de frases que danzan en tu cabeza y tienes que saltar y perseguir entre las calles de tu memoria para recordar quién y cuándo te lo contó. Inevitablemente, la vida sigue, como en universos paralelos que se tocan con dedos hechos de letras y datos.

Pero de vez en cuando, los dos mundos se acercan, se palpan, se miran con extrañeza, con una familiaridad falta de cotidianeidad. Eso sucede cuando tienes visita. En mi casa irlandesa se lo olían desde hacía días: G. quejándose de que tendría que oir hablar "so loud" en español todo el rato (así es mi adorable niña irlandesa), mi madre irlandesa mandándome pequeños recados cada día: hoy cambiar las sábanas, mañana aspirar la moqueta, etc. y curiosamente el perro, desterrado a un hotel para perros durante el fin de semana, era el único que no se olía nada hasta que lo hicimos entrar en el coche. The poor thing.

A lo largo de los años he tenido el placer de "enseñar mi mundo" a varias personas en ricas y variadas visitas turísticas por Tarragona, pero nunca creí que tendría que hacer algo así con mi propia hermana. (Con S. sí, a eso ya estaba acostumbrada ;P) Salir a la calle en esas circunstancias es verlo todo con ojos nuevos, como si te pusieras una de esas gafas que te haces de pequeña con papel de celofán de colores en cada cristal. Vas recuperando de la memoria cada detalle de lo que más te sorprendió cuando llegaste. Es como volver a beberte el mundo... pero sin el como.

Para mi desgracia, no tuvieron el placer de conocer esos pequeños detalles de la vida irlandesa de los que siempre me quejo por WhatsApp, pero como mínimo sí sentimos el frío del que curiosamente nunca me había quejado. Y es que, como una está muy bien adaptada, cuando hace semejante frío solo va de casa al pub/cafetería y vuelta, ni siquiera esperando por el bus entremedias, porque hace menos frío si te mueves que si te paralizas en la parada del autobús. En general el "tranquillo" de la vida es ese, seguir moviéndose.

Total, que allí estábamos G. y yo, en la parada del Aircoach, a la intemperie, intentando no caernos al río Lee. Y por fin, media hora más tarde (de la que sufrí cada segundo), llegaron. Entrar a casa fue como entrar a casa por primera vez, y aunque mi hermana ya la había visto desde la webcam todo parece más grande cuando llegas aquí y cobra sentido corporizado que les diga que mis horas transcurren paseándome por la cocina porque los platos y otros utensilios están todos en sitios distintos. Un día de estos me cuelgo un cuentakilómetros del pantalón.

Es difícil seleccionar qué es lo que quieres enseñar de este país en sólo tres días. No es que yo haya visto tanto - por suerte aún me queda mucha Irlanda por conocer, pero esa selección será lo que más influya en la visión que se lleven de la vida aquí. Y eso es una responsabilidad. Kind of. Y además yo me enamoro muy rápido de las ciudades donde vivo, pero al resto no tiene por qué pasarle lo mismo.

Así que fuimos a Blarney y me hice el propósito de volver a ir allí algún día, porque sorprendentemente tras tres visitas aún no lo he visto todo; vimos Cobh y su espectacular catedral, Kinsale y sus pintorescas calles y cafés, y cómo no, Cork, mi querido Cork. Pero lo cierto es que hacer el camino entre mi casa y el centro acompañada fue lo más raro, quizás por ser lo más rutinario - ¿cuántas veces al día piso esas calles de ida y vuelta?, ¿cuánto habré reído y llorado caminando por allí? Andar por las calles principales, hacer fotos a los pubs donde normalmente voy (y a aquellos donde no voy nunca pero son visita obligada), intentar combinar todo lo turístico con lo que realmente es "mi" Cork del día a día... Compartimos todo eso y mucho más. Nos pusimos al día y mi hermana descubrió su nueva delicia gastronómica: los gofres de patata con huevo frito (lo cual me recuerda que tengo que retomar la entrada de las delicatessen culinarias irlandesas...).

Además de todo eso, la visita llegó en pleno caos: hablar con nuestra referente de la agencia, pagar el depósito del alquiler, organizar eventos varios, soñar con nuestro nuevo apartamento, A. mudándose temporalmente a mi casa durante una semana hasta tener las llaves (lo cual es otra historia que, por supuesto, pertenece a otra entrada)... En fin, ¡que no se pueden quejar de que no presenciaron lo que viene a ser mi día a día real!

El domingo mientras desayunábamos y nos poníamos de acuerdo respecto a la hora y sitio donde nos encontraríamos me di cuenta de que me hacía mucha ilusión que conocieran a mis amigas. Porque son como mi segunda familia aquí. Lo que más me gustó fue que a mis amigas les hiciera ilusión conocerlos a ellos :) Como es habitual en el mundo aupair, alquilamos un coche y nos fuimos por ahí de ruta low-cost. Porque como dice la canción: "Los mejores viajes se hacen sin dinero, vuela con la mente, vete de paseo... los que van con prisa nunca ven el cielo..."



Y entonces se fueron. Nos despedimos en el aeropuerto por la mañana y según se iban me imaginé que ese vacío horrible que se abría en mi pecho en aquellos momentos debieron de sentirlo mis padres, y ellos, cuando yo me fui, y algo se me rompió por dentro, como si algo en el cableado interno de mi persona se hubiera estropeado de repente. Y se fueron. Volvimos al coche y sus sitios estaban vacíos. Las calles, las habitaciones, la cocina donde horas antes nos reíamos del mundo, todo volvió a estar vacío. Recogimos al perro, volvimos a casa, y todo volvía a estar como al principio. Pero ya nunca como antes, claro. Mi madre irlandesa me preguntó: "Are you a bit sad?" Y supongo que es tan raro verme triste que ni siquiera me sale estarlo, que lo lloro todo de repente, como el poema de Girondo, para expulsar la tristeza de mí, y vuelvo-quiero-creer-que-estoy-volviendo-conozco-este-camino-de-memoria-pero-igual-me-sorprendo. Al cabo de unas horas, mientras caminaba por las calles de Cork de nuevo, pensaba que pese a toda esa tristeza momentánea, la experiencia seguía valiendo la pena. Y mientras así sea, mientras mi Cork sea "mi Cork", quiero seguir aquí. Feliz.

Cómo no, no podía faltar algún testimonio gráfico de un fin de semana inolvidable que me deja dos nuevos post-its en mi puerta...

Esta foto se titula: "Ingeniería materna"

Momento: "No me puedo creer que le esté haciendo una foto al Old Oak :S"

"Olvídate y sonríe..."

S. y S. a la entrada del castillo de Blarney
Os echaré de menos =)

Lindo Kinsale

S. besando la piedra de Blarney -
Don de la elocuencia para 7 años... a ver si es verdad

Rincones de Blarney que no conocía

"Quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida..."

Omnia - mea - mecum - porto


Vivir DESPEINA


Querida S., espero que nunca olvides que con la compañía adecuada, un coche se puede convertir en el mejor restaurante con vistas al mar de toda la galaxia.
(Foto hecha desde el coche, claro)

Te quiero :)

232-240: Mis padres irlandeses

Los llamo así y espero que eso no ofenda a mis padres biológicos, porque todos sabemos que padre y madre no hay más que un@ (y como los míos, ningunos). Pero aun así, llamo a mi hostmum mi madre irlandesa y a mi hostdad mi padre irlandés porque, dentro de toda la locura de venir a Irlanda, ese es el papel que han jugado.
Como a un bebé que da sus primeros pasos, ellos me han ido enseñando todo lo necesario para sobrevivir (y vivir) aquí. Ellos me hicieron mi primer té con leche (el primero que he tomado en mi vida, por cierto), me enseñaron lo que es una kettle y qué es ese mejunge llamado porridge que comen en este país por las mañanas; desde cómo llegar hasta Cork centro por varias vías y cuáles son los mejores restaurantes a cómo encender un fuego en la chimenea; todas las costumbres y tradiciones del país, con sus respectivos dulces; en fin... me abrieron las puertas de su casa, a mí, una total desconocida, me dieron las llaves y me confiaron lo que más quieren en esta vida hace ya ocho meses.
Pero eso no es todo. Desde entonces han hecho muchísimas más cosas por mí: desde prestarme un paraguas siempre que llueve hasta acercarme en coche a la estación a las cinco de la mañana, dejar que mis amigas se queden a dormir en casa, acoger aquí a personas que saben que son importantes para mí... la lista no se acaba nunca. Y aun se agradece más sabiendo que este no ha sido, precisamente, su mejor año.
Ahora que poco a poco mi estancia en esta casa llega a su fin, intuía que la relación podía cambiar, pero más bien al contrario, están implicados en la búsqueda de apartamento y en las conversaciones con la agente como si en lugar de tratarse de mí se tratara de G., y tienen conmigo la misma paciencia que tendrían mis padres. Por eso quería dedicarles como mínimo un pequeño espacio en el blog, porque no todos los días se encuentra una gente tan extremadamente buena. Ellos sí entendieron el concepto de lo que debería y no debería ser una aupair y, además, se preocupan genuinamente por las personas de su alrededor. Es algo que se palpa en el ambiente de esta casa - una casa "en la que se vive de verdad y no donde las cosas están para que las vean las visitas", que diría mi madre biológica.
La historia de mis hostparents es muy curiosa. Él, de Cork y ella, de Galway, se conocieron en esos tiempos pre-Internet, pre-smartphones y pre-teléfono cuando ella estaba de aupair y él de Erasmus en París. Una de esas historias que te hacen pensar en que puede que exista el destino, ya que probablemente nunca se hubieran encontrado si no se hubieran conocido en la otra punta del mundo. Vivieron allí una temporada y pertenecieron a la primera generación de trabajadores de Disneyland,  luego se trasladaron a Londres y después, de vuelta a Irlanda. Es esa clase de gente de la que intuyes que tuvieron una juventud muy movida, pero ahora, por alguna razón que dudo que llegue a entender en los próximos 15 años (o en las siguientes 15 vidas), se han ceñido al esquema casa-perro-hijos-coche.
Por suerte para mí, mis padres irlandeses no son "tan irlandeses" como los de otras aupairs. Se nota que han vivido en otros lugares con la mente abierta a absorver esa otra cultura. Lo cual me hace preguntarme qué % de lo que uno es pertenece a de dónde uno viene, cuántos atributos hay que creemos y nos hacemos nuestros pero no son más que el reflejo cristalizado de un tiempo, un espacio y una cultura concretas. Pero esto da para otra entrada y será contado en otra ocasión...