"Quería vivir a conciencia,
quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida,
y dejar a un lado todo lo que no fuese vida
para no descubrir en el momento de mi muerte
que no había vivido"
El club de los poetas muertos
Estábamos tan inmersas en nuestras preocupaciones, en nuestros problemas-que-no-son-nunca-problemas-reales, en todos los planes para el futuro... que nos olvidamos de vivir en este mundo. Los escaparates verdes desde hacía varias semanas no nos dieron ni siquiera una ligera pista. Y así nos encontramos el día 16 de marzo buscando entre los "leftovers" de tiendas ya de por sí permanentemente verdes, medio en broma medio en serio. Alucinamos con el sentido de negocio que tienen los irlandeses. Intentábamos calcar la misma situación en España: imposible. ¿Cómo, de repente, se encuentra una planteándose comprar cosas con la bandera de un país que no es el suyo, cuando en su propio país sería la última cosa que haría en esta vida? Seguramente debería (deberíamos) reflexionar en un nivel 7 de profundidad al respecto de esa situación. Pero eso será otro día, mi lista de cosas que hacer es ya demasiado larga.
Nos plantamos en el día de St. Patrick's sin ningún plan en concreto y con dos botes de tinte verde. Del desfile nunca llegamos a esperar nada porque las veteranas ya nos habían avisado de que había poco que esperar, pero aun así, obedientemente, acudimos a la llamada. Porque somos good girls. Porque es lo que se supone que hay que hacer.
Y nos vestimos de verde. Nos pintamos shamrocks en las mejillas. Nos teñimos el pelo de verde. Nos reímos de las fotos en las que, al fondo, un sandwich envuelto en papel de aluminio delata que no tenemos ni un duro que gastar. Pero en St. Patrick's todo el mundo es irlandés, dicen, y no pasa nada por tener 22 años de verdad por un día.
Ni siquiera aunque tus 22 años no den de sí para entender una cultura que no es la tuya. Ni siquiera aunque tus ojos castaños de 22 años no comprendan por qué tanta exaltación alrededor de St. Patrick's.
Y sales de casa, medio bruja, medio señora, riéndote de una vida que no vas a entender nunca. Te encuentras gente por la calle y en los pubs, porque esto es Cork, y Cork es un pueblo; disfrutas de la música en directo y por un rato se te olvida para qué habías venido aquí. En algún momento de la tarde, incluso llevamos uno de esos gorritos con la bandera irlandesa y publicidad gratuita de alguna marca de cerveza. Que no se diga que no estamos bien adaptadas.
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"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
26.3.13
13.3.13
Sitios mordorosos del copón infecto (I)
La expresión que da título a la entrada se la he robado a A., que la trajo de su visita a Londres. Y espero que mis lectores de hoy hayáis leído (o estéis familiarizados) con Harry Potter, El señor de los anillos, etc. porque lo que pasa en esta ciudad es tan poco normal que voy a tener que usar algunos palabros sacados de ahí.
Y es que, señoras y señores, hemos tenido la iluminación divina que todo el mundo estaba esperando y hemos empezado a buscar ungreat big lovely cheap apartment.
Primeramente fuimos a ver dos habitaciones en una casa. Suena simple, ¿verdad? No lo es.
Aquello era como entrar en Azkaban, pero sin el como. Había que poner un pin de seguridad, entrar a un patio, recordar la secuencia (ahora a la derecha, ahora a la izquierda, todo recto...), poner otro pin (distinto), subir unas escaleras, pasar por otra puerta, más pasadizos y ya, por fin, la puerta de casa. Os prometo que pensaba que en cualquier momento los puentes y los pasillos empezarían a moverse como en Harry Potter. Nunca he visitado un edificio de arquitectura tan dudosa y enrevesada. Creo que si viviera allí me pasaría la vida susurrándole hechizos a las paredes, estoy segura de que en algún punto de ese edificio está el anden 9 3/4 y de que, escondida en algún lugar, está la Sala de los Menesteres. La casa en sí no estaba mal. "Not too bad", que dirían por aquí.
En segundo lugar, ha pasado algo que creo que sólo ha pasado porque el Universo quería darme en las narices por decirle a todo el mundo eso de "peor que el piso de Barcelona no va a ser". Zas, en toda la boca. Bazinga. Pillada.
Esta ha sido nuestra mañana:
Subimos una cuesta eterna que no es nada comparado con las cuestas que hay en ese barrio. Nos alegramos de no tener que subir LA cuesta que parecía que nos esperaba y, en su lugar, entramos en " (....) place". El barrio es un sitio residencial con casas que yo creía que sólo se veían en los dibujos animados y en las películas de terror; íbamos la mar de contentas por la calle haciendo revista de todas las cosas que tendríamos cerca de casa y viendo todas esas casas maravillosamente espaciosas y pintadas de colores. Qué ingenuas. Parecía que teníamos un buen presentimiento.
Pero no. Porque al pisar "(...) place", hay un traslador que te lleva directamente al sitio más chungo de Cork. Unas casas de pintura desconchada y casi debería decir paredes desconchadas... un parking sin asfaltar y sin nada de iluminación, enfrente de una iglesia y un cementerio... una abuela barriendo el portal de su casa a cámara lenta... un abuelo saliendo de su casa por la ventana... espera, ¿lo he visto bien? ¿El abuelo acaba de salir POR LA VENTANA? A. y yo nos miramos incrédulas, anonadadas. A lo mejor nos lo estamos imaginando. Tiene que ser eso.
Seguimos caminando, mirando los números de las casas, buscando el nuestro (que ya empezamos a sospechar que nunca será el nuestro). Cada paso que damos la situación parece degradar más. Creo que si hubiera habido alguna rata muerta por el suelo, ni siquiera me habría fijado en ella: cuadraba totalmente en la escena.
Finalmente encontramos el que hace mucho tiempo debía ser el número 8 y ahora es simplemente una puerta pintada de azul, porque otra cosa no lo sé, pero pintar las cosas de colores en esta ciudad se les da muy bien. No somos capaces de recordar el número correcto y faltan unos minutos, así que decidimos investigar alrededor.
A. me dice algo así como: "¿tú estás segura de que quieres seguir mirando por aquí? Porque por los datos que tenemos, ahí podría haber un cementerio clandestino" Yo pienso internamente que al fin y al cabo tienen más motivos para asustarse ellos que yo. Bromeamos: espero que la puerta no sea por dentro de este cobertizo... Aquí mejor llevar siempre botas de agua, ¿eso es un punto a favor o en contra?, no lo tengo claro...
De la nada aparece una señora tan bien vestida que, puesta en un lugar así, parece que alguien la haya pintado encima para reírse de la pobreza del lugar. Que si somos nosotras las que veníamos a ver el apartamento. Ella parece igual de sorprendida de nosotras que nosotras de ella.
Incluso antes de abrir la puerta, nos dice que sabe que no nos lo vamos a quedar, que no le gusta enseñar este sitio. Estoy 100% segura de que un agente inmobiliario diciéndote algo así es muy, muy mala señal. No me equivoco. Spoiler: habíamos quedado a las 10 y a las 10.01 ya estábamos a 200 metros del lugar.
Pasamos por un portal, luego un pasillo, otro donde hay una bicicleta, una puerta de emergencia y salimos a un patio minúsculo. Y ahí está la puerta del apartamento. Internamente pienso que eso tiene que ser un engorro en los días de lluvia, esto es, 3 de cada 4.
De repente es como si nos hubiéramos transformado en hobbits. La puerta es tan bajita que creo que alguien que midiera más de 1.70 tendría que agacharse (por suerte, una viene con tamaño "hobbit" por defecto). El apartamento, en general, me da la sensación de haberme engrandecido como persona, como si hubiera entrado en una de las habitaciones de Alicia en el país de las maravillas. O de la nueva aventura de M. y A. en Mordor, libro todavía inédito con el que algún día nos forraremos.
La habitación individual ha sido recalificada como "trastero" y la luz del baño no funciona. La agente nos pide que seamos sinceras. Lo somos. En mi cabeza intento traducir la expresión "mordoroso-del-copón-infecto" al inglés, pero no se me ocurre nada, así que le suelto el rollo de que estamos buscando cualquier cosa en una "walking distance" al centro, dos habitaciones, etcétera. "Bueno. Cualquier cosa menos esto", tendría que haber añadido.
Al salir intentamos poner la aventurita en palabras, pero se nos da mal, y es que yo ante una situación así sólo me puedo reír. Quiero pensar que la parte positiva es que, venga lo que venga, siempre será mejor que esto. (Aunque esto también lo dije al salir de la primera casa... la vida siempre se las apaña para sorprenderme)
¿Qué nos deparará el futuro? ¿Seremos las próximas homeless de Cork? ¿Encontraremos un trabajo algún día? Y más importante todavía... ¿tendría el vecino que ha escapado por la ventana la piedra filosofal?
Y es que, señoras y señores, hemos tenido la iluminación divina que todo el mundo estaba esperando y hemos empezado a buscar un
Primeramente fuimos a ver dos habitaciones en una casa. Suena simple, ¿verdad? No lo es.
Aquello era como entrar en Azkaban, pero sin el como. Había que poner un pin de seguridad, entrar a un patio, recordar la secuencia (ahora a la derecha, ahora a la izquierda, todo recto...), poner otro pin (distinto), subir unas escaleras, pasar por otra puerta, más pasadizos y ya, por fin, la puerta de casa. Os prometo que pensaba que en cualquier momento los puentes y los pasillos empezarían a moverse como en Harry Potter. Nunca he visitado un edificio de arquitectura tan dudosa y enrevesada. Creo que si viviera allí me pasaría la vida susurrándole hechizos a las paredes, estoy segura de que en algún punto de ese edificio está el anden 9 3/4 y de que, escondida en algún lugar, está la Sala de los Menesteres. La casa en sí no estaba mal. "Not too bad", que dirían por aquí.
En segundo lugar, ha pasado algo que creo que sólo ha pasado porque el Universo quería darme en las narices por decirle a todo el mundo eso de "peor que el piso de Barcelona no va a ser". Zas, en toda la boca. Bazinga. Pillada.
Esta ha sido nuestra mañana:
Subimos una cuesta eterna que no es nada comparado con las cuestas que hay en ese barrio. Nos alegramos de no tener que subir LA cuesta que parecía que nos esperaba y, en su lugar, entramos en " (....) place". El barrio es un sitio residencial con casas que yo creía que sólo se veían en los dibujos animados y en las películas de terror; íbamos la mar de contentas por la calle haciendo revista de todas las cosas que tendríamos cerca de casa y viendo todas esas casas maravillosamente espaciosas y pintadas de colores. Qué ingenuas. Parecía que teníamos un buen presentimiento.
Pero no. Porque al pisar "(...) place", hay un traslador que te lleva directamente al sitio más chungo de Cork. Unas casas de pintura desconchada y casi debería decir paredes desconchadas... un parking sin asfaltar y sin nada de iluminación, enfrente de una iglesia y un cementerio... una abuela barriendo el portal de su casa a cámara lenta... un abuelo saliendo de su casa por la ventana... espera, ¿lo he visto bien? ¿El abuelo acaba de salir POR LA VENTANA? A. y yo nos miramos incrédulas, anonadadas. A lo mejor nos lo estamos imaginando. Tiene que ser eso.
Seguimos caminando, mirando los números de las casas, buscando el nuestro (que ya empezamos a sospechar que nunca será el nuestro). Cada paso que damos la situación parece degradar más. Creo que si hubiera habido alguna rata muerta por el suelo, ni siquiera me habría fijado en ella: cuadraba totalmente en la escena.
Finalmente encontramos el que hace mucho tiempo debía ser el número 8 y ahora es simplemente una puerta pintada de azul, porque otra cosa no lo sé, pero pintar las cosas de colores en esta ciudad se les da muy bien. No somos capaces de recordar el número correcto y faltan unos minutos, así que decidimos investigar alrededor.
A. me dice algo así como: "¿tú estás segura de que quieres seguir mirando por aquí? Porque por los datos que tenemos, ahí podría haber un cementerio clandestino" Yo pienso internamente que al fin y al cabo tienen más motivos para asustarse ellos que yo. Bromeamos: espero que la puerta no sea por dentro de este cobertizo... Aquí mejor llevar siempre botas de agua, ¿eso es un punto a favor o en contra?, no lo tengo claro...
De la nada aparece una señora tan bien vestida que, puesta en un lugar así, parece que alguien la haya pintado encima para reírse de la pobreza del lugar. Que si somos nosotras las que veníamos a ver el apartamento. Ella parece igual de sorprendida de nosotras que nosotras de ella.
Incluso antes de abrir la puerta, nos dice que sabe que no nos lo vamos a quedar, que no le gusta enseñar este sitio. Estoy 100% segura de que un agente inmobiliario diciéndote algo así es muy, muy mala señal. No me equivoco. Spoiler: habíamos quedado a las 10 y a las 10.01 ya estábamos a 200 metros del lugar.
Pasamos por un portal, luego un pasillo, otro donde hay una bicicleta, una puerta de emergencia y salimos a un patio minúsculo. Y ahí está la puerta del apartamento. Internamente pienso que eso tiene que ser un engorro en los días de lluvia, esto es, 3 de cada 4.
De repente es como si nos hubiéramos transformado en hobbits. La puerta es tan bajita que creo que alguien que midiera más de 1.70 tendría que agacharse (por suerte, una viene con tamaño "hobbit" por defecto). El apartamento, en general, me da la sensación de haberme engrandecido como persona, como si hubiera entrado en una de las habitaciones de Alicia en el país de las maravillas. O de la nueva aventura de M. y A. en Mordor, libro todavía inédito con el que algún día nos forraremos.
La habitación individual ha sido recalificada como "trastero" y la luz del baño no funciona. La agente nos pide que seamos sinceras. Lo somos. En mi cabeza intento traducir la expresión "mordoroso-del-copón-infecto" al inglés, pero no se me ocurre nada, así que le suelto el rollo de que estamos buscando cualquier cosa en una "walking distance" al centro, dos habitaciones, etcétera. "Bueno. Cualquier cosa menos esto", tendría que haber añadido.
Al salir intentamos poner la aventurita en palabras, pero se nos da mal, y es que yo ante una situación así sólo me puedo reír. Quiero pensar que la parte positiva es que, venga lo que venga, siempre será mejor que esto. (Aunque esto también lo dije al salir de la primera casa... la vida siempre se las apaña para sorprenderme)
¿Qué nos deparará el futuro? ¿Seremos las próximas homeless de Cork? ¿Encontraremos un trabajo algún día? Y más importante todavía... ¿tendría el vecino que ha escapado por la ventana la piedra filosofal?
221-228: La mente concreta de los niños
Voy a seguir escribiendo entradas "aupairiles" porque, en el vaivén frenético de actividad que llevamos estos días, de vez en cuando se me ocurren cosas de las que todavía no he hablado en el blog y quería hablaros. Por ejemplo, esta.
A tod@s l@s que nos dedicamos a esto de ser maestr@s (o lo intentamos) nos han hablado mucho de nociones básicas de psicología: que si la zona de desarrollo próxima, que si los estadios de desarrollo, que si la mente concreta. Pero la verdad #delagüena es que estas cosas hasta que no las ves, no te las crees. Especialmente si eres aupair de una niña como G.
G. es una adulta en miniatura. Habla con soltura de todos los sitios donde ha estado, qué año era o cuántos años hace de ello, conoce a fondo su ciudad, sabe de tarjetas de fidelidad y de restaurantes, organiza su propio tiempo como quiere, nunca me ha montado un solo berrinche por tener que hacer los deberes, lleva "eso de ir al colegio" con la misma seriedad que afrontamos cualquier trabajo... en fin, que tiene una visión del mundo bastante peculiar y a sus 9 años parece que lleve 30 rondando por ahí.
Pero no deja de ser una niña. Y cuando comparte conmigo sus teorías conspiranoicas, nunca sé si me lo está diciendo de verdad o se está quedando con mi cara. Ahí van algunas de las últimas:
Cómo saber que algo está caducado
¿Mirar la fecha de caducidad? Ni de broma. Los fabricantes pueden estafarte (os prometo que esas palabras han salido de su boca). Ella tiene su propia teoría, basada en la repetición, al más puro método científico, y que nos haría temblar de miedo ante cualquier control de sanidad. Esto es: al introducir el dedo dentro del queso Philadelphia, tiene que estar blandito y resbalar fácilmente hacia el fondo; de lo contrario, el queso está "gone off". Por supuesto, no tiene nada que ver que el queso acabe de salir de la nevera o no.
Para demostrarle lo contrario, un día tuvimos que mojar los crackers en diferentes tarrinas de queso Philadelphia (evidentemente, ninguna de ellas estaba caducada, pero según ella, una sí) y dárselos a probar por separado, diciéndole: "puede que sean las dos de la misma tarrina o una de cada... a ver si notas alguna diferencia"
Por no arriesgar su vida dejándola en manos de su cruel madre y su despiadada aupair, se negó a probarlo, pero nunca más ha vuelto a protestar porque el queso de su lunch estuviera "gone off" y ese día, nosotras disfrutamos en su honor de una de las delicias culinarias irlandesas.
Cómo conseguir más folios para tu impresora
Hace unas semanas, R. me regaló una impresora que ella ya no necesita pero todavía funciona. Desafiando a mi hostdad con su ya famoso "¿se puede saber qué hay que hacer para que cojas un taxi?", la traje a peso hasta casa. Por supuesto, cuando llegué estaba tan cansada que la idea de subirla a la habitación para luego volver a bajarla para enseñársela a mi hostfamily no iba a ser contemplada, así que cuando G. llegó del cole, la impresora estaba en la mesa de la cocina.
Y el diálogo fue como sigue:
-¿Esta es la impresora que te han regalado?
-Sí.
-¿También se puede escanear?
-Es para hacer fotocopias, levantas la tapa, colocas la hoja aquí y te fotocopia lo que sea, ¿ves?, y la otra hoja con lo que quieres fotocopiar sale por aquí...
Y en ese momento a G. se le iluminó la cara como cuando tiene una de sus grandes ideas, pero sin el como, y me dijo:
-¡¡¡Genial!!! ¡Así nunca más tendremos que comprar folios blancos! Sólo tienes que poner una hoja blanca aquí dentro y la impresora te da muchas más.
En su cabecita infantil tenía sentido que la impresora "crea" de nuevo lo que tú has puesto dentro, así que si quieres hojas blancas y no tienes, sólo necesitas poner una y la impresora te dará muchas iguales :)
Palabras que no son "proper" palabras
Un día normal y corriente, estábamos en la cocina haciendo los deberes. De repente, suelta su lápiz, me mira fijamente y me dice...
-Hoy he subrayado una palabra en mi diccionario.
-¿Ah, sí? ¿Cuál?
-¡Unicornio!
-¿Y por qué has subrayado eso?
-¡Porque en el diccionario viene la palabra unicornio! Y todo el mundo sabe que los unicornios no existen.... ¡algo que no existe está en el diccionario!
Yo le expliqué en mi inglés patatero que aunque las cosas no existan o no se puedan tocar, siguen siendo palabras y pueden ser definidas, y que si todos tenemos la misma idea de unicornio en nuestras cabezas y usamos esa palabra para referirnos a lo mismo, da igual que sea un concepto imaginario o abstracto. Pero ella siguió en sus trece.
Y la cosa se quedó ahí hasta que, un par de semanas más tarde, por la noche, G. le dijo lo mismo a su madre: "He subrayado una palabra en mi diccionario", y yo empecé a reírme "por lo bajini". Entonces, cuando la madre (oliéndose una de las teorías de G.) le preguntó, la niña me miró, se acordó de mi explicación, meditó durante unos instantes y contestó: "No, nada... porque es una palabra bonita" Y yo sentí por unos instantes que le había robado un trocito de infancia ;)
Seguiremos informando...
A tod@s l@s que nos dedicamos a esto de ser maestr@s (o lo intentamos) nos han hablado mucho de nociones básicas de psicología: que si la zona de desarrollo próxima, que si los estadios de desarrollo, que si la mente concreta. Pero la verdad #delagüena es que estas cosas hasta que no las ves, no te las crees. Especialmente si eres aupair de una niña como G.
G. es una adulta en miniatura. Habla con soltura de todos los sitios donde ha estado, qué año era o cuántos años hace de ello, conoce a fondo su ciudad, sabe de tarjetas de fidelidad y de restaurantes, organiza su propio tiempo como quiere, nunca me ha montado un solo berrinche por tener que hacer los deberes, lleva "eso de ir al colegio" con la misma seriedad que afrontamos cualquier trabajo... en fin, que tiene una visión del mundo bastante peculiar y a sus 9 años parece que lleve 30 rondando por ahí.
Pero no deja de ser una niña. Y cuando comparte conmigo sus teorías conspiranoicas, nunca sé si me lo está diciendo de verdad o se está quedando con mi cara. Ahí van algunas de las últimas:
Cómo saber que algo está caducado
¿Mirar la fecha de caducidad? Ni de broma. Los fabricantes pueden estafarte (os prometo que esas palabras han salido de su boca). Ella tiene su propia teoría, basada en la repetición, al más puro método científico, y que nos haría temblar de miedo ante cualquier control de sanidad. Esto es: al introducir el dedo dentro del queso Philadelphia, tiene que estar blandito y resbalar fácilmente hacia el fondo; de lo contrario, el queso está "gone off". Por supuesto, no tiene nada que ver que el queso acabe de salir de la nevera o no.
Para demostrarle lo contrario, un día tuvimos que mojar los crackers en diferentes tarrinas de queso Philadelphia (evidentemente, ninguna de ellas estaba caducada, pero según ella, una sí) y dárselos a probar por separado, diciéndole: "puede que sean las dos de la misma tarrina o una de cada... a ver si notas alguna diferencia"
Por no arriesgar su vida dejándola en manos de su cruel madre y su despiadada aupair, se negó a probarlo, pero nunca más ha vuelto a protestar porque el queso de su lunch estuviera "gone off" y ese día, nosotras disfrutamos en su honor de una de las delicias culinarias irlandesas.
Cómo conseguir más folios para tu impresora
Hace unas semanas, R. me regaló una impresora que ella ya no necesita pero todavía funciona. Desafiando a mi hostdad con su ya famoso "¿se puede saber qué hay que hacer para que cojas un taxi?", la traje a peso hasta casa. Por supuesto, cuando llegué estaba tan cansada que la idea de subirla a la habitación para luego volver a bajarla para enseñársela a mi hostfamily no iba a ser contemplada, así que cuando G. llegó del cole, la impresora estaba en la mesa de la cocina.
Y el diálogo fue como sigue:
-¿Esta es la impresora que te han regalado?
-Sí.
-¿También se puede escanear?
-Es para hacer fotocopias, levantas la tapa, colocas la hoja aquí y te fotocopia lo que sea, ¿ves?, y la otra hoja con lo que quieres fotocopiar sale por aquí...
Y en ese momento a G. se le iluminó la cara como cuando tiene una de sus grandes ideas, pero sin el como, y me dijo:
-¡¡¡Genial!!! ¡Así nunca más tendremos que comprar folios blancos! Sólo tienes que poner una hoja blanca aquí dentro y la impresora te da muchas más.
En su cabecita infantil tenía sentido que la impresora "crea" de nuevo lo que tú has puesto dentro, así que si quieres hojas blancas y no tienes, sólo necesitas poner una y la impresora te dará muchas iguales :)
Palabras que no son "proper" palabras
Un día normal y corriente, estábamos en la cocina haciendo los deberes. De repente, suelta su lápiz, me mira fijamente y me dice...
-Hoy he subrayado una palabra en mi diccionario.
-¿Ah, sí? ¿Cuál?
-¡Unicornio!
-¿Y por qué has subrayado eso?
-¡Porque en el diccionario viene la palabra unicornio! Y todo el mundo sabe que los unicornios no existen.... ¡algo que no existe está en el diccionario!
Yo le expliqué en mi inglés patatero que aunque las cosas no existan o no se puedan tocar, siguen siendo palabras y pueden ser definidas, y que si todos tenemos la misma idea de unicornio en nuestras cabezas y usamos esa palabra para referirnos a lo mismo, da igual que sea un concepto imaginario o abstracto. Pero ella siguió en sus trece.
Y la cosa se quedó ahí hasta que, un par de semanas más tarde, por la noche, G. le dijo lo mismo a su madre: "He subrayado una palabra en mi diccionario", y yo empecé a reírme "por lo bajini". Entonces, cuando la madre (oliéndose una de las teorías de G.) le preguntó, la niña me miró, se acordó de mi explicación, meditó durante unos instantes y contestó: "No, nada... porque es una palabra bonita" Y yo sentí por unos instantes que le había robado un trocito de infancia ;)
Seguiremos informando...
5.3.13
218-220: 5 razones para querer dejar de ser aupair
Ya tocaba que os diera la brasa con una entrada de estas más "estilo aupair". Hasta ahora, cuando me preguntaban "¿y qué tal la experiencia?" tenía una respuesta clarísima, definida. Casi predeterminada. Unánime. Incontestable. Mi experiencia como aupair es de 10. Mi familia es encantadora, he conocido a muchísima gente interesante, el trabajo es lo suficientemente fácil y lo suficientemente difícil, mi inglés ha mejorado sensiblemente y en 7 meses no tengo ninguna queja real sobre nada. (Aunque l@s que me tenéis cerca sabéis que me quejo todos los días porque me encanta quejarme de vicio, es mi manera de analizar las cosas en voz alta)
Ahora mismo, cuando la gente me pregunta, mi respuesta es la misma acompañada de un: "Pero estoy buscando trabajo para irme de mi hostfamily", ante lo cual la otra persona se queda un poco ojiplática porque le acabo de soltar las mil maravillas sobre mi familia y mi experiencia y acto seguido parece que esté desesperada por huir por patas ;P
1. La comida.
Creía que el número 1 iba a ser algo así como "la independencia" o "las ganas de probar cosas nuevas", pero queridos, el ser humano es mucho más básico que eso. Entonces tú sueltas algo así y la siguiente pregunta del formulario obligado es: "¿por qué? ¿no te gusta lo que cocinan?" No. Me encanta lo que cocinan, tengo la inmensa suerte de haber caído en una familia bastante sibarita. Es el hecho de no controlar lo que comes ni cuándo lo comes. De no hacer tú tu compra y cocinar tu propia comida. Para esos que estáis pensando "pues vaya" y a esos otros que (muy acertadamente) se os pasa por la cabeza que esto era exactamente igual cuando vivía con mis padres os diré que... sí, tenéis razón. Pero el ser humano evoluciona, surgen nuevas necesidades, nuevas inquietudes, bla, bla. Y esta es una de ellas. ¡Somos lo que comemos!
2. La independencia.
Nunca se es totalmente independiente, eso está claro, pero vivir en tu propia casa ayuda bastante. Si no a serlo, a sentirlo así. Que al final es lo que cuenta.
3. El reto.
Porque por mucho que siga diciéndole a todo el mundo eso de que "en plazas más grandes hemos toreao" y por mucho que sea teóricamente cierto, la verdad es que hacer tu primera entrevista de trabajo seria en tu tercera lengua es un reto interesante. Y trabajar (con un "proper" trabajo, remunerado) en otro país también lo es. ¿Y qué sería de mi vida sin un reto?
4. Dejar de ser un buen ejemplo.
Vivir con niños es lo que tiene, ya lo había hecho antes y no tengo ninguna queja al respecto, pero ya va apeteciendo tener un trabajo en que la jornada laboral se acabe de verdad. Además, ser un buen ejemplo como aupair significa serlo bajo normas que ni son tuyas ni tienen nada que ver con tus normas, con lo cual puede resultar bastante agotador.
5. Limpiar como quiera.
Nunca me había planteado que se nos pudiera ver como maniáticos de la limpieza, la verdad. Pero por lo visto, es así. Me va a encantar vivir en una casa donde la fregona esté siempre a mano, las bayetas y los estropajos existan de verdad, los vasos no estén llenos de pintura, la moqueta no tenga colonias de ácaros y pueda redescubrir el uso de la lejía.
En fin, que como diría Lola, "yo lo dejo cuando quiera"
Ahora mismo, cuando la gente me pregunta, mi respuesta es la misma acompañada de un: "Pero estoy buscando trabajo para irme de mi hostfamily", ante lo cual la otra persona se queda un poco ojiplática porque le acabo de soltar las mil maravillas sobre mi familia y mi experiencia y acto seguido parece que esté desesperada por huir por patas ;P
5 razones para querer dejar de ser aupair (aunque tu experiencia sea de 10)
1. La comida.
Creía que el número 1 iba a ser algo así como "la independencia" o "las ganas de probar cosas nuevas", pero queridos, el ser humano es mucho más básico que eso. Entonces tú sueltas algo así y la siguiente pregunta del formulario obligado es: "¿por qué? ¿no te gusta lo que cocinan?" No. Me encanta lo que cocinan, tengo la inmensa suerte de haber caído en una familia bastante sibarita. Es el hecho de no controlar lo que comes ni cuándo lo comes. De no hacer tú tu compra y cocinar tu propia comida. Para esos que estáis pensando "pues vaya" y a esos otros que (muy acertadamente) se os pasa por la cabeza que esto era exactamente igual cuando vivía con mis padres os diré que... sí, tenéis razón. Pero el ser humano evoluciona, surgen nuevas necesidades, nuevas inquietudes, bla, bla. Y esta es una de ellas. ¡Somos lo que comemos!
2. La independencia.
Nunca se es totalmente independiente, eso está claro, pero vivir en tu propia casa ayuda bastante. Si no a serlo, a sentirlo así. Que al final es lo que cuenta.
3. El reto.
Porque por mucho que siga diciéndole a todo el mundo eso de que "en plazas más grandes hemos toreao" y por mucho que sea teóricamente cierto, la verdad es que hacer tu primera entrevista de trabajo seria en tu tercera lengua es un reto interesante. Y trabajar (con un "proper" trabajo, remunerado) en otro país también lo es. ¿Y qué sería de mi vida sin un reto?
4. Dejar de ser un buen ejemplo.
Vivir con niños es lo que tiene, ya lo había hecho antes y no tengo ninguna queja al respecto, pero ya va apeteciendo tener un trabajo en que la jornada laboral se acabe de verdad. Además, ser un buen ejemplo como aupair significa serlo bajo normas que ni son tuyas ni tienen nada que ver con tus normas, con lo cual puede resultar bastante agotador.
5. Limpiar como quiera.
Nunca me había planteado que se nos pudiera ver como maniáticos de la limpieza, la verdad. Pero por lo visto, es así. Me va a encantar vivir en una casa donde la fregona esté siempre a mano, las bayetas y los estropajos existan de verdad, los vasos no estén llenos de pintura, la moqueta no tenga colonias de ácaros y pueda redescubrir el uso de la lejía.
En fin, que como diría Lola, "yo lo dejo cuando quiera"
2.3.13
209-217: Estar en el mundo
F. y L. desaparecieron de Cork como cuando en Toy Story el gancho elige al azar a qué marcianito se lleva. Un gancho todopoderoso que planea por la ciudad... y de repente ya no están aquí, y como ellas, pasará con la mayoría. Puede que en realidad sólo quedemos en la máquina de los marcianitos los que tenemos alguna tara: algo funciona defectuosamente en nuestra cabeza para seguir queriendo quedarnos aquí. Pero ellas se fueron, se van, se irán. Y nos toca seguir nuestra vida un poco más vacía, aunque estén cada una en su ciudad, aunque no desaparezcan del todo de ella. Pero así, sin más.
Y siguieron pasando cosas. Llegó el cumpleaños de J., pasó el cumpleaños de J., hubo un meeting, hubo un Drink and Draw de no y un Drink and Draw al que no pude ir, más meetings, más proyectos, más "vente y nos tomamos un café" aunque no implique café y ni siquiera estar sentadas, la publicación de una entrevista...
De repente es como si la realidad te golpeara, como si hiciera el mismo frío pero hiciera más frío, como que las mismas sonrisas son menos sonrisas, ...como si los fines de semana se convirtieran en un bucle y el mundo se hubiera metamorfoseado en un lugar demasiado adulto para soportarlo.
Y en momentos así, te acuerdas, por supuesto, de tu madre, de la M mayúscula y sin punto, la M mayor, la madre de todas las M. De cuántas veces te llegó a repetir, cuando eras pequeña: "Es que tienes que estar en el mundo" y tú no entendías nada, ¿se puede NO estar en el mundo?, ¿acaso tenemos el privilegio de semejante elección?, y ella con esa habilidad retórica que tanto caracteriza a las madres españolas y que daría para otro post, incluso para un libro: "pues sí, porque estás, pero no estás... hay que estar más"
Y ahora lo entiendo. Hay que estar más. Hay que estar mejor. Hay que estar más porque tu cabecita tiene que estar en más sitios que cuando eras adolescente, claro. Ir por la calle ya no es sólo ir por la calle intentando no pisar las líneas del suelo y viendo sólo lo que te interesa, es fijarte en dónde están lMos sitios, qué nombre tienen las calles, qué tiendas tienen carteles buscando personal. Estar en el ordenador ya no sólo es entrar en foros, Facebook y ver series que te hagan olvidar, también es buscar trabajo, contestar emails de un nivel de seriedad 8/10, estudiar, actualizar tu CV. Y así sucísimamente.
Por fortuna, todo eso también tiene sus ventajas. Ya no importa que seas pequeña, que seas "la pequeña". Puedes apañártelas sola, buscar la manera de hacer que las cosas funcionen, cambiar. Aunque sea una ilusión, una utopía. Cambiar el entorno. Decidir. Aunque sea una falacia, un truco, un engaño. Puedes derruir las barreras de tu identidad con todas las implicaciones que tú (más que nadie) sabes que eso tiene. Elegir. Aunque sea un riesgo, un error, un semiacierto.
Mi periodo aupair llega a su fin lenta pero inexorablemente. Desde que tomé la decisión de buscar trabajo en Cork y quedarme una temporada más, parece que al bucle espacio-tiempo que se traga esta ciudad y sus nubes cada mañana se le ha ido la olla y va todavía más rápido. Por suerte, yo sé que todo irá bien.
Y siguieron pasando cosas. Llegó el cumpleaños de J., pasó el cumpleaños de J., hubo un meeting, hubo un Drink and Draw de no y un Drink and Draw al que no pude ir, más meetings, más proyectos, más "vente y nos tomamos un café" aunque no implique café y ni siquiera estar sentadas, la publicación de una entrevista...
De repente es como si la realidad te golpeara, como si hiciera el mismo frío pero hiciera más frío, como que las mismas sonrisas son menos sonrisas, ...como si los fines de semana se convirtieran en un bucle y el mundo se hubiera metamorfoseado en un lugar demasiado adulto para soportarlo.
Y en momentos así, te acuerdas, por supuesto, de tu madre, de la M mayúscula y sin punto, la M mayor, la madre de todas las M. De cuántas veces te llegó a repetir, cuando eras pequeña: "Es que tienes que estar en el mundo" y tú no entendías nada, ¿se puede NO estar en el mundo?, ¿acaso tenemos el privilegio de semejante elección?, y ella con esa habilidad retórica que tanto caracteriza a las madres españolas y que daría para otro post, incluso para un libro: "pues sí, porque estás, pero no estás... hay que estar más"
Y ahora lo entiendo. Hay que estar más. Hay que estar mejor. Hay que estar más porque tu cabecita tiene que estar en más sitios que cuando eras adolescente, claro. Ir por la calle ya no es sólo ir por la calle intentando no pisar las líneas del suelo y viendo sólo lo que te interesa, es fijarte en dónde están lMos sitios, qué nombre tienen las calles, qué tiendas tienen carteles buscando personal. Estar en el ordenador ya no sólo es entrar en foros, Facebook y ver series que te hagan olvidar, también es buscar trabajo, contestar emails de un nivel de seriedad 8/10, estudiar, actualizar tu CV. Y así sucísimamente.
Por fortuna, todo eso también tiene sus ventajas. Ya no importa que seas pequeña, que seas "la pequeña". Puedes apañártelas sola, buscar la manera de hacer que las cosas funcionen, cambiar. Aunque sea una ilusión, una utopía. Cambiar el entorno. Decidir. Aunque sea una falacia, un truco, un engaño. Puedes derruir las barreras de tu identidad con todas las implicaciones que tú (más que nadie) sabes que eso tiene. Elegir. Aunque sea un riesgo, un error, un semiacierto.
Mi periodo aupair llega a su fin lenta pero inexorablemente. Desde que tomé la decisión de buscar trabajo en Cork y quedarme una temporada más, parece que al bucle espacio-tiempo que se traga esta ciudad y sus nubes cada mañana se le ha ido la olla y va todavía más rápido. Por suerte, yo sé que todo irá bien.
I'm on a roller coaster that only goes up, my friend.
The fault in our sttars, John Green.
The fault in our sttars, John Green.
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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Lo que la lluvia inspira...
...y lo que el tiempo trajo.
Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
- BAUGMAN, Z. Tiempos líquidos
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- MONTESSORI, M. Ideas generales sobre el método
- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]



