Lo más normal es que cuando sales, salgas a la calle con todo ello: móvil, Reader, y cincuenta cacharritos por el estilo, a veces hasta el portátil. Entonces, para variar, miras a tu alrededor. Bueeno... sí... la calle está reformada, hay un par de tiendas nuevas. Los niños del barrio siguen yendo en chándal con sus bicicletas y jugando a tazos o a lo que toque, con las "bambas" rotas y (¡aberración!) solos. El colegio es el mismo, el instituto es el mismo. Nunca te ha dado por intentarlo, pero sinceramente no crees que ninguna de las personas con las que te cruzas reconociera la mitad de los artilugios y servicios que has mencionado. El barrio está casi igual, como anclado en el tiempo.
Los tiempos cambian, sí, pero...¿para quién? ¿Acaso no es el cambio un privilegio? Habrá que apuntar a la lista de tareas pendientes la inmersión digital, probablemente al lado de la trillada inmersión lingüística.


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