15.3.18

Hogares y casas

Quizá mi hogar sean solamente las palabras.
Perderme por las calles. Las calles de donde sea.
Llorar en los trenes. En cualquier tren. En cualquier idioma.
Llenar los días de caricias tiernas
las tardes de libros y bañeras hirviendo
y las noches de mantas pesadas de penumbra.
Quizá mi hogar sean solamente los libros
en los que escapo
y las palabras en que busco refugio,
y no haya ningún conjunto de paredes que pueda definirlo
porque no es un hogar tangible.
Quizá mi hogar no esté en un país,
sino más bien en un color.
Puede que en el tono verde de la hierba cuando llueve,
quizá en la lluvia que reemplaza la lluvia,
o en el azul del mar, o en el espectáculo del crepúsculo.
No se puede volver a un hogar que nunca se tuvo del todo.
Quizá pueda una aprender a habitar su propio cuerpo,
para variar,
sin salar las heridas cada vez que algo se tuerce,
quizá pueda una aprender a convivir ensigo misma
en lugar de tratar de escapar de sus propias entrañas,
y quizá
puede ser
exista la posibilidad
de que la palabra hogar signifique entonces alguna cosa
y una casa sea simplemente una casa.

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