15.5.10

¿Por qué te gusta leer?

Empiezo a leer los libros atada de pies y manos, con una torpeza indescriptible, como la primera vez que se anda, o se ríe, o se besa. No son mis ojos que recorren las líneas lo que lee, sino mi voz, internamente, ligándome a la forma de las letras y los sonidos, remitiéndome únicamente a lo que hay escrito, leyendo para mí.

No obstante, pasado un rato, ya no soy consciente de que existan letras, ni sonidos; no hay ninguna voz leyendo en mi cabeza; la silla, la cama, la mesa, han desaparecido y también lo han hecho las páginas del libro; mis ojos se desplazan por las líneas como por la casa donde has vivido toda la vida: sin conciencia, sin pensamientos; empieza entonces un baile de formas, imágenes, sonidos, olores, sensaciones abstractas y reales por igual, y ya no miro hacia el libro, no soy consciente del libro: sólo miro hacia dentro, perdiendo de vista el mundo de sonidos que me envuelve y el oxígeno que respiro. Existimos la esencia del libro y yo, o acaso ambas cosas a la vez, o acaso no dos cosas, sino una. Y eso es todo.

He perdido trenes, se me ha pasado la parada un millón de veces, he colisionado contra la realidad indescriptiblemente mientras caminaba por la calle, me he sorprendido de repente (con un sobresalto que haría desternillar de risa a cualquiera) de seguir estando en un lugar, y montones de situaciones que sólo serán familiares a unos pocos.

Y por todo eso me resulta extrañamente incomprensible que alguien me pregunte por qué me gusta leer. Desde la visión de mí misma sumergida buceando en las páginas de un libro, resulta una pregunta inconcebible. Es como si me estuvieran preguntando por qué me gusta respirar o por qué tengo el mal vicio de dormir cada día... Simplemente ocurre y previsiblemente no dejará de ocurrir mientras siga aquí.

Posts relacionados



2 comentarios:

Jorge Ariz dijo...

Lo has descrito de maravilla. Como siempre. Y con la sensibilidad que te caracteriza.

Yo lo que no comprendo es como puede sobrevivir la gente que no lee.

Para mí una buena historia es como una piscina de agua negra. Me zambullo dentro y descubro que puedo bucear respirando bajo el agua, me pierdo, olvido el tiempo, el lugar y el espacio. Y me supone un esfuerzo enorme salir de nuevo a la superficie. Y al emerger me cuesta respirar ese aire tan cargado del mundo real, hasta que vuelvo a acostumbrarme.

Me encanta tu blog. Creo que ya te lo dije no? :-)

M. dijo...

Magnífica descripción la tuya :) Gracias, porque tus comentarios enriquecen el blog y mejoran con creces lo ya dicho.

Aunque me da respeto rescatar entradas de hace tiempo... seguro que tú me entiendes.

Un abrazo