Han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar esta entrada. Me siento como si hubiera sobrevivido al apocalipsis, en una de esas escenas de película en que sale el sol al final de un tremendo caos y está todo por empezar, todo por construir.
Acabar mis días como aupair fue una experiencia rara. No sé si con los años me voy habituando a las despedidas o es que estaba tan hecha a la idea que se me perdió la tristeza entre todos los demás acontecimientos de esa semana. Un par de días antes de mi visita a España, la vecina entró a casa y mi hostmum le comentó que me iba. La vecina exclamó que el año había pasado muy rápido y sería una pena no tenerme por el barrio. Mi hostdad, muy ofendido, le replicó que me iba a España de visita pero que aquella siempre sería mi casa. Y eso fue una declaración de intenciones que desde el principio hizo que mi despedida fuera menos despedida y más mudanza. Fue un poco como irme de casa de mis padres por segunda vez.
Por otra parte, saber que me despedía sólo durante una semana y para irme al calor de los míos influyó bastante en cómo viví todo el proceso. Aunque, por supuesto, eso no me evitó una llorera a la mismísima altura del poema de Girondo la noche en que entré por última vez a la que había sido mi habitación en los últimos meses. Todo empezó con una foto a mi habitación y acabó así, también. No sé si algún día tendrá algún simbolismo más allá de mi afición por hacer fotos a las cosas más simples de la vida, que por supuesto también son las mejores.
Lo más raro de dejar a tu hostfamily es que sabes que unos días, semanas o meses más tarde, o cuando sea, en fin, tarde o temprano, otra aupair va a dormir en tu habitación. Otra persona va a vivir en tu vida, en una vida que ya no es tuya. El tiempo de aupair es un tiempo prestado, una oportunidad única.
La segunda visita a España desde que vine a Irlanda la viví de una manera muy distinta a la primera. Quizá porque estaba más preparada psicológicamente, o quizá precisamente porque estaba menos preparada ya que fue organizada en menos de dos semanas. Sabía exactamente a qué iba y cuál era mi sitio, qué cosas iba a echar de menos, qué cosas no necesitaba y cuáles iban a ser imprescindibles. Y sabía exactamente con quién y dónde compartir mi tiempo. Aunque sobretodo sabía del poder sanador de Cork a la vuelta, incluso de un Cork que iba a ser distinto, porque volvía a otro lugar, pero que conservaba aún su esencia. Las expectativas siempre marcan la diferencia.
Y al volver de España... el caos. El caos más absoluto. Dormir en el sofá rodeada de todas mis cosas mientras mi habitación seguía momentáneamente ocupada también formaba parte de ese caos, pero especialmente era un caos interior. Millones de cosas por hacer, adaptarse a vivir por cuenta propia y no perderse ningún compromiso no son exactamente los ingredientes para una vida pacífica y ordenada. Por otra parte, las vidas pacíficas y ordenadas pueden irse a freír puñetas. Yo prefiero mis días que deberían tener 26 horas en semanas que deberían tener 8 días y meses que deberían tener 5 semanas.
El proceso de búsqueda de trabajo siguió durante mi visita a España y durante otra semana. Ofertas y más ofertas que se superponían y se solapaban. Mi impaciencia y mi inquietud no ayudan demasiado en situaciones como esta, todo hay que decirlo: si pasaba más de un día sin recibir una respuesta a mi anuncio como childminder era algo así como el fin del mundo. La desesperación más incierta. El final de las existencias de paciencia y esperanza de todo el planeta.
Y muy a mi pesar volvió a suceder. Después de haber vivido en Barcelona tenía claro que nunca más iba a vivir esa situación con la misma ansiedad y, por supuesto, así fue: en el banco, una cifra demasiado pequeña para mencionarla aquí y ningún trabajo a la vista en los días siguientes. Solo algunos emails y cartas para indicar que no, que seguía sin tener trabajo. Ansiedad 0, o todo lo 0 que puede ser sin rozar la barrera de la salud mental. Porque veréis, en esta casa creemos en Murphy y en el Karma. Lo dice uno de nuestros postits. Y los postits no mienten.
Así que a los tres días de darme cuenta de mi situación financiera (una, que vive feliz...) me llegó un email, y con el email alguna llamada de teléfono y algunas entrevistas más. Y al día siguiente, estaba trabajando.
Un trabajo temporal que ha llegado como hecho a medida para todo el mundo, en el momento y sitio adecuados, cuidando de un bebé de 6 meses al que su madre llama "little fellow", durante un mes. Sobretodo un trabajo que me permitió parar y respirar hondo, valorar mis opciones y recapacitar. Y para encontrar un hueco en mi ajetreada rutina para sentirme orgullosa de haber pasado mis primeras entrevistas de trabajo en mi tercera lengua y de todas las veces que toda la gente nueva con la que he hablado durante estas semanas me ha felicitado por mi nivel de inglés y ha remarcado mi acento de Cork.
No sé muy bien qué pasará con el blog a partir de ahora... (¿pero es que algún día lo he sabido?) Está claro que este ha sido el fin de la aventura como aupair. No será una experiencia que repita, porque no es una experiencia que se pueda mejorar. El día 27 de este mes hará un año exacto que llegué a Irlanda y no sabría por dónde empezar una lista de cómo esta experiencia me ha cambiado, hasta qué punto y a qué nivel.
Estas últimas semanas solo puedo sentir cómo la vida me sonríe: llegar al apartamento -mi lugar preferido en Cork desde que puse un pie en el umbral de la puerta- y que A. tenga la cena preparada, dormir al lado de S. (puede que algún día os hable de S. en el blog, pero también puede que no), que brille el sol en lo alto y salir en sandalias y sin chaqueta a la calle, incluso algo tan sencillo como levantarme por la mañana para ir a trabajar, que mis recursos den de sí para tener proyectos más allá de la supervivencia... todo me parece un regalo, un privilegio.


2 comentarios:
Asi que voy a tener que ir a Cork a ver a A. y conocer a S.
Se me acumula el trabajo.
El blog puede seguir, o a caso Miriam ya ha descubierto todo el mundo y ya no tiene libertad??
Me encanta como escribes.
Enhorabuena por esa super experiencia ,sin duda.Y ahora a disfrutar de la independencia y de todo lo que te llevas contigo.
Saludos de una fututa Au pair :)
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