1.1.11

Propósitos de año nuevo

Me doy cuenta de que soy una persona odiosa: suelo cumplir mis propósitos de año nuevo. ¿Quién demonios hace eso?

En fin, ahí van, que no se diga que no avisé.

  • Seguir estudiando piano y comprarme un teclado.
  • Seguir leyendo e investigando como hasta ahora.
  • Acabar la carrera como quiero.
  • No tengo mucha fe en ello, pero lo voy a poner aquí por si las moscas: sacarme el carnet de conducir.
  • Empezar un máster en Barcelona.
  • Trabajar.
  • Cuidar más y mejor las amistades, que falta me hace.
  • Cuidar la salud lo que se pueda.


Y ya está... no pido mucho.

No pido mucho
poder hablar sin cambiar la voz
caminar sin muletas
hacer el amor sin que haya que pedir permiso
escribir en un papel sin rayas.


O bien si parece demasiado
escribir sin tener que cambiar la voz
caminar sin rayas
hablar sin que haya que pedir permiso
hacer el amor sin muletas.


O bien si parece demasiado
hacer el amor sin que haya que cambiar la voz
escribir sin muletas
caminar sin que haya que pedir permiso
hablar sin rayas.

Kiko Veneno

30.12.10

Los tiempos cambian, ¿para quién?

Los tiempos cambian. Decimos que los tiempos cambian. Te compraste (o te compraron, siendo justos) un teléfono móvil, luego un ordenador y como consecuencia lógica y terrible, Internet. Empezaste a chatear, después vinieron los foros... Te haces un blog, un fotolog (o dos), un Facebook, más foros, otro blog, tienes cinco cuentas de email y como no es suficiente, vas y también te creas un Twitter. Lees el periódico online y además tienes un Reader, ¿lo quieres?, lo tienes. Lo peor es que podrías seguir.

Lo más normal es que cuando sales, salgas a la calle con todo ello: móvil, Reader, y cincuenta cacharritos por el estilo, a veces hasta el portátil. Entonces, para variar, miras a tu alrededor. Bueeno... sí... la calle está reformada, hay un par de tiendas nuevas. Los niños del barrio siguen yendo en chándal con sus bicicletas y jugando a tazos o a lo que toque, con las "bambas" rotas y (¡aberración!) solos. El colegio es el mismo, el instituto es el mismo. Nunca te ha dado por intentarlo, pero sinceramente no crees que ninguna de las personas con las que te cruzas reconociera la mitad de los artilugios y servicios que has mencionado. El barrio está casi igual, como anclado en el tiempo.

Los tiempos cambian, sí, pero...¿para quién? ¿Acaso no es el cambio un privilegio? Habrá que apuntar a la lista de tareas pendientes la inmersión digital, probablemente al lado de la trillada inmersión lingüística.

28.12.10

El niño está hecho de cien

El niño
está hecho de cien.
El niño tiene
cien lenguajes
cien manos
cien pensamientos
cien modos de pensar
de jugar, de hablar.
Cien, siempre cien
modos de escuchar
de maravillarse, de amar
cien alegrías
para cantar y entender
cien modos
de descubrir
de inventar
cien modos
de soñar.


El niño tiene
cien lenguajes
y cientos más
pero le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura
separan la cabeza del cuerpo.


Le dicen al niño:
que piense sin manos
que trabaje sin cabeza
que escuche y no hable
que entienda sin alegría
que ame y se asombre
sólo en Pascua y Navidad.


Le dicen al niño:
que descubra un mundo que ya existe
y de cien
le quitan noventa y nueve.


Le dicen al niño:
que el trabajo y el juego
la realidad y la fantasía
la ciencia y la imaginación
el cielo y la tierra
la razón y los sueños
son cosas
que no están unidas.


Le dicen, en resumen,
que el cien no existe.
Pero el niño exclama:
¡Qué va, el cien existe!

Loris Malaguzzi (fundador de Reggio Emilia)

14.11.10

Me queda la palabra

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.


Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero

1.11.10

Escribivir

"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo Cervantes..."
Watanabe