26.2.12

No quisiera que lloviera

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto

Cristina Peri Rossi Visto en el blog de Aïda

17.2.12

Un jueves cualquiera (o de cómo se cambia)

Un jueves cualquiera hace un par de años
Levantarse. Mientras se enciende el ordenador, haces un café con leche. Miras el correo, Facebook, el periódico. Ducha. El agua está caliente, siempre a la misma temperatura, pierdes la noción del tiempo. Siempre igual. Pones los cubiertos y el postre en el tupperware, el resto ya está listo. Agarras la mochila y a clase. Las horas muertas (y las de hacer campana) se pasan en el bar. Se canta y se ríe. L'Anna avui no es vol fer gran, dirà tot fent un cafè al bar com tants dijous abans només despistant el futur... Pausa para comer, y luego más clases, o hacer algún trabajo en grupo... Llegar a casa después de 25 minutos de autobús, cenar, consultar de nuevo Internet, ver algún capítulo de alguna serie, leer un rato y a dormir.

Un jueves cualquiera de este curso
Levantarse, ni siquiera vamos a decir a qué hora... Mientras se enciende el ordenador, vas poniendo la cafetera, italiana, esa que el primer día te mirabas de reojo y te acercabas con cautela por si le daba por soplarte (o algo), y un cazo con leche, aquí no hay micro. Fregas los platos, recoges el comedor y la habitación, destiendes la ropa. Preparas el café y lo dejas ahí porque has tardado tanto que está demasiado caliente. Ducha. El agua está demasiado fría o demasiado caliente, piensas en todo lo que tienes que hacer después. ¡Sólo son las siete y pico de la mañana! Mientras te vistes recoges el baño, parece mentira la de cosas que caben en tu parte del armario, es un fenómeno digno de estudio... que siempre estén fuera, digo.
Por supuesto, el café se ha enfriado, pero da igual porque como no te des prisa llegas tarde (aunque seguro que luego te entretienes mucho más rato en otras cosas que te llevan el doble de tiempo que calentar el café). Lees el correo, contestas un par de mensajes, mandas dos whatsapps, espera, ¿ahora dónde has dejado la taza del café?, ¿ya vuelve a haber cosas para fregar? ¿qué pasa, se multiplican?, reflexionas sobre un artículo mientras miras de reojo el reloj. Haces la cama, ¿de dónde ha salido tanta ropa?, ah, sí... Luego. Sacas la basura, algo que ni siquiera eras consciente de que había que hacer tan a menudo (ya sabéis, los duendes).
Piensas en lo mucho que te gusta Barcelona por la mañana. Coges el metro, haces un trasbordo larguísimo durante el que es probable que te pasen cosas raras que luego tuitearás. Por el camino compras algo para merendar esa tarde. Pasas 5 horas en el colegio con los peques de P3, en las que, por supuesto, ni siquiera intentas sentarte o ir al baño. Te acuerdas con nostalgia de aquello de "L'Anna avui no es vol fer gran, dirà tot fent un cafè al bar com tants dijous abans només despistant el futur...".
A la vuelta haces la compra y vuelves cargada, menos mal que se te había ocurrido poner bolsas de plástico en el bolso. Entras en casa (ya sabéis, por fascículos, primero las bolsas, después una pierna, apartas algo que hay por ahí, prefieres no saber el qué, no vaya a ser que te cargues algo, uff, por fin en casa) y empieza la función:
Mientras haces la comida, doblas y repartes la ropa. Incomprensiblemente ya vuelve a haber una pila de cosas para fregar. Llega tu compañero de piso y te echa la bronca por comer tan mal. Te sientas a comer no sabes ni el qué mientras miras de nuevo las 5 direcciones de correo que aún mantienes (y te preguntas mentalmente quién narices te mandó empezar un máster), pero no miras Facebook ni Twitter porque ya lo has hecho mientras volvías en el metro, hay que economizar el tiempo y eso de leer un libro está demasiado visto.
Te preguntas por qué extraña razón sigue sobrándote media hora para acabar (...de leer ese artículo, esa reflexión que tenías que hacer para esta tarde, redactar el diario de prácticas, enviar ese email importante). Fregas mirando el reloj porque invariablemente te habrás entretenido con cualquier otra cosa, excepto que lo que tuvieras que hacer fuera para ese día, que es algo que suele pasar.
Metro, trasbordo larguísimo, dirías que desde esta mañana le han añadido unos cuantos metros de largo, si no, es inexplicable; otro metro, autobús. Copistería, reuniones, clase, más trabajos... A la vuelta seguro que tienes que comprar algo que te has dejado, el que no tiene cabeza tiene pies y una tienda que abre las 24h, cuánta razón tenía mi madre cuando me decía que ese tipo de negocios se forra con gente como yo.
Cenas bien acompañada y dándole las gracias al cielo por tener unos compañeros de piso que te dejan muy a menudo la comida o la cena hecha. Te quedan otras dos o tres horas de empezar o acabar documentos para el máster. Como siempre, se te había olvidado que hay que recoger la cocina, pero lo cierto es que a las dos de la mañana después de varias horas de concentración-desconcentración, acaba siendo incluso relajante. Consultas Facebook, preguntándote en qué momentos del día te ha dado tiempo de dar tanto la lata al personal, ¿tú te acuerdas de respirar, M.? Porque de pestañear ya sabemos que no :P
Incapaz de dormir, vuelves a releer ese de J. Gaarder, ese que tiene tantas hojas marcadas y dobladas que hay páginas que recitarías de memoria. Al cabo de unas horas de sueño, por supuesto demasiado pocas, te despiertas y te das cuenta de que no apagaste la luz al dormirte, tienes una página marcada en la mejilla y el teléfono con un whatsapp a medio escribir. ¡¿Pero tanto te cuesta apagar una luz?!


Basado en hechos reales de un jueves cualquiera...

11.2.12

Decires

«El marxismo-leninismo es una piedra
para romperle la cabeza al imperialismo
y a la burguesía.»
«No. El marxismo-leninismo es la goma elástica
con que se arroja esa piedra.»
«No, no. El marxismo-leninismo es la idea
que mueve el brazo
que a su vez acciona la goma elástica
de la honda que arroja esa piedra.»
«El marxismo-leninismo es la espada
para cortar las manos del imperialismo.»
«Qué va! El marxismo-leninismo es la teoría
de hacerle la manicura al imperialismo
mientras se busca la oportunidad de amarrarle las manos.»
¿Qué voy a hacer si me he pasado la vida
leyendo el marxismo-leninismo
y al crecer olvidé
que tengo los bolsillos llenos de piedras
y una honda en el bolsillo de atrás
y que muy bien me podría conseguir una espada
y que no soportaría estar cinco minutos
en un Salón de Belleza?

Roque Dalton

Los portadores de sueños

En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo. Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción. Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.
Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras
de catástrofes.
los llamaron ilusos, románticos, pensadores de
utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también habia engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol. Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales
Tuvieron algo que ver con esto,
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad. Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños
soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.
Son peligrosos - imprimían las grandes
rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes
en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.
Hay que destruirlos - imprimían las grandes
rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus
discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.
Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche. Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan. Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías.

Gioconda Belli

Carpe diem

Carpe Diem! Aprovecha el día,
no dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo
extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar al mundo.
Porque pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres humanos llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte
en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sopla en contra, la poderosa obra continúa,
tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños
puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores, el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
«Emito mi alarido por los techos de este mundo»
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples,
se puede hacer poesía bella sobre las pequeñas cosas.
No traiciones tus creencias. Todos necesitamos aceptación.
Pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.
Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea
con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros «poetas muertos», te ayudarán a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros, «los poetas vivos»,
no permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.


(El texto no es mío, pero desconozco el autor/a)