24.12.08

¿Feliz? ¿Navidad?


Este año mi corazón se resiste a dejar pasar lo que todo el mundo llama espíritu navideño. Quizá porque, después de toda una vida temiendo los puntos suspensivos de la frase "aprovecha estas navidades con tu abuela...", que hayan llegado las primeras navidades en que realmente echo en falta a alguien es casi surrealista y lo vivo en un estado de permanente aturdimiento.
Quizá, también, porque lo que la gente llama espíritu navideño: disfrutar con los tuyos, contemplar la luz que llena las calles, la ilusión por montar el pesebre, la búsqueda incesante de regalos en los que mimas hasta el último detalle, la sorpresa de recibir algo envuelto especialmente para ti..., son cosas que puedes hacer habitualmente.
Y soy la clase de persona capaz de ello. Capaz de pasarse una tarde cualquiera buscando X regalo para Y persona, o de decidir que le apetece montar ves-a-saber-qué con su hermana o de pasear casi a diario sólo por el placer de detenerse en los pequeños detalles (la luz, la perspectiva, las nubes, el agua de las fuentes, los niños riendo, las baldosas, las matrículas de los coches...). ¡Por no hablar de lo nerviosa que me pone no poder comer en familia durante más de una semana!
Llevo la Navidad conmigo la mayor parte del año. Siempre he creído que la Navidad es mi periodo menos navideño. Este año, además, está en un segundo o tercer plano. No sólo es porque eche de menos a mi abuela: mucho, muchísimo, y así será cada día de mi vida hasta que sea yo a la que haya que echar de menos.
Pero el acontecimiento importante para mí no deja de ser otro, uno muy distinto de la Navidad: por primera vez no me supone esfuerzo alguno tener que pasar un periodo vacacional estudiando. Porque por primera vez adoro lo que estudio. Y pensar que han tenido que pasar 18 años para poder hacer lo que quiera, ¡menuda tomadura de pelo! Pero por primera vez la que decide soy yo.
Y, ya puestos, decido que voy a pasar las navidades lo más alegre posible.
Feliz año.

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