23.12.08

Una historia de ésas.

Tengo una historia de dos escrita por una. Escrita sin más, a pelo, en la piel; como con esos rasguños que te haces sin darte cuenta y no ves hasta que han pasado las horas y ya es difícil saber qué, por qué o con qué narices te hiciste. Una historia hecha de arañazos tiernos y zarpazos dolorosos. Zarpazos de esos que te dan sin darte cuenta y no ves hasta que han pasado los meses y ya es difícil saber por qué. Adictiva hasta límites insospechados, rezumando literatura y cine, una historia melómana desde un punto de vista y el silencio más estricto desde el otro; lejana en el recuerdo, como las risas de los niños en el parque, pero rebosante de recuerdos de esos que martillean en los oídos y en las venas durante años; incitante como el juego para el ludópata, fría como el agua de la playa en una tarde azul de verano. Una historia que es como una herida que no llega a ser cicatriz, una cicatriz que no deja de doler ni ser querida, una cicatriz que sólo guarda para sí un par de ojos azules, un paseo por las nubes y unas mil horas de palabras sin compromiso. Una historia con muchas más líneas imaginadas que vividas.

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