se rompen a golpes.
El mío es un techo
de acero:
Puede que parezca
que se oxidará
con el sudor y las lágrimas, lágrimas
paulatinas apenas
milésimas de arena
en un desierto de sal,
espesas, arenosas, húmedas
escurridizas.
Acero con sal incrustada
(¡menuda exquisitez!)
petróleo a penas...
Pero no lo hará.
Lo sabe el acero,
lo sabes tú
y lo sabe la sal.
El lenguaje es un montón de ladrillos,
algunos se hacen con ellos una cárcel.
algunos se hacen con ellos una cárcel.


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