30.9.09

Rascar. Sí, eso es. Tenéis que rascar.

Puede ser que mañana esconda mi voz
por hacerlo a mi manera:
¡Hay tanto idiota ahí fuera...!
(Vetusta Morla)

Tuve un profesor que siempre nos decía: "No os quedéis con lo que hay en la superficie. Tenéis que rascar un poco más. Rascar la superficie y ver qué es lo que hay debajo, si os gusta, si no, qué se puede hacer para cambiarlo..." En general, esta es una filosofía fácil de seguir, efectiva y enriquecedora. Apta para personas inconformistas. Pero se olvidó de comentarnos que cuando rascas hacia dentro duele, desgarra, levanta cicatrices... aprendizaje vivencial.

Todo tiene un par de vueltas de rosca más de las que parece. Vivir en la complejidad del caos-sin-tregua, yendo de un extremo a otro, no sólo puede llegar a ser agotador sino que, además, brinda pocas oportunidades para la introversión. Y cuando aparece uno de esos momentos (puede ser en cualquier situación, social o no, sea cual sea nuestra ocupación y su nivel de prioridad), cuesta continuar como si nada. Es una señal del camino que arrastra, que tira, que no se puede ignorar aunque la vida prosiga incansable hacia derroteros institucionalizados y, emocionalmente, lúgubres.

Si no ahora, ¿cuándo?
Si no por esto, ¿por qué?
Si no así, ¿cómo?

Posts relacionados



0 comentarios: