24.10.09

De la jerga (que no juerga) del día a día

A menudo nos divertimos buscando conexiones absurdas a través del tiempo y el espacio, abriendo ventanas y asomando la cabeza a ver si llueve o hace sol. Bailamos alrededor de una idea lejana, lejos también del ahora, nos emborrachamos de música y palabras, carcajadas y chocolate, todo símiles caseros.

"¡La Lluvia viene de la Luna!, ¡el Sol está en prácticas! Un día conoceremos al Viento"...

Teorizo lo sano y mentalmente salubre de nuestros absurdos y no hay nada que objetar. Cuando se agoten estas metáforas, vendrán otras, nuevas y frescas. ¿Qué importa? La palabra está para usarla, para llevarla al punto máximo de abstracción; en ese frenesí surrealista, no queda, después, más que la resaca de volver a poner los pies en el suelo.

Pero volar es tan volátil... que siempre vuelvo. Materializar las palabras es el reto. El humor ácido, tierno y sutil de nuestra pseudojerga siempre tiene un trasfondo de verdad. Ayuda, paradójicamente, a sobrellevar la parte insulsa de una realidad marcada por la impotencia. ¿Y luego? Vuelta a casa.

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