"¡La Lluvia viene de la Luna!, ¡el Sol está en prácticas! Un día conoceremos al Viento"...
Teorizo lo sano y mentalmente salubre de nuestros absurdos y no hay nada que objetar. Cuando se agoten estas metáforas, vendrán otras, nuevas y frescas. ¿Qué importa? La palabra está para usarla, para llevarla al punto máximo de abstracción; en ese frenesí surrealista, no queda, después, más que la resaca de volver a poner los pies en el suelo.
Pero volar es tan volátil... que siempre vuelvo. Materializar las palabras es el reto. El humor ácido, tierno y sutil de nuestra pseudojerga siempre tiene un trasfondo de verdad. Ayuda, paradójicamente, a sobrellevar la parte insulsa de una realidad marcada por la impotencia. ¿Y luego? Vuelta a casa.


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