4.10.09

Viento

Huyendo no sé muy bien de qué, aferrándome en la vertiginosa huida parada a cualquier retal, le he dado la vuelta a mi reloj, dictadura de números relativos. No viviré suficientes vidas para encontrarme, pero puedo disfrazarme de cualquiera; los números no son un disfraz aceptable, los términos medios me son ajenos, las espirales me taladran el estómago y nunca escribo lo que digo ni viceversa. Priorizar se vuelve cada día una tarea ardua y tediosa. Es un misterio a dónde me llevará mi convencimiento: el convencimiento propio lo es.

Obstinada en poner palabras y etiquetas a sentimientos que quizá no las tengan, si guardo en cualquier cajón las estructuras y las formas pero cada día tengo menos semas, ¿qué queda, qué hago? ¿Metalengua? ¿Letras? Dejé olvidado en algún rincón mi centro de gravedad y siendo viento me siento mejor. Traslado letras de aquí para allá, me empapo de ellas -café que despierta al alma- pero nunca sé si comprendo poco o demasiado, y como buen viento, no sé nunca a dónde voy ni qué llevo conmigo.

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