11.2.13

191-198: Un día cualquiera en la vida de una aupair

8 de la mañana. Abres los ojos, envuelta en la sorpresa de redescubrir esos colores, lilac y dorado (la leve luz que entra por tu ventana), una vez más. Ni te acuerdas de la última vez que te sonó el despertador. Te desperezas e ignoras lo importante. Lees un rato.
Bajas las escaleras de moqueta roja que te siguen recordando a algo muy señorial, en contraste con tu melena despeinada, como si pudiera haber algo señorial en tu pijama de buhos del Penneys. Dices buenos días. Sonríes. Coges tu bol de porridge (siempre hay un bol de porridge preparado para ti cuando bajas) y repites las mismas conversaciones de cada mañana, "how are you now? did you sleep ok? any plans for today?", pasas revista en la cocina (ahí está todo, perfectamente alineado: el bote de Nutella abierto, las migas del desayuno, un cuchillo manchado de mantequilla y Nutella y otro con sólo Nutella, 8 cortezas de pan de molde, 2 tazas de té ya vacías) y te haces un café, porque decidiste que no renunciabas al café de la mañana.
Tras el obligado "I'll see you later, M." que tú contestas desde el principio de los tiempos con un "OK, have a nice day! Bye!", te das una ducha - por alguna razón sigues usando el champú y el gel que había cuando llegaste aquí, evidentemente no el mismo bote, sólo la misma marca: Tesco. Es un champú que te dan ganas de comértelo, por eso procuras desayunar antes, porque durante la primera media hora de la mañana tu cabeza nunca acaba de funcionar del todo bien y ya tenemos suficiente con el té con Fairy (guiño para mis amigas aupair, sé que ellas lo entenderán).
Tienes toda la mañana por delante. Estudias un rato. Entras en las redes sociales y en el correo (porque admitámoslo, las cosas no se hacen solas, un día tengo que contar cuántos emails contesto en una semana). Ves series, por supuesto en inglés y sin subtítulos, que por algo estamos aquí aprendiendo inglés ;). Si hay alguien disponible, le robas unas horas al día y te vas, bien pronto, al centro de Cork a tomarte un hot chocolate. Y luego, a eso de las 12 o 12.30 empieza el show: pones lavadoras, tiendes, destiendes, doblas (ahhhh, la magia del hada de la ropa...), te encargas del lavaplatos, barres, pasas la aspiradora. Te haces la comida. Limpias la cocina. A veces te tomas otro café.
Luego llega la parte más curiosa: encargarte de encender el fuego. Es un ritual que ha entrado en tu rutina, no sabes cómo. Aunque te quejes, en el fondo te gusta. Tiene ese punto de vida "tradicional" que nunca has conocido. De vida contemplativa. De vida sencilla. De pertenecer a esa clase de gente que se puede permitir pasar 20 minutos al día sólo observando el fuego, sentada delante de la chimenea.
Entonces llega G., merendáis, hacéis los deberes, se cambia de ropa, recoge su habitación y después de eso, quién sabe: pintar algún lienzo, preparar una nueva atracción para sus Sylvanian, derretir plastidecor (si no lo habéis hecho nunca, ya tardáis demasiado), jugar al escondite, salir fuera a "jugar a tenis" (esto no se da muy a menudo porque, sinceramente, a cada cual peor...) o con la bicicleta, hacer cupcakes o cualquier otro dulce, preparar alguna de las "badges" de Brigin Guides (otro día os hablo de esto) y ver un rato la televisión.
La cena suele ser en familia, algo que agradeces aunque eches de menos esas sobremesas larguísimas que tanto se estilan en tu casa y que aquí nunca duran más de 10 minutos.
Y, por último, si es un día tranquilo, dedicas un rato a escribir en el blog o a seguir con cualquiera de las actividades de por la mañana; o simplemente te tumbas a leer en la cama. A las 9.15 bajas a por una taza de té con galletas y compartes otro rato con tu familia, hasta que, a eso de las 10, anuncias que te vas a dormir. ¿Cuántas horas se pensarán que duermes? Recoges tu cuarto y hablas con tus amigos, lees durante un buen rato antes de dormirte.
Si no es un día tranquilo, es decir, si hay Drink&Draw o International meeting (o cualquier otra historia), después de cenar te cambias de ropa y sales al frío de la noche corkeña con una sonrisa de oreja a oreja. O como diría Manolito Gafotas, de patilla a patilla (de las gafas). Si está vacía, silbas por la calle, que es una costumbre que adquiriste en tu primera semana viviendo en Barcelona para olvidarte de que ibas camino de un ático vacío, frío y bastante inseguro. El frío se te pasa en 5 minutos y para cuando llegas al puente que cruza el río, con la catedral al fondo, sólo puedes pensar en lo feliz que eres viviendo en esta ciudad. Y llegas al sitio, se te empañan las gafas al entrar, sonríes pensando que quién te lo iba a decir. Y vuelves quién sabe a qué hora, buscando la Luna entre los edificios irlandeses, siempre tan bajos, haciendo planes de futuro, reflexionando sobre la vida. Todo tiene siempre un aura de ser un sueño del que sabes un día te despertarás, pero siempre te despiertas de nuevo en tu burbuja de color lilac y el sueño continúa. 

Os confieso que me gusta mucho hacer esta clase de radiografía de mi vida de vez en cuando, tal como podéis comprobar aquí.

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4 comentarios:

Saia Sikira dijo...

Qué envidia me das, odio London y hoy hay D&D. Sure I want to be back there, like!

M. dijo...

Te va a ir genial. Te veo en unos días y nos ponemos al día de todo. Why do you hate London so much? I mean, I get your point, it is not as cool as Cork like, but you know ;P

Saia Sikira dijo...

El metro no acaba su recorrido donde debiera sino donde le da la santa gana, hace frio, nieva gris, no existe el sol, el hostel está al lado de el cementerio más viejo y grande del mundo que está en obras y encima (el hostel) es lo más cutre que te puedas imaginar. El centro asociado carece de tecnología alguna y se van a perder los exámenes. No entiendo a la gente porque no hablan Corkonian. And so on. Ya te contaré xD

Anónimo dijo...

Me reído mil con lo del fuego, tranquila a mi también me pasa; en España perdí la cuenta de las bombonas de butano, pero aquí en lo que va de año ya van 3, y encima con la jodienda de que aqui no sube el camión, jeje. Un abrazo preciosa, me encanta leerte aunque reconozco que no comento y leo todo lo a menudo que me gustaría, un abrazo!