¿Qué hacer para evitar esto? ...No volver. Obligarte a hacer esas cosas que querías hacer pero no te atrevías. Atreverte. Porque el mundo pertenece a los que se atreven.
El sábado iba pensando en todo esto mientras me dirigía a nuestro encuentro. Bien, de hecho lo pensaba después, en aquel extraño momento la única frase que pasaba por mi cabeza era: "¿Quién me mandaría a mí?" y otras similares, pero llenas de tacos, porque a mí en esos momentos me sale la vena barriobajera (o la arteria, quién sabe) y se me olvida eso de hablar con propiedad conmigo misma. Y ya, ni PNL ni ocho cuartos: echar la llave y poner el piloto automático.
Porque sobre el papel, el mapa parece sencillo. Tienes un plan que seguir. Repasas en tu cabeza todos los puntos. Te sientes capaz. Piensas en que en un par de sesiones, como siempre, pasarás de estar preocupada por ello a simplemente disfrutarlo, a dejar fluir la motivación y la ilusión que te caracterizan. Es un pensamiento racional, basado en hechos empíricos y todo eso.
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| Ese lugar en Cork donde lo increíble es posible |
Pero en ese preciso instante, no; en ese momento en el que llenas tu barriga de aire antes de entrar en la sala y echas de menos la mano amiga de tus compañeras de clase en la parte baja de tu espalda, y te das cuenta de que esto ni siquiera tiene nada que ver con las exposiciones de la universidad (situación que, llegados a este punto, controlas), sino que es algo muy distinto... En ese preciso instante te vuelves pequeñita, te editas en versión de bolsillo, te metes dentro de una cáscara de nuez y con el mapa que tan claro parecía y ahora sólo son galimatías, te haces un barquito que colocas encima de tu cabeza. Y saldrías remando palabras si pudieras.
Si pudieras. No puedes. A estas alturas de la historia, sería un giro argumental demasiado absurdo. Te acuerdas de S. diciendo "you have to push yourself a little bit at a time", te imaginas que todas esas personas que tanto admiras tuvieron que hacer lo mismo que tú una y cien veces. Así que vuelves a respirar hondo, como si pudieras hincharte desde dentro, como un globo, y pasar de tamaño bolsillo a versión original, sonríes y das un paso al frente. La primera palabra siempre es la más complicada, una vez has empezado a hablar, no hay vuelta atrás.
Y te sorprendes de cómo, en una primera convocatoria, no sois sólo vuestros amigos y vosotras. Al contrario: hay unas 10 personas que no son amigas vuestras, que no han acudido allí por compromiso sino porque les ha interesado vuestra propuesta. La vida da sorpresas como esa a veces.
Y te sientes como si hubieras dado un paso al mismo tiempo de pitufo y de gigante...
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| Primera sesión del club de escritura creativa |
...Y luego repites el proceso de nuevo.
Porque Murphy me tiene un cariño especial desde que llegué a Cork y los eventos tienen tendencia a agolparse alrededor de los mismos días-núcleo. Así que tras la primera sesión del club de escritura, te diriges a la otra punta de la ciudad (o a cinco minutos andando, pero de noche y sin saber dónde vas, todo parece estar más lejos) para conocer a las personas del equipo del que vas a formar parte. Y a esas alturas del día no te queda más remedio que "push yourself" hasta límites casi dolorosos. Maldices internamente tu timidez. Mantienes los ojos abiertos, atentos, escuchando. Escuchas con cada poro de tu piel, no sólo porque la conversación sea en inglés y tú hayas dormido poco y mal, sino por aquel fragmento de Benedetti. Te fascina escuchar a la gente, que te cuenten sus historias, ver con qué naturalidad hablan de dónde estaban en el año 2000 (mientras tú te das cuenta de que tú estabas acabando educación primaria), sentirte pequeña de nuevo, como el día 31 de diciembre cuando excepcionalmente te permitían quedarte despierta hasta tarde y podías quedarte a cotillear eso de la vida adulta (¿de qué hablarían los mayores después de las diez de la noche?). Te fascina sentirte al mismo tiempo tan cerca y tan lejos de ellos. Y entonces aparece una guitarra y se canta en todos los idiomas y la noche va avanzando. Y el día se acaba y alguien te pregunta qué planes hay para mañana y tú contestas que no lo sabes, que aún faltan muchas horas para eso; y alguien te pregunta qué plan tienes para tu vida en los próximos años y por primera vez contestas sin ningún sentimiento de culpa: "No tengo ni idea... pero algo haré".
"La gente que me gusta", Mario Benedetti
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.




1 comentarios:
Al final me va a acabar gustando Benedetti y todo (Espero que esto no lo lea Aïda, yo siempre negaré haberlo escrito XD)
Ya tengo ganas de conocer tu mundo, ya queda poco para semana santa.
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