31.1.14

2014

Harta. Harta de ser tratada como ciudadana de segunda. Harta de que cualquiera se permita construir mi historia en su cabeza sin contar conmigo. De la prepotencia. De las miradas por encima del hombro. De las suposiciones prematuras. Me repito el año en el que estamos como un mantra, para recordarme que tengo razón, que estas cosas no deberían estar pasando a estas alturas y latitudes. 2014. 2014, 2014, 2014...
Hay algo que he aprendido este mes: a echar sapos y culebras por la boca en inglés con perfecto acento de Cork. Nunca te había oído decir tantas palabrotas juntas, me dice S. Y yo le contesto, resignada, que en su país nunca me habían hecho falta, hasta ahora. 2014. 2014...

Esta mañana he estado en la oficina de Social Welfare. Es una sala muy grande, con muchas sillas. Cada tramo de sillas está pintado de un color, según dónde vayas. El mío era el gris. He avisado de que había llegado a tiempo para mi cita en un mostrador muy alto, con cristal grueso y barrotes. Un minuto más tarde, una señora ha venido a llamarme desde la puerta, una puerta mecánica, corrediza, sólida, que se abre al apretar un botón. La he seguido, calada hasta los huesos por la lluvia, por el estrecho pasadizo hasta una sala con un cartel que rezaba: "Interviews". Apenas un habitáculo con las paredes pintadas de azul y la moqueta gris. Encima de un escritorio innecesariamente grande y desordenado, todo el papeleo que ya había entregado hacía semanas y un formulario nuevo. Otro. La silla, colocada estratégicamente en frente de la impresora, ni siquiera delante del escritorio, lo más lejos posible de la persona que se sienta al otro lado, como una declaración silenciosa. Las oficinas del pub, al lado de esta, son un paraíso, pienso mientras acerco la silla al escritorio y escurro los guantes.

No podía salir de mi asombro cuando, después de darle todos los papeles, la mujer que tenía delante de mí ha puesto su mano sobre el papeleo que rellené hace semanas y ha empezado a hacerme preguntas mientras comprobaba que diera las respuestas acertadas levantando la mano cada pocos segundos, asegurándose de que yo no pudiera ver nada. ¿Qué día llegaste a Irlanda? ¿Cómo se apellida tu novio? ¿Qué día es su cumpleaños? ¿En qué año nació? ¿Qué día entraste a vivir al apartamento donde estás? ¿Cuáles son el nombre y apellidos de tu landlord? ¿Por qué dejó tu novio su trabajo? ¿Dónde trabajaba? ¿Cuál fue tu último empleo? Ahh... ¿Servías copas y atendías a los clientes? No, señora, le acabo de explicar que trabajaba en Marketing. Pero es un pub, ¿atendías a los clientes? No, señora, trabajaba en Marketing en una oficina. Ah, ya veo, trabajo de oficina... fotocopias... teléfono... cafés... No, señora, trabajaba en Marketing. Mar-ke-ting. Ella sigue haciéndome preguntas y escribiendo cosas sobre mí que yo, por supuesto, no tengo derecho a leer (esto lo aprendí en la anterior visita). Me recuerda a las entrevistas a vuelapluma de Harry Potter. 2014. 2014, 2014, 2014...

Salgo de la oficina hacia el recibidor, de vuelta a las sillas grises. Tienen con ellos todos los papeles, el resumen de una vida, de mis planes, de mi sufrimiento, pero no tienen mis ilusiones, mis sueños, mi plan de hacer algo que, al final, reportará dinero a su país. Hablo con una persona. Con otra. De repente, hay tres personas con mi futuro en la mano detrás de ese cristal, de esos barrotes, hablando entre ellas en voz baja, contándose mi solicitud, repitiendo mis palabras, ¿quiénes son?, no lo sé... Tras unos minutos en los que no oigo nada, porque están demasiado lejos para mí (dichosa otitis serosa cuyo tratamiento estoy intentando ahorrarle al estado irlandés), una de ellas me devuelve todos mis papeles y un formulario más. Ese formulario ya lo tengo, le digo. Lo tengo aquí, ya está rellenado y todo, solo necesito una carta del Officer. ¿Pero quién te lo ha dado?, me pregunta. El divino acceso libre a la información, pienso para mí, ¿por qué los cuelgan en Internet y te animan a ir a hacer el trámite por tu cuenta si luego no quieren que la gente los use? ¡2014!

Me da mis formularios y papeleo y, tras pedirme mis datos, me dice que alguien me llamará en las siguientes 24 horas y que para lo otro "ya contactarán conmigo". Después de un mes esperando. Sabiendo que si como tres veces al día es de prestado. He perdido la cuenta de cuántas oficinas he visitado, cuántos papeles he rellenado y  cuántas fotocopias he hecho de los mismos documentos, una y otra vez. En todas las oficinas es la misma historia. Yo no quiero vivir del paro, no quiero quitarle dinero a nadie, no quiero nada que no me pertenezca (ya revisé antes de pedir nada si me pertocaba o no), solo quiero una ayuda mientras encuentro un trabajo digno que, por lo visto, es algo que lleva su tiempo. 2014, 2014, 2014...

La búsqueda de empleo como nanny es otra historia y será contada en otra ocasión. Solo diré que S. y yo hemos iniciado un juego. Tenemos una tabla en la pizarra de la cocina donde vamos apuntando cuántas familias de cada tipo hay. Empezamos a contar solo desde las de este mes. Espero que, en este 2014, al menos no nos falten nunca el humor y la ironía. Estoy segura de que los vamos a necesitar. Enjoy! 



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3 comentarios:

Anónimo dijo...

joder!! animo Myri!!! sólo puedo decir eso, la vida es dura y como dice la canción "no es fácil ni para Ranma", venga ya en serio, si necesitas algo no dudes en decirme, ok? quizá desde España pueda mover cosas que tú desde allí no, así que dímelo ok? un abrazo y lo dicho si necesitas una mano, oreja u hombro recuerda que el que aquí te escribe tiene dos. chau!!

Míryam dijo...

Nada, ya sabes que uso el blog para quejarme de todo ;P tener un boquete de un metro debajo de las escaleras, ingenieros, obreros y landlord entrando y saliendo todo el día y que no me den ni un euro de Social Welfare no ayuda mucho... pero en cuanto encuentre trabajo se me pasa todo :) en plazas más grandes hemos toreao!

Míryam dijo...

Pero vamos, que muchísimas gracias por el ofrecimiento, me ha llegado al corazoncito tu mensaje :)