12.4.09

Desde mi libertad

Encontré de casualidad un vídeo en directo de MI canción... del 1983.

Y pensé: En el 1983 faltaban siete años para que yo naciera y mi madre estaba en el instituto, sin pensamiento alguno de tener siquiera novio. Sin embargo, yo estoy viendo un vídeo grabado en directo de dicho año gracias al más puro azar.

¿No es una maravilla Internet?



Desde mi libertad soy fuerte porque soy volcán.
Nunca me enseñaron a volar, pero el vuelo debo alzar.

Cocin-ar-te


Pocas actividades habrá como el arte de la cocina: por antiguo, por sencillo, por efímero y duradero, por delicado, por la atención y cuidados que requiere... porque a nadie deja indiferente, porque atañe a lo más elemental del ser humano, porque remite a la madre que alimenta al recién nacido cerca del corazón, mirándole a los ojos y dándole la bienvenida al mundo.

Porque es tradición y cultura, porque es redescubrir y es probar cosas nuevas, porque un sabor, una textura, te pueden remitir en milésimas de segundo a momentos de la niñez -muchos años atrás- con una nitidez pasmosa.



Por todo eso y porque me remite a los recuerdos más antiguos y hermosos: mi abuela mirando por la ventana -esperando a que llegáramos, como cada domingo, a comer canelones, como cada domingo- y recibiéndonos mientras un olor familiar se extendía por toda la casa; mi abuelo amasando pan, coca o aquella extraordinaria empanada gallega, con sus míticos "¡este pan tiene mucha harina!" y "¡si tuviera un horno como el de la panadería...!"; mi abuela silbando melodías inventadas mientras prepara manjares que todo el mundo sabe que no seremos capaces de acabarnos y que prometen largas conversaciones de sobremesa, donde toda palabra es perdonada y permitida; las visitas de mi bisabuela, que siempre huele a Galicia, a pueblo y a pan, a caminatas por el campo y que siempre me traía un pedazo de esa realidad en forma de queso de tetilla, envuelto en un paño gallego olor a cocina de otros tiempos, que yo ya saboreaba con todos los sentidos antes del primer bocado a gloria; y es una lista tan larga que podría continuar durante días...

La cocina es ese lugar mágico que desborda creatividad y de donde puede aparecer cualquier cosa. En cierto modo gran parte de mi vida ha estado ligada a una cocina, centro neurálgico de la Vida. ¿Puede haber algo más hogareño? ¿Puede haber algo más propio?



Ahora, asumiendo que hay que desempolvarse el papel de "la niña", es turno de aprender los secretos de las recetas familiares, a través de esa entrañable manía de las mujeres de la familia de no tener medida alguna y de sustituir ingredientes con una imaginación más que envidiable, sirviéndose del buen gusto y del buen paladar. Es turno de hacer preguntas -algunas de las cuales sabes que, seguro, no obtendrán respuesta-, de remover las raíces, de volver a entonar las canciones de cocina, de reconocer sabores olvidados, de equivocarse bajo la mirada atenta y experta de la abuela, cocinera, y el abuelo, panadero polifacético y poeta.

Un mundo de secretos y delicias que nunca llegaremos a descubrir del todo y que, en un mundo caótico y acelerado, nos permite el lujo de disfrutar de los procesos de toda la vida, de compartir tiempo y espacio con las personas que de verdad importan, alrededor de una mesa, como se ha hecho siempre, en un final feliz que nunca se acaba. Pasado, presente y futuro, los que están por irse y los que vendrán.


Deixa'm coure en el teu forn
un tortell rodó i ben gran!
Serà bo, tindrà crocant
amb ametlles pel voltant...
Ben farcit de crema,
ben farcit de crema
i amb cireres dolces
que diran: menjeu-me!

Si vols coure en el meu forn
un tortell rodó i ben gros,
me n'hauràs de donar un tros
que'n poguem berenar tots dos!
Ben farcit de crema,
ben farcit de crema
i amb cireres dolces
que diran... menjeu-me!

7.4.09

Huele a verano...



Tengo la extraña (y sinestésica) manía de conectar todos mis recuerdos a olores y sensaciones.
Uno de los que tengo más grabados es el olor a verano. Mi verano huele a la vegetación de Tarragona, huele a noche, a terraza de bar, a heladería, a tierra. Mi verano, como muchísimos otros veranos, huele a salitre, a azul interminable y a alga.

Pero mi verano no es alegre, no es vida. Al contrario, supone una etapa de recogimiento. Mi verano no es luz. Es sensación de aplastamiento, de inmovilidad, de tiempo que no acaba de pasar, de estar atrapado en cuatro paredes de cartón incluso al aire libre. Es silencio y es todos los ruidos del silencio, que con los años aprendes a distinguir -el silencio puede escucharse- y asocio a noches oscuras sin estrellas. Es hacerlo todo más despacio, alargar cualquier ritual, vaciarse de actividad hasta caer en un remanso de agotamientos acumulados. Es soledad. Es sentirse al margen del Universo, como una mota de polvo olvidada en un rincón. Tardes interminables de tirar al aire la pelota esperando que pase algo emocionante. Días, días, días y más días. Libros. Silencios. Arena. Más silencios. Ritmos pausados. Agonía, aplastamiento. Inmovilidad. Silencio. Nada más.

Ir contracorriente es difícil, pero cuando entras en el campo irracional, el de las sensaciones y las emociones, explicarlo se convierte casi en un imposible...

27.3.09

(des)comuni-K2

¿Qué preguntarías a esa persona con la que te cruzas cada día más o menos a la misma hora? ¿y a esa de la que conoces parte de su vida y sin embargo no habéis cruzado palabra alguna? ¿y a la que te sirve el café por las mañanas? ¿y...?

¿Por qué en la era de la información la comunicación parece un imposible? ¿Por qué nos empeñamos en reducir todo, en hacer todo más pequeño, en tener más en menos?

20.3.09

Sobrevivir a mí.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
(Jaime Gil de Biedma)

Pues sí. La parte más sinestésica y menos racional de mi mente me ha mandado una advertencia, una nota urgente. Dice: "El azul se acabó." El azul, por cierto, es una metáfora estúpida que desvaloriza todo lo que significaba el azul antes -tonterías de escritores- y sin la que aprenderé a caminar (a volar) un día u otro. Una sinestesia sin anestesia, si se me permite el chiste fácil. Sin anestesia equivale a dolorosa, y del dolor hay que reírse, no suele quedar otra.

Con el tiempo (de acuerdo, quizá no tanto tiempo, pero tiempo al fin y al cabo) he aprendido que soy mi mayor enemiga, además de la persona más crítica conmigo. Y no es que piense que sea antipática, me caigo bastante bien, pero hasta las personas raras somos personas y quod natura non dat...

Decía: la parte más sinestésica y menos racional de mi mente me ha mandado una advertencia, una nota urgente. Es casi una amenaza. Significa: "SE ACABA, se está acabando, se está yendo, se ha acabado", o lo que es lo mismo: Empieza.

Mi vida funciona cada cuatro años. Por supuesto, eso no quiere decir que uno funciona y tres, no. Pero es cíclico. En realidad, creo que todas las personas funcionamos así: cíclicamente; pero no todas saben verlo. La dicotomía es que si se acaba un ciclo, inevitablemente empieza otro. (Vaya, además de una dicotomía, es un apriorismo, pero dejémoslo, tanta metafísica va a acabar por dispersarme). Mi mayor enemiga (recordemos: moi) se ha pasado unos cuantos de esos ciclos dominando mi existencia. No obstante, se acabó, empieza.

No más anularse, no más apatía. A partir de hoy, soy yo (de nuevo).

"Probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar..."

La explosión siempre parte de una mirada... ¿será que la revolución se lleva dentro?
¿Será que escribimos mal "revolución"? RE-EVOLUCIÓN... he sobrevivido a mí misma, ahora, vamos a ver si sobrevivo a esa mirada que es como una llamarada... vamos a ver si sobrevivo al mundo...

"El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo.
Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo." (Hesse)