17.3.12

Si pudiera

Sé que voy a quererte
sin preguntas.

Sé que vas a quererme
sin respuestas.
(Mario Benedetti)

Saltarme los límites
como a la comba
sobretodo,
no sé si sabes cuáles:
los límites de las antítesis.
Olvidar quién soy,
y más quién era, quién querría.
Seguir un instinto
como a los hilos invisibles
entre la ropa
que teje una araña
responsable.
Retorcer un quizás
entre las manos temblorosas.
Deshacerlo,
echarlo al mar
y olvidarlo.
Decir sin rodeos
que no te entiendo
y que está bien así.
Escribir en verso
con los ojos cerrados,
en la palma de la mano:
como antes
pero ya nunca como siempre.
Reencontrar, al fondo del cajón,
los impulsos, las sonrisas,
la certidumbre
de saber que una se equivoca.
Y justo entonces,
equivocarme.
Equivocarme estrepitosamente
equivocarme poco a poco
equivocarme a lo ancho y a lo largo,
de arriba a abajo y de lado a lado,
equivocarme contigo
de cualquier forma
y hasta las tantas.

15.3.12

Señales

Quizá es eso de encontrarse con tres libros seguidos que contienen en su título -mirándote con un sarcasmo inusitado para ser la portada de un libro- la palabra lluvia, mientras recorres casi de memoria esa librería a la que vas cuando necesitas perderte, sea cual sea tu rutina urgente en el calendario. O que haga un año y seis días del último día de invierno del año pasado. O leer a escondidas letras de Extremoduro por no sé qué antítesis recurrente. Quizá es haber vuelto a recuperar la lectura, a tropezarte por la calle con desconocidos por estar más pendiente de acabar la página que de tener en cuenta que por la calle real también andan otras personas (introducid aquí, mentalmente, aquel fragmento de Benedetti que habla sobre la Gente). Quizá es volver a escribir en este blog, y es mucho más lo que no escribo que lo que vuelco. O es tener que replantearse de nuevo el futuro, como en el mundo a cada rato. Seguramente tiene algo que ver con esa sensación de ser inmensamente rica al margen de la pantalla del cajero automático (y en general, al margen de todo lo demás). Quizá con que, de todas las horas de música, Spotify haya decidido hacer sonar No sé qué hacer con mi vida y justo después When your mind's made up. Quizá es compartir la conversación exacta en el momento preciso.

O quizá no es nada de todo eso y sólo vemos señales cuando queremos verlas, igual que cuando te rompes un brazo y vives, de repente, en un mundo lleno de gente escayolada.

10.3.12

Ahora que no me ve nadie

Ahora que no me ve nadie (y especialmente ahora que no me ve mi madre), voy a caminar a ninguna parte hasta que mis pies digan basta; a dejar los platos sin fregar; a beber café a las dos de la mañana; a no poner el despertador; a dejar que suene el teléfono y obviar que existe el correo; a abandonar a su suerte a la bolsa de la basura en el pasillo; a dejar que se moje la ropa tendida cuando llueve; a comer galletas de chocolate antes de la hora de comer; a poner punto y coma cuando en realidad ahí va una coma e incluso un punto;


ahora que no me ve nadie voy a echarte tanto de menos que pueda recordar el iris de tus ojos o los dedos de tus pies

8.3.12

Punto de fuga

Ese punto de fuga donde se construyen los sueños, donde sólo conoces dos estrategias que a menudo peligrosamente se entrecruzan: caminar -un pie detrás de otro, en tus botas de cuero, como si las calles nunca fueran a terminarse, y luego hasta que se terminan y ya sólo hay carretera, y bosque, y luego más calles, playas, gentes- y leer -página tras página, sin ver las letras ni las palabras sino sólo la vida proyectándose dentro de ti-..., y en ese punto tan concreto e indeciso es difícil poner en palabras la respuesta a la pregunta cómo estás. Preferirías admitir tu ignorancia (no, no tienes ni la menor idea de cómo estás, sería para preguntarle a tu respuesta: ¿consideras que se puede ser feliz a rabiar y profundamente desdichado en un mismo momento y lugar?), pero el normotipo dicta una respuesta, una única respuesta válida y duradera, así que te arrancas un gajo y lo sueltas, con su acidez y sus semillas, y dices cosas como "bien, pero" o "bueno, cansada" (de la ausencia de esos ojos, que tampoco son en verdad esos ojos; de la máscara que cubre los tuyos como un impermeable; de la inercia y los días soleados; del gancho que tira de ti si te resbalas). En ese punto de huida hacia dentro las palabras tienen un sentido relativo, distorsionado, sinestésico: azul, música, lluvia, conveniente, antítesis. Atesoras la soledad como si fueran las gemas que te faltan, y de repente asistes perpleja al final de las escaleras del metro o la filigrana del portal de tu casa, preguntándote qué haces allí en el sentido más literal. Las personas, interrogantes; las tareas, postergables; las paredes, de cartón; sólo tú, tus pies y las páginas de ese libro que alguien, un día, escribió para ti sin conocerte.

26.2.12

No quisiera que lloviera

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto

Cristina Peri Rossi Visto en el blog de Aïda