Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
Una de las cosas buenas de mi familia irlandesa es que dispongo de mucho, mucho tiempo para mí y siempre respetan mis planes. G. se fue a Galway a pasar una semana con su familia materna, así que estuvimos unos cuantos días sin vernos. Me habían propuesto que viajara durante esa semana, pero la verdad es que necesitaba un poco de "me time" después de las fiestas. Hay gente que puede vivir sin reflexionar sobre su existencia y sin pegar la nariz a un libro durante horas, os lo prometo, no son una leyenda urbana. Lo que pasa es que yo no pertenezco a ese selecto club. Iba a añadir que ya me gustaría a veces, pero sería una mentira como la catedral de St. Finbarre.
Dicho esto, he de reconocer que estaba esperando volver a la rutina como agua de mayo. G. volvió el jueves con una de sus tías, que se quedó hasta el viernes. Fuimos a cenar fuera todos juntos y luego yo me dirigí al Franciscan Well, como hacemos religiosamente cada dos semanas, para asistir al Drink&Draw (donde yo ni "drink" ni "draw", outsider entre los outsiders...). Al día siguiente, trabajé de mentirijilla porque G. estaba invitada a ir al cine y no volvió hasta las siete y media de la tarde. Y así, de repente, me encontré de nuevo en fin de semana.
Tanto exceso de tiempo libre, os lo puedo asegurar, no es nada sano.
Por eso, me he pasado al bando contrario y he empezado (de nuevo) 50 cosas diferentes, todas a la vez, por si acaso a esta cabeza le quedara algún rincón en el mundo donde reservar un rincón tranquilo, si con eso me entendéis. Y si no, da igual.
El viernes por la noche, no obstante, sabía que algo no iba bien. Lo sabía como sabía a la salida del instituto que iba a haber una pelea de las grandes, de las de ir con bates. Porque hay cosas que se palpan en el ambiente, como sabes que alguien ha cambiado de emisora aunque estés en otra habitación y no le estés haciendo caso a la radio, o como intuyes que alguien tiene el día cruzado o como si alguien bajara un tono la intensidad de la luz... Mi hostmom entró en el salón muy seria y me soltó, sin previo aviso, que había habido "un cambio de planes".
Yo en momentos así no sé en qué país que alguien se muera es, simplemente, un cambio de planes. La manera en que conciben la muerte aquí sigue siendo un misterio para mí. Uno sin resolver.
El caso es que se había muerto un tío de mi hostdad, por lo tanto yo tenía que trabajar el sábado y un rato de más el día de ayer. Nunca me hubiera importado tener que trabajar unas horas más por algo así, pero en aquel momento, la verdad, incluso lo agradecí (salvando la distancia impuesta por el motivo al que se debía el cambio de planes). Aunque la rutina no fuera rutina, ni los planes fueran planes.
De modo que así, a grandes rasgos, G. ha vuelto a la escuela y yo... también, ya que desde hoy mismo empieza mi curso online en el instituto Hemingway para ser profesora de español como lengua extranjera. ¿Alguien había apostado sobre cuántos meses iba a aguantar sin apuntarme a algún curso? Seguro que no esperabais que tantos. (Yo tampoco).
Sin más nos plantamos en una fecha totalmente aleatoria tras empezar el mes de enero y al salir a la calle una se dice a sí misma que aunque nada es igual, nada ha cambiado. Una se repite que conocía el precio y las consecuencias de sus decisiones, que no importa porque en unos meses ni se acordará, que mejor aplicamos sin anestesia eso de que cada uno a su casa y Dios en la de todos or whatever, que tampoco ha sido para tanto, que a una le han pasado cosas peores (y claro que sí, el problema es que esas cosas no le están pasando a una ahora mismo). Una se repite todo eso mientras enciende el fuego, mientras se lava los dientes, mientras anda por la calle, mientras modifica etiquetas html en el blog o mientras frota una de esas ollas verdes con uno de esos raros estropajos de cerdas de plástico con mangos de colores que sólo ha visto en este país. Una se repite muchas tonterías, pero no se hacen verdad por repetirlas más veces, ni siquiera se hacen más reconfortantes, sólo se hacen opacas, pesadas, sólidas, como una mochila de losa que al final del día formara parte de tu espalda, sólo que no la cargas a la espalda sino en algún punto indefinido de tu pecho... Lo cierto es que sólo hay una cosa peor que las despedidas: no despedirse en absoluto.
Menos mal que Benedetti, aunque gracias a Dios no nos salve, está ahí para rescatarnos con las palabras adecuadas. “Era ese llanto que sobreviene cuando uno se siente opacamente desgraciado. Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero cuando, además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.”
Fragmento de "La tregua", Mario Benedetti
(Y os podéis dar por contentos con que al menos no sea una canción de Alex Ubago ;P)
Una de las primeras cosas que me impactaron cuando empecé a trabajar con niños fue darme cuenta de lo pequeño que es su mundo. Quizá porque la vida no puede asumir más que lo que está preparada para procesar en cada momento. Que el mundo de los niños sea pequeño, lógico y previsible es de una utilidad tan brutal que cae por su propio peso.
Al principio me parecía que era cosa de mi barrio. De clase. No me daba cuenta de que es algo universal que funciona en todas las direcciones. De que precisamente porque cuando llegamos a este mundo nada tiene sentido, ni es lógico, ni podemos predecir qué pasará y todo nos parece extremadamente complejo... precisamente por eso mientras crecemos nuestro mundo es pequeño. Lógico. Simple. Previsible.
Pero luego hay que crecer, se supone que empezamos a conocer más sobre el mundo que nos rodea (no sólo el que nos rodea físicamente, sino sobre el Mundo, sobre la Vida) y que eso nos permite matizar, abrir la mente, ver otras posibilidades.
Y resulta que no. Que aun así, muchos adultos se quedan encallados en una vida lógica, simple, previsible y pequeña por no salir de su zona de confort. La zeta-de-pe. Que nuestro mundo es, a veces, incluso el mismo en el que crecimos.
En eso me gusta más la cultura irlandesa que la española. Hay que irse del útero familiar, estudiar fuera, hacer las maletas y viajar. Salir. Arriesgar.
El meu país és tan petit
que quan el sol se’n va a dormir
mai no està prou segur d’haver-lo vist.
Diuen les velles sàvies
que és per això que torna.
Potser sí que exageren,
tant se val! és així com m’agrada a mi
i no en sabria dir res més.
Canto i sempre em sabré
malalt d’amor pel meu país.
El meu país és tan petit
que des de dalt d’un campanar
sempre es pot veure el campanar veí.
Diuen que els poblets tenen por,
tenen por de sentir-se sols,
tenen por de ser massa grans,
tant se val! és així com m’agrada a mi
i no sabria dir res més.
Canto i sempre em sabré
malalt d’amor pel meu país.
El meu país és tan petit
que sempre cap dintre del cor
si és que la vida et porta lluny d’aquí
i ens fem contrabandistes,
mentre no descobreixin
detectors pels secrets del cor.
I és així, és així com m’agrada a mi
i no en sabria dir res més.
Canto i sempre em sabré
malalt d’amor pel meu país.
El meu país és tan petit
que quan el sol se’n va a adormir
mai no està prou segur d’haver-lo vist.
Lluis Llach
Hace tiempo que tenía este post en la cabeza. Algunas personas me han pedido consejo u orientación cuando un día, como yo en su momento, se levantan con esta loca idea de ser au pair en la cabeza. Como no soy nadie para dar consejos, os voy a contar cómo veo las cosas según mi experiencia hasta ahora:
-Cuida mucho tu perfil en las webs.
Porque no eres la única persona del mundo que quiere venir de au pair, y a veces cuenta mucho más cómo decimos las cosas que lo que decimos en sí. Cuida la ortografía, sé honesta, no digas que sí a nada que no estés dispuesta a aceptar, explica cosas sobre ti y tus hobbies, habla de tu experiencia con niños... A veces el simple hecho de compartir una afición con tu hostfamily te puede abrir puertas. Ponte en su lugar y piensa qué te gustaría leer y qué no de alguien que va a cuidar de tus hijos.
-Empápate de información antes de venir.
Esto me parece una perogrullada, pero resulta que no todo el mundo lo hace: léete toda la información que hay en webs como Aupair World o Aupair Garden, busca el convenio de au pairs y apréndetelo si hace falta y participa activamente en elaborar el contrato. Habla muchísimo con tu hostfamily antes de venir, pregunta todo lo que se te ocurra y más y pídeles que ellos hagan lo mismo contigo: ¡cuanto más os conozcáis, mejor! Y si quieres que de verdad te pique el gusanillo... Entra en el hilo de Spaniards sobre aupairs, lee blogs de otras aupairs (no sólo del sitio donde vas a irte, sino en general).
-Escucha a otras aupairs.
No seáis arrogantes y vayáis a pensar "eso no me va a pasar a mí" cuando la gente os explica cómo se siente al ser aupair. Tanto antes de iros como cuando ya estéis allí, si alguien os cuenta su experiencia, buena o mala, escuchadlas sin juzgar, no por cómo se pueda sentir la otra persona sino porque, incluso habiendo trabajado con niños, probablemente no tenéis ni idea de cómo reaccionaríais vosotras hasta que os veis en una situación similar. Escuchad y preguntad. ¡De todo se aprende!
-No vas a estar sola.
Seguro que en el lugar adonde vas habrá grupos en Facebook (grupos de aupairs, grupos de españoles en tal sitio, etc.), o alguna web, o alguna comunidad en la escuela de inglés, etc. Para conocer lugareños, busca clubes o grupos relacionados con tus aficiones (¡seguro que algo encuentras!) y, si no, siempre estás a tiempo de empezar con algo nuevo... seguro que siempre habías querido aprender a tocar la guitarra o hacer senderismo o coser, echa un ojo a la vida cultural y social del lugar antes de irte. No te creas que por irte a un país extranjero vas a estar sol@ en el mundo, hacer nuevas amistades depende de ti y los vínculos que se crean al estar lejos de casa son muy, muy distintos. Si crees que no existe ningún grupo en Facebook similar a los que he mencionado, pues líate la manta a la cabeza y créalo tú: al fin y al cabo, tod@s estamos en la misma situación. Pide ayuda cuando lo necesites, aunque te parezca inapropiado pedirle ayuda "a personas que no conoces"... ¿acaso tú no harías lo mismo por alguien que acaba de llegar a un país extranjero y no domina el idioma? Y, por supuesto, conoce y habla con otras aupairs, porque hay cosas que nadie que no haya vivido con sus jefes va a entender de verdad.
1. Empieza el día de Sant Esteve sin comer canelones, pero no te frustres por ello. No hay nada que no se arregle saliendo un rato con las amigas.
2. Escribe tus propósitos de año nuevo el día 27, después de uno de los días más raros que recuerdas desde que estás en Cork.
3. Recibe en tu casa a una amiga a la que, prácticamente, han echado de la suya durante estos días (long story).
4. Pasa varios días pensando, organizando, comprando y adelantando la cena y la comida de los días 31 y 1.
5. Replantéate tu vida en cincuenta y seis ocasiones y dale las gracias a J. por veniros a buscar en coche porque no podéis andar los 30 minutos que separan Cork centro de tu casa con toda la compra.
6. Date cuenta de que cocinar en compañía puede ser divertido y para nada una actividad "de panchita".
7. Tacha de tu lista de cosas que hacer antes de los 40: "Preparar croquetas un sábado por la noche".
8. Bébete una Bulmers en buena compañía, pero olvídate de que las botellas se han quedado en tu cuarto. Replantéate tu vida por quincuagésimo séptima vez.
9. Pasa todo un domingo cocinando. Acaba de cocinar y traslada todo lo necesario a casa de tu amiga.
10. Mientras esperas a que L. llegue de trabajar, pasea por Cork una olla con sopa a la que, además, le vas a poner un nombre propio. Entra en un pub con la olla y olvídate de dar explicaciones a nadie. Corrige el punto 2 de esta lista porque has encontrado un día más raro todavía.
11. Keep calm and drink 1/2 l of hot chocolate.
12. Cena en buena compañía y sé territorial con las croquetas.
13. Haz Skype con tu familia justo antes de las uvas.
14. Tómate las 12 uvas a las once de la noche mientras ves a la Igartiburu desde la pantalla de un iPhone.
15. Intenta salir por Cork en Nochevieja, date cuenta de que los pubs cierran a la misma hora de siempre y vuelve a casa.
16. Duerme en la misma cama con tus 3 amigas, como si de la irreductible aldea gala se tratara.
17. Desayuna pancakes el primer día del año.
18. Haz una única comida que vale por comida y cena (¿qué pasa?, estamos la mar de adaptadas) y que hace que en tu cabeza parezca el día de St. Esteve.
19. No entres en pánico al darte cuenta de que ha pasado un año más.
20. Vuelve a casa tras la Nochevieja más larga, rara y divertida de tu vida y escribe esta entrada.
La sopa cuando ya parecía "proper" sopa, en la olla Nicolasa, Nicki para los amigos.
El Baileys Coffee que nos preparó mi hostmom para que descansáramos de tanto cocinar
La tortilla de patatas que nos cocinó L.
Sobran las palabras :)
Roc Pedrer con las uvas ya preparadas.
Creo que nunca os he hablado en el blog de Roc, así que aprovecho para presentároslo formalmente.
El primer desayuno del año, gracias A.
Sopa de galets
Canelones
Gracias J., A., y L. por hacer de estos días una semana inolvidable :)
"Doy gracias a la vida porque, cuando hace tiempo A. metió la mano en un sombrero lleno de lugares adonde ir, todo fueron sitios en Irlanda y por eso acabé aquí"
Reconozco que a veces me fallan las palabras. Las frases me bailan en la cabeza y llegan a mí en momentos insospechados, y luego se van sin más. Y entonces abro la ventana del blog pensando en qué es lo que me gustaría leer sobre esta experiencia dentro de unos meses o de unos años, en que seguramente me daría rabia que justo la entrada en que explico la Navidad que pasé en Irlanda sea escueta.
Mi familia irlandesa llevaba haciendo preparativos un mes y cantando villancicos, dos. En cuestión de días cambió la disposición de la cocina y aparecieron de la nada tropecientos adornos navideños con pinta de ser caros. E incluso la friolera de tres pesebres. Y es que una no está acostumbrada a vivir en una casa y estas cosas me sorprenden, porque si tuviéramos que tener todo eso en el piso, viviríamos eternamente en Navidad y tendríamos que guardar las estrellas de cristal en lugares que no voy a mencionar. De repente, un día llegué a casa y había un árbol gigante lleno de adornos. Me acordaba de J. (que también es aupair) cuando nos contó que el de su casa era de estos desmontables que ya traen los adornos puestos. Os puedo asegurar que el de mi casa no se desmonta, si acaso se descompondría al cabo de unos meses en un amasijo bastante creepy de ramas, hojas, luces y bolas de plástico.
"Són petits detalls tot el que ens queda..."
Belén creado por la abuela con materiales reciclados
Pesebres varios
Nuestro árbol
Por mi parte, no es Navidad hasta que sales a la calle con gorro, guantes y bufanda y todo está bañado por esas luces de colores que se reflejan en las caras de los niños; hasta que te paseas por los mercadillos de Navidad llenos de figurillas para el pesebre y otras cosas inservibles; hasta que llega el tió a tu casa y hasta que o Aïda o yo posteamos la canción "Quan somrius", porque hay tradiciones y Tradiciones.
Por suerte, casi todos mis requerimientos navideños son posibles en cualquier rincón del mundo. Lo que, por supuesto, no quita que no estuviera extrañamente nerviosa y tranquila al mismo tiempo al hacer Skype con mi familia. Como soy bastante independiente y despegada y además no me gusta hablar por teléfono, mi comunicación con la familia se basa en muchos Whatsapps y que mi hermana me pida por el chat de Facebook que le acepte las peticiones de los juegos. No es que por eso nos queramos menos, creo que al contrario, pero los dramones no son lo mío. Y evidentemente, Navidad es una de esas ocasiones sagradas en las que las vídeollamadas nos facilitan mucho la vida.
No os engañéis, por mucho que quedarme en Cork por Navidad fuera decisión mía, por mucho que mi familia irlandesa se haya portado estupendamente conmigo (con nosotras) y por mucho que haya que mirar el lado positivo de todo, pasar la Navidad fuera de casa sigue siendo un disgusto. Porque la Navidad es para estar en familia, discutir con tus tíos y tus primos sobre cuestiones que en realidad ni te van ni te vienen, comer lo que siempre se ha comido en un salón donde nadie puede ver la tele porque el volumen de ruido augmenta en cero coma seis segundos desde que los primeros invitados entran por la puerta y pasar horas alrededor de la mesa picoteando turrón y neulas.
Habíamos repasado los detalles de lo que llamaremos PMN (Plan Maestro de Navidad) unas cuantas veces en las últimas semanas. El día 24 trabajaba porque una tiene básicamente el mismo horario que las tiendas. Mi amiga L. pasó las Navidades con nosotros, por invitación de mi hostfamily, ya que hay algo más triste que pasar la Navidad lejos de tu familia y es pasarla lejos de tu familia y en soledad. Así que en algún momento del día, L. llegó para instalarse. De hecho, G. y yo teníamos una lista de cosas que hacer durante la mañana que habría echado para atrás a cualquiera, y una de ellas era preparar su habitación.
Esto es algo que tengo que agradecerles infinitamente a mi hostfamily: siempre dejan que mis amigas se queden en casa. Tanto A. los fines de semana como otras personas en otras situaciones. (Es más, la habitación de invitados ha pasado a ser denominada "la habitación de A.").
El caso es que L. llegó y nos encontró ya bastante agotadas después de todo el día, intentando montar un puzzle en 3D de la torre Eiffel que G. se había comprado en algún momento de la semana. Por supuesto, como mi hostmom es así de detallista, tanto L. como yo ya teníamos nuestros calcetines preparados para Santa.
Ese día cenamos takeaway chino porque ellos se pasaron toda la tarde preparando la cena del día siguiente. Yo estaba en estado de "no me puedo creer que hoy sea Nochebuena", y es que para mí era 24 de diciembre porque lo decía el calendario, pero no era Nochebuena.
G. ya nos había advertido de la parte más importante del PMN: pensaba despertarnos llamando a nuestras puertas a las 7.30 de la mañana. No había tiempo para explicaciones, ni para cambiarse de ropa, ni siquiera para beber agua o ir al baño, ¡había que bajar a ver los regalos de Santa!
Navidad aquí funciona distinto, no sólo porque venga Santa y no SS.MM los Reyes Magos, sino porque los regalos de Santa y el resto de regalos son dos cosas totalmente diferentes. Los niños dan por hecho que Santa les traerá lo que ellos pidan y que, por otra parte, en las casas de sus familiares habrá "regalos de Navidad" para ellos, sus padres, etc. Simplemente son dos asuntos distintos.
De modo que la noche del 24 lo dejamos todo preparado para Santa: galletas, una zanahoria para Rudolf, leche y los calcetines. Por supuesto, este año necesitábamos una nota aclaratoria, porque eso de que hubiera dos calcetines de más podía confundir a cualquiera, incluso a Santa...
G. no pudo aguantar hasta las 7.30, de manera que a las 7 horas y 13 minutos (os prometo que a veces también uso mi memoria fotográfica para cosas útiles) una inocente mano infantil llamó a la puerta y repasó los detalles del PMN. Teníamos que seguirla en línea recta y de dos en dos mientras bajábamos las escaleras, esperar a que comprabara si había algún cambio sustancial en el salón y luego, ya podíamos pasar.
Resulta que, además de los regalos que piden, Santa deja pequeñas cosas en el calcetín, como dulces, guantes, ropa interior, etc. En este caso, los regalos que G. había pedido estaban esparcidos por el salón sin envolver y nuestros calcetines, rellenos de chocolatinas, una taza para el desayuno, guantes...
Alfombra del salón a.S. (After Santa)
Luego procedimos a abrir nuestros regalos de Navidad. Al ser la más pequeña de la familia, G. tenía tropecientos regalos, así que nos llevó la friolera de una hora y pico abrirlos todos. ¡Para nosotras también había!
Nunca había visto tanto papel de regalo junto...
Tras la emoción de abrir tanto paquete, empezó una cadena de montaje consistente en separar lo que era regalo de lo que no (papel de regalo, envoltorios, cajas, lazos...) y después clasificar todos los regalos por tipos. Porque os aseguro que aquello era una locura. Entremedias, mi hostdad nos trajo el desayuno. Una vez los ánimos se hubieron calmado, cada cual se fue a sus aposentos a arreglarse para la siguiente parte del día: la misa.
No es sólo que no supiéramos que contestar a la pregunta "¿habías estado antes en una iglesia irlandesa?", es que seguir una misa de una hora en inglés, para alguien que normalmente no va a misa, es muy aburrido. Almenos tenemos pruebas gráficas de que estuvimos allí, aunque L. no me deje colgarlas por motivos evidentes.
Durante el resto del día, L. y yo nos refugiamos sabiamente en mi habitación. Estuvieron recibiendo visitas incesantemente durante horas: amigos, familia... A media tarde, nos unimos de nuevo a mi familia esquivando como podíamos la oferta de alcohol. Porque ellos tenían muy claro que en Navidad hay que empezar a beber a las doce de la mañana para que, a la hora de la cena, nadie note si la comida está buena o no. Palabrita del niño Jesús que esto es una cita literal. Ayudamos en lo que pudimos mientras veíamos cómo iba evolucionando la mesa:
Los crackers (esa cosa en forma de caramelo gigante) se abren al empezar la cena, tú tiras de una punta y la persona que tienes al lado tira de la otra hasta que se rompe. Dentro hay pequeños regalos, pero sólo uno de los dos recibe el premio ;)
Y a eso de las cuatro y media, llegaron el resto de familiares y nos sentamos a la mesa a cenar. Con diferencia, ha sido la cena más larga desde que estoy en Irlanda: desde las cinco y media hasta las once de la noche. (Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión).
Al parecer, tras un estudio rápido entre las aupairs que conocemos y se han quedado aquí, todo el mundo cena lo mismo. Algún entrante (esto varía) y un plato con pavo, jamón y ternera especiada; por supuesto, patata asada y zanahorias, así como coles de bruselas con castañas y otro acompañamiento consistente en champiñones con verduras y pan rallado gratinado por encima (no lo sé explicar mejor, si alguien conoce el nombre me haréis un favor). De postre, Christmas pudding, que por lo visto se empieza a hacer mucho tiempo antes ya que le inyectan licor cada semana. En nuestro caso, nos tomamos un Baileys entre la comida y el postre (creo que no hubiera podido comer más aunque quisiera) y luego, como buenos irlandeses, siguieron bebiendo. También probamos los turrones que nos habían enviado desde España y tuvieron bastante éxito :)
Tras semejante cena, nos ofrecieron ir con ellos a visitar a una de las tías de G., pero cambiamos ese plan por irnos a dormir (aunque luego estuviéramos frente al fuego durante un buen rato) y así acabó el (largo) día de Navidad...
Tengo que admitir que me daba bastante miedo estar en una situación en que se cruzaran varias conversaciones en inglés, con personas desconocidas para mí, etc., pero pasar esos días con una amiga en casa lo hizo mucho más llevadero. Además, mi familia irlandesa se portó increíblemente bien con nosotras, estuvieron pendientes de que estuviéramos a gusto y de dejarnos espacio, así que al final, aunque fueran unas Navidades muy distintas, nos lo pasamos bastante bien.
"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca.
No te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el jubilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo [M. Benedetti]