8.1.13

159-165: No te salves

Una de las cosas buenas de mi familia irlandesa es que dispongo de mucho, mucho tiempo para mí y siempre respetan mis planes. G. se fue a Galway a pasar una semana con su familia materna, así que estuvimos unos cuantos días sin vernos. Me habían propuesto que viajara durante esa semana, pero la verdad es que necesitaba un poco de "me time" después de las fiestas. Hay gente que puede vivir sin reflexionar sobre su existencia y sin pegar la nariz a un libro durante horas, os lo prometo, no son una leyenda urbana. Lo que pasa es que yo no pertenezco a ese selecto club. Iba a añadir que ya me gustaría a veces, pero sería una mentira como la catedral de St. Finbarre.

Dicho esto, he de reconocer que estaba esperando volver a la rutina como agua de mayo. G. volvió el jueves con una de sus tías, que se quedó hasta el viernes. Fuimos a cenar fuera todos juntos y luego yo me dirigí al Franciscan Well, como hacemos religiosamente cada dos semanas, para asistir al Drink&Draw (donde yo ni "drink" ni "draw", outsider entre los outsiders...). Al día siguiente, trabajé de mentirijilla porque G. estaba invitada a ir al cine y no volvió hasta las siete y media de la tarde. Y así, de repente, me encontré de nuevo en fin de semana.

Tanto exceso de tiempo libre, os lo puedo asegurar, no es nada sano.

Por eso, me he pasado al bando contrario y he empezado (de nuevo) 50 cosas diferentes, todas a la vez, por si acaso a esta cabeza le quedara algún rincón en el mundo donde reservar un rincón tranquilo, si con eso me entendéis. Y si no, da igual.

El viernes por la noche, no obstante, sabía que algo no iba bien. Lo sabía como sabía a la salida del instituto que iba a haber una pelea de las grandes, de las de ir con bates. Porque hay cosas que se palpan en el ambiente, como sabes que alguien ha cambiado de emisora aunque estés en otra habitación y no le estés haciendo caso a la radio, o como intuyes que alguien tiene el día cruzado o como si alguien bajara un tono la intensidad de la luz... Mi hostmom entró en el salón muy seria y me soltó, sin previo aviso, que había habido "un cambio de planes".

Yo en momentos así no sé en qué país que alguien se muera es, simplemente, un cambio de planes. La manera en que conciben la muerte aquí sigue siendo un misterio para mí. Uno sin resolver.

El caso es que se había muerto un tío de mi hostdad, por lo tanto yo tenía que trabajar el sábado y un rato de más el día de ayer. Nunca me hubiera importado tener que trabajar unas horas más por algo así, pero en aquel momento, la verdad, incluso lo agradecí (salvando la distancia impuesta por el motivo al que se debía el cambio de planes). Aunque la rutina no fuera rutina, ni los planes fueran planes.

De modo que así, a grandes rasgos, G. ha vuelto a la escuela y yo... también, ya que desde hoy mismo empieza mi curso online en el instituto Hemingway para ser profesora de español como lengua extranjera. ¿Alguien había apostado sobre cuántos meses iba a aguantar sin apuntarme a algún curso? Seguro que no esperabais que tantos. (Yo tampoco).

Sin más nos plantamos en una fecha totalmente aleatoria tras empezar el mes de enero y al salir a la calle una se dice a sí misma que aunque nada es igual, nada ha cambiado. Una se repite que conocía el precio y las consecuencias de sus decisiones, que no importa porque en unos meses ni se acordará, que mejor aplicamos sin anestesia eso de que cada uno a su casa y Dios en la de todos or whatever, que tampoco ha sido para tanto, que a una le han pasado cosas peores (y claro que sí, el problema es que esas cosas no le están pasando a una ahora mismo). Una se repite todo eso mientras enciende el fuego, mientras se lava los dientes, mientras anda por la calle, mientras modifica etiquetas html en el blog o mientras frota una de esas ollas verdes con uno de esos raros estropajos de cerdas de plástico con mangos de colores que sólo ha visto en este país. Una se repite muchas tonterías, pero no se hacen verdad por repetirlas más veces, ni siquiera se hacen más reconfortantes, sólo se hacen opacas, pesadas, sólidas, como una mochila de losa que al final del día formara parte de tu espalda, sólo que no la cargas a la espalda sino en algún punto indefinido de tu pecho... Lo cierto es que sólo hay una cosa peor que las despedidas: no despedirse en absoluto.

Menos mal que Benedetti, aunque gracias a Dios no nos salve, está ahí para rescatarnos con las palabras adecuadas.

“Era ese llanto que sobreviene cuando uno se siente opacamente desgraciado. Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero cuando, además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.”

Fragmento de "La tregua", Mario Benedetti
 

(Y os podéis dar por contentos con que al menos no sea una canción de Alex Ubago ;P)

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6 comentarios:

Saia Sikira dijo...

Mucho ánimo con eso, M. :)

M. dijo...

En plazas más grandes hemos toreao' ... ;)

Candela. dijo...

Mmm... funerales. He pasado unos cuantos. Y nunca dejan de sorprenderme a lo largo de los años. De hecho, hace dos veranos murió el abuelo de jay. El funeral duró tres dias y era en un pueblin superpequeño de cork y yo el primer dia no podia ir porque trabajaba. Al dia siguiente llamé a jay para ver cómo iba y si me podian recoger en su pueblo y llevar hasta alli porque los horarios de buses son algo... escasitos y me dijo que conociendome, mejor que no fuera. Habian colocado al muerto en su cama rodeado de velas, en medio del salon de su casa. Y me dijo "conociendote, o sales corriendo acojonada o sales corriendo muerta de risa y luego sacas la camara y haces fotos desde cada angulo". como me conozco, se que la segunda opcion habria sido sin duda la mas acertada (que no adecuada) y como mi camara es grande (una nikon) y canta, ya me veia haciendo posturitas disimuladas con el movil o algo parecido.
A mi estas cosas me da igual. Lo que no me parece normal es que a la semana de morir su padre, el padre de jay estuviera celebrando por todo lo alto su aniversario de matrimonio. Mi abuela murio unas semanas antes y yo ese año ni siquiera celebré las navidades!!!

Míryam dijo...

Yo sigo alucinando con ese aspecto de la cultura irlandesa, la verdad, me choca mucho.

Anónimo dijo...

hacía tiempo que no me pasaba por aquí y me da una rabia... ya sabes siempre dices tengo que leer y escribirla algo y luego a la hora de la verdad como tienes la cabeza en mil cosas nunca te escribo. Que sepas que no me olvido de ti, que te admiro enormemente por lo que estas haciendo, y ahora con lo de español para extranjeros más -siempre he querido hacer algo de eso, pero no tengo un ingles tan bueno seguramente como el tuyo-. En serio, lo flipo! me encanta como escribes y la positividad que derrochas. En fin; como te dicen por aquí mucho ánimo y si no ya sabes donde estamos. Cuidate!

Míryam dijo...

A mí me pasa lo mismo, sr. Morsa, que no me da la vida para todo... ¿En qué andas ahora?