24.4.11

Quisiera...



Quisiera escribir que me veo aislada, que no es lo mismo que sola, desmontando uno por uno los esquemas de verdades-que-hasta-ahora-eran-verdades y ahora parecen más bien una presunción de inocencia caducada. Quisiera tener explicaciones para comportamientos observables (por ausencia u omisión) en personas inverosímiles, pero no las tengo, y en lugar de eso respiro lágrimas que a ratos parece que reptan hacia el cerebro intentando escapar de una realidad que entienden tan poco como yo. Quisiera gritarle a alguien que esta ciudad rebosa recuerdos en los que no creo que pueda aprender a nadar, nunca. Quisiera encontrar la manera de decir, sin herir, que estoy bien, pero que eso no es suficiente, que con estar bien no basta porque me agobian las paredes de este huevo. Quisiera dejar de replanteármelo todo en círculos una y otra vez y ser capaz de reaccionar, pero entonces llega una oleada de sucesos, o peor, de sucesos de no, lejanos y desconocidos, más dentro que fuera, que hace que vuelva todavía más atrás y haga más anchos los círculos concéntricos en los que me envuelvo por la mañana. Quisiera tener más perspectiva de las cosas, y es peor, la tengo, pero no me sirve. Y quisiera escribirlo, pero la mayor parte de las veces, ni eso.

14.4.11

Per lei


Porque hay días que sólo la música me salva de mi melancolía,
de mis cuadrículas,
de mis agujeros,
de mí misma.

12.4.11

SÍ, tengo 20 años.

Nací en 1990, a finales, así que aún tengo 20. Nos han llamado (así, últimamente y que recuerde) generación ni-ni, generación perdida, hasta novatos. Por lo visto, se nos conoce por el bajo nivel educativo, por el botellón, porque (se supone) creemos que tenemos todos los derechos y ningún deber, etcétera. Somos esa primera generación que lo ha tenido todo, menos lo importante.

Yo no he elegido nada de todo eso, pero al parecer todo el mundo tiene derecho a opinar sobre nosotros, a juzgarnos, a hablar. No sé muy bien quién decidió que se podía juzgar mediáticamente a una generación entera (por mucho que ahora esté empezando a desmentirse), pero se lució.

El otro día en Twitter hablábamos sobre la apatía que parece envolver a "nuestra" generación. No sé si estoy muy de acuerdo, ya que sólo hay que rascar. En mi clase de bachillerato había esa apatía, no lo niego. Sin embargo, con el tiempo descubro que era aparente, que la gente tenía sus planes, sus aficiones, sus proyectos (algunos me han sorprendido bastante)... Era una apatía superficial, de cara a la institución. Entonces a lo mejor es que no estamos mirando en la dirección adecuada, a lo mejor es que no estamos tocando las teclas que toca.

No me considero apática, pero sí que considero que he tenido que ir en contra de esa visión y esa etiqueta que la gente tiene de nosotros durante mucho tiempo. Que no tenemos capacidad crítica ni de análisis, que no tenemos opiniones propias, que somos demasiado jóvenes, que "es que tú eres hija de la LOGSE", que no hacéis nada... Yo no me identifico con nada de todo eso y no creo que nadie que me conozca lo hiciera. Profesores, padres y otra gente parece que sí tienen el derecho de hacerlo. Y si no eres nada de todo eso, pues automáticamente eres una excepción, ¿pero quién dice que esa sea realmente la norma?

No he elegido nada de todo esto, decía, y además estoy hasta las narices de las etiquetas. No necesito a nadie que me desanime, que me estigmatice o me juzgue sin saber. Ni yo ni nadie. La impresión que me ha dado siempre es que nadie mueve un dedo ni da un duro por nosotros, excepto para echarnos cosas en cara; a lo mejor cabría plantearse que no hemos surgido así de la nada, que todo educa, que somos hijos de alguien. ¡Como mínimo que no nos den por saco!

"Los que crean que es imposible, al menos no deberían molestar a los que lo estamos intentando" 

Lo que sí he elegido ha sido creer en la educación, quedarme para intentar mejorar las cosas, intentar quejarme menos, seguir haciendo cosas por mí y por el resto, intentar compartir aun frente al individualismo al que nos han abocado.

3.4.11

Inmovilismo II

El 10 de octubre escribí esta entrada tan corta que decía: "Es este inmovilismo el que me ahoga, y no el miedo. Todo cambia y llega el invierno de nuevo. Yo, no. Nada cambia. Todo es diferente. Antes nada cambiaba y todo era igual. Ahora nada cambia y todo es otro mundo. Ni siquiera las palabras... " Han pasado semanas y meses, más de los que me atrevo a contar, y la situación sigue exactamente igual. Intentas hacer cambiar las cosas (si es posible, a mejor), por todos los medios. No sirve. Intentas resignarte, pero al rato te das cuenta de que eso no va contigo, así que vuelves a intentar cambiar algo, pero nada: inmovilismo total del entorno. Así que lo compartes con alguien, pero evidentemente eso, aunque a veces alivia, no cambia nada, que es -justo- tu problema. Que no cambia nada. Intentas reírte del tema, te descojonas del tema, el tema es lo más gracioso del mundo, el chiste estrella de tu vida: pero nada, que no funciona. Pruebas a pensar en que ya "sólo queda..." para que obligatoriamente ALGO cambie, pero aun así, sabes que eso sólo te abocará a una crisis existencial que afrontarás como puedas, o sea como siempre, pero no cambiará nada de todo lo demás. Entonces vienes al blog y escribes esta otra entrada, únicamente para recordarte a ti misma en el futuro que no cometas los mismos errores del pasado... Aunque, admitámoslo, sabes que volverás a cometerlos y cargarás con tu parte de responsabilidad gustosamente, igual que lo haces ahora (porque eso sí lo haces, algo es algo).
¿Todo para nada? Quiero creer que no, que para almenos aprender alguna cosa... almenos.

24.3.11

Último día de invierno