1.8.09

Situaciones

Vuelvo a casa. En el autobús de siempre, a la hora de siempre, con la música de siempre. Baldosa número 6. Dos, cuatro, seis, dos, cuatro, seis, doce. Azul.
En casa de mis abuelos encuentro una revista. Investigación y ciencia. De una de mis tías. Genial: el tema central es la energía oscura. Seguramente cualquier bisadolescente lo aborrecería. Empiezo a devorar todas esas palabras mientras me sorprendo de estar analizando al mismo tiempo una estructura sintáctica que me ha llamado la atención. Musito: implicaciones en el espaciotiempo..., ups, ¿lo he dicho en alto?, y viene Eva, mi tía. "¡Mira! ¿Quieres ver el trabajo que estoy haciendo?" Por supuesto -pienso-, al carajo el espaciotiempo. El mismo puzzle que hace encajar las mismas piezas, nosotras, las de entonces, ya no somos las mismas -sigue diciendo mi narradora interior. Neruda y ciencia, qué cínicos nadan hoy mis pensamientos dispares. Y luego vuelvo cual autómata a mi revista. "¡He avanzado! ¡He avanzado! ¡Ya se ven las letras de arriba!", me grita Eva, "¡Ven, Míryam! ¿Quieres verlo?" Por supuesto. Ahora voy. Mi mente empieza a trabajar a marchas forzadas: mientras sigue reflexionando sobre el artículo (espacio, tiempo, energía, refrescando las pocas nociones sobre el tema, aprendidas en conversaciones secretérrimas a las tantas, soñando con ojos azules de un azul ya desvaído), anota para analizarlo después el hecho de que haya distinguido que son letras, letras y no números ni un dibujo, y que están arriba. Lo verifica con un afán casi científico. También son nociones básicas. Mi tía es especial, pienso, ¿y yo qué? Yo, nada. En tierra de nadie, como siempre.

Últimamente estoy leyendo a Giordano (La soledad de los números primos) y me parece ser un número primo también. Un concepto apenas. Ando completamente absorta en su manera de elegir las palabras, de construir las frases, de dar ritmo a la historia; mis narraciones interiores empiezan a adquirir ese cariz. A eso lo llamo despersonalización, que es cuando adoptas temporalmente y sin darte cuenta la manera de hacer de otra persona; y sucede porque tú estás ausente. Porque no estás, porque no eres, porque no entiendes, no hilvanas palabras, ni gestos, ni miradas, ni te apetece pensar en ello y a menudo te duele la cabeza por el sobreesfuerzo. Y pones música y la oyes en lugar de escucharla. Y en la calle ves formas, baldosas, números y objetos, pero apenas reparas en que están llenas de personas, personas con una vida a cuestas, personas que huelen a verano y a risa. Ajenidad, en resumidas cuentas.

Me asusta que lo más significativo que pueda decir sea el silencio.

13.7.09

Posts relacionados



0 comentarios: