15.8.09

Maniobras de escapismo II

Realismo versus impresionismo, es increible cómo una semana te puede cambiar la perspectiva, las expectativas, el color del hilo de tus pensamientos. Quizá por la magia que envuelve viajar, quizá por el tono de azul, quizá porque lo que pasa en la isla se queda en la isla, quizá por los augurios de todo y nada cuando un chico de larguísimo pelo rubio y mirada huidiza te ayuda -espontáneo- a arrastrar la maleta por las escaleras o cuando una simpática murciana que comparte vagón contigo te comenta, casual, "¡Qué valiente! Estás leyendo Rayuela, yo lo tengo en casa y no lo he empezado", quizá por la luz tenue que no se filtra por la ventana, quizá por los locales calientes y claustrofóbicos donde se persiguen los sueños esperando atraparlos en la próxima nota, en la siguiente canción, quizá por perder a veces la cabeza y dejar de pensar y al final jugar sólo por jugar, quizá por el encanto de los pueblos y las calles, quizá porque suena en el mp4 no tengo ganas de despertarme, desde mi [tu] cama se ve todo mucho mejor, quizá por la magnitud de la catedral y los arbotantes atrapando mi mirada, tocando el cielo, soñando el sueño, quizá porque cuando el tiempo se para la muerte no existe, quizá porque tras de mi una escena y diez mil frases que repetir o por ser valiente no es sólo cuestión de suerte, o porque a veces no soy yo, busco un disfraz mejor, tú también tienes que ver que nunca tengo mi papel y por no olvido los sueños, vuelvo a lo que no acabo..., quizá porque la vuelta a la dureza blanda y la falsa crueldad fiel de mi realidad es menos traumática con música en el bolsillo y literatura en la maleta, quizá por creo que me voy a alquilar un piso en tu oreja, quizá porque volver con la maleta más vacía es positivo: he dejado allí parte de mí a cambio de todas las magias, sueños, canciones, músicas, colores, sabores, olores, sensaciones, fe, valor y coraje para seguir por donde quiero, quizá porque, como en los cuentos de niñez, en el mundo de la magia -la magia de la isla, de las cuevas, de las calles, Cementerio de las Hadas, Valle de las Delicias- nada es gratuito, siempre hay que pagar un precio. Quizá, quizá, quizá. Nada es seguro del todo.

Y la vuelta, obligada, salada y espesa, innecesaria, a mi Tarragona, me sirve para revalorizar todos los sentimientos y hacer un inacabable inventario de lo que la vida me ha regalado en ese pedazo de tierra envuelto de azul; la vuelta, una jarra de agua fría para los sentidos, las energías renovadas y miles de sonrisas y retales de recuerdos que coser, la vuelta paulatina y lenta a mi mundo algo más gris, amortiguando el impacto de caer en la realidad, me ha arañado un poco las retinas y me sabe a café y sal. Esta mañana me he levantado mucho más polifacética que nunca, más nueva y más vieja, más decidida, más yo y menos yo, o más o menos yo, yo qué sé, aún estoy acabando de aterrizar.



Y como la banda sonora de Mallorca es Vetusta Morla, ahí va "un tastet"...

Confundo el agua con la sal, aprendimos a mirar con la duda entre los dedos y a tientas descubrimos que al final las palabras que no existen nos pueden salvar... Probé a saltar sin red ni hogar, no sé volver, no sé hacia dónde ni con quién.
(Rey sol)

Aeropuertos. Unos vienen, otros se van, igual que Alicia sin ciudad. El valor para marcharse, el miedo a llegar. Ella duerme tras el vendaval. Sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad. Dejarse llevar suena demasiado bien. Jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar... o empezar.
(Copenhage)

Dilatamos las pupilas y blasfemamos por dios, prometemos por vos, machacamos nuestros cuerpos prietos por un sueño de cartón... Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así.
(Un día en el mundo)

Tú también tienes que ver que nunca tengo mi papel. No olvido los sueños, vuelvo a lo que no acabo, no perdí, no perdí porque ser valiente no es sólo cuestión de verte. Ahora vengo, ahora voy. Ahora estoy, ahora no. Apuntador, deme la voz.
(Valiente)

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