15.5.13

281-286: Yo también sobreviví al viaje a Belfast

Esto de estar acostumbrada a hacer las cosas como una auténtica señora, os lo puedo asegurar, es muy cansado. Te lleva a situaciones como esa en que dos personajes se sientan en una estación de bus en una ciudad aleatoria, sacan boles de plástico y cubiertos, leche y cereales y desayunan como si estuvieran en el salón de su casa. Pero volvamos al principio de los tiempos... o quizá un poco antes, a la semana pasada.

Decidimos que nos íbamos a Belfast. Así. Porque por qué no, y el porqué sí estaba claro. P. nos confirmaba días antes que nos podía acoger en su casa. Todo parecía estar más o menos claro. Es decir, nada claro en absoluto.

Tras una dolorosa despedida (no me voy a extender en esto porque pienso escribir una entrada al respecto) y una espera eterna en el salón de casa, bajo las mantas, sin querer hablar de lo que acababa de pasar, cogimos nuestra maleta y de madrugada, bajo las luces de largo alcance de la puerta trasera de casa, abandonamos la comodidad del hogar.

Descubrimos que dormir en el autobús puede no ser tan sencillo como parece. Y eso que la menda es capaz de dormir incluso de pie. Nos tomamos un café en Dublín a las seis de la mañana y todo formaba parte de una atmósfera extraña, quizá porque Dublín tiene ese aire de ciudad grande que tanto me recuerda a mi querida Barcelona. Era como trasladarse sin querer a la primera vez que pisé el paseo de Gracia.

Agotadas tras el viaje, llegamos a Belfast. No creí que fuéramos capaces de desayunar un bol de leche y cereales en mitad de la estación hasta que introduje mi cuchara verde de picnic comprada en Tesco el día anterior entre los crispies. Quedaba lo mejor y lo peor: la nada... la parte indeterminada del viaje.

Llegamos a Carrickfergus, donde teníamos que conocer a la primera persona que nos acogía en Couchsurfing. Los nervios empezaban a bailar en mi estómago. Reconozco que, aunque no lo hubiera pensado nunca, con el tiempo esa sensación se convierte en una droga. Una muy rara.

Y llamamos a la puerta. Y esperamos. E intentamos llamar por teléfono, pero no funcionaba. Y esperamos durante una hora. Y entonces pasó algo mágico: de repente apareció un plan B en nuestras cabezas. Eso es lo que pasa cuando eres adulto. Tu cabeza se encarga de idear un plan B, un plan C, un plan D. Nunca dejará de sorprenderme que mis pies sepan hacia dónde se tienen que dirigir incluso cuando no voy a ninguna parte en específico.

Cuando casi empezábamos a poner en marcha el plan B, nuestro "host" apareció y nos pidió disculpas - pensaba que llegábamos en otro momento y no había oído la puerta. Nos despedimos del plan B con cierta nostalgia... otra vez será, ¿por qué no?

La experiencia como Couchsurfer fue muy buena. Nuestra habitación estaba pintada de color lila, con lo cual al parecer gané una batalla invisible. La casa era un poco bizarra considerando sus cortinas rojas, su puff de cuero rojo, su pelota Bobath, sus luces de discoteca y un baño más grande que nuestro salón con la colección más amplia de productos de belleza e higiene que he visto hasta la fecha y una bañera por la que incluso podías pasearte. Con su telón. Y sus espejos de tamaño exagerado. Siempre nos quedará la duda de si había o no cámaras en aquel baño, pero la verdad, y os soy muy sincera, prefiero no saberlo.

Así empezó el primero de tres días de idas y venidas entre Carrickfergus y Belfast. Cumplimos todas nuestras obligaciones de turista: vimos los murales, visitamos el centro de la ciudad, fuimos a ver el centro comercial, nos paseamos por los jardines botánicos... nos perdimos varias veces y andamos durante horas.

Dedicamos un día a ver el puente de cuerda y la calzada del gigante, sólo para comprobar si era verdad que había que derribar mitos al respecto. Nos maravillamos con los paisajes del país e incluso estuvimos a punto de asaltar un castillo vikingo.

Durante los tres días hizo un sol de justicia e incluso, en algún momento, cierto calor que nos permitió disfrutar de varios helados. Aprovecho este rincón para informaros de mi firme creencia de que el helado es lo mejor del mundo. Podría alimentarme a base de helado. "It tastes better than hope feels", que dice el post-it de A.

Al llegar, tras un viaje bastante largo y una parada de varias horas en Dublín que me permitió ver parte del centro de la ciudad (gracias A., sin lugar a dudas hay que volver a Dublín), en Cork nos recibió la del pulpo. "Caer la del pulpo" es una expresión que siempre me ha hecho gracia. Me pregunto si en los cielos de alguien habrá un pulpo con lluvia torrencial como mascota predilecta.

Sobrevivir al resto de la semana trabajando "full time" fue tarea de titanes, pero desde luego, valió la pena.

¡Hasta la próxima, Northern Ireland!

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2 comentarios:

Noe dijo...

Hmmm...¬¬

Me has dejado intrigadísima con lo de la dolorosa despedida, que lo sepas!!!!!!!!!!! XD

Ni se te ocurra dejarme así! :p
Un besete!!

Míryam dijo...

Ese era el plan... dejaros con la intriga!