Un par de meses más tarde mi hostmum me confesó que ese fin de semana, en Tuam (Galway), estuvieron esperando media hora maldiciendo la conexión a Internet para poder enseñárselo a S., la abuela. Que, por cierto, tiene un nombre bastante cani y es una abuela muy poco convencional, pero de mi hostfamilia extensa ya os hablaré en otro momento. Así que lo vieron por quincuagésima vez. Estoy segura de que lo han visto bastantes más veces que yo. Y se desesperaron cuando, al acabar de verlo, la abuela volvió a cargarlo con toda la paciencia que caracteriza a las abuelas (eso es universal e intransferible) para verlo de nuevo.
Hoy no hay trabajos de máster. Hay horas y días de estudio de trámites administrativos y búsqueda de trabajo, de sacar la calculadora y hacer números, de júbilo ante el hecho de poder salir en manga corta y sin chaqueta a la calle por primera vez en diez meses, horas y más horas de proyectos. Hemos estado haciendo cupcakes y biscuit cake para la fiesta de mañana, dulces que entonces ni siquiera sabía que existían.
Hace un año no tenía ni idea de cuánto habría cambiado no solo mi vida sino yo como individuo pensante y sintiente. No sabía que podía tener dilemas morales como los que he tenido, ni tampoco que efectivamente se puede vivir más allá de la escuela (bueno, más bien sobrevivir), y me hubiera echado a reír si me hubieran dicho que suspiraría por el fin de semana. Ser aupair puede desmontar muchos esquemas.
Mi regalo para G. este año es una caja con cosas para hacer manualidades. Algún día buscaré las palabras para describir mi relación con G., pero no será antes de que deje esta casa y todo se enfríe.
PD. Apuntad la fecha de hoy como el primer día que M. fue en manga corta por la calle en Irlanda. ¡Todo un acontecimiento!


0 comentarios:
Publicar un comentario