2.1.13

147-150: Navidad en Irlanda

Reconozco que a veces me fallan las palabras. Las frases me bailan en la cabeza y llegan a mí en momentos insospechados, y luego se van sin más. Y entonces abro la ventana del blog pensando en qué es lo que me gustaría leer sobre esta experiencia dentro de unos meses o de unos años, en que seguramente me daría rabia que justo la entrada en que explico la Navidad que pasé en Irlanda sea escueta.

Mi familia irlandesa llevaba haciendo preparativos un mes y cantando villancicos, dos. En cuestión de días cambió la disposición de la cocina y aparecieron de la nada tropecientos adornos navideños con pinta de ser caros. E incluso la friolera de tres pesebres. Y es que una no está acostumbrada a vivir en una casa y estas cosas me sorprenden, porque si tuviéramos que tener todo eso en el piso, viviríamos eternamente en Navidad y tendríamos que guardar las estrellas de cristal en lugares que no voy a mencionar. De repente, un día llegué a casa y había un árbol gigante lleno de adornos. Me acordaba de J. (que también es aupair) cuando nos contó que el de su casa era de estos desmontables que ya traen los adornos puestos. Os puedo asegurar que el de mi casa no se desmonta, si acaso se descompondría al cabo de unos meses en un amasijo bastante creepy de ramas, hojas, luces y bolas de plástico.

"Són petits detalls tot el que ens queda..."

Belén creado por la abuela con materiales reciclados

Pesebres varios

Nuestro árbol
Por mi parte, no es Navidad hasta que sales a la calle con gorro, guantes y bufanda y todo está bañado por esas luces de colores que se reflejan en las caras de los niños; hasta que te paseas por los mercadillos de Navidad llenos de figurillas para el pesebre y otras cosas inservibles; hasta que llega el tió a tu casa y hasta que o Aïda o yo posteamos la canción "Quan somrius", porque hay tradiciones y Tradiciones.



Por suerte, casi todos mis requerimientos navideños son posibles en cualquier rincón del mundo. Lo que, por supuesto, no quita que no estuviera extrañamente nerviosa y tranquila al mismo tiempo al hacer Skype con mi familia. Como soy bastante independiente y despegada y además no me gusta hablar por teléfono, mi comunicación con la familia se basa en muchos Whatsapps y que mi hermana me pida por el chat de Facebook que le acepte las peticiones de los juegos. No es que por eso nos queramos menos, creo que al contrario, pero los dramones no son lo mío. Y evidentemente, Navidad es una de esas ocasiones sagradas en las que las vídeollamadas nos facilitan mucho la vida.

No os engañéis, por mucho que quedarme en Cork por Navidad fuera decisión mía, por mucho que mi familia irlandesa se haya portado estupendamente conmigo (con nosotras) y por mucho que haya que mirar el lado positivo de todo, pasar la Navidad fuera de casa sigue siendo un disgusto. Porque la Navidad es para estar en familia, discutir con tus tíos y tus primos sobre cuestiones que en realidad ni te van ni te vienen, comer lo que siempre se ha comido en un salón donde nadie puede ver la tele porque el volumen de ruido augmenta en cero coma seis segundos desde que los primeros invitados entran por la puerta y pasar horas alrededor de la mesa picoteando turrón y neulas.

 Habíamos repasado los detalles de lo que llamaremos PMN (Plan Maestro de Navidad) unas cuantas veces en las últimas semanas. El día 24 trabajaba porque una tiene básicamente el mismo horario que las tiendas. Mi amiga L. pasó las Navidades con nosotros, por invitación de mi hostfamily, ya que hay algo más triste que pasar la Navidad lejos de tu familia y es pasarla lejos de tu familia y en soledad. Así que en algún momento del día, L. llegó para instalarse. De hecho, G. y yo teníamos una lista de cosas que hacer durante la mañana que habría echado para atrás a cualquiera, y una de ellas era preparar su habitación.

Esto es algo que tengo que agradecerles infinitamente a mi hostfamily: siempre dejan que mis amigas se queden en casa. Tanto A. los fines de semana como otras personas en otras situaciones. (Es más, la habitación de invitados ha pasado a ser denominada "la habitación de A.").

El caso es que L. llegó y nos encontró ya bastante agotadas después de todo el día, intentando montar un puzzle en 3D de la torre Eiffel que G. se había comprado en algún momento de la semana. Por supuesto, como mi hostmom es así de detallista, tanto L. como yo ya teníamos nuestros calcetines preparados para Santa.

Ese día cenamos takeaway chino porque ellos se pasaron toda la tarde preparando la cena del día siguiente. Yo estaba en estado de "no me puedo creer que hoy sea Nochebuena", y es que para mí era 24 de diciembre porque lo decía el calendario, pero no era Nochebuena.

G. ya nos había advertido de la parte más importante del PMN: pensaba despertarnos llamando a nuestras puertas a las 7.30 de la mañana. No había tiempo para explicaciones, ni para cambiarse de ropa, ni siquiera para beber agua o ir al baño, ¡había que bajar a ver los regalos de Santa!

Navidad aquí funciona distinto, no sólo porque venga Santa y no SS.MM los Reyes Magos, sino porque los regalos de Santa y el resto de regalos son dos cosas totalmente diferentes. Los niños dan por hecho que Santa les traerá lo que ellos pidan y que, por otra parte, en las casas de sus familiares habrá "regalos de Navidad" para ellos, sus padres, etc. Simplemente son dos asuntos distintos.

De modo que la noche del 24 lo dejamos todo preparado para Santa: galletas, una zanahoria para Rudolf, leche y los calcetines. Por supuesto, este año necesitábamos una nota aclaratoria, porque eso de que hubiera dos calcetines de más podía confundir a cualquiera, incluso a Santa...


 G. no pudo aguantar hasta las 7.30, de manera que a las 7 horas y 13 minutos (os prometo que a veces también uso mi memoria fotográfica para cosas útiles) una inocente mano infantil llamó a la puerta y repasó los detalles del PMN. Teníamos que seguirla en línea recta y de dos en dos mientras bajábamos las escaleras, esperar a que comprabara si había algún cambio sustancial en el salón y luego, ya podíamos pasar.

Resulta que, además de los regalos que piden, Santa deja pequeñas cosas en el calcetín, como dulces, guantes, ropa interior, etc. En este caso, los regalos que G. había pedido estaban esparcidos por el salón sin envolver y nuestros calcetines, rellenos de chocolatinas, una taza para el desayuno, guantes...
Alfombra del salón a.S. (After Santa)
 Luego procedimos a abrir nuestros regalos de Navidad. Al ser la más pequeña de la familia, G. tenía tropecientos regalos, así que nos llevó la friolera de una hora y pico abrirlos todos. ¡Para nosotras también había!
Nunca había visto tanto papel de regalo junto...

Tras la emoción de abrir tanto paquete, empezó una cadena de montaje consistente en separar lo que era regalo de lo que no (papel de regalo, envoltorios, cajas, lazos...) y después clasificar todos los regalos por tipos. Porque os aseguro que aquello era una locura. Entremedias, mi hostdad nos trajo el desayuno. Una vez los ánimos se hubieron calmado, cada cual se fue a sus aposentos a arreglarse para la siguiente parte del día: la misa.

No es sólo que no supiéramos que contestar a la pregunta "¿habías estado antes en una iglesia irlandesa?", es que seguir una misa de una hora en inglés, para alguien que normalmente no va a misa, es muy aburrido. Almenos tenemos pruebas gráficas de que estuvimos allí, aunque L. no me deje colgarlas por motivos evidentes.

Durante el resto del día, L. y yo nos refugiamos sabiamente en mi habitación. Estuvieron recibiendo visitas incesantemente durante horas: amigos, familia... A media tarde, nos unimos de nuevo a mi familia esquivando como podíamos la oferta de alcohol. Porque ellos tenían muy claro que en Navidad hay que empezar a beber a las doce de la mañana para que, a la hora de la cena, nadie note si la comida está buena o no. Palabrita del niño Jesús que esto es una cita literal. Ayudamos en lo que pudimos mientras veíamos cómo iba evolucionando la mesa:



Los crackers (esa cosa en forma de caramelo gigante) se abren al empezar la cena, tú tiras de una punta y la persona que tienes al lado tira de la otra hasta que se rompe. Dentro hay pequeños regalos, pero sólo uno de los dos recibe el premio ;)

Y a eso de las cuatro y media, llegaron el resto de familiares y nos sentamos a la mesa a cenar. Con diferencia, ha sido la cena más larga desde que estoy en Irlanda: desde las cinco y media hasta las once de la noche. (Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión).

Al parecer, tras un estudio rápido entre las aupairs que conocemos y se han quedado aquí, todo el mundo cena lo mismo. Algún entrante (esto varía) y un plato con pavo, jamón y ternera especiada; por supuesto, patata asada y zanahorias, así como coles de bruselas con castañas y otro acompañamiento consistente en champiñones con verduras y pan rallado gratinado por encima (no lo sé explicar mejor, si alguien conoce el nombre me haréis un favor). De postre, Christmas pudding, que por lo visto se empieza a hacer mucho tiempo antes ya que le inyectan licor cada semana. En nuestro caso, nos tomamos un Baileys entre la comida y el postre (creo que no hubiera podido comer más aunque quisiera) y luego, como buenos irlandeses, siguieron bebiendo. También probamos los turrones que nos habían enviado desde España y tuvieron bastante éxito :)

Tras semejante cena, nos ofrecieron ir con ellos a visitar a una de las tías de G., pero cambiamos ese plan por irnos a dormir (aunque luego estuviéramos frente al fuego durante un buen rato) y así acabó el (largo) día de Navidad...

Tengo que admitir que me daba bastante miedo estar en una situación en que se cruzaran varias conversaciones en inglés, con personas desconocidas para mí, etc., pero pasar esos días con una amiga en casa lo hizo mucho más llevadero. Además, mi familia irlandesa se portó increíblemente bien con nosotras, estuvieron pendientes de que estuviéramos a gusto y de dejarnos espacio, así que al final, aunque fueran unas Navidades muy distintas, nos lo pasamos bastante bien.

28.12.12

What I never said

When you are around it feels like home. It is hard to explain even in my own language, it is not rational, not love, it is just what it is. I feel warm and safe and happy, like anyone feels when you get home after a very long day and you know there will be a nice fireplace inside and someone smiling to you. I know it shouldn't and I know it is completely wrong, I know there is not even a word to describe it properly, I know you won't feel the same way. I know that it is something that would scare anyone if I said all of this out loud, because no one is used to say how we truly feel anymore. We ran out of bravery for this kind of things because someone told us that we are grown up now, but life used to be a lot easier when you were fifteen and a kiss was just a kiss, wasn't it?

I know I don't know you at all - and I wish I could. And I wish it could just not matter for good. And I wish we had all the time in this world. Because you are not going to be back here once you are back at home, and for sure I won't move from where I am. We only have the time we have, and not a second more than this.

I used to be a fool a long time ago, and as the very fool I was I believed in causality and serendipity and I thought that the world needed to be a tiny bit crazier to work it out, even if it wasn't named with the-four-letters-word, and I can tell you I know I wouldn't have had a doubt of taking the first step even if I knew -as I do- there was no possible path. I just didn't care at all if there was a path or not, because I just had to try and see.

Things are quite different now that I know the consequences, once I know how deeply it can hurt. And I would still prefer to try, to risk, to take all the consequences better than live with the terrible doubt of what could have had happened.

But then you come and confuse me with acts and words that won't match, with things I have no clue to translate. And I find myself wondering if I should just let it go and forget about all the great small details or if I should just publish this, hope you read it and eventually talk about how we feel in this mad mad life. Or don't talk at all.

"What you never said" was a place online where anyone could go and say that kind of things that you know you can't say out loud but you need to say them in order to throw them out of yourself. 

27.12.12

New Year's resolutions

That's the first post that I am writing in English. And it is also the first time that I write New Year's resolutions and I have no clue of how even start to think about them.

I have no way to know where I will be by the end of 2013, who will be with me at that point and who won't, how it will be like to be me by then, and I am ok with that. Indeed I have no way to know where, how or who I will be with by the end of 2012 either and I am ok with that as well.

All that I want for 2013 is both very simple and very complicated.

  1. I want to be in Ireland. 
  2. I want to improve my English.
  3. I want to have a job.
  4. I want to be economically independent.
  5. I want to be happy and healthy. 

I don't believe or trust in good luck for life. You need to create your own good luck. I know there is a long way to go and I have no idea of which one is the right track, I just want to take one baby step at a time and see where it ends, if it is ever going to end somewhere.



So I will hold back tears, move in the right direction, 
I have faced my fears, 
now I can move in the right direction... 
I am doing fine, one step closer every day at the time, 
I won't lose my mind.

143-146: Días bizarros

A veces las cosas suceden así. Improvisadas. Sin que te lo esperes. A veces es un cambio en tu conducta externa lo que te advierte de que algo que no acabas de saber lo que es está pasando en tu interior. Y a veces, sólo a veces, de las ausencias y los vacíos del resto pueden surgir nuevas aventuras para los que se quedan.

Temía este fin de semana porque era un fin de semana - simulacro. Y los simulacros dan mal rollo porque podrían ser verdad. Una vez todas nuestras Spaniards se habían ido a España para celebrar la Navidad, quedábamos muy pocas personas en Cork. Digo que es un simulacro porque, si se nos pasa por la cabeza la loca idea de quedarnos una temporada más, nuestra vida en Cork no será igual que hasta ahora. Empezando por el detalle de que todas las personas que conocemos se volverán.

Así que ahí estábamos A. y yo, sin saber muy bien qué habíamos hecho con nuestras vidas hasta ahora, qué íbamos a hacer con nuestras vidas en el día de hoy, qué iba a ser de nuestras vidas en los próximos meses. Esto es, muy muy perdidas en la vida.

Y descubrimos el sitio de las hamburguesas y que la teoría de las cucharas (otro día os hablo de ella) se puede aplicar a lo que te pasa cuando te gustaría pedir la cuenta pero reminiscencias de tu fobia social te impiden poner en marcha los mecanismos necesarios para hacerlo. Y descubrimos el Baileys y volvimos a Thomond.

De repente, estábamos rodeadas de gente disfrazada de elfo y de pitufo, de gente que entraba en el pub como quien entra a una pasarela, en un lugar donde sólo era necesario sentarse y observar a la gente para pasárselo bien, porque a veces no entender a las personas tiene su parte divertida.

Al día siguiente, nos dimos cuenta de que pasar un domingo cosiendo y cocinando tampoco está del todo mal si es en buena compañía, aunque sea el colmo de la vida de la au pair.

Y empezamos a hacernos a la idea de lo que sería pasar la Navidad fuera de casa. Y de lo que será Cork cuando nuestro Cork sea solamente ... Cork. 

Y aquí tú y yo, sólo quedamos los buenos, nadie nos enseña dónde parar...

20.12.12

2012

Se acaba el año y dicen que hasta el mundo... Parece que "toca afinar, definir el trazo, sintonizar, reagrupar pedazos", que dirían mis Vetusta Morla. Inocente de mí, de verdad que cuando era pequeña pensaba que eso de crecer se acababa cuando los huesos dejaban de estirarse y tenía pavor a pensar que el crecimiento un día se iba a terminar y me iba a quedar en un estado de estabilidad casi permanente hasta que de repente notaría que empezaba a envejecer, y así hasta el final y el final es morirse. ¡Já! Y luego resulta que no, que de eso nada, amigos; seguimos creciendo, lo que pasa es que crecemos así como "para adentro", como un árbol que echa raíces que son alas...

Ha sido un año objetivamente un poco duro y subjetivamente muy feliz. Por cierto, tengo que dejar de medir mi vida en cursos escolares, porque luego los balances siempre quedan a mitad... Empecé el año a mitad del máster. Y empecé el año diciendo "incertidumbre, ya no me asustas".

Recuerdo la mezcla de pereza y ganas al volver a Barcelona tras las vacaciones de Navidad y cómo me gustó volver. Volver a subirme en ese tren, bajarme en esa estación, caminar hasta casa cargada de maletas, helada, feliz, con un libro debajo del brazo, como siempre.

Los nervios al empezar las prácticas (hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian), el orgullo que se siente al darse cuenta de que se avanza en una dirección clara.

El curso de Montessori y cómo me desmontaba los esquemas, cómo cambiaba mi actitud hacia la vida el día que sabía que había curso y todo lo que compartimos en aquellas sesiones.

Comprar la comida a las tantas de la noche en tiendas dudosas, acostumbrarse a vivir fuera de la falda de mamá, a pelearse con las cucarachas y tragarse el miedo que me daba tender desde el último piso. Asomarse a ver la Sagrada Familia y jugar con L. en el descanso de estudiar o contarles a mis compañeros de piso la última aventura burocrática.

La alegría indescriptible de volver a levantarme por la mañana para pisar una escuela, aunque fuera de prácticas... La pereza de ir a las clases del máster que se acababa en un instante al llegar a clase y ver a mis compañeras. Compartir brownies, blondies e historias.

Beberme el timeline de Twitter en el metro, por la calle, en cualquier lugar, aprendiendo y absorviendo como una esponja. Hacer fotos de todo. Los cafés los miércoles por la mañana y los rincones en Barcelona. Salir a pasear, cineforums para maestros, jornadas en las que seguir aprendiendo...

En algún momento del año una idea nueva empezó a formarse en mi cabeza. No podía deshacerme de ella y tampoco podía contársela a nadie hasta que estuviera decidida. Me acordaba constantemente de aquella frase que dice que dentro de 20 años te arrepentirás más de lo que no has hecho que de lo que sí hiciste. 

Y entonces me puse en marcha, hablé con quien tenía que hablar, me hice un perfil en Aupair World y aquí estoy, en Cork, de aupair. Si me lo hubieran dicho cuando hacía el balance del 2011, me habría echado a reír a carcajada limpia. Vino dejar Barcelona, el concierto de Vetusta Morla en el Poble Espanyol con la Luna, esta misma Luna, brillando allá arriba en mi última noche en "mi" ciudad. Vino un mes en Tarragona increíblemente corto y largo al mismo tiempo.

Así que vinieron muchas despedidas, y no voy a hablar de las despedidas más que para decir que es un honor ser importante para gente tan grande.

Venir a Cork de aupair ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, en parte porque me ha devuelto mi fe en que las personas son buenas por naturaleza. Y sí, digo fe, porque es lo que es, una fe ciega en algo que tampoco se puede demostrar.

Pese a la lucha interna de clases que se libraba en mi interior los primeros meses (porque no nos engañemos, mucho mayor que el cambio cultural o de idiomas ha sido el cambio social), Irlanda tiene algo que hace que valga la pena estar aquí.

Me guardo de la segunda mitad del 2012 los viajes más o menos improvisados durante el verano, tener la sensación de estar aprovechando el tiempo y el dinero, la visita de M. gracias a la beca de maestros que lo puso todo en marcha. Todos los cafés, los chocolates y las cervezas que son mucho más que café, chocolate y cerveza por lo que sucede a su alrededor.

Guardo y atesoro todos los comentarios en Facebook y Twitter, los emails, las cartas, los paquetes, los regalos, la visita a España y la vuelta aquí.

Guardo la generosidad, amabilidad, buen humor y grandeza de espíritu de mi hostfamily, que me ha ayudado a derribar bastantes barreras mentales y estereotipos que no sabía que tenía.

Guardo todos los planes de futuro compartido, los que se realizarán y los que no. Todos los proyectos. 

Y guardo, por supuesto, todas las personas que he conocido aquí, ya sea las que conoces estando de paso y sabes que probablemente no volverás a ver, como las que ves prácticamente cada día, las que están ahí para el fin de semana, las que vinieron y tuvieron que irse, las que te regalan una sonrisa nada más verte, porque todas ellas son especiales. Guardo tod@s l@s que hacéis posible que una Navidad lejos de casa no sea algo apocalípticamente triste, sino sólo diferente.

No voy a decir nombres, pero gracias a vosotr@s recupero cada día la esperanza, la ilusión y la fe en la humanidad. Vosotr@s sois mi lugar preferido en Cork.



Si robaran el mapa del país de los sueños, siempre queda el camino que nos late por dentro. Si te caes, te levantas, si te arrimas, te espero... Llegaremos a tiempo. Mejor lento que parado, desabrocha el corazón, no permitas que te anuden la imaginación... No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón.