Ha sido un año objetivamente un poco duro y subjetivamente muy feliz. Por cierto, tengo que dejar de medir mi vida en cursos escolares, porque luego los balances siempre quedan a mitad... Empecé el año a mitad del máster. Y empecé el año diciendo "incertidumbre, ya no me asustas".
Recuerdo la mezcla de pereza y ganas al volver a Barcelona tras las vacaciones de Navidad y cómo me gustó volver. Volver a subirme en ese tren, bajarme en esa estación, caminar hasta casa cargada de maletas, helada, feliz, con un libro debajo del brazo, como siempre.
Los nervios al empezar las prácticas (hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian), el orgullo que se siente al darse cuenta de que se avanza en una dirección clara.
El curso de Montessori y cómo me desmontaba los esquemas, cómo cambiaba mi actitud hacia la vida el día que sabía que había curso y todo lo que compartimos en aquellas sesiones.
Comprar la comida a las tantas de la noche en tiendas dudosas, acostumbrarse a vivir fuera de la falda de mamá, a pelearse con las cucarachas y tragarse el miedo que me daba tender desde el último piso. Asomarse a ver la Sagrada Familia y jugar con L. en el descanso de estudiar o contarles a mis compañeros de piso la última aventura burocrática.
La alegría indescriptible de volver a levantarme por la mañana para pisar una escuela, aunque fuera de prácticas... La pereza de ir a las clases del máster que se acababa en un instante al llegar a clase y ver a mis compañeras. Compartir brownies, blondies e historias.
Beberme el timeline de Twitter en el metro, por la calle, en cualquier lugar, aprendiendo y absorviendo como una esponja. Hacer fotos de todo. Los cafés los miércoles por la mañana y los rincones en Barcelona. Salir a pasear, cineforums para maestros, jornadas en las que seguir aprendiendo...
En algún momento del año una idea nueva empezó a formarse en mi cabeza. No podía deshacerme de ella y tampoco podía contársela a nadie hasta que estuviera decidida. Me acordaba constantemente de aquella frase que dice que dentro de 20 años te arrepentirás más de lo que no has hecho que de lo que sí hiciste.
Y entonces me puse en marcha, hablé con quien tenía que hablar, me hice un perfil en Aupair World y aquí estoy, en Cork, de aupair. Si me lo hubieran dicho cuando hacía el balance del 2011, me habría echado a reír a carcajada limpia. Vino dejar Barcelona, el concierto de Vetusta Morla en el Poble Espanyol con la Luna, esta misma Luna, brillando allá arriba en mi última noche en "mi" ciudad. Vino un mes en Tarragona increíblemente corto y largo al mismo tiempo.
Así que vinieron muchas despedidas, y no voy a hablar de las despedidas más que para decir que es un honor ser importante para gente tan grande.
Venir a Cork de aupair ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, en parte porque me ha devuelto mi fe en que las personas son buenas por naturaleza. Y sí, digo fe, porque es lo que es, una fe ciega en algo que tampoco se puede demostrar.
Pese a la lucha interna de clases que se libraba en mi interior los primeros meses (porque no nos engañemos, mucho mayor que el cambio cultural o de idiomas ha sido el cambio social), Irlanda tiene algo que hace que valga la pena estar aquí.
Me guardo de la segunda mitad del 2012 los viajes más o menos improvisados durante el verano, tener la sensación de estar aprovechando el tiempo y el dinero, la visita de M. gracias a la beca de maestros que lo puso todo en marcha. Todos los cafés, los chocolates y las cervezas que son mucho más que café, chocolate y cerveza por lo que sucede a su alrededor.
Guardo y atesoro todos los comentarios en Facebook y Twitter, los emails, las cartas, los paquetes, los regalos, la visita a España y la vuelta aquí.
Guardo la generosidad, amabilidad, buen humor y grandeza de espíritu de mi hostfamily, que me ha ayudado a derribar bastantes barreras mentales y estereotipos que no sabía que tenía.
Guardo todos los planes de futuro compartido, los que se realizarán y los que no. Todos los proyectos.
Y guardo, por supuesto, todas las personas que he conocido aquí, ya sea las que conoces estando de paso y sabes que probablemente no volverás a ver, como las que ves prácticamente cada día, las que están ahí para el fin de semana, las que vinieron y tuvieron que irse, las que te regalan una sonrisa nada más verte, porque todas ellas son especiales. Guardo tod@s l@s que hacéis posible que una Navidad lejos de casa no sea algo apocalípticamente triste, sino sólo diferente.
No voy a decir nombres, pero gracias a vosotr@s recupero cada día la esperanza, la ilusión y la fe en la humanidad. Vosotr@s sois mi lugar preferido en Cork.
Si robaran el mapa del país de los sueños, siempre queda el camino que nos late por dentro. Si te caes, te levantas, si te arrimas, te espero... Llegaremos a tiempo. Mejor lento que parado, desabrocha el corazón, no permitas que te anuden la imaginación... No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón.


5 comentarios:
Ya que estas expatriada tienes que hacer muchas fotos de las navidades Irlandesas.
Preciosos tus posts, de verdad.
En unos 9 días comienza mi aventura de au pair, espero sacar tanto provecho como lo estás haciendo tu. ;)
Saludos.
wow i'm impressed. nice to hear from you!
wow i'm impressed. nice to hear from you!
Gracias Ther, thank you ravazmel20 :)
Ther, espero que tu aventura aupair sea tan buena como la mía, de verdad :) A ver si pronto tenemos noticias tuyas.
Un abrazo
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