Creo que es un indicador que actualmente la reacción ante la propuesta de preguntarse por qué, de ir más allá, de hacerlo de otra forma, sea indiferencia, resignación o aborrecimiento en lugar de motivación, cooperación o ganas de probar a ver qué tal.
Nos estamos acomodando. Somos autómatas programados para hacer lo que se espera de nosotros. ¿A cambio de qué? Una falsa sensación de seguridad, bienestar, las necesidades básicas cubiertas y los estómagos repletos de mentiras. Ese es el precio. Módico, ¿verdad?
Por supuesto, no todos.
Pero nadie debería pagar precios tan altos como la comprensión, la pertenencia al grupo, la socialización por el simple hecho de querer ser, pensar, vivir como guste.
Yo sonrío cuando me encuentro en el autobús con alguien que conversa o que al menos da los buenos días, sonrío cuando alguien se sale de la norma, sonrío cuando alguien toma la iniciativa de, sonrío cuando veo que en realidad no todo está perdido. ¿Hasta cuándo durará? Pues no sé. (De hecho, tampoco veo por qué debería terminarse)
Espero, al menos, mantenerme fiel a algunas convicciones. Y espero, también, saber reconocer a esas personas cuando las encuentre en mi vida. A esas personas que todavía creen en algo; las que no se limitan a hacer lo pautado; las que tienen principios; las que hacen las cosas porque las sienten; las que creen en el poder de las cosas sencillas; las que todavía no han perdido las ganas de luchar, de vivir, de soñar, de seguir adelante, la inocencia. Y ser capaz de decirles que no están solas. Si juntamos tu soledad y la mía, ¿qué nos queda? ¿Dos soledades o ninguna?
No es esta entrada un ataque de rebeldía. Ni siquiera busco la rebelión de nadie. Ni siquiera quiero darlo todo por perdido. Es simplemente que estaba pensando en que no me resigno a entrar dentro de un sistema tan absurdo sin rechistar. Por lo menos, eso.
Supongo que por deformación profesional, pensaba en qué absurdo es el sistema de estudios actual. Pensaba en que no lo sigo para nada, ni siquiera estoy dentro (a pesar de estarlo), más bien estoy en un camino paralelo, convergiendo en aulas, compañeros de clase, profesores, exámenes, actividades y trabajos, pero en un mundo interior que nada tiene que ver con esas prácticas educativas, donde puedo aprender por aprender, por interés, por vocación, sin mirar la nota o qué dirá el resto. Pensaba en que, incluso aunque me acomode a veces, aunque me detenga a coger impulso, yo no quiero acomodarme. Me ha recordado a Jeux d'Enfants: "ser adulto era esto, tener un velocímetro que marca de 0 a 120 pero no ir nunca a más de 60" y me pregunto si dentro de unos años yo iré también a menos de 60 o no.
Veo que hay montones de pares de ojos que miran al cielo y se preguntan qué narices estamos haciendo con nuestras vidas y con nuestro planeta. Veo cerebros funcionando a todo trapo detrás de lo superficial, de lo palpable. Y me alegro de tener ojos para poder verlo.
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"A toda la gente creativa que en el transcurso de las épocas se ha sentido atraída por el riesgo, ha querido ser diferente, se ha atrevido a desafiar el statu quo y ha puesto el dedo en la llaga, influyendo muy positivamente en el mundo que nos rodea" (Zelinski)
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]
Es proponiéndose lo imposible como el hombre ha logrado siempre lo posible. Aquellos que se han ceñido a lo que les parecía factible, jamás han avanzado un solo paso.
20.2.09
30.1.09
El síndrome de Williams, el síndrome Mozart (II)
Vuelvo al tema del síndrome de Williams. ¿Qué? ¿Que después de tantas publichorradas ahora te pones a hablar de algo serio?, diréis. Bueno, más vale tarde que nunca. Creo.
Ha pasado el primer cuatrimestre de Universidad, el que considero más difícil a nivel personal pero también el más "sencillo" a nivel académico. Tengo que reconocer que el trabajo sobre el SW me ha abierto mucho los ojos. No ha sido fácil y admito que no pensaba que ya, tan pronto, me encontraría leyendo literatura médica. Más de un momento pensé que se me escaparían cromosomas por las orejas, yo, que era de las de latín y griego hasta la muerte. Pero: ¡prueba superada! Tenemos un 9, sobre diez. Soy de las que piensa que un 9 quiere decir que hay 1/10 cosas que se pueden mejorar (es más, aseguro que las hay). Y aún más importante: todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos reflexionado y todas las caras, nombres e historias que hemos puesto al SW durante estos meses (infinitas gracias).
Con el SW me ocurre algo extraño y es que nunca lo voy a mirar como "un trabajo que hice en primero", porque de haber sido así no nos habríamos molestado en "ir un poquito más allá" (Quien dice un poquito dice muchos kilómetros: los que haya hasta Granada desde Tarragona, por ejemplo, y con mucho gusto).
Es que el SW para mí siempre ha sido el síndrome Mozart, y algo tan estrechamente ligado a la música, algo con tantas posibilidades, no puedo dejarlo ir así. Y resisto el impulso de seguir con las búsquedas porque ahora tenemos otros asuntos entre manos, claro (la vida del estudiante...) pero en realidad no hay día que no me acuerde de los proyectos con forma de nube propuestos a media voz delante de un café antes de volver al trabajo.
Los proyectos en forma de nube tienen un problema, que es, evidentemente, bajar la nube a la tierra sin que se volatilice. En eso ando pensando en el momento de escribir estas líneas (más nubes, o nubarrones, vaya).
Sé lo que no quiero: una escuela de educación especial exclusivamente para williams. Tengo varias razones, la primera: es poco realista; la segunda: es poco factible; la tercera: es un paso hacia atrás. Sé lo que falta: mucha experiencia (a mí siempre me faltan años) y muchísimos recursos (económicos, materiales, humanos). También sé de lo que dispongo: muchas ganas. Pero en realidad no sé si tengo claro el qué y el cómo.
¿Cómo debería ser esa escuela?
Hoy va a quedar esa pregunta en el aire, pero siempre se agradecen las opiniones, así que la actualización es una puerta abierta a sugerencias.
Ha pasado el primer cuatrimestre de Universidad, el que considero más difícil a nivel personal pero también el más "sencillo" a nivel académico. Tengo que reconocer que el trabajo sobre el SW me ha abierto mucho los ojos. No ha sido fácil y admito que no pensaba que ya, tan pronto, me encontraría leyendo literatura médica. Más de un momento pensé que se me escaparían cromosomas por las orejas, yo, que era de las de latín y griego hasta la muerte. Pero: ¡prueba superada! Tenemos un 9, sobre diez. Soy de las que piensa que un 9 quiere decir que hay 1/10 cosas que se pueden mejorar (es más, aseguro que las hay). Y aún más importante: todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos reflexionado y todas las caras, nombres e historias que hemos puesto al SW durante estos meses (infinitas gracias).
Con el SW me ocurre algo extraño y es que nunca lo voy a mirar como "un trabajo que hice en primero", porque de haber sido así no nos habríamos molestado en "ir un poquito más allá" (Quien dice un poquito dice muchos kilómetros: los que haya hasta Granada desde Tarragona, por ejemplo, y con mucho gusto).
Es que el SW para mí siempre ha sido el síndrome Mozart, y algo tan estrechamente ligado a la música, algo con tantas posibilidades, no puedo dejarlo ir así. Y resisto el impulso de seguir con las búsquedas porque ahora tenemos otros asuntos entre manos, claro (la vida del estudiante...) pero en realidad no hay día que no me acuerde de los proyectos con forma de nube propuestos a media voz delante de un café antes de volver al trabajo.
Los proyectos en forma de nube tienen un problema, que es, evidentemente, bajar la nube a la tierra sin que se volatilice. En eso ando pensando en el momento de escribir estas líneas (más nubes, o nubarrones, vaya).
Sé lo que no quiero: una escuela de educación especial exclusivamente para williams. Tengo varias razones, la primera: es poco realista; la segunda: es poco factible; la tercera: es un paso hacia atrás. Sé lo que falta: mucha experiencia (a mí siempre me faltan años) y muchísimos recursos (económicos, materiales, humanos). También sé de lo que dispongo: muchas ganas. Pero en realidad no sé si tengo claro el qué y el cómo.
¿Cómo debería ser esa escuela?
Hoy va a quedar esa pregunta en el aire, pero siempre se agradecen las opiniones, así que la actualización es una puerta abierta a sugerencias.
29.1.09
Siempre azul
Y embriagarme del sabor azul de tus ojos
y embeberme de la melodía de tu piel
y lanzarme, y estamparme, y caer de nuevo,
para, por, -según-, sin, mirar tu mirar...
para llamar a tu puerta una vez más.
Sólo una más.
Y embriagarme de la melodía de tus ojos,
o embeberme del sabor de tu piel,
pero solo hasta que acabe esta canción.
Sólo esta.
Que la vida es un juego
y los juegos, juegos son...
septiembre de 2007
y embeberme de la melodía de tu piel
y lanzarme, y estamparme, y caer de nuevo,
para, por, -según-, sin, mirar tu mirar...
para llamar a tu puerta una vez más.
Sólo una más.
Y embriagarme de la melodía de tus ojos,
o embeberme del sabor de tu piel,
pero solo hasta que acabe esta canción.
Sólo esta.
Que la vida es un juego
y los juegos, juegos son...
septiembre de 2007
Cadenas perpetuas
Mi poesía nace y muere
dentro de mi
volátil cuerpo,
con cada latido.
Me doy cuenta
y me desgarra.
Pero sé que hay
CADENAS
que detienen
y anulan
su crecimiento.
El olor de tu piel.
El sabor azul
de tus ojos.
Por ejemplo.
Mi, tu, su,
nuestro
llanto,
que fuera
comienza ya
a rezumar sangre.
Y ojalá fuera
sólo un ejemplo.
10 de septiembre del 2007
dentro de mi
volátil cuerpo,
con cada latido.
Me doy cuenta
y me desgarra.
Pero sé que hay
CADENAS
que detienen
y anulan
su crecimiento.
El olor de tu piel.
El sabor azul
de tus ojos.
Por ejemplo.
Mi, tu, su,
nuestro
llanto,
que fuera
comienza ya
a rezumar sangre.
Y ojalá fuera
sólo un ejemplo.
10 de septiembre del 2007
Dulces sueños
Cierro los ojos. Noto la almohada bajo mi cabeza, las mantas sobre mi cuerpo. Me siento demasiado pequeña en una cama demasiado grande.
Huele a lluvia. Me pierdo entre mis sueños. De repente despierto y está lloviendo.
Imagino uno de los ajetreados hormigueros allá abajo, en el parque. Lo veo como si fuera una cámara ajena a todo, que sale a la intemperie de debajo de las mantas, lentamente abre la ventana (shh... no hagas ruido), sale al balcón y planea sobre el parque; primero un plano en vista general: los cuatro pequeños jardines con los que Pepe, el jardinero, tanto se esmera, distribuidos en forma de cruz, y en el centro los columpios. Se acerca a estos, el viento mece ligeramente uno de ellos, en mitad de la oscuridad, sin que nadie preste atención a su intrigante sonido. Entonces desciende, y allí está el hormiguero, al lado de una de las gigantes patas que sujetan la estructura. Las hormigas no se sienten pequeñas porque están muy atareadas.
De repente tengo una idea. Es una idea traviesa, porque es una idea de niña. Y las ideas infantiles siempre son algo traviesas. Ordeno a la cámara que suba lentamente,...sin molestar al hormiguero, que sigue ocupado en no desmoronarse. Ahora vuelvo a ver el parque entero. Un poquito más... un poquito más. Eso es. Imagino los edificios en forma de U, no, no los imagino, los estoy viendo, vuelo entre ellos. Y sin previo aviso estoy volando tan aprisa que siento frío debajo de las mantas. Estoy arriba, muy arriba, donde el vértigo no tiene cabida.
Atravieso una nube. Nadie sabe lo que se siente al atravesar una nube porque todo el mundo lo hace dentro de un avión, concentrado tras su traje de empresario, o de lo que sea. Yo sí lo sé, pero no te lo puedo explicar porque pierde toda su gracia, y si hay alguna cosa importante para un niño es que las cosas tengan gracia. Ahora puedo ver gran parte del planeta sin moverme. Me da miedo moverme porque no quiero despertar a nadie con un chaparrón. Una vez, la primera vez que vi la Tierra desde tan arriba, lloré. Debió molestar a las nubes, estuvo tres días seguidos lloviendo y se inundaron los bajos. Así que ahora me cuido de no hacer ruido, de no moverme ni un poquito.
Si cierro un poco más fuerte los ojos atravesaré la atmósfera y estaré en el espacio... Allí la velocidad y el tiempo funcionan diferente, por eso me gusta. Desde aquí abajo todo es más lento, en cambio allá, en mitad de la inmensidad, como no hay tráfico ni nada de todas esas cosas, solo tienes que desear estar en un sitio para llegar a él.
Miro el mundo sentada en una estrella. En realidad es mentira, no es una estrella. Sólo es un fragmento de algo, pero es cómodo. Era una mentira piadosa. Va a la deriva y, si le ordenase bajar a la Tierra, se pulverizaría; pero me haría caso, al contrario que las personas mayores.
Todo es hermoso. Y grande. Nadie se imagina lo hermoso y grande que es. Sólo yo.
Ya no me siento pequeña en una cama tan grande. Porque sé que puedo acudir aquí cuanto quiera. También puedo visitar otros lugares, todos los que yo desee, pero este es mi favorito. Está un poco lejos pero vale la pena. Además seguirá aquí siempre.
Alguien ha abierto la puerta súbitamente y he vuelto al punto de partida. No puedo permitir que nadie se dé cuenta de que falto, claro. Sería un alboroto enorme. Era mamá, para ver si ya estaba durmiendo.
De nuevo cierro los ojos. Al instante siguiente, ya es mañana.
13 de agosto de 2007
Huele a lluvia. Me pierdo entre mis sueños. De repente despierto y está lloviendo.
Imagino uno de los ajetreados hormigueros allá abajo, en el parque. Lo veo como si fuera una cámara ajena a todo, que sale a la intemperie de debajo de las mantas, lentamente abre la ventana (shh... no hagas ruido), sale al balcón y planea sobre el parque; primero un plano en vista general: los cuatro pequeños jardines con los que Pepe, el jardinero, tanto se esmera, distribuidos en forma de cruz, y en el centro los columpios. Se acerca a estos, el viento mece ligeramente uno de ellos, en mitad de la oscuridad, sin que nadie preste atención a su intrigante sonido. Entonces desciende, y allí está el hormiguero, al lado de una de las gigantes patas que sujetan la estructura. Las hormigas no se sienten pequeñas porque están muy atareadas.
De repente tengo una idea. Es una idea traviesa, porque es una idea de niña. Y las ideas infantiles siempre son algo traviesas. Ordeno a la cámara que suba lentamente,...sin molestar al hormiguero, que sigue ocupado en no desmoronarse. Ahora vuelvo a ver el parque entero. Un poquito más... un poquito más. Eso es. Imagino los edificios en forma de U, no, no los imagino, los estoy viendo, vuelo entre ellos. Y sin previo aviso estoy volando tan aprisa que siento frío debajo de las mantas. Estoy arriba, muy arriba, donde el vértigo no tiene cabida.
Atravieso una nube. Nadie sabe lo que se siente al atravesar una nube porque todo el mundo lo hace dentro de un avión, concentrado tras su traje de empresario, o de lo que sea. Yo sí lo sé, pero no te lo puedo explicar porque pierde toda su gracia, y si hay alguna cosa importante para un niño es que las cosas tengan gracia. Ahora puedo ver gran parte del planeta sin moverme. Me da miedo moverme porque no quiero despertar a nadie con un chaparrón. Una vez, la primera vez que vi la Tierra desde tan arriba, lloré. Debió molestar a las nubes, estuvo tres días seguidos lloviendo y se inundaron los bajos. Así que ahora me cuido de no hacer ruido, de no moverme ni un poquito.
Si cierro un poco más fuerte los ojos atravesaré la atmósfera y estaré en el espacio... Allí la velocidad y el tiempo funcionan diferente, por eso me gusta. Desde aquí abajo todo es más lento, en cambio allá, en mitad de la inmensidad, como no hay tráfico ni nada de todas esas cosas, solo tienes que desear estar en un sitio para llegar a él.
Miro el mundo sentada en una estrella. En realidad es mentira, no es una estrella. Sólo es un fragmento de algo, pero es cómodo. Era una mentira piadosa. Va a la deriva y, si le ordenase bajar a la Tierra, se pulverizaría; pero me haría caso, al contrario que las personas mayores.
Todo es hermoso. Y grande. Nadie se imagina lo hermoso y grande que es. Sólo yo.
Ya no me siento pequeña en una cama tan grande. Porque sé que puedo acudir aquí cuanto quiera. También puedo visitar otros lugares, todos los que yo desee, pero este es mi favorito. Está un poco lejos pero vale la pena. Además seguirá aquí siempre.
Alguien ha abierto la puerta súbitamente y he vuelto al punto de partida. No puedo permitir que nadie se dé cuenta de que falto, claro. Sería un alboroto enorme. Era mamá, para ver si ya estaba durmiendo.
De nuevo cierro los ojos. Al instante siguiente, ya es mañana.
13 de agosto de 2007
Para...
A l@s que leéis desde la sombra, más o menos lejos pero siempre cerca.
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Lo que la lluvia inspira...
...y lo que el tiempo trajo.
Porque compartir es vivir:
Ando asomando la cabeza por...
- BAUGMAN, Z. Tiempos líquidos
- GAARDER, J. Maya
- MAILLARD, C. Hilos
- MONTESSORI, M. Ideas generales sobre el método
- SUBIRANA, V. Una maestra en Katmandú
Declaración de principios (I)
"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa" (Richard Bach)
Declaración de principios (II)
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
[M. Benedetti]

