Huele a lluvia. Me pierdo entre mis sueños. De repente despierto y está lloviendo.
Imagino uno de los ajetreados hormigueros allá abajo, en el parque. Lo veo como si fuera una cámara ajena a todo, que sale a la intemperie de debajo de las mantas, lentamente abre la ventana (shh... no hagas ruido), sale al balcón y planea sobre el parque; primero un plano en vista general: los cuatro pequeños jardines con los que Pepe, el jardinero, tanto se esmera, distribuidos en forma de cruz, y en el centro los columpios. Se acerca a estos, el viento mece ligeramente uno de ellos, en mitad de la oscuridad, sin que nadie preste atención a su intrigante sonido. Entonces desciende, y allí está el hormiguero, al lado de una de las gigantes patas que sujetan la estructura. Las hormigas no se sienten pequeñas porque están muy atareadas.
De repente tengo una idea. Es una idea traviesa, porque es una idea de niña. Y las ideas infantiles siempre son algo traviesas. Ordeno a la cámara que suba lentamente,...sin molestar al hormiguero, que sigue ocupado en no desmoronarse. Ahora vuelvo a ver el parque entero. Un poquito más... un poquito más. Eso es. Imagino los edificios en forma de U, no, no los imagino, los estoy viendo, vuelo entre ellos. Y sin previo aviso estoy volando tan aprisa que siento frío debajo de las mantas. Estoy arriba, muy arriba, donde el vértigo no tiene cabida.
Atravieso una nube. Nadie sabe lo que se siente al atravesar una nube porque todo el mundo lo hace dentro de un avión, concentrado tras su traje de empresario, o de lo que sea. Yo sí lo sé, pero no te lo puedo explicar porque pierde toda su gracia, y si hay alguna cosa importante para un niño es que las cosas tengan gracia. Ahora puedo ver gran parte del planeta sin moverme. Me da miedo moverme porque no quiero despertar a nadie con un chaparrón. Una vez, la primera vez que vi la Tierra desde tan arriba, lloré. Debió molestar a las nubes, estuvo tres días seguidos lloviendo y se inundaron los bajos. Así que ahora me cuido de no hacer ruido, de no moverme ni un poquito.
Si cierro un poco más fuerte los ojos atravesaré la atmósfera y estaré en el espacio... Allí la velocidad y el tiempo funcionan diferente, por eso me gusta. Desde aquí abajo todo es más lento, en cambio allá, en mitad de la inmensidad, como no hay tráfico ni nada de todas esas cosas, solo tienes que desear estar en un sitio para llegar a él.
Miro el mundo sentada en una estrella. En realidad es mentira, no es una estrella. Sólo es un fragmento de algo, pero es cómodo. Era una mentira piadosa. Va a la deriva y, si le ordenase bajar a la Tierra, se pulverizaría; pero me haría caso, al contrario que las personas mayores.
Todo es hermoso. Y grande. Nadie se imagina lo hermoso y grande que es. Sólo yo.
Ya no me siento pequeña en una cama tan grande. Porque sé que puedo acudir aquí cuanto quiera. También puedo visitar otros lugares, todos los que yo desee, pero este es mi favorito. Está un poco lejos pero vale la pena. Además seguirá aquí siempre.
Alguien ha abierto la puerta súbitamente y he vuelto al punto de partida. No puedo permitir que nadie se dé cuenta de que falto, claro. Sería un alboroto enorme. Era mamá, para ver si ya estaba durmiendo.
De nuevo cierro los ojos. Al instante siguiente, ya es mañana.
13 de agosto de 2007


1 comentarios:
Los niños nunca deberían ir a la cama, cuando despiertan son un día más mayores...
Publicar un comentario