4.4.13

232-240: Mis padres irlandeses

Los llamo así y espero que eso no ofenda a mis padres biológicos, porque todos sabemos que padre y madre no hay más que un@ (y como los míos, ningunos). Pero aun así, llamo a mi hostmum mi madre irlandesa y a mi hostdad mi padre irlandés porque, dentro de toda la locura de venir a Irlanda, ese es el papel que han jugado.
Como a un bebé que da sus primeros pasos, ellos me han ido enseñando todo lo necesario para sobrevivir (y vivir) aquí. Ellos me hicieron mi primer té con leche (el primero que he tomado en mi vida, por cierto), me enseñaron lo que es una kettle y qué es ese mejunge llamado porridge que comen en este país por las mañanas; desde cómo llegar hasta Cork centro por varias vías y cuáles son los mejores restaurantes a cómo encender un fuego en la chimenea; todas las costumbres y tradiciones del país, con sus respectivos dulces; en fin... me abrieron las puertas de su casa, a mí, una total desconocida, me dieron las llaves y me confiaron lo que más quieren en esta vida hace ya ocho meses.
Pero eso no es todo. Desde entonces han hecho muchísimas más cosas por mí: desde prestarme un paraguas siempre que llueve hasta acercarme en coche a la estación a las cinco de la mañana, dejar que mis amigas se queden a dormir en casa, acoger aquí a personas que saben que son importantes para mí... la lista no se acaba nunca. Y aun se agradece más sabiendo que este no ha sido, precisamente, su mejor año.
Ahora que poco a poco mi estancia en esta casa llega a su fin, intuía que la relación podía cambiar, pero más bien al contrario, están implicados en la búsqueda de apartamento y en las conversaciones con la agente como si en lugar de tratarse de mí se tratara de G., y tienen conmigo la misma paciencia que tendrían mis padres. Por eso quería dedicarles como mínimo un pequeño espacio en el blog, porque no todos los días se encuentra una gente tan extremadamente buena. Ellos sí entendieron el concepto de lo que debería y no debería ser una aupair y, además, se preocupan genuinamente por las personas de su alrededor. Es algo que se palpa en el ambiente de esta casa - una casa "en la que se vive de verdad y no donde las cosas están para que las vean las visitas", que diría mi madre biológica.
La historia de mis hostparents es muy curiosa. Él, de Cork y ella, de Galway, se conocieron en esos tiempos pre-Internet, pre-smartphones y pre-teléfono cuando ella estaba de aupair y él de Erasmus en París. Una de esas historias que te hacen pensar en que puede que exista el destino, ya que probablemente nunca se hubieran encontrado si no se hubieran conocido en la otra punta del mundo. Vivieron allí una temporada y pertenecieron a la primera generación de trabajadores de Disneyland,  luego se trasladaron a Londres y después, de vuelta a Irlanda. Es esa clase de gente de la que intuyes que tuvieron una juventud muy movida, pero ahora, por alguna razón que dudo que llegue a entender en los próximos 15 años (o en las siguientes 15 vidas), se han ceñido al esquema casa-perro-hijos-coche.
Por suerte para mí, mis padres irlandeses no son "tan irlandeses" como los de otras aupairs. Se nota que han vivido en otros lugares con la mente abierta a absorver esa otra cultura. Lo cual me hace preguntarme qué % de lo que uno es pertenece a de dónde uno viene, cuántos atributos hay que creemos y nos hacemos nuestros pero no son más que el reflejo cristalizado de un tiempo, un espacio y una cultura concretas. Pero esto da para otra entrada y será contado en otra ocasión...

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3 comentarios:

Sergio dijo...

Muy bonita la entrada y muy encantadores tus hostdads.
Esta entrada tienes que replicarla en ingles para que la puedan leer ellos también. Seguro que les encanta tambien.
Que vaya genial los meses que quedan por ahí.

Unknown dijo...

Que bonita entrada y que sensible estoy yo... ¡Qué mala leche!

Al igual que Sergio, yo también opino que traducir esta entrada será una decisión genial, quien sabe, a lo mejor sientes un poquito de ese vacío que tenías cuando te fuiste y dejaste a tu familia atrás, cuando dejes a tu host family.

Saia Sikira dijo...

La familia Cahill es una de las cosas que más agradezco de Cork, no porque sean lo suficientemente maravillosos como para acogerme en su casa como lo están haciendo, sino porque, Good Lord, si hace todos esos meses no te hubieran abierto las puertas de su casa, y no te hubieran cuidado tan bien, yo, a lo mejor, estaría en mi casa.
He dicho.

Valen varias veces su peso en oro :)