28.9.12

59-64: Me sobran los motivos

Esta va a ser una entrada rolloqueridodiario. Estáis avisados.

Ayer hizo dos meses que aterricé en Irlanda. Dos meses que empezó una aventura que, hasta ahora, sólo me ha traído cosas buenas.
Me sobran los motivos para ser feliz aquí:

Por las quedadas improvisadas que se convierten en eventos dignos de haber reservado un bar para nosotros...

Por la cena que mi hostfamily me guarda e incluso me calienta en el micro al llegar...

Por G., que me trae cupcakes y me prepara el té... (¿esto no debería ser al revés?)

Porque no sé si el English estará mejorando o no (quiero pensar que sí), pero desde luego está bien descubrir que hay vida más allá de la Universidad.

Por esos momentos en que, de repente, te trasladas a Spain al pedir un café con leche en perfecto y claro castellano...

Por toda la gente fantástica que voy conociendo aquí y allá.

Por todas las historias surrealistas y por todas las que quedan por venir.

Por todas las oportunidades y todas las puertas que se van abriendo cada día.


Como le digo cada vez más a menudo a mi hostdad "I know I am very lucky!" :)

El fin de semana pasado empezó bien y acabó mejor, conocí a un puñado más de gente (llega un punto en que todo el mundo conoce a todo el mundo y todas las historias se van entremezclando... #yesomola), tuvimos una frightening charla en la estación de autobús sobre las mil y una cosas que te pueden pasar yendo sola por la calle de noche (y luego me fui andando sola, de noche, para darle más realismo al tema), y al día siguiente nos fuimos a Kinsale. En realidad nada estaba planeado, pero acabé pasándolo genial.

Al llegar a Kinsale, lovely town que os recomiendo visitar, resultó que el lugar elegido para desayunar (en el que, por cierto, ya había estado) lo lleva un valenciano que nos aconsejó qué lugares visitar. Siguiendo su consejo, nos dimos un paseo hasta Charles Fort, al ladito del mar (¡cómo me gusta ver el mar!), descubriendo casas curiosas al más puro estilo "¿Quién vive ahí?" y hablando de mil y un temas. Visitamos el fuerte intentando captar lo que la guía nos estaba contando (no, no guardaban los explosivos en una revista aunque también se llame magazine, en aquellos tiempos Argos todavía no existía), estas cosas deberían contar como clases de inglés, ¿no? Al fin y al cabo era mucho más complicado que cualquier listening... Comimos fish&chips (¡mi primera vez aquí!) y a la vuelta, en Cork, nos tomamos un hot chocolate con nubes mientras hacíamos planes para el fin de semana y nos poníamos al día de todo.

La semana se ha desarrollado con una tranquilidad y una parsimonia pasmosas. Es como vivir eternamente de vacaciones. G. ya está adaptada a la rutina escolar y se ha convertido en una niña muy, muy fácil: me cuenta cosas que le han pasado en la escuela, cosas sobre sus amigas, me pide permiso para salir a la calle, cuenta conmigo y es muy obediente... Así que tras la grata sorpresa sólo queda disfrutar de ella, de sus bromas, de sus trucos de magia y de sus detalles.

Las mañanas se han llenado de cafés, hot chocolates, vueltas y más vueltas por la ciudad, muchas caras conocidas y muchas risas, planes para el futuro, toma de decisiones, historias extravagantes y momentos compartidos...

Ahora que ya tengo bici, sólo me falta comprar un buen candado (al fin y al cabo no es mía, hay que cuidarla) y empezar a pensar rutas que hacer. Además, los deberes de las clases de guitarra se presentan interesantes, especialmente si sigo sin recordar ni medio acorde (¡ni mucho menos la canción!) y sigue sonando taaaaaaaan bien (/ironía off). Por otra parte, es agradable volver a tener deberes, aunque sea por recordar cuánto los odiamos y cómo nos gusta eso de procrastinar.

Por último, un apunte sobre St. Arthur's day.

La moraleja que saco del día de ayer es que nadie sabe qué narices se celebra por St. Arthur's day, ni siquiera por qué la gente dice St. Arthur's. Tenemos claro que se bebe en honor a Arthur Guiness (creador de la famosa cerveza, como su mismo nombre indica) y que hay que pintar la ciudad de negro, tal como llevan bombardeándonos desde hace un mes en la tele y la radio. Más allá de eso, sabemos que hay gente supuestamente famosa o conocida que aparece en distintos bares y en distintas actividades a lo largo del día, así, por sorpresa, y que se retransmite por la tele. 

Lo siguiente que sé es que ayer me tocaba babysitting y, curiosamente, mis hostdads decidieron que no les apetecía salir. Ahí estaba yo, a las seis de la tarde, con mi ropa de ir a clase y mis apuntes, pasando directamente del plan A (ir a clase, tomar algo rápido y volver a casa, cenar lo que me hubieran dejado si me habían dejado algo e irme a dormir tras ver algún capítulo de alguna serie) al plan B (ir a clase, aparecer en el Electric a las ocho y luego Dios dirá).

Un poco por dar en las narices, en lugar de Guiness bebimos sidra. Mis apuntes desaparecieron en la mochila de M. (gracias) y hay que decir que había bastante buen ambiente por Cork. Entre historias surrealistas y la búsqueda de una alemana, sin recordar cómo se llaman "los de Estonia" (buff...) y entre caras conocidas, fueron pasando las horas, y sin darnos cuenta había que ir a buscar el autobús. Como el autobús llegaba tarde, nos acercamos a Mc Donald's a por algo de comida, ya que en principio había que haber cenado. El conductor hizo como que no me veía comer aunque nos había dicho muy clara y lentamente que no se podía comer ni beber en el autobús (esto es un dato para algo que voy a contar luego) y llegados a un cierto punto a mí empezó a no sonarme nada. Tres paradas más tarde seguía sin sonarme nada y decidimos bajar del autobús. Imaginad el percal: de noche, lloviendo, comiendo una hamburguesa del Mc Donald's mientras nos dábamos cuenta de que no estábamos precisamente cerca del único punto de referencia que tenía para llegar a mi casa. En algún momento reconocí la escuelita Montessori que un día vi paseando al perro con mi hostdad (almenos mi primer punto de referencia fue un colegio¬¬') y después de eso fui capaz de reconocer el pub, con lo cual ya estaba más o menos orientada. Y con esto, amigos, os doy un dato: sabes que te has adaptado a Irlanda cuando tu principal punto de referencia son los pubs.

No quiero saber qué pinta tenía esta mañana. Invariablemente he abierto los ojos a las siete y media, pero con varios kilos de sueño acumulado y unas ojeras hasta los pies para aguantarlos. G. opinaba que lo justo era que yo fuera a trabajar en lugar de sus padres (menos mal que son gente sensata, habría arruinado el negocio en menos de 24horas), mi hostdad no me echó la bronca por no haber bebido lo suficiente (lo cual me da qué pensar) y mi hostmom me ha dicho que, a cambio de la noche de ayer, debería pasarme toda la tarde viendo golf... Ella sí que sabe castigar. Pobre G.

En lugar de eso, me he dado una ducha y me he ido a dar una vuelta. Al coger el autobús para volver, como siempre, he subido y he pedido con una sonrisa "an adult ticket, please". El mismo conductor de ayer me ha preguntado, primero, si estaba segura de que quería un ticket para coger el autobús (no, mira, mejor me pones una pizza con doble de queso, ¿vale?...), segundo, si estaba segura de que estaba en el autobús correcto (bueno, una después de la aventura de ayer ya no está segura de nada) y, tercero, si había entendido que ese autobús iba dirección Douglas y que podía sentarme en alguno de los sitios libres. Igual temía que me sentara en el pasillo a comer patatas imaginarias. Claramente se había quedado con mi cara después del viajecito que le dimos ayer por la noche ;P

Y mañana más, pero no mejor.

26.9.12

58: Hoy cocinas tú

El viernes fue uno de esos días apoteósicos. A primera hora de la mañana nos fuimos al banco con todo el papeleo que nos habían pedido, sólo para descubrir que no servía y que en el banco de al lado, a los 5 minutos, ya tenía la cuenta abierta. Como hay que activar el internet banking, la mujer que me atendió muy amablemente me marcó el número de teléfono en el teléfono de cortesía para que lo activara desde allí. Supongo que me debió ver la cara de "uy, sí, que llevo toda la vida haciendo gestiones en los bancos y además en inglés" y se apiadó de mí. Por suerte, la persona al otro lado hablaba muy pausadamente (me imagino que cualquier irlandés se habría dormido al teléfono) y sólo tuve que pedirle que repitiera una vez, lo cual es un récord para mí hasta si hubiera estado hablando en Spanish...

Después de eso me tomé un café con mi hostmom (quien dice café dice hot chocolate y un bombón) y cada una siguió su camino. Fui a comprar algunas cosas que me faltaban: jamón, pan, aceitunas, ... ¿quién me iba a decir a mí que me alegraría de comprar aceitunas...? y volví a casa.

Ahí empezó el desbarajuste. ¿Habéis hecho alguna vez tocino de cielo? Para hacer tocino de cielo necesitas saber hacer almíbar y caramelo. ¿Sabía yo alguna de esas dos cosas? Pues no, pero como una es así de chula, pensé que tampoco se iba a notar tanto. JÁ.

El caramelo quedó perfecto excepto por el pequeño e insignificante detalle de que estaba duro como una piedra. Y se suponía que tenía que ser líquido.
El almíbar iba bien hasta que dejó de ir bien y empezó a quemarse. Como no es la primera vez que se me quema un cazo, una olla o una sartén en esta casa (como mínimo sé que no soy la única que tiene ese problema con la cocina, a mis hostdads también les pasa, qué dura es la vida del cazo), me dispuse a retirarlo cuanto antes posible. Con tanto ímpetu y energía que saltó por los aires: almíbar en el suelo, almíbar en la silla, almíbar en la vitrocerámica, almíbar en mi pelo y lo más importante, una gota de almíbar en mi mano. Los que alguna vez os hayáis quemado con almíbar me entenderéis y para los que no, os diré que es una quemadura muy dolorosa.

En fin. Dicen que cuando te quemas tienes que mantener la zona de la quemadura debajo del agua fría unos minutos y, si puedes y lo tienes a mano, echarte clara de huevo. En eso fui afortunada: para hacer tocino de cielo se necesitan 7 claras de huevo que estaban ahí dispuestas a ofrecerse como medida de emergencia. Era casi la una del mediodía.

Por suerte a veces esta cabeza pensante, pues eso: piensa, y se me ocurrió que si el azúcar se derrite con el calor, la mejor manera de limpiar los cazos era esa. Sólo quedaba cruzar los dedos por si a alguien se le ocurría pasar por allí, ¿qué haces? no, nada, hirviendo azúcar por diversión.

Cuando la cocina pasó de ser un campo de batalla a estar medianamente presentable fue cuando me di cuenta de dos cosas: la quemadura tenía forma de flecha  (qué pasa, tenía que compartirlo con todos) y tenía el pelo lleno de almíbar. Así que una ducha y mucha paciencia más tarde, me fui al supermercado más cercano (a 20 minutos andando) a por algo más socorrido, rápido y seguro que el tocino de cielo: los polvos para hacer natillas de toda la vida. Podía haber ido en bicicleta y habría tardado menos, pero decidí que ya había tentado suficientemente a la suerte para dos semanas.

Las dos pasadas de la tarde y nada sin hacer. Y yo que pensaba que iba a ser un día de lo más tranquilo y relajado. Me dispuse a cortar la carne para los canelones (dos horas), buscar la receta de las natillas (qué haría en esta vida sin webosfritos.es), doblar una lavadora de ropa... Por suerte el viernes sólo tenía que trabajar media hora, que consistía básicamente en ir a por G. al colegio y acompañarla a la calle de al lado donde tenía que venir a recogerla la madre de una amiga suya para ir a su casa a pasar la tarde. De lo contrario, ese mismo día habría cogido el billete de avión para volverme.

A eso de las seis menos cuarto llegaron mis hostdads, y yo en modo au pair perfecta y como si nada hubiera pasado: la cocina tenía mucho mejor aspecto, estaba en proceso de rellenar los canelones, todo estaba limpio y ordenado y mientras los canelones estaban en el horno, ante una expectación importante (no los eché de la cocina porque es suya, pero a la próxima me lo pienso...), hice las natillas y un poco de tapeo: las olivas, más croquetas (ver la entrada anterior), pa amb tomàquet con jamón serrano, queso en dados...

Tengo que admitir que todo estaba tan rico que no me dio tiempo de hacer ni una foto :) y también que, después de probar el jamón serrano que venden en los supermercados de aquí, cuando vaya de visita pienso volver con una maleta llena de... comida.

Al final de la tarde mi hostmom me dijo que deberíamos instaurar el viernes como "el día de la cocina española" y yo no sé si alegrarme por aquello de poder cocinar lo que quiera... o empezar a pensar en comprar un extintor... 

21.9.12

Dia de la pau

Gracias al día de la paz y a esta canción de Dàmaris Gelabert sé que, tal día como hoy, pero hace sólo tres años, estaba saboreando por primera vez lo que es pisar escuela...

Si tingués la màgia d’un mag
de les bales faria flors,
dels fusells, trombons i fagots
i dels trons, poemes d’amor.
Si tingués la màgia d’un mag
de la gana faria blat,
dels canons, prismàtics gegants
i dels tancs, camions de gelats.
Si tingués la màgia d’un mag,
dels soldats en faria clowns,
dels tinents, ocells de paper,
ballarines o castellers.
Si tingués la màgia d’un mag,
de les mines faria daus,

de les bombes, jocs malabars


i dels corbs, coloms de la pau.

Se puede escuchar aquí.

20.9.12

55-57: Croquetas en Irlanda

Y en el vaivén de planes sin marcar cae sobre ti la bomba universal...
(Vetusta Morla)


Hay días y días. A veces sucede. Te despiertas con la luz de un sol que ya es de invierno, en una cama que ya es la tuya, te desperezas, lees un rato, bajas a desayunar. Todo tiene esa luz tan dorada y ese verde tan verde, y de repente te das cuenta. No importa qué va a ser de ti, importa lo que eres: eres feliz. 

Entonces llega tu hostmom y te suelta el bombazo: oye, que el miércoles cocinas tú. Y ahí se acaban todas las reflexiones filosóficas del mundo mundial, entras en pánico, le mandas ochenta y tres whatsapps a tu madre, te bebes ocho webs de cocina y en cero coma te inunda una felicidad extrema al darte cuenta de que vas a volver a catar la comida "de tu casa". 

A todo esto, señores, el martes sobró un plato de pollo y muy a pesar del perro, hice croquetas. La primera batalla fue encontrar pan rallado... ¿cómo en un país en que se comen tantos fritos (o eso dice la gente, no es el caso de mi hostfamily) se desconoce lo que es el pan rallado? Sin mucha confianza y después de muchos whatsapps y unas risas en Facebook (cocina 2.0 le llaman... o frikismo, según), puse un par de tostadas en el cacharro correspondiente y, para mi sorpresa, se convirtieron en algo bastante parecido al pan rallado de toda la vida. Así que respiré tranquila y me puse a hacer mis croquetas. Al principio todo iba bien. Fyi, el principio es poner la sartén en el fuego, un par de cucharadas de aceite (en la sartén, no en el fuego, kamikazes) y un poco de harina. Nivel de primero de primaria. Todo correcto. Entonces añadí la leche y todo debería haber seguido correctamente, pero aquello empezó a cobrar vida propia, a crecer y crecer sin control, fractalmente, y ante la perspectiva de ser atacada por una masa bechamel mutante, apagué el fuego e hice lo que debería haber hecho de buen principio (no, no salí corriendo): leer las etiquetas. Niños, no uséis self raising flour para hacer bechamel. En fin, que fui a comprar harina corriente y moliente, y seguí a lo mío. Por la tarde, G. tenía tantos deberes que ni siquiera le dio tiempo de preguntar si podía ir a la calle a jugar un rato, porque ya era la hora de cenar, y yo me fui a clase de inglés. Esperaba que a la vuelta me darían el informe de notas sobre las croquetas en cuestión, ya que almenos en esta casa son toda una novedad y después de explicar lo que eran seguían mirándome con cara de "¿qué dice esta tía?"... Pero no, al volver ni siquiera las habían tocado: ¡no se habían atrevido a freírlas! Con la ilusión que me hace a mí freir croquetas y lo fantásticamente bien que se me da (es ironía, lo de los fritos está al mismo nivel de odio que la plancha y el fan oven. Cosas que pasan en Irlanda, te entiendes con el abuelo en inglés,  pero no con el horno).

Al día siguiente, esto es, ayer, pactamos que cocinaría el viernes por darme un respiro después de la costosísima elaboración de las croquetas (es que aquí se cocina a otro ritmo, diría yo)... me fui a dar vueltas por el mercado, después de tener una interesante conversación con mi hostmom sobre las diferentes variedades de piñón que existen. (¿Hablar sobre variedades de piñones es prueba de haber mejorado en English o solo de que debería buscarme algo que hacer por las mañanas?) Aluciné aquí y allá por las cosas que venden y que no venden, más con lo segundo que con lo primero, al tiempo que comentaba la jugada - cuánto bien hace Whatsapp a la socialización. El comentario más repetido fue "¿qué come esta gente?" y mi madre me juró y perjuró que cuando vaya de visita en octubre volveré con la maleta bien llena de... comida. De esta me requisan los tuppers en el aeropuerto, ya veréis.


En fin, por la tarde me dispuse a freír las croquetas entre explicaciones y definiciones sobre lo que es y no es una tapa. Menos mal que había probado un par para comer (sólo por ver si estaban ricas - está fatal que lo diga yo, pero estaban buenísimas). Las dejé 5 o 10 minutos en la cocina, un plato enterito, y al volver no quedaba ni una. Mis hostdads me miraban con esa cara que ponen los niños chicos cuando saben que la han liado parda. Es que no hay nada como un buen plato de croquetas. Afortunadamente, todavía quedan unas cuantas por freír en la nevera, y como ellos siguen sin atreverse, por el momento tengo el monopolio "croquetil" de la casa :)
Como muestra, un botón
Listas para freír...

Por la noche descubrimos que cada vez que quedamos aparecen más españoles, lo cual tiene su parte buena y su parte no tan buena... ¡Estoy conociendo más gente española aquí que allí! Esta clase de encuentros tienen un aire a quedada que me recuerda a mi mejor época adolescente, aquellas macroquedadas en plaza Cataluña... Paro, que me pongo nostálgica. Esta vez el motivo era asistir a un encuentro internacional. Ciertamente están bien organizados, en cada mesa se puede practicar un idioma distinto, aunque por supuesto el que más triunfa es el inglés y, evidentemente, había un montón de españoles. Si estáis por Cork os recomiendo que os acerquéis :) Curiosamente, acabé conociendo a los únicos 4 fineses del encuentro, muy salaos para el frío que hace por esos lares ;P y como la cabra tira al monte, hablamos del sistema educativo y de cómo está cambiando la situación en Finlandia. 

Rico, rico...
Por último, hoy ha sido uno de esos días perfectos y solitarios que se dan de vez en cuando. He salido temprano para comprar todo lo que necesitaba, he preparado el relleno de unos canelones de los que mi abuela estaría muy orgullosa, he hecho cuatro cosas por casa (¡cómo cambian las rutinas en poco tiempo!)... Al rato, G. ha llegado con dos cupcakes que había comprado, me ha preparado una taza de té y me ha regalado uno. No había muchos deberes que hacer, así que todo el mundo contento. Después de una clase de inglés bastante divertida, mi hostmom me ha pedido que me probara el jersey de lana que me está tejiendo para el invierno, mi hostdad me ha calentado la cena y me ha traído un té con galletas al sofá, y yom al calor de la chimenea mientras me tomaba una taza de té calentita, no podía más que pensar que tengo la mejor hostfamily del mundo mundial y que, sin duda, la decisión de venir a Irlanda como au pair ha sido una de las mejores que he tomado nunca. 


Merienda por cortesía de G.

Mi nuevo jersey, casi terminado
Y como decía mi profesor: "Mañana más, pero no mejor" :)

Enjoy your weekend! 


Hoy es un día perfecto, lo ha dicho en la tele el hombre del tiempo...

17.9.12

45-54: La vida es muy rara

Mi punto fuerte no es la constancia. Yo ya lo sabía y vosotros lo estáis comprobando por la frecuencia variable de publicaciones en el blog. No, en estos días no me han raptado ni me he perdido por la Irlanda profunda, gracias por preguntar ;P

Después de mi anterior publicación llegó el fin de semana, como agua de mayo... Y es que, por muy bien que nos llevemos con nuestras familias, el fin de semana sigue siendo lo mejor de ser au pair, ya sabéis: ver Irlanda, conocer gente de otros países, hablar inglés por los codos.

Tengo que reconocer que mejorar el nivel de inglés es muy necesario, pero emocionalmente sienta mejor contar lo cabreado/emocionado/triste/feliz que estás en tu lengua materna, aunque sea por un rato. Dudo que cambie ese aspecto de mí, ya que tras tantos años sigo sin ser capaz de cabrearme en catalán ;)

El sábado pasado, después de conocer al que quizá algún día sera mi profe de inglés, empezó la primera quedada de españoles en Cork. Algunos ya nos conocíamos, otros no, con otros hubo tiempo de hablar más, descubrimos nuevos tipos de sidra y pasamos un muy buen rato. El domingo fue un lazy day, es decir, uno de esos días en que no te apetece hacer nada. En esa clase de días mi mente empieza a echarse la bronca mentalmente porque estando en otro país se supone que hay que aprovechar al máximo, etcétera, etcétera, pero no creo que haya cerebro sano que soporte un año "de vacaciones" (aunque "trabaje")...

La semana ha sido una de las más tranquilas desde que estoy aquí, supongo que por eso no había publicado hasta ahora. Tras lo apoteósico de la entrada anterior, máscara de au pair perfecta y aquí no ha pasado nada, si hay que poner límites se ponen, si hay que hacer los deberes se hacen, y todos tan contentos. (Bueno, no exactamente contentos, pero almenos no cranky y sin mucho problema).

Conocí a L., que también fue au pair en su día y me dio algunos consejos que me van a venir bien (ahora entiendo la necesidad del fin de semana que me contaba - fíjate, vengo a entenderlo un lunes). Fui de nuevo a clase de inglés y descubrí otro lugar donde tomarse un buen chocolate (gracias por invitarme a ese rato improvisado, chicas). Descubrí tiendas y rincones nuevos. Memoricé cómo se llega hasta el cole donde, a partir del lunes que viene, empezaré a aprender guitarra...  El viernes G. estaba invitada a una fiesta de disfraces, así que tuvimos que improvisar un disfraz de hippie que, la verdad, daba bastante bien el pego para ser hecho a base de "esas cosas que encuentras por casa".

Futuro cole
Futura guitarra
Y llegó de nuevo el fin de semana, por fin libre como un pájaro.
No es precisamente muy congruente, dado que odio ir de compras, pero lo primero que hice fue irme a Penneys y volver con una bolsa bien llena. Luego dimos por empezada la quedada yendo a comer en un lugar barato (Speedo, para los que vivís en Cork) y bebiendo. O acompañando a beber, mejor dicho, porque hay principios que no cambian. Aun así, en esos momentos mi vocecilla interior se pregunta una y otra vez cómo ha llegado a tal situación y si me reconocería a mí misma mi yo de hace, por ejemplo, 5 años. La respuesta siempre es no, y como me decía L., "la vida es muy rara"...
A eso de las seis ya estábamos en Old Oak y, en algún momento de la noche, un amigo de C. decidió que nos invitaba a todos a una cerveza, que al final fueron cuatro o cinco para cada uno. Como a la menda no le gusta la cerveza, la principal diversión de la noche fue aguantar a  todo aquel que quisiera contárnoslo dónde veraneaba en España a cambio de que se quedara con mi cerveza. Surtió efecto y que no se diga que no practicamos inglés. También descubrí que se pueden tener conversaciones filosóficas en un McDonald's a horas insospechadas y que, al final, lo que cuenta son las personas...
La mesa casi al principio

No tan al principio :)

Así llegamos al día de ayer. Sin saber muy bien cuántos éramos ni dónde íbamos, nos juntamos 5 y acabamos en Lismore (bueno, eso formaba parte del plan).

En Lismore, además del pueblo y puestos de comida los domingos, tienen un castillo precioso que, por si fuera poco, se puede alquilar. Insisto en que deberíamos alquilarlo para fin de año. En fin: Aparcamos el coche lejos del castillo porque allí era gratis y no pasaba nada por andar un poco, y la madre Naturaleza castigó nuestra pereza con un buen rato de lluvia. Así, empapados, vimos lo que pudimos del castillo y de Lismore y nos encaminamos hacia Cobh.



A veces ocurre que lo mejor de un viaje no son los sitios que visitas, sino las personas con las que vas. Si esas personas son tus amigos de toda la vida ya sabes de antemano que será así, claro, pero aquí y ahora que hace poco que nos conocemos, en circunstancias extrañas, permanentemente de paso, se agradece encontrar esa calidez humana y pasar un día haciendo turismo, sí, pero también riendo y compartiendo mil anécdotas. Gracias a l@s cuatro :) 




Como la vida es muy rara pero esta entrada es una de las más llanas, normales y de redacción de cole que he publicado hasta la fecha, os dejo una anécdota divertida:

Resulta que en Irlanda lo de las carreteras es muy relativo. Las vacas, cabras y ovejas son sus dueñas y señoras, los niños pueden jugar libremente en ellas, y si es domingo, todo el pueblo puede salir y jugar a quién sabe qué en la carretera principal sin miedo a ser molestados (de verdad, insisto, ¿qué mejor sitio que la carretera?).

Al principio pensaba que estaban de obras, pero luego la cosa empezó a desvariar y llegados a cierto punto nos dimos cuenta de que probablemente toda la gente del pueblo estaba en la carretera en ese momento, sin que se tratara de ningún desfile o fiesta, mirándonos fijamente e incluso señalándonos.

Si os digo la verdad, tanta gente apartándose del coche y mirándonos extraño nos recordó a esto:



Quizá aparezcamos como extras en la nueva temporada y no nos hayamos enterado de ello... Si en algún episodio veis a unos españoles confundidos dentro de un coche, con cara de estar alucinando y saludando desde los asientos de atrás, somos nosotros.

Por último, los retos de esta semana:
-Empezar con la guitarra. Pero no a tocarla, sino a traducir vocabulario (porque si en Spanish ya no me entero de nada, en inglés nos vamos a echar unas risas...)
-Cocinar algo español para la cena el miércoles.
-Y de los creadores de "a ver si cocinas el miércoles", ir a comprar los ingredientes pertinentes. Esta es la parte divertida.
-Descubrir cuál es el precio medio por una clase particular de español en Cork. (Venga, me diréis que no parece un enunciado de matemáticas).

Ahí queda eso...


Voy a ver si me encuentro dentro de mi piel
y comprendo por qué nada puedo entender.
Me resulta tan raro todo lo normal
me tropiezo, me caigo y vuelvo a tropezar...
Creí que me había equivocado... 
Luego pensé:
que estoy bien aquí, en mi nube azul,
todo es como yo lo he inventado.
Y la realidad, trozos de cristal
que, al final, hay que pasar descalzo...