Después de eso me tomé un café con mi hostmom (quien dice café dice hot chocolate y un bombón) y cada una siguió su camino. Fui a comprar algunas cosas que me faltaban: jamón, pan, aceitunas, ... ¿quién me iba a decir a mí que me alegraría de comprar aceitunas...? y volví a casa.
Ahí empezó el desbarajuste. ¿Habéis hecho alguna vez tocino de cielo? Para hacer tocino de cielo necesitas saber hacer almíbar y caramelo. ¿Sabía yo alguna de esas dos cosas? Pues no, pero como una es así de chula, pensé que tampoco se iba a notar tanto. JÁ.
El caramelo quedó perfecto excepto por el pequeño e insignificante detalle de que estaba duro como una piedra. Y se suponía que tenía que ser líquido.
El almíbar iba bien hasta que dejó de ir bien y empezó a quemarse. Como no es la primera vez que se me quema un cazo, una olla o una sartén en esta casa (como mínimo sé que no soy la única que tiene ese problema con la cocina, a mis hostdads también les pasa, qué dura es la vida del cazo), me dispuse a retirarlo cuanto antes posible. Con tanto ímpetu y energía que saltó por los aires: almíbar en el suelo, almíbar en la silla, almíbar en la vitrocerámica, almíbar en mi pelo y lo más importante, una gota de almíbar en mi mano. Los que alguna vez os hayáis quemado con almíbar me entenderéis y para los que no, os diré que es una quemadura muy dolorosa.
En fin. Dicen que cuando te quemas tienes que mantener la zona de la quemadura debajo del agua fría unos minutos y, si puedes y lo tienes a mano, echarte clara de huevo. En eso fui afortunada: para hacer tocino de cielo se necesitan 7 claras de huevo que estaban ahí dispuestas a ofrecerse como medida de emergencia. Era casi la una del mediodía.
Por suerte a veces esta cabeza pensante, pues eso: piensa, y se me ocurrió que si el azúcar se derrite con el calor, la mejor manera de limpiar los cazos era esa. Sólo quedaba cruzar los dedos por si a alguien se le ocurría pasar por allí, ¿qué haces? no, nada, hirviendo azúcar por diversión.
Cuando la cocina pasó de ser un campo de batalla a estar medianamente presentable fue cuando me di cuenta de dos cosas: la quemadura tenía forma de flecha (qué pasa, tenía que compartirlo con todos) y tenía el pelo lleno de almíbar. Así que una ducha y mucha paciencia más tarde, me fui al supermercado más cercano (a 20 minutos andando) a por algo más socorrido, rápido y seguro que el tocino de cielo: los polvos para hacer natillas de toda la vida. Podía haber ido en bicicleta y habría tardado menos, pero decidí que ya había tentado suficientemente a la suerte para dos semanas.
Las dos pasadas de la tarde y nada sin hacer. Y yo que pensaba que iba a ser un día de lo más tranquilo y relajado. Me dispuse a cortar la carne para los canelones (dos horas), buscar la receta de las natillas (qué haría en esta vida sin webosfritos.es), doblar una lavadora de ropa... Por suerte el viernes sólo tenía que trabajar media hora, que consistía básicamente en ir a por G. al colegio y acompañarla a la calle de al lado donde tenía que venir a recogerla la madre de una amiga suya para ir a su casa a pasar la tarde. De lo contrario, ese mismo día habría cogido el billete de avión para volverme.
A eso de las seis menos cuarto llegaron mis hostdads, y yo en modo au pair perfecta y como si nada hubiera pasado: la cocina tenía mucho mejor aspecto, estaba en proceso de rellenar los canelones, todo estaba limpio y ordenado y mientras los canelones estaban en el horno, ante una expectación importante (no los eché de la cocina porque es suya, pero a la próxima me lo pienso...), hice las natillas y un poco de tapeo: las olivas, más croquetas (ver la entrada anterior), pa amb tomàquet con jamón serrano, queso en dados...
Tengo que admitir que todo estaba tan rico que no me dio tiempo de hacer ni una foto :) y también que, después de probar el jamón serrano que venden en los supermercados de aquí, cuando vaya de visita pienso volver con una maleta llena de... comida.
Al final de la tarde mi hostmom me dijo que deberíamos instaurar el viernes como "el día de la cocina española" y yo no sé si alegrarme por aquello de poder cocinar lo que quiera... o empezar a pensar en comprar un extintor...


2 comentarios:
¿Ves? ¡No digas que no estabas avisada de lo del jamón! xD
Me recuerdas a cuando a mi me obligaron a hacer comida nacional española y me dio por hacer una tortilla de patata. al final parecía más revuelto con espárragos que otra cosa y me dije que a partir de entonces la comida serian huevos rellenos y filetes rusos, jaja. Un abrazo Miri, me encanta leerte aunque reconozco que a veces se me va la pinza y no me meto mucho, un besazo!!
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