10.7.13

325-348: Post-apocalipsis

Escribir esta entrada desde el jardín de tu casa, con el sol brillando en lo alto y un bol de comida al lado da una paz de espíritu muy difícil de describir. Había dejado de escribir entradas porque estaba demasiado ocupada viviendo, y es que al fin y al cabo de eso trata este sitio, de escribivir.

Han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar esta entrada. Me siento como si hubiera sobrevivido al apocalipsis, en una de esas escenas de película en que sale el sol al final de un tremendo caos y está todo por empezar, todo por construir.

Acabar mis días como aupair fue una experiencia rara. No sé si con los años me voy habituando a las despedidas o es que estaba tan hecha a la idea que se me perdió la tristeza entre todos los demás acontecimientos de esa semana. Un par de días antes de mi visita a España, la vecina entró a casa y mi hostmum le comentó que me iba. La vecina exclamó que el año había pasado muy rápido y sería una pena no tenerme por el barrio. Mi hostdad, muy ofendido, le replicó que me iba a España de visita pero que aquella siempre sería mi casa. Y eso fue una declaración de intenciones que desde el principio hizo que mi despedida fuera menos despedida y más mudanza. Fue un poco como irme de casa de mis padres por segunda vez.

Por otra parte, saber que me despedía sólo durante una semana y para irme al calor de los míos influyó bastante en cómo viví todo el proceso. Aunque, por supuesto, eso no me evitó una llorera a la mismísima altura del poema de Girondo la noche en que entré por última vez a la que había sido mi habitación en los últimos meses. Todo empezó con una foto a mi habitación y acabó así, también. No sé si algún día tendrá algún simbolismo más allá de mi afición por hacer fotos a las cosas más simples de la vida, que por supuesto también son las mejores.

Lo más raro de dejar a tu hostfamily es que sabes que unos días, semanas o meses más tarde, o cuando sea, en fin, tarde o temprano, otra aupair va a dormir en tu habitación. Otra persona va a vivir en tu vida, en una vida que ya no es tuya. El tiempo de aupair es un tiempo prestado, una oportunidad única.

La segunda visita a España desde que vine a Irlanda la viví de una manera muy distinta a la primera. Quizá porque estaba más preparada psicológicamente, o quizá precisamente porque estaba menos preparada ya que fue organizada en menos de dos semanas. Sabía exactamente a qué iba y cuál era mi sitio, qué cosas iba a echar de menos, qué cosas no necesitaba y cuáles iban a ser imprescindibles. Y sabía exactamente con quién y dónde compartir mi tiempo. Aunque sobretodo sabía del poder sanador de Cork a la vuelta, incluso de un Cork que iba a ser distinto, porque volvía a otro lugar, pero que conservaba aún su esencia. Las expectativas siempre marcan la diferencia.

Y al volver de España... el caos. El caos más absoluto. Dormir en el sofá rodeada de todas mis cosas mientras mi habitación seguía momentáneamente ocupada también formaba parte de ese caos, pero especialmente era un caos interior. Millones de cosas por hacer, adaptarse a vivir por cuenta propia y no perderse ningún compromiso no son exactamente los ingredientes para una vida pacífica y ordenada. Por otra parte, las vidas pacíficas y ordenadas pueden irse a freír puñetas. Yo prefiero mis días que deberían tener 26 horas en semanas que deberían tener 8 días y meses que deberían tener 5 semanas.

El proceso de búsqueda de trabajo siguió durante mi visita a España y durante otra semana. Ofertas y más ofertas que se superponían y se solapaban. Mi impaciencia y mi inquietud no ayudan demasiado en situaciones como esta, todo hay que decirlo: si pasaba más de un día sin recibir una respuesta a mi anuncio como childminder era algo así como el fin del mundo. La desesperación más incierta. El final de las existencias de paciencia y esperanza de todo el planeta.

Y muy a mi pesar volvió a suceder. Después de haber vivido en Barcelona tenía claro que nunca más iba a vivir esa situación con la misma ansiedad y, por supuesto, así fue: en el banco, una cifra demasiado pequeña para mencionarla aquí y ningún trabajo a la vista en los días siguientes. Solo algunos emails y cartas para indicar que no, que seguía sin tener trabajo. Ansiedad 0, o todo lo 0 que puede ser sin rozar la barrera de la salud mental. Porque veréis, en esta casa creemos en Murphy y en el Karma. Lo dice uno de nuestros postits. Y los postits no mienten.

Así que a los tres días de darme cuenta de mi situación financiera (una, que vive feliz...) me llegó un email, y con el email alguna llamada de teléfono y algunas entrevistas más. Y al día siguiente, estaba trabajando.

Un trabajo temporal que ha llegado como hecho a medida para todo el mundo, en el momento y sitio adecuados, cuidando de un bebé de 6 meses al que su madre llama "little fellow", durante un mes. Sobretodo un trabajo que me permitió parar y respirar hondo, valorar mis opciones y recapacitar. Y para encontrar un hueco en mi ajetreada rutina para sentirme orgullosa de haber pasado mis primeras entrevistas de trabajo en mi tercera lengua y de todas las veces que toda la gente nueva con la que he hablado durante estas semanas me ha felicitado por mi nivel de inglés y ha remarcado mi acento de Cork.

No sé muy bien qué pasará con el blog a partir de ahora... (¿pero es que algún día lo he sabido?) Está claro que este ha sido el fin de la aventura como aupair. No será una experiencia que repita, porque no es una experiencia que se pueda mejorar. El día 27 de este mes hará un año exacto que llegué a Irlanda y no sabría por dónde empezar una lista de cómo esta experiencia me ha cambiado, hasta qué punto y a qué nivel.

Estas últimas semanas solo puedo sentir cómo la vida me sonríe: llegar al apartamento -mi lugar preferido en Cork desde que puse un pie en el umbral de la puerta- y que A. tenga la cena preparada, dormir al lado de S. (puede que algún día os hable de S. en el blog, pero también puede que no), que brille el sol en lo alto y salir en sandalias y sin chaqueta a la calle, incluso algo tan sencillo como levantarme por la mañana para ir a trabajar, que mis recursos den de sí para tener proyectos más allá de la supervivencia... todo me parece un regalo, un privilegio.

17.6.13

311-324: En el vaivén de planes sin marcar

No tengo ni idea de por dónde empezar esta entrada. Creo que incluso se me ha olvidado la manera en que solía escribir aquí. Llevaba bastantes días sin hacerlo porque mi portátil decidió que su vida útil podía acabarse pronto y la pantalla ha dejado de funcionar. Y una es un poco maniática respecto a qué, cómo, cuándo y dónde escribir: escribir en el blog desde el portátil de otra persona es algo que no entra en mis planes. (Pero gracias, A. por prestarme tu portátil estos días para todo lo demás) No he cedido, pero al parecer mi portátil ha pactado una tregua en eso de morirse y me ha regalado un rato de funcionamiento.

Sigo en mi búsqueda de trabajo, de la cual no he hablado nunca en el blog pero lleva sucediendo desde final de marzo, más o menos. Dado que busco trabajo como "childminder", es como volver atrás en el tiempo al momento en que buscaba familia para venir como aupair. Cada vez que una familia parece que va a decir que sí, se pone en marcha un complicado mecanismo de engranajes para aceptar y encajar la noticia, y adaptar la realidad a las nuevas circunstancias, no solo en mi vida sino también en la de mi hostfamily. Cada vez que, al final, una familia dice que no, puedo leer la preocupación en las caras de mis padres irlandeses. También veo cuánto se esfuerzan por ayudarme aunque no hay mucho que ellos puedan hacer por mí. Es bastante curioso ser yo quien los tranquiliza a ellos, cuando siempre creí que a estas alturas del año estaría en riesgo de ser ingresada en el hospital por un ataque de ansiedad o algo por el estilo. La vida es muy rara.

Creía que, si llegaba a esta situación (acabar como aupair sin tener un trabajo al que agarrarme después) sería el apocalipsis, el fin del mundo de mi estructura psicológica interna. No podría haber estado más equivocada. Solo hay paz de espíritu. Si no encuentro nada pronto, confío en que la M. del futuro tendrá recursos suficientes para sobrevivir a la situación sin mayor problema. Si algo he aprendido en los últimos dos años es que las situaciones extremas hacen que la creatividad se ponga a funcionar a marchas forzadas - y es inútil intentar que ese mecanismo se ponga a funcionar antes de hora.

Por otra parte, se acerca una, qué digo una, LA tragedia inminente: mi aventura en Irlanda sigue, pero se acaba mi periodo como aupair. Mañana. Que sea mañana lo convierte en algo concreto, tangible. Me gustaría poder decir que lo llevo tan bien como lo de buscar y no encontrar trabajo, pero sería mentira... y yo no sé mentir. Lo llevo mejor de lo que pensaba, ciertamente, yo creí que sería el fin del mundo más apoteósico, una de esas llanteras estilo Girondo. Puede que la intensidad del momento global en mi vida esté cegando la intensidad de ese otro hecho puntual e incontestable: el miércoles, cuando cierre la puerta tras de mí, ya no seré nunca más la aupair de la familia C.

La pérdida aparentemente irreparable de mi portátil precipita que vaya de visita a España una vez más, lo cual desde luego no estaba en mis planes y contribuye todavía más a semejante desbarajuste emocional, pero no voy a negar que me hace ilusión. Así que el miércoles me subiré a un avión dispuesta a renovar energías y volver a Cork en una semana para dar un nuevo giro a mi vida...

3.6.13

308-310: Injusticia

A veces comparar duele. Duele por ti y por la otra parte. ¿Os acordáis cuando cumplisteis 10 años? Para mí fue la segunda vez que sentí que algo realmente importante cambiaba en mi vida (la primera fue cuando nació mi hermana pequeña). Nunca más volvería a escribir mi edad en un solo dígito. Podían pasarme miles de cosas, pero eso era irrepetible. Se lo dije a mi madre y me contestó: "Pues ya verás cuando tengas hijos. Y cuando tus hijos cumplan 10 años, ni te cuento" Y yo me lo imaginé, porque lo bueno y lo malo de mini-M. es que se tomaba estas cosas muy en serio, y me dio mucho vértigo. Y solo por eso fue un día especial. No recuerdo cómo fue la fiesta de cumpleaños ni qué regalos tuve. Recuerdo esa sensación.

Como ya sabréis si habéis echado una ojeada a la anterior entrada, G. cumplió 10 años el 1 de junio. G. tiene una costumbre muy fea que es bastante representativa de las diferencias socioeconómicas y culturales entre ella y yo: cuando le llega una tarjeta a su nombre, la sacude para que caiga el dinero. Y siempre cae algo. Evidentemente no es culpa de G. que la gente que la rodea le mande dinero en las tarjetas. Pero a mí, desde mi trayectoria personal, me parece un gesto sin ninguna finalidad educativa poner dinero dentro de una tarjeta para nadie, y especialmente para una niña. G. ni siquiera lee sus tarjetas, es más, algunas ni siquiera tienen nada escrito a parte del texto que ya venía en ella. Me parece tan frío, tan impersonal...

G. quería dos cosas por su cumpleaños: una bicicleta nueva y otro teléfono, de un modelo y color en concreto. Sus padres, en un ataque de sentido común, le dijeron que no al teléfono, ya que le regalaron uno por su anterior cumpleaños.

Así que el sábado por la mañana G. y su padre estaban en la tienda de bicicletas antes de que abriera. Recogieron la bici, la trajeron a casa. Hasta ahí todo era normal. Teníamos una cantidad inmensa de cupcakes, pasteles y pastas. Poco a poco fue llegando la familia y todo parecía normal.

Al final del día, no obstante, la cantidad de regalos y especialmente la cantidad de dinero que había llegado a recolectar G. no era para nada normal. Las comparaciones son odiosas, pero que una niña de 10 años tenga en menos de 3 horas el mismo dinero de tu sueldo de un mes le da a una bastante que pensar sobre el mundo en que vivimos. Sobre la desigualdad social. Sobre lo que es justo y lo que no.

Porque no es justo para "nosotros, los curritos" (como diría mi padre), pero tampoco es justo para ella. No es justo porque nunca va a entender, y con entender me refiero más bien a comprehender, el valor real de las cosas. Porque vive una vida en la que se da por hecho que el mundo se va a poner a sus pies, algo que no podría ser menos verdad. Y si para alguien lo es, desde luego no debería serlo. Y diréis que si la familia tiene dinero, no van a dejar de gastárselo en la niña porque haya niños muriéndose de hambre en África. Pero no es eso lo que quiero decir cuando digo que es injusto para ella. Creo que es injusto para ella porque da igual cuánto dinero tengas, el valor de un regalo nunca debería estar en el precio. Y creo que es injusto porque ningún niño debería manejar más (ni menos) dinero del que necesita.


Y con esta entrada añado una pieza más al puzzle de contradicciones que es ser aupair...

31.5.13

301-307: Hace un año

Hace un año estaba posponiendo todos los trabajos del máster para acabar el regalo de cumpleaños de G. Era un vídeo para el que lié a mucha gente: feliz cumpleaños cantado en diferentes idiomas por la gente que me rodea. En castellano, catalán, euskera, gallego, árabe, chino. Crucé los dedos para que se subiera a tiempo a Internet. Se lo mandé por email a su padre la mañana del día 1 y recibí una rápida respuesta por su parte diciendo que le había encantado, que tenía una beautiful singing voice y que se lo enseñaría a G. cuando llegara a casa.

Un par de meses más tarde mi hostmum me confesó que ese fin de semana, en Tuam (Galway), estuvieron esperando media hora maldiciendo la conexión a Internet para poder enseñárselo a S., la abuela. Que, por cierto, tiene un nombre bastante cani y es una abuela muy poco convencional, pero de mi hostfamilia extensa ya os hablaré en otro momento. Así que lo vieron por quincuagésima vez. Estoy segura de que lo han visto bastantes más veces que yo. Y se desesperaron cuando, al acabar de verlo, la abuela volvió a cargarlo con toda la paciencia que caracteriza a las abuelas (eso es universal e intransferible) para verlo de nuevo.

Hoy no hay trabajos de máster. Hay horas y días de estudio de trámites administrativos y búsqueda de trabajo, de sacar la calculadora y hacer números, de júbilo ante el hecho de poder salir en manga corta y sin chaqueta a la calle por primera vez en diez meses, horas y más horas de proyectos. Hemos estado haciendo cupcakes y biscuit cake para la fiesta de mañana, dulces que entonces ni siquiera sabía que existían.

Hace un año no tenía ni idea de cuánto habría cambiado no solo mi vida sino yo como individuo pensante y sintiente. No sabía que podía tener dilemas morales como los que he tenido, ni tampoco que efectivamente se puede vivir más allá de la escuela (bueno, más bien sobrevivir), y me hubiera echado a reír si me hubieran dicho que suspiraría por el fin de semana. Ser aupair puede desmontar muchos esquemas.

Mi regalo para G. este año es una caja con cosas para hacer manualidades. Algún día buscaré las palabras para describir mi relación con G., pero no será antes de que deje esta casa y todo se enfríe.

PD. Apuntad la fecha de hoy como el primer día que M. fue en manga corta por la calle en Irlanda. ¡Todo un acontecimiento!

24.5.13

293-300: Contra todo pronóstico

Quería escribir un post sobre lo duro que es encontrar trabajo. Sobre todos los trámites que hay que hacer y cómo, después de estudiarte todas las webs pertinentes, sigues sin tener ni idea de cómo funcionan las cosas en este país - y no tiene nada que ver con tu nivel de inglés. Quería escribir algo que pueda ayudar a otros, algo sobre cómo conseguir el PPSN, cómo abrirse una cuenta en el banco, las peripecias que hay que soportar para acabar encontrando un apartamento decente y también todos los casos de, vamos a llamarlo, "abuso de la situación" que una se va encontrando por ahí cuando busca trabajo como childminder. Niñera, para los profanos.

Quería venir al blog a preguntarme en voz alta si a la gente no se le cae la cara de vergüenza al proponerle a una persona con una carrera y un máster que trabaje 50 horas a la semana por 150 euros. Y a reflexionar sobre nuestras propias actitudes, creencias, comentarios y opiniones cuando se daba la misma situación en España no hace tanto tiempo. ¿Os acordáis? ¿O ya se nos ha olvidado?

Pero lo cierto es que aunque quiera, no puedo escribir sobre nada de todo esto. Miro la página en blanco en el editor del blog y pienso: "Cariño, hoy no estoy de humor".

No puedo escribir sobre nada de todo esto porque soy feliz contra todo pronóstico.
Porque mi corta experiencia previa en la vida me ha enseñado que, a pesar de todo, siempre tiene que haber tiempo y dinero para pequeñas (grandes) sorpresas, para pasar un buen rato con amigos y compartir un buen plato de comida caliente o derrochar dinero en comprarte un helado de proporciones dudosas. Lamentarse no sirve de nada. El dinero en el banco no sirve de nada. Preocuparse innecesariamente no sirve de nada, y eso es lo que quiero decir cuando digo "que se ocupe la M. del futuro", porque al fin y al cabo la M. del futuro siempre tiene un par de ases en la manga. Invertir en ser feliz, en cambio, lo supone todo.

Me gusta que A. tuviera una mecedora por su cumpleaños pese a todo. Me gusta que en la celebración lo hiciéramos todo del revés (primero sacar la tarta, luego ponerle las velas, luego soplar y ya, después, cantar en mil idiomas) porque es como nos gusta hacer las cosas. Me gusta que al final alguien se atreviera y un fuerte fuera construido con la caja de cartón.

Me gusta tener un sitio donde dormir, un lugar que sea "mi" sitio. Da igual que ahora mismo suponga dormir en el salón, detrás del sofá, envuelta en cojines y mantas; aun así, nuestra casa es el lugar más mágico de Cork porque se entra bajando escaleras, tenemos estanterías secretas, A. recoge flores frescas del jardín y el empleado que viene a cortar el césped debería trabajar en un circo. Y porque es un lugar donde te puedes sentir como en casa, donde la gente se quita los zapatos y está bien que alguien se siente en la moqueta pese a tener 4 sillas, 2 sillones, 1 sofá, 1 mecedora y varios taburetes.

Y me gusta que todavía haya rincones de Cork que no conozco, y pararme y sonreír delante de la Opera House, y no dejar nunca de hacer planes para el futuro sabiendo que lo más probable es que yo misma los deshaga en cualquier momento de una patada.

Me gusta mi vida en Cork. Contra todo pronóstico. Y por este motivo, en lugar de escribir una larguísima entrada sobre cosas de las que, en realidad, tampoco me corresponde a mí hablar, voy simplemente a contaros que soy feliz. Que hace varios días que hace sol (dicen que este es el verano irlandés) y que espero compartir pronto noticias mejores, una vez pueda gritarlas a los cuatro vientos.