En general, aquí la buena educación está muy bien valorada. El hecho de dar las gracias cada día a quien ha preparado la comida es algo natural en casa, algo de diario; los baños públicos están limpios... y de momento mi experiencia con los de Correos no se parece en nada a España.
La primera vez, tenía que mandar un paquete que pasaba por 200g de dos kg. No fui yo quien fue a la oficina, sino mi hostmom, preocupada porque llegara a tiempo (era un regalo de cumpleaños) y por si no entendía las instrucciones que me dieran en la oficina (no hace falta ser un genio para darse cuenta de que una es mu torpe ;P). Allí le explicaron que todo lo que pase de 2kg son 37€, mientras que hasta 2kg son 10€. Le aconsejaron que dividiera el paquete, le dejaron tijeras, celo y materiales para envolver el segundo paquete improvisado, lo volvieron a pesar todo, los dos paquetes llegaron a tiempo y yo me ahorré 22€.
La segunda vez fui yo sola, pero como aquí vivo prácticamente sin mirar el reloj, eran las 16.29 cuando llegué. Aceptan el último paquete a las 16.30. Acabaron de atender a las personas que había delante de mí a las 16.34, así que me acerqué a la ventanilla y pregunté si mejor volvía al día siguiente, dando por hecho que me iban a decir aquello de vuelva usted mañana. La señora de la oficina me recogió el paquete, me explicó las tarifas, me dio mi recibo y a los dos segundos de pagar llegó la persona que recoge los envíos del día para llevárselos. Lo mismito que Correos en España, donde tengo que pagar 50€ por un apartado de correos porque la mitad de veces no llegan las cartas a casa.
Una de cal y otra de arena, el transporte público funciona tirando a mal...
Esta ha sido la semana más tranquila hasta ahora. Empezamos a entrar en una cierta rutina: ir a la ciudad a hacer algún recado, ir al parque, llamar a amigas para que vengan a jugar, etc. han pasado a ser lo normal.
El miércoles G. se fue a Galway con su tía, lo cual me dejó mucho tiempo libre (5 días, concretamente).
Lo mejor de tener mucho tiempo libre y poco dinero fue que me pateé muchas calles de la ciudad que todavía no había visto, me perdí en las librerías (definitivamente, por mucho que me guste Penneys, soy más de librerías que de ir de tiendas), reflexioné sobre el sentido de la vida, bla, bla. Pensaba que me abrumaría de nuevo la sensación de volver a estar en ese punto que interiormente denomino "Omnia mea mecum porto" y que consiste en no tener un duro y la vida en una maleta. De la misma manera que pensaba que no saber qué haría con mi vida en los próximos meses me angustiaría sobremanera, y después no sólo no pasó sino que disfruté cada segundo de incertidumbre, volver a "ese" punto, a patear las calles solo porque no tenía nada que hacer, provocó exactamente efecto contrario al que esperaba: simple sensación de libertad y felicidad. Me recordaba a mi estancia en Barcelona y cómo me gustaba disfrutar de pasear por las calles interminables sin aparentemente nada que hacer...
Además, algunas cosas a añadir a mi simple felicidad: Me reencontré con mi pasión webosfritera al leer los ingredientes de las pastas noruegas y allá que me fui (aunque esté un poco peleada con el horno): estaban muy ricas, os las recomiendo; no hay foto porque volaron rápido. Me reencontré con mi lectura del año pasado, La espada de la verdad, y me compré el primer tomo en inglés, no os imagináis la ilusión que me hizo encontrarlo por casualidad. Planeé el fin de semana. Quedé con A. para tomar un café y siempre es muy agradable conocer gente nueva e interesante y hacer nuevos amigos :) Y por último, ¡saber que me esperaba un fin de semana en Galway con M.!
Al llegar el viernes, mi hostmom me había comprado un montón de cosas para preparar sandwiches y comida para el fin de semana, incluso me dejaron una mochila.
Así que el viernes por la tarde me fui a la cama temprano, feliz cual perdiz con mi libro y mi no-maleta preparada. El sábado a las 5 estaba en pie, sin despertador ni nada, y mi hostdad nos llevó a la parada de autobús en coche nada más y nada menos que a las seis y diez de la mañana.
Y ahí empezó nuestro fin de semana, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión...



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