Dejar que te des cuenta
punto por punto
de lo que es
y lo que no es
vivir.
Y, en el camino de
ser lo que se es,
no llorar en vano
lo que no se es...
¡Como si una lechuga
se quejara de no poder pensar!
2.
Caminar hasta no perder
los hilos de pensamiento
que nos tejen lo que somos.
Caminar hacia dentro
en patrones geométricos
o en espiral. Caminar.
Caminar como se vive,
se piensa o se siente.
Pensar y caminar
como una fuente
por la que cantaran
el agua de la vida
y la chispa de los ojos.
Caminar hacia tus pupilas
para asistir al espectáculo
de tus descubrimientos
volubles e implosivos.
Caminar.
3.
Reducir a la mínima expresión
aquello inminimizable.
Hacerlo manejable
como un concepto de barro
con el que Dios no podría jugar.
4.
Rechazar el equilibrio
-ficticio-
como antónimo de la vida.
Aceptar, en cambio, el caos
-saludable-
como el camino de aprender
a ser lo que se es.


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