11.11.09

Excepción en busca de regla.

Ahora que empiezo a verlo claro es cuando menos lo entiendo, o tal vez cuando lo entiendo demasiado. Encajetonada en la generación del conformismo, del desencanto por la vida, del para qué esforzarse, voy casi-innatamente-contracorriente.

Nunca aprendí a no pensar, no sé por qué no sé no preguntarme por qué y veo obviedades donde el resto sólo humo: ¿y qué? Me gusta así. Han pasado años hasta darme cuenta de que esto era una carrera de fondo, pero la lección ha valido la pena, duermo más tranquila sabiendo que hay algo a lo lejos llamándome, algo que no soy más que yo, dentro de muchos años.

No quiero deshacerme del miedo, no quiero quitarme todas las inseguridades, no busco ya ninguna independencia emocional: quiero sólo avanzar hacia todo ello, hacia lo que tenga que venir, con la seguridad de que no lo sabré todo, no lo podré todo, dudaré, temeré, querré echar atrás y no lo haré. Querré rendirme mil veces y sin embargo continuaré. Y me conozco: sé que querré desistir, evitar, salir; y entonces miraré (hacia atrás, hacia delante) y seguiré. Era así de sencillo, tan sencillo como admitir que no somos Dios.

He llegado hasta aquí por caminos que nadie había trazado. Está bien: me pertenecen. No es una gran meta, no es algo que pareciera lejano e inalcanzable, pero sí, es una gran meta: es mucho más lo que no se ve. Es un iceberg. Y ahora que estoy aquí no tiene sentido continuar por caminos prefabricados. Así que elijo dar todas las vueltas necesarias, exijo mi derecho a poder darlas. Y elijo a veces la irracionalidad, la impulsividad, el miedo, la tristeza, la apatía, las dudas y las inseguridades porque también pertenecen al ser humano. Para qué eludirlas, si vendrán igual.

Yo no sé si la disincronía entra o sale de algún punto de este texto. Supongo que hay millares de situaciones en las que el desarrollo emocional debe rondar el menos cero, pero no las evitaré mientras exista aún esa necesidad de surrealismo lingüístico, de grupo, de evasión y de locura sin más pretextos. ¿Cuántos pasos pueden quedar para igualar las architemidas haches eses a mis ideas de a años luz? Pues los que sean, bienvenidos.

Dentro de lo poco frecuente, de la extravagancia, no sé si estoy más cerca de la norma o de la excepción, ya veremos, pero almenos ahora me siento un poco más encarrilada.

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