27.11.09

Decisiones por tomar

Estos días me inundan un montón de sensaciones que parece que hayan llegado sin avisar, cargadas de maletas, para quedarse. Tras días letárgicos y de inactividad aparente, días de esos grises, parece que las cosas vuelven a tomar rumbo. Quizá sea cierto que, cuando algún asunto de especial relevancia entra a en ese espacio clave y diminuto entre una ceja y otra, es inútil intentar que piense en otras cosas. O almenos no suele ser así hasta que recupero esa ilusión de control ficticio que me permite mantener abiertos tantos frentes como expectativas. Mi madre me suele decir que no necesito hacer ejercicio para quemar calorías porque las quemo pensando: empiezo a pensar que, como todas las madres del mundo, tiene razón.

Bajar al llano mundo de los mortales y llevar a cabo tareas que para otros serían quebraderos de cabeza es lo que me esperaba para el fin de semana. Pero, como siempre, no ha sido suficiente. De modo que, tomadas las decisiones y cambios de rumbo oportunos, que suele ser la parte más complicada, sólo falta sacar punta a los detalles y agradecer hasta el infinito cualquier oportunidad de cambio.

Tengo la curiosa manía de hacer las cosas a mi manera. Podría haber seguido siempre el camino marcado, que estaba tan marcado para mí como para el resto, pero mi instinto siempre me lleva a rehuirlo y buscar los propios, en casi cualquier faceta, por no decir en todas. Cuando todo el mundo parece convencido de que lo mejor para mí es X, mis pies me guían irremediablemente hacia Y. No porque no vea las bondades de X, sino porque la experiencia me hace desconfiar de esta clase de unanimidad acerca de mi destino. Así que muchas veces acabo volviendo a X después de haber dado una vuelta por Y, Z, y ahí sí que me veo capaz de ver, no sólo las bondades, también las sombras. Es la manía de hacer las cosas cuando me siento preparada, y no cuando lo estoy.

¿Qué ha sido esta vez? Supongo que es difícil de determinar. Algún detonante habrá, ya lo descubriré. Me gusta creer en la teoría de la ampliación del útero materno. El útero es un espacio cálido y recogido, pero tarde o temprano se nos queda pequeño y necesitamos salir. Pasa lo mismo con la casa, luego con el barrio, con la ciudad, hasta encontrar un nivel donde no haya necesidad de salir, salir, salir. Cada cual tiene el suyo: hay quien no sale nunca de su pueblo y puede ser feliz así. Quizá si me hubiera ido a estudiar fuera (aunque tampoco "muy" fuera) en el primer año de carrera, habría aprendido muchísimo. Quizá, no: seguro. Pero habría sido una decisión prematura, palabra para nada dejada al azar. Aún hay aspectos que deben madurar, cada uno a su tiempo, pero una vez tomada la decisión -esto siempre es invariable- no hay vuelta atrás.

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