No suelo escribir sólo para dos días, pero necesito una dosis de Aplicatelcuentolín (¿Que no lo conocéis? Es casi más efectivo que el Keledene), así que al lío.
Ayer mi hostmom me dio un ascensor hasta Carrigaline (¿qué?, estoy tan integrada que hasta me calco las frases hechas) y por fin volví a ver a R. para hacer un poco de terapia cafeteril conjunta, que últimamente falta nos hace. Carrigaline es un sitio bonito para pasar el día, no es que tenga grandes cosas (o como mínimo eso me pareció), pero sólo por la absolutely lovely bakery que descubrimos allí y el paseo hasta Crosshaven ya vale la pena ir. Se agradece disfrutar de mañanas así de vez en cuando.
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| Lovely cookies from Hassel's bakery in Carrigaline |
Después, al llegar a casa, me encontré con la puerta abierta y el padre de una compañera de clase de G. dentro. Tras un #holaquétal interno recordé que hacía dos semanas le habían pedido si podía venir a casa a arreglar algunas cosas. Así que le ofrecí si quería que le preparara algo para comer y, como me dijo que no, decidí romper todas las normas del mundo y comer en mi habitación para que, así, él trabajara tranquilo y yo no respirara aire lleno de polvo y madera.
Al cabo de un rato llegó G. del cole, le dije que prefiero que se cambiara de ropa primero y después comiera algo delante de la tele (15 minutos) porque si lo hacemos al revés, se apalanca y tardamos mucho. Quería comer salchichas y palomitas, así que pese a varios avisos, al final tardó mucho más en ver la tele y a las cuatro todavía había que empezar los deberes. Ahí la cosa empezó a torcerse, porque está claro que hacer los deberes mientras el resto juega fuera... no mola (y menos con los ventanales que tienen en estas casas, que sólo hacen que agravar el asunto, jeje). La llamaron mil veces para salir a jugar y todas tuvimos que decir que no, intentó simplemente hacer planes por su cuenta ("en media hora salgo", ¿¿¿cómorl???), intentó negociar conmigo, intentó negociar con su madre, ... ¿pero quién te manda pasarte la tarde viendo la tele?, pensaba yo. Estaba claro que la cosa no podía acabar bien.
Para más inri, yo tenía orden expresa de su madre de que cenara pasta a las 5.30, así que tras todas las protestas del mundo diciendo que no tenía hambre, le di un bol minúsculo de pasta a las 5.45. Antes de eso, le dije que corrigiera dos cosas de la redacción, de las que parece ser que finalmente sólo corrigió una y perdonándome la vida. Entonces llegó su padre y decidió que si estaba llena, qué le íbamos a hacer, y que ya cenaría al volver, así que allá que se fue con el estómago vacío y cara de manzanas agrias (guiño para los catalanes) a la clase de danza. Por mi parte, empezaba las clases de inglés en media hora, así que respiré hondo, cogí aire, me bebí las tostadas y me comí la taza de té a la velocidad de la luz, y me dispuse a hacer en 25 minutos un trayecto de 40 sin querer pensar mucho en... bueno, en nada.
Ese fue el momento en que dije en Facebook: "Haced un favor a vuestros hijos y enseñadles lo que es la frustración", porque visto objetivamente, que un día a la semana no puedas salir antes de cenar a la calle porque tienes que hacer los deberes, que podrían estar acabados pero no lo están porque has decidido pasar más rato viendo la tele, y para hacer una actividad que te gusta y has elegido tú, tampoco era como si se estuviera acabando el mundo... También fue el momento en que me transformé momentáneamente en mi madre diciendo "¡¡¡Y el que no esté contento, que se ponga!!!", la lástima es que no sabía cómo traducir eso al inglés y al final repetí por enésima vez mi frase favorita: C'mon, it's not that bad!!! Sólo me faltó que por la noche la niña me recriminara que no le había hecho corregir el segundo error de la redacción... Ahí fue el momento Keledene, qué bien sienta esto de automedicarse ;P
Por suerte mis hostdads son muy, muy comprensivos y no toman en cuenta estos detalles. Además, me prepararon un té con tostadas antes de irme y la cena cuando volví (y otro té con galletas por la noche), así que eso borra gran parte del estrés emocional que me generan estas situaciones, porque las comparaciones son odiosas, y es que cuando lo tienes todo no valoras lo que tienes...
Ayer por la noche, como he avanzado al inicio de la entrada, tocaba babysitting, así que me regalaron una excusa para quedarme leyendo hasta tarde.
Esta mañana otra R. y yo nos hemos acercado al castillo de Blackrock. Resulta que por dentro no es un castillo, sino que sólo hay la exposición, pero ya que estábamos allí, hemos pensado "¡Algo aprenderemos!" y nos la hemos visto. (Y algo habremos aprendido, supongo... ;P) Efectivamente el paseo en Blackrock es bastante bonito, una delicia -desde luego- para acercarse con la bici. Después hemos decidido tomarnos un café en Cork, por supuesto en O'Conaill (definitivamente, si pudiera llevarme algo de Cork,sería ese café), quien dice café dice un chocolate y una scone... Y para casa.
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| El castillo de Blackrock |
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| El castillo por dentro |
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| El castillo por dentro |
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| El paseo by the sea |
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| El paseo by the sea y, al fondo, el castillo de Blackrock |
Al volver, el mismo señor de ayer seguía aquí y ha estado aquí todo el rato hasta las cuatro y media, pero yo no era consciente de ello, lo cual añade un punto de "alegría" a lo que paso a contar ahora. Recordad que vosotros sabéis que el señor estaba aquí, pero yo no lo sabía.
G. ha llegado del cole a su hora, ha encontrado algo de comer y en menos de 20 minutos, se lo ha comido, mientras yo tendía la ropa. Hasta aquí todo es maravilloso. En ese momento, ha venido el vecino a ver si salía a jugar y, como no tenía deberes, le he dicho que podía salir 15 minutos. A los 10 minutos le ha empezado a sonar el teléfono, así que he salido a la puerta a llamarla para que lo cogiera. Tras dos minutos llamándola a voz en grito (y os aseguro que la calle no es tan grande como para que no me oyera), el perro ha decidido que ese era su momento de gloria y se ha escapado por debajo de la puerta.
Por suerte para todos vivimos en un cul de sac, así que muy lejos no iba a ir, pero imaginaos 8 niños corriendo detrás del perro por la carretera sin prestar la más mínima atención a los coches. La peor pesadilla de cualquier aupair y de la gente que está haciendo las prácticas del carnet de conducir. Como la vecina tiene niños pequeños, en menos de 15 segundos estaba fuera para ver qué pasaba, así que los niños estaban atendidos y yo me he dirigido a la velocidad de la luz a por la cadena del perro. En realidad lo que ha sucedido ha sido que los niños han perseguido al perro por todas partes mientras la vecina en cuestión ponía cara de incredulidad en mitad de la calle, como valorando la posibilidad de echar a correr también detrás del perro y de los niños, o quedarse simplemente en mitad de la carretera. Ha optado por venir a casa a pedirme la correa del perro, pero no contaban con mi astucia y antes de que se moviera de la carretera, yo ya estaba de vuelta.
Cuando he llegado donde estaban los niños, G. ya lo tenía entre sus brazos y la acompañaban las dos amigas que ayer la vinieron a buscar para jugar (las mismas niñas de la entrada anterior). Como si nada de eso fuera con ella, se han pasado al otro lado de la calle mientras yo, preguntándome dónde quedó mi miedo a los perros en un día como hoy, devolvía al perro sano y salvo al jardín. Después de contar hasta 10 dos veces y respirar profundamente, la he encontrado quedando con sus amigas para dentro de 5 minutos, cuando se hubiera cambiado de ropa. Le he dicho que se cambiara y bajara a hablar conmigo.
Con cara de incomprensión total y absoluta, G. ha subido a cambiarse y las amigas la esperaban en la puerta. Les he pedido que esperaran en la calle, si querían esperar. Ellas seguían hablando por la ventana como si nada (¿alguien las ha reñido alguna vez? ¿sabrán lo que es?, me pregunto yo en esos momentos de confusión). Cuando ha bajado le he dicho todo lo amablemente que he podido que es una niña y no puede hacer lo que le dé la gana, que si la llamo desde casa tiene que venir a la primera y no después de dos minutos gritando en la calle (ahí os prometo que estaba empezando a transformarme en mi madre, con el mismo discurso y todo) y que lo tenga en cuenta para la próxima vez. Ella me ha dicho que no me había oído, yo no me lo he creido (porque no es verosímil, si hasta me ha oído la vecina en la otra punta de la calle), pero no tenía sentido discutirlo.
Después le he dicho que íbamos a hacer las cosas "properly", recoger el salón, ponerse los zapatos, beberse el vaso de agua que yo pensaba que se había bebido y no, dar un rato de Spanish (que no habíamos dado desde el lunes) y después, y sólo después de todo eso, podía salir a jugar con sus amigas. Tras oír alucinar a la amiga en cuestión "¿¿¿estás castigada????", G. convertida en crankyniña y yo nos hemos dirigido a la cocina. Evidentemente no se puede dar clase de nada en esas condiciones, pero por coherencia (y por narices) había que hacerlo. Ya estaba un poco más tranquila tras el susto inicial y, la verdad, no se nos ha dado tan mal. Desde luego no estaba en posición de rechistar por nada.
Tras eso, se ha ido al parque y yo me he quedado aquí reflexionando sobre el sentido de la vida. Otra vez ha llegado 10 minutos tarde y me ha mirado como si estuviera como una cabra por recordárselo. En momentos así una sólo es capaz de pensar: "¡Feliz adolescencia!"
Y aquí viene la parte del Aplicatelcuentolín...
Os voy a contar algunas de las reglas de oro. O sea, que primero os cuento la parte del cuento, y luego la de aplicárselo. Son muy fáciles de cumplir en la teoría y cuando las cosas van bien, y muy difíciles de cumplir el resto del tiempo, pero precisamente por eso son reglas de oro, principios básicos inquebrantables.
- Evitar los círculos de pensamiento negativo.
¿No os ha pasado que alguien hace algo que no os gusta y de repente os estáis machacando a vosotros mismos recordando todas y cada una de las cosas que hace, hacía o alguna vez os ha hecho (o creíais que os había hecho) esa persona y que no os han gustado? ¿No os ha pasado que a veces esa persona sois vosotr@s mism@s?
Convives con alguien y hay algún pequeño detalle que no te agrada... de repente te has pasado media hora recordando todos y cada uno de los pequeños detalles que tanta rabia te dan. ¿Para qué?
Haces algo mal, tú sabes que te has equivocado, y sin darte cuenta llevas un buen rato pensando en todas las veces que has hecho algo mal en el último mes y por qué eres tonta por no haberlas evitado. ¿Para qué?
Además de gastar energía para nada y deteriorar relaciones sin motivo, ¿qué buen propósito puede tener hacer eso? ¿Nos puede traer algo positivo?
- Cuando pienses algo negativo de alguien, párate ahí y añade como mínimo tres cosas positivas.
Siempre y cuando no sea una persona a la que quieres mandar a tomar viento para siempre, claro. En ese caso, te lo puedes ahorrar.
Para romper el círculo, que lo único que hace es malgastar energía y alimentar rencores, lo mejor es entrar en el círculo contrario. ¿Qué hace esa persona que sí te gusta? ¿Qué hace bien? ¿Qué cualidades tiene?
¿Y tú? ¡Algo habrás hecho bien!
- Actúa con la paciencia y amabilidad que te gustaría que tuvieran contigo.
Todos nos equivocamos. Mil veces. Mil quinientas. Es humano, es inevitable. La mayor parte del tiempo no lo hacemos adrede (¿cuántas veces recordáis que hayáis hecho algo mal, o hayáis hecho daño a alguien, aposta?). Entonces, ¿por qué reaccionamos tan negativamente ante el error del otro?, ¿por qué presuponemos y juzgamos directamente en lugar de acoger y preguntar? ¿Qué pasa: que yo tengo derecho a equivocarme, pero el otro no?
Ya sabéis eso de: "Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite..."
- Sé coherente contigo mism@ y con los otros.
No vale donde dije digo, digo diego. No vale eso de consejos vendo, y para mí no tengo. No vale el haz lo que digo, no lo que hago. Simplemente no vale, podemos intentar que valga, podemos hacer como que no nos damos cuenta, podemos no pensar en el tema, pero la verdad es que el movimiento se demuestra andando y la única manera de ser coherente es siéndolo en todo momento y no sólo cuando nos conviene. Cuesta, duele,
- Todos somos tontos de remate almenos 5 minutos al día.
Esta va dedicada a los autoexigentes, autocríticos y perfeccionistas como yo. A pesar de que te esfuerces las 24h del día, todos tenemos nuestros (mínimo) 5 minutos. Perdónatelos. (Y si son 10, casi que también)
Para que veais que no os estoy vendiendo ningún libro de autoayuda, ahora viene la parte de aplicarse el cuento. La parte chunga, vaya.
Voy a ser coherente con todas esas cosas que digo, y así, por ejemplo, aceptar que no todos los días pueden ser buenos, o como poco no "el mejor"; aceptar que los niños van a probar nuestros límites porque son eso, niños; voy a ser coherente con mi decisión de escoger una familia con una hija única y aceptar las consecuencias que ello conlleva; y voy a pensar en todas las cosas positivas que me aporta vivir con esta familia, que sin duda son muchas. Cortar la rueda de los pensamientos negativos, que total ¿para qué la quiero?, y pensar en la globalidad del mes que llevo aquí y cuántas oportunidades he tenido, cuántas cosas he aprendido, cuántos sitios he visitado. Pensar que ser adulto es esto, que hace dos años no habría reaccionado ni la cuarta parte de bien que lo he hecho hoy (aunque no haya sido perfecto ni idílico), que no habría encontrado la calma necesaria para sentarme y decir las cosas tranquilamente y, en cambio, hoy sí lo he hecho, así que algo habré aprendido.Y sobretodo, voy a aplicarme el cuento que le cuento a G. cuando le digo "It's not that bad!", porque seamos serios, realmente... no ha sido para tanto ;)
Para que os riáis un rato, si no lo habéis hecho ya imaginando la escenita, os contaré que a mitad de la entrada, en mitad del sermón, se han roto dos ruedas de mi silla y he acabado en el suelo. Creo que está arreglada, pero seguiremos informando.
He perdido sin quererlo los papeles que me diste antesdeayer
donde estaban los consejos que apuntamos pa' que todo fuera bien...
(Maldita Nerea)








4 comentarios:
Me encanta la entrada. Las reglas de oro estan genial, si cuando te elegí como compañera de libros de autoayuda para forrarnos sabía que tenía buen ojo, jajaja.
Con la niña paciencia, que te voy a contar si eres profe y has tenido que lidiar con ellos un monton de veces, ahora con la dificultad añadida de hacerlo en ingles.
Pasatelo bien, disfruta y aprende muchas cosas para contarnos cuando vuelvas p'aqui, vayamos nosotros p'alli, o cuando te sigamos leyendo por el blog.
Un besazo Míryam.
La verdad, Sergio, mientras estaba escribiendo esa parte me acordaba de ti, ¿cómo se me ocurre la osadía de ponerlo todo aquí "for free" cuando podíamos estar ganando una pasta con mis historietas ¬¬'? jajaja
Paciencia, que es la madre de la ciencia...
A ver si en octubre venís de visita y así sales en alguna de las entradas. Aunque serás solo "S.", por supuesto :P
Prometo que algún día antes de que se acabe el año (seguro que me arrepiento el día 31 de diciembre xD) me leo tu blog. De verdad de la güena.
Gracias por comentar :)
Besos :)
Paciencia Míryam!! A esta niña le faltan un par de h...You know? Tu puedes!
1 besito guapetona!
Jajaja, eso es pedagogía, sí señora ;P
Gracias por pasarte y comentar, guapa :) Espero que todo bien.
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