te atraviesa y te hiela,
efecto invernadero en las entrañas,
sal en heridas que no están.
Gotas que se deslizan
en el cristal de los ojos,
ojos que están lejos, dentro.
Fuera. Música. Gotas.
Como siempre. Como nunca.
Nada volverá a herir así,
le dijo al barquero.
De pronto un ruido
deshace el hechizo.
Y sólo queda empezar
a tejer de nuevo un retal.
Hoy no te puedo esperar,
pequeño desastre animal...


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