"Nos vemos continua y sinceramente obligados a vivir, reverenciando nuestra vida y negando la posibilidad del cambio. Es el único camino, decimos; pero hay tantos caminos como radios pueden trazarse desde un centro"
"El hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar."
"El dinero no sirve para comprar ni una sola necesidad espiritual."
"Como si pudierais matar el tiempo sin ofender a la eternidad..."
Voy a agradecer eternamente la recomendación de mi exprofesor de Filosofía de leer a Thoreau. A pesar de estar segura de que de un modo u otro habría acabado por descubrirlo, fueron sus palabras las que me animaron a leerlo, cogido prestado del dpto. de filo. Me dijo: "Thoreau es el perro muerto en la cuneta de la Filosofía: todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie quiere mirarlo. Y aun así, siempre es irresistible echarle un vistazo y apartar la vista enseguida, con repugnancia, sí, pero con fascinación." No sé qué pensaría Thoreau (tan lleno de vida al fin y al cabo) sobre que alguien le describiera como "el perro muerto en la cuneta", y desde luego no es un papel muy favorecedor desde un punto de vista estético, ni siquiera una comparación de buen gusto; pero probablemente no podría haberlo definido mejor. Y, cómo no, sus palabras consiguieron lo que se proponía y lo leí. Vuelve a estar en mi lista de futuras adquisiciones, porque es un libro para subrayarlo o leer con un cuaderno al lado; eso sí, esta vez, en inglés.


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